Alea 'llaqta' est

Inkaterra Machu Picchu Pueblo, un hotel ecosostenible a los pies de la llaqta inca

El cuidado del medio ambiente, la apuesta por lo local -en cualquiera de sus versiones- y el mimo hacia sus viajeros, definen a la perfección lo que se vive en este alojamiento en plena ceja de selva.

En un bosque nuboso 2.040 metros sobre el nivel del mar, entre la cordillera de Los Andes y la selva, se encuentra un reducto de naturaleza enfocado a un turismo sostenible comprometido hasta la médula con el medio ambiente, es Inkaterra Machu Picchu Pueblo, una firma hotelera pionera en ecoturismo en el país. Un alojamiento cuyo terreno ocupa 5 hectáreas de naturaleza salvaje y preservada que se ubica a los pies de la llaqta de una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno: Machu Picchu.



 

GUÍA DE VIAJE 

Escala en Cusco

El camino hasta este remanso de naturaleza obliga a los viajeros, para su suerte, a hacer parada en Cusco y a recorrer la inmensa belleza que supone el Valle Sagrado en su camino hasta el pueblo de Machu Picchu. Ya sea un viaje nacional o internacional, si el destino es conocer el conjunto arqueológico más importante que dejaron los incas, la ruta obligada pasa por volar desde Lima hasta Cusco en su aerolínea local, LATAM Perú.

 

 

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Recorrer los Andes

Inka Rail © Elías Alfageme

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Recorrer los Andes

Partiendo de Cusco, hay que recorrer el Valle Sagrado hasta Ollantaytambo, donde Inka Rail presta el servicio de traslado de viajeros desde la cordillera de Urubamba hasta el pueblo de Machu Picchu, también conocido como Aguas Calientes. Un bellísimo recorrido que merece la pena en sí mismo, no solo por el traslado, si no por la oportunidad que ofrece ir a la par del río Vilcanota, una de las corrientes de agua más importantes del país -afluente del Ucayali, que forma parte de la cuenca del Amazonas-, además de poder vislumbrar a través de los vagones 360º de estos trenes la majestuosidad de unas montañas que pueden llegar a alcanzar los 6.372 metros de altura, como el nevado Ausangate.

                                                                                                             

Naturaleza a flor de piel

© Elías Alfageme

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Naturaleza a flor de piel

Lo que antiguamente era un espacio dedicado a labores agrícolas enfocadas al té y al café, dos actividades que hicieron que se perdiera el bosque nuboso natural, además de gran parte de sus especies de plantas y aves originarias de la zona, a día de hoy Inkaterra Machu Picchu Pueblo Hotel ha logrado recuperarlo por encima de lo esperado.

Con una filosofía centrada en la recuperación de la naturaleza y el mantenimiento de un espacio vivo que preserva y conserva lo autóctono, además de una fuerte apuesta por la sostenibilidad, el hotel ha logrado reforestar cada uno de los rincones del espacio que lo compone.

Villas privadas

Superior Deluxe Inkaterra © Elías Alfageme

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Villas privadas

Entre las cinco hectáreas que conforman Machu Picchu Pueblo Hotel, se reparten entre árboles, plantas, aves y fauna nativas divididas entre caminos de piedra, terrazas y arroyos, 83 villas de adobe que acogen a sus visitantes.

Vivir la selva

Terraza privada en las villas de Inkaterra © Elías Alfajeme

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El sentir de la selva

Refugios ubicados en plena ceja de selva con su propio paraíso privado en el que el jardín, la terraza techada, la ducha exterior y la poza de agua caliente redondean una experiencia que cuida la privacidad de sus huéspedes hasta el extremo. Un espacio privilegiado en el que disfrutar del canto de los pájaros al amanecer, de las tormentas tropicales y del misticismo que se respira a los pies de Machu Picchu.

Comerse el Perú

Quinoto de ají amarillo y vegetales © Elías Alfageme

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Comerse el Perú

La materia prima local, los productos nativos y la cocina regional son las bases de las dos propuestas gastronómicas con las que cuenta el hotel. El comedor principal está enfocado a los platos más tradicionales de la zona y de la cocina peruana, como el tiradito de trucha del río Vilcanota, el chupe de quinua, el locro rústico con queso Paria -el queso andino- o el quinoto de ají amarillo, mientras en el Café Inkaterra se hace una propuesta más ligera y concreta con platos locales elaborados en su mayoría con productos provenientes de su propia chacra, de su propio huerto. El solterito, el lomo saltado y la causa de pollo, no faltan en ninguna de sus cartas. Tampoco sus dulces más tradicionales como la crema volteada o el arroz con leche.

Beberse la montaña

© Elías Alfageme

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Beberse la montaña

El maridaje es también una parte fundamental del universo gastronómico Inkaterra. Su cava cuenta con algunas de las mejores referencias de vinos de Sudamérica, pero también con etiquetas de Estados Unidos y Europa. Sin embargo, lo que más llama la atención de su carta son sus cócteles, elaborados en su mayoría con plantas provenientes de su chacra como romero, hierbabuena, toronjil, payco, cedroncillo, ruda, salvia, hierbaluisa o muña, además de té negro y café, con los que se crean diferentes tipos de tragos de autor con y sin alcohol, que sirven tanto de aperitivo como de postre.

Espiritualidad andina

Sauna andina © Elías Alfageme

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Espiritualidad andina

Desconectar cuerpo y mente es otro de los pilares que forman parte de la filosofía de este hotel. La tranquilidad del lugar en el que se ubica combinada con el misticismo andino y sus tradiciones más ancestrales han dado lugar a un concepto de wellness local que combina la experiencia relajante con la espiritual.

Unu, agua en Quechua, es el nombre de su spa, basado en productos 100% naturales y ecológicos derivados de extractos botánicos locales provenientes de la hoja sagrada de coca, la muña -también conocida como menta andina-, el eucalipto o el té que ellos mismos plantan en su chacra y que se utilizan para aromaterapia, exfoliación o reflexología. Estos tratamientos se combinan a su vez con dos pozas de agua corriente de manantial, una piscina fría y una sauna andina construida a la manera tradicional, con una cubierta de hojas secas de eucalipto en el exterior y otra interior de hojas frescas en donde la única iluminación es la luz de las velas.

Un orquideario nativo de Machu Picchu

La orquídea que hay que ver con lupa © Elías Alfageme

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Un orquideario nativo de Machu Picchu

Una de las partes más llamativas de Inkaterra Machu Picchu Pueblo Hotel son las excursiones. Visitas que permiten al visitante conocer de cerca el bosque nuboso en el que se encuentra, así como a su fauna y naturaleza, además de acercarles a lo local, a las tradiciones y a sus costumbres.

El Camino de las Orquídeas es una de las más llamativas, porque sumerge al visitante en un recorrido a través de más de 373 especies de orquídeas nativas de la zona de Machu Picchu, convirtiéndolo en la mayor colección de orquídeas nativas en un jardín privado. Son plantas complejas, además de delicadas, que pueden crecer en piedras, en árboles, en la tierra y hasta sobre material orgánico muerto. Coloridas, con formas singulares, grandes y tan minúsculas que hasta necesitan una lupa para verlas. Todas ellas se encuentran, cada una en su temporada de floración, en todo el espacio de Inkaterra, y son los guías los encargados de explicar a los visitantes las bondades y curiosidades de cada una de estas especies.

Ornitología sin salir del hotel

Gallito de las rocas, ave nacional del Perú © Elías Alfageme

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Ornitología sin salir del hotel

Las caminatas al amanecer y al crepúsculo, recorriendo la ceja de selva que compone el espacio de Inkaterra, son otras de las actividades más demandadas. A la salida del sol se puede ver el ave nacional del Perú, el gallito de las rocas, y más de 214 especies entre las que se encuentran diferentes especies de colibríes, como el endémico de pecho blanco y verde. En toda esta zona hay hasta 18 especies diferentes que, según explican los guías, cuentan con un latido de corazón de 1200 veces por minuto y un aleteo de entre 50 y 60 veces. Este gran trabajo físico les obliga a estar constantemente picando néctar de las flores y es posible vislumbrarlos en los diferentes bebederos colgados a lo largo de los caminos del hotel.

El té de Machu Picchu

Confeccionando las bolsitas de té © Elías Alfageme

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El té de Machu Picchu

Un guiño a la historia pasada de este lugar, concretamente a la plantación de té que había años atrás en este mismo espacio, es la excursión y actividad a la Casa del Té. Allí se explica las razones por las que el té Camellia sinensis llega a Machu Picchu y se visitan parte de las plantaciones que hoy día quedan en pie, además de realizar todo el proceso de producción y elaboración de las bolsitas de té para terminar disfrutándolo en su versión caliente, fría o en cóctel.

En pro del medio ambiente

Planta de biocarbón a los pies de Machu Picchu © Elías Alfageme

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En pro del medio ambiente

Todas estas excursiones enfocadas a la naturaleza, así como su apuesta por el cuidado del medio ambiente, completan su filosofía en clave sostenible con dos acciones que han hecho de Machu Picchu la primera maravilla carbono neutro del mundo.

La primera de ellas es la creación de una planta de biocarbón -biochar o biomasa de origen vegetal- gracias a la cuál los residuos orgánicos, tanto del hotel como de los restaurantes y resto de alojamientos de los alrededores, se transforman en un carbón vegetal que reduce las emisiones de dióxido de carbono. Desde Inkaterra son responsables de recoger los residuos de todos estos espacios, separarlos, categorizarlos y tratarlos mediante pirolisis hasta conseguir un biocarbón que se pueda utilizar para aumentar el rendimiento de los cultivos.

Reduciendo los plásticos

Preparación para compactar botellas de plástico © Elías Alfageme

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Reduciendo los plásticos

Dado que el acceso al pueblo de Machu Picchu, Aguas Calientes, es posible únicamente a través del tren, la única forma de tratar los residuos, así como el plástico o el vidrio es llevándolos a Cuzco. La gestión de estos últimos, debido a su tamaño y a la gran cantidad que se generan, es bastante compleja, de ahí que Inkaterra haya creado una planta en la que compactar los plásticos y pulverizar los vidrios. De esta forma han conseguido disminuir el volumen de los plásticos y vidrios que trasladan a la capital en un 70%, haciendo que se realicen menos números de viajes y, por tanto, se reduzcan las emisiones de gas efecto invernadero. El objetivo a futuro es lograr que todos esos plásticos se reduzcan al máximo posible, haciendo que Machu Picchu se convierta en una zona 100% sostenible.

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