The Standard

La 'huevera' que se ha transformado en el hotel de moda en Londres

Brutalista, acogedor y con una rica oferta gastronómica, así es el primer hotel de la cadena The Standard en Londres.

La música empieza a sonar en cuanto se cruza la puerta de este cinco estrellas y ya no para. Tampoco la sensación de que en cualquier momento podrían aparecen por allí los Jackson Five, el Brad Pitt de Érase una vez en Hollywood o -¿por qué no?- el mismísimo Austin Powers. La atmósfera de los setenta inunda cada rincón de este hotel consagrado a la época en la que se levantó el edificio que lo alberga -ejemplo de brutalismo de manual- al que sus actuales propietarios salvaron hace seis años de la demolición para darle una nueva vida. ¡Y cuánta vida! 

 

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The Standard, London. Una máquina del tiempo

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La huevera de Londres

La antigua sede del gobierno municipal del distrito de Camden -conocida por los vecinos como ‘la huevera’- mezcla hoy el estilo retro con el futurista por obra y gracia del interiorista Shawn Hausman y Craig Green, que ha diseñado los uniformes del personal. A la vista está que no se ha escatimado en gastos para el primer y único establecimiento Standard abierto en Europa. Por algo la crème de la crème del panorama londinense lo ha convertido en su refugio. ¡No le falta ni un Banksy en la fachada! ¿Se puede ser más top?

The Standard, London. Una máquina del tiempo

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Una máquina del tiempo

Cuando en 2015 las autoridades municipales de Camden pusieron el edificio en venta, todos los posibles compradores salvo uno presentaron proyectos que pasaban por derrumbarlo. La única oferta que insistía en mantenerlo en pie cuarenta años después de ser levantado, resultó ser la ganadora. La que apostaba por mantener también parte de su esencia. De ahí, por ejemplo, que el Lounge -punto de encuentro de huéspedes y visitantes ocasionales-, luzca lleno de estanterías repletas de libros como cuando esta zona albergaba la biblioteca municipal. De ahí también el aire retro de las moquetas -distintas en cada planta-, los sofás de cuero marrón, las chimeneas, las lámparas que aportan una luz tenue a todas las zonas comunes o los muebles siempre de madera.

The Standard, London. El hotel de los londinenses

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El hotel de los londinenses

No sólo quienes se alojan en alguna de sus 266 habitaciones disfrutan del Standard. Con su amplia oferta de actividades, el hotel se ha ganado también a los londinenses. Oferta amplia… y variada. La mesa de sonido situada en el Lounge sirve igual para que un DJ amenice la cena como para la grabación del podcast del hotel. Habituales vuelven a ser ya también los conciertos y las fiestas. Todas las noches hay algo. Aquí ha organizado su última cena benéfica hasta la fecha el diseñador Steve McQueen y se celebraron algunas de las fiestas de la reciente Semana del Diseño de Londres. Vamos, que cruzarse con estrellas de la televisión, el cine o la música no es nada extraño. Como Lily Allen, una de las invitadas estrella en su fiesta de inauguración.

The Standard, London. Vistas que dejan boquiabierto

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Vistas que dejan boquiabierto

La cosa no es baladí: abrir el ojo para mirar la hora y encontrarla -con permiso del Big Ben- en uno de los relojes más espectaculares de todo Londres, el de la torre de la estación de Sant Pancras, que se cuela por buena parte de las ventanas del hotel. Un lujo tratándose de un edificio de los que dejan con la boca abierta ya sólo con mirarlo desde el suelo. Hacerlo cara a cara realmente impresiona. Las suites, situadas en lo mas alto -la única zona añadida a la estructura del edificio original- traen el plus de los ventanales que van desde el suelo al techo. Aunque, sin duda, la estrella son las habitaciones con bañera en la terraza, un rara avis en la ciudad. 

The Standard, London. Tocando el cielo

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Tocando el cielo

Y para continuar con las vistas, las de la azotea de la undécima planta. Ahí siguen al norte la torre y el reloj pero ahora hay mucho más. Una mirada de 360 grados sobre Londres que apabulla tanto de día como de noche con esas mil y una lucecitas rojas típicas del skyline nocturno de la ciudad. Comida a modo de picnic, copas, espectáculos… todo tiene cabida en el rooftop del Standard. Y aunque desde finales de otoño se mantenga cerrado hasta la llegada del buen tiempo, que nadie renuncie a subir aunque sea para echar un ojo y deleitarse.

The Standard, London. ¡A comer en el hotel!

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¡A comer en el hotel!

A pesar de que la oferta gastronómica de Londres es apabullante, que nadie descarte como una opción la posibilidad de quedarse a comer en el hotel. Más allá de las deliciosas tostas de aguacate con huevo pochado y sus tortitas increíblemente esponjosas del desayuno, en el Standard se come muy rico en un ambiente muy agradable… y seguro: todo el edificio es ‘peanut free’ para evitar problemas de contaminación alimentaria a los alérgicos. En la mesa, ojo a los vermús caseros de su restaurante Isla -que sirve comida todo el día- y su terraza-oasis con chimenea incluida en la parte trasera del hotel. Aunque para disfrutar de la joya de la casa en lo referente a fogones, hay que subir algunas plantas. 

The Standard, London. Un restaurante diez

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Un restaurante diez

El ascensor rojo que destaca en la fachada del Standard supone vía directa al cielo de Décimo, un restaurante que fusiona comida española y mexicana de la mano del chef de origen gallego Peter Sánchez-Iglesias, poseedor de sendas estrellas Michelin por sus restaurantes en Bristol. ¿Comida española en Londres? Sí. Fuera cualquier suspicacia, que ya quisieran muchos locales de nuestro país unas croquetas y una tortilla de patata así en sus menús. Recomendables también los pimientos -traídos directamente desde España- la sorpresa del taco de coliflor y el riquísimo cordero con mole. Pero lo mejor es dejarse aconsejar por el personal que, como en todo el establecimiento, tiene un trato amable, cercano, encantador y es muy resolutivo. La carta de bebidas es extensísima con una amplia oferta de vinos -especialmente españoles- y mezcales, pero especial atención merecen sus margaritas; los de horchata y sangría blanca podrían ser pecado de lo buenos que están.

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