Un Beach Club para Don Draper

El hotel que situó al Garraf en el mapa turístico internacional

Así es la penúltima apuesta del británico club privado Soho House a tan sólo 30 kilómetros de Barcelona.

La Platja de Garraf es una playa coqueta, aislada y repleta de encanto que, por si todo lo anterior fuera poco, además tiene forma de media luna; la naturaleza es así de caprichosa y con esta pequeña localidad, perteneciente al término municipal de Sitges, fue especialmente benévola.

 

El Garraf es un destino de aires vintage y espíritu libre. No se trata de una afirmación al uso, es una realidad. Esta población de poco más de 400 habitantes ha sido durante años, o probablemente durante toda la vida, un destino familiar y relajado con barcas de pedales y suaves olas. Puede que fuese ese rollo marinero lo que sedujo a Nick Jones, el todopoderoso fundador de Soho House Group, quien tras recibir una llamada de su arquitecto, Héctor Restrepo, contándole que había una propiedad muy interesante en esta playa para un nuevo club con hotel, el británico no se lo pensó dos veces antes de poner un pie en Cataluña para visitarlo. El resto es historia.

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Foto: iStock

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El verde es vintage

Situada a 32 km de Barcelona, ​​o 30 minutos de viaje en tren de cercanías, la playa ha sido conocida (y reconocida) durante años por su característica hilera de pequeñas casetas verdes y blancas de estilo art decó, carne de cañón de flashes y focos de un turista seducido por su particular arquitectura, ubicación y singularidad. Nadie conoce a ciencia cierta el origen real de estas casas de baño de los años 20, declaradas Bien de Interés Turístico y por lo tanto intocables; hay quien dice que estas construcciones de madera eran los espacios donde los pescadores guardaban sus utensilios de pesca, pero según otros, se concibieron como pequeños refugios construidos por los habitantes del Garraf para resguardarse de las inclemencias del tiempo. Un buen porrón de años después, estas pequeñas casetas de madera en color verde y de aire humilde, son un codiciadísimo objeto de deseo para pernoctar…o para poseer, aunque esto último sea prácticamente imposible.

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Foto: Little Beach House Barcelona

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¡Hasta pronto, Quim!

El edificio original fue construido literalmente pegado al mar en la década de 1950, aprovechando la laxitud de Ley de Costas de aquellos años. “El hotel Quim llevaba cerrado desde 2015 y se encontraba en un estado bastante malo”, cuenta Héctor Restrepo, y continúa, “la propiedad del hotel pertenecía a la familia Boixadera, que durante años regentó el hotel Quim, pero llegado el punto de toma de decisión entre una intensa reforma o la venta, optaron por lo segundo”, confirma Restrepo. 

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Foto: Little Beach House Barcelona

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30 años por disfrutar (al menos)

El hotel ha sido completamente reformado, pero el diseño original de dos niveles no se ha modificado y continúa ofreciendo 17 habitaciones y dos terrazas al aire libre, con una terraza adicional en la azotea. Hoy, Little Beach House celebra sus dos años de apertura, y lo hace como mejor sabe, con mucho rollo, luz mediterránea y una fiesta donde todo, o casi, tendrá sabor a mar.  Pero llegar hasta aquí no ha sido un camino de rosas: “La negociación con la familia no fue sencilla ya que cuando ya estábamos decididos, resulta que tenían apalabrada la venta a un tercero. Asumimos que no podríamos comprarlo y pasamos página, pero tras dos meses de silencio, la familia se puso en contacto con nosotros porque nuestro proyecto les había cautivado”, cuenta el arquitecto. En realidad, lo que Soho House compró no es un hotel, ni siquiera una propiedad: “el Quim nació siendo una concesión y es lo que continúa siendo”, y así será durante al menos 30 años más, que es el período estándar de las concesiones hoy en día.

 
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Foto: Little Beach House Barcelona

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De vuelta a los años 50

Cumpliendo los estándares de la cadena, el equipo de diseño de Soho House ha trabajado mágicamente con la decoración, tejiendo un ambiente de lujo cálido y desenfadado, teñido de época con una amplia gama de materiales naturales locales: ratán, madera, azulejos de arpillera y marroquí, en colores que varían del verde salvia al amarillo soleado. Enamora a primera vista la esencia original del hotel, que ya es la propiedad número 22 de la cadena de clubs de Nick Jones. La máxima fue luchar por conservarla durante el proyecto de rehabilitación: “El suelo no es el original porque tuvimos que cambiarlo debido al mal estado, pero nos gustó tanto que logramos encontrar el mismo. Cautivados por el estilo del hotel, con mucha personalidad, buscamos mantener una estética que conservara el leitmotiv”, concluye Restrepo. Baldosas rojas y blancas, alfombras hechas a medida, lámparas fabricadas por un ceramista de Barcelona y tapices diseñados por la artista Maryanne Moodie son algunos detalles con los que cuenta, aunque nada comparable con las hipnóticas vistas al mar que se obtienen desde cada una de ellas.

 
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Foto: Little Beach House Barcelona

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Desparpajo playero y muy estiloso

El resto del alojamiento continúa con las coordenadas de Soho House, es decir, rezumando estilo por doquier. En la planta principal se encuentran la recepción y el restaurante, ambos con continuos guiños al diseño del antiguo establecimiento. Asientos bajos, paredes blancas de estuco y hasta una barra de madera con taburetes (ambas réplicas del edificio original de los años 50), además de sofás y sillones locales vintage.Cuatro años han pasado desde que Soho House iniciara su penúltima aventura, esta vez en una pequeña población catalana, convirtiendo este hotel en la casita de playa que cualquiera quisiera tener.

 

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El hotel que situó al Garraf en el mapa turístico internacional

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