CSI Nórdico

Islandia, negro sobre blanco

El libro ‘Sombras de Reikiavik’ realiza una aproximación fascinante a la cultura y a la historia reciente de este país a través de un doble caso que conmocionó a todos.

Primero desapareció Gudmundur, tenía dieciocho años de edad, el cabello oscuro y quería ser mecánico. Había salido a un club de la ciudad a divertirse con sus amigos, pero después de aquella noche ya no se le volvió a ver nunca más. Diez meses después, desapareció Geirfinnur, tenía treinta y dos años, dos hijos pequeños y trabajaba como operario en centrales eléctricas. Le llamaron por teléfono. Dijo que había quedado con alguien en una cafetería cerca de los muelles de Keflavík, salió de casa y nunca regresó. Todo ocurrió en 1974 y ya nada volvió a ser como antes en Islandia.

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Más de cuarenta años después, la casualidad quiso que el periodista de investigación londinense Anthony Adeane leyera un artículo sobre ambas desapariciones y acabara obsesionado con la historia: “No me lo podía quitar de la cabeza. Todos los detalles sobre las confesiones de los sospechosos y cómo puedes llegar a falsificar el recuerdo de un asesinato. Después de leer aquel artículo, no dejaba de pensar día tras días, tras día… Es que no me podía creer que alguien llegara a confesar un crimen que no había cometido”, apunta a Viajes National Geographic.

Anthony Adeane en la entrevista con Viajes National Geographic

Anthony Adeane en la entrevista con Viajes National Geographic

Foto: RBA

Tanto le obsesionó que dedicó cuatro años y medio a investigar el caso. Fruto de los cuales, preparó un documental televisivo para la BBC que se puede ver en Netflix y un libro que apareció en 2018 en Gran Bretaña y que en febrero del 2019 publicó RBA Libros en español. Sombras de Reikiavikes la fascinante narración de la investigación criminal más famosa de Islandia: cómo seis personas acabaron confesando un crimen que seguramente no cometieron.

Islandia, un país seguro pero con sus sombras

“Yo creo que hay mucha oscuridad en Islandia”, confiesa Anthony Adeane la mañana antes de su intervención en el festival BCNegra. Menciona de pasada las tasas de suicidio o de alcoholismo elevadas que hay en el país; aunque señala que “en términos de criminalidad, su tasa es increíblemente baja”. Y a pesar de esa escasa criminalidad, Islandia viene ocupando los últimos años un lugar destacado en el mapa de la novela negra: “Claro, porque es una sociedad que en apariencia parece perfecta —prosigue, el autor—, el éxito de esas novelas viene de la fascinación que sentimos por la parte oscura de algo que es muy brillante”.

Está claro que no hay sombras sin luz. Y mucha de la luz de Islandia irradia de su naturaleza. “Islandia tiene un paisaje increíble —asegura Anthony Adeane, que conoce la isla tras sus repetidos viajes para documentar la historia— y captura tu imaginación… Si hubiera sido otro país no creo que me hubiera acabando obsesionando como me obsesioné; pero el caso y el país en combinación fue un embrujo para mí”.

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Foto: iStock

Como explica en el libro, a falta de iglesias, palacios y castillos medievales, es la mitología la que narra la historia del paisaje. Eso es importante en un país donde las historias son núcleo fundamental de la comunidad y se regalan libros en Nochebuena. Áridas montañas, campos de lava, extensos espacios abiertos, cascadas… apenas sí hay horizontes artificiales porque el paisaje es un tesoro cultural que guarda la esencia de Islandia. “Es una de las cosas que notas más rápidamente —específica—, la conexión que tienen los islandeses con la naturaleza. Se siente también en Reikiavik, que es la ciudad más grande —apenas 350.000 habitantes—, puedes cruzarla en 5 minutos cuando no hay tránsito y a ambos lados tienes el mar y las montañas. Incluso cuando te encuentras en la ciudad más trepidante de Islandia estás a cinco minutos del mundo natural”.

¡Que vienen los hippies!

La sociedad islandesa actual es muy diferente; pero en 1974, cuando Gudmundur y Geirfinnur desaparecieron, en Islandia estaba prohibido ver la televisión los jueves y no se podía tener perros como animales de compañía, entre otras prohibiciones curiosas, propias de una sociedad paternalista y cerrada en sí misma. También estaba prohibida desde 1934 la cerveza con una graduación superior al 2,25 % porque según los políticos, los islandeses no sabían consumir alcohol: “por naturaleza siguen siendo muy parecidos a los vikingos, y son demasiado impulsivos y brutales”, llegó a decir el político socialista Sigurjón Ólaffsson.

Aquel era un país en el que casi todos se conocían como en una gran familia y la sensación de pertenencia a una comunidad era muy fuerte; pero los primeros brotes de apertura aparecieron con la base militar estadounidense en Keflavík y con ellos la sensación de algunos de que el país perdía sus raíces. Los nuevos aires se notaron especialmente en Reikiavik, donde se abrieron hamburgueserías y bares al gusto de los soldados, se estrenaron películas extranjeras y en las tiendas se vendía chicle y Coca-Cola.

Ciudad de Reikiavik

Anthony Adeane destaca el encanto que tiene también Reikiavik

Foto: Istock

Llegaron las pastillas anticonceptivas y también las primeras drogas. Y a las jóvenes sospechosas de confraternizar con los soldados extranjeros se las enviaba de penitencia a granjas de reclusión repartidas por todo el país. Un editorial de la época proclamaba apocalíptico: “Nuestro pequeño país nunca volverá a ser el mismo”. A los cambios sociales, había que añadir el estrés geopolítico por la guerra del bacalao contra una Inglaterra que se colaba en sus caladeros con actitud especialmente desdeñosa.

En cierta forma, el complejo contexto histórico en el que se desarrolló la historia criminal de las desapariciones llevó a Anthony Adeane a escribir el libro. “En un documental de 90 minutos —explica refiriéndose al documental que grabó para la BBC, Out of thin air— no tienes tiempo de entrar en el contexto social e histórico; pero para entender lo que ocurrió necesitas entender al país en primer lugar. Comencé interesándome por el caso y acabé sumergiéndome completamente en Islandia y en su cultura”.

¿De haber cometido un crimen lo recordaría?

El sentido común parece indicar que nadie se autoinculparía por un asesinato que no ha cometido; pero la realidad psíquica es siempre más compleja. “Cuando recuerdo algo… no es como si tuviera una especie de máquina matemática en la cabeza. Está contaminado desde el punto de vista de los hechos. Está mezclado con deseos, con miedos… La memoria es muy caprichosa”, cuenta Erla Bolladóttir en el documental Out of thin air. La Erla de hace 46 años fue la que comenzó a dudar de sus propios recuerdos. Y fue su confesión la que acabó involucrando a todos, a su novio Saevar Ciesilski, al que la prensa amarillista del momento convirtió en un particular Charles Manson islandés, y a sus amigos de fechorías nocturnas, a Kristjaán, Tryggvi, Albert y Gudjón.

“Para toda una generación de islandeses, la desaparición de Geirfinnur fue el momento en que se dieron cuenta de que también ellos podían matar y ser asesinados”, Anthony Adeane.

Los seis fueron los chivos expiatorios perfectos. Según documenta con detalle Anthony Adeane en su libro, todos los interrogatorios se centraron en demostrar que eran culpables, no si eran o no culpables… Hubo presunción de culpabilidad porque la sociedad tenía una urgencia. Había una histeria colectiva por descubrir quiénes eran responsables de aquellos horribles crímenes.

Precisamente, los diarios de Gudjón, escritos durante los meses de aislamiento en la cárcel, fueron claves en la revisión de la condena: “Te cansas, y no sabes si estás soñando o recordando cosas. Estaba totalmente confundido. Te venían a la cabeza como secuencias de una película. Y de pronto había confesado que estaba involucrado en el asesinato de Geirfinnur Einarsson. Al final, sientes que has estado allí… que aquello pasó de verdad”.

“No podemos confiar en la memoria —remata Anthony Adeane— y en la investigación que realicé para el libro hablé con muchos psicólogos y es sorprendente de lo que te puedes llegar a convencer a ti mismo. Especialmente, en el contexto de una figura de autoridad, y en especial cuando estás aislado”.

¿Se averiguará qué ocurrió realmente algún día?

Cuarenta y seis años después, el caso sigue abierto y las desapariciones de Gudmundur y Geirfinnur siguen siendo un misterio, casi ya una más de las leyendas del país. En 2016 fue detenido Stefán Almarsson, un hombre que según los archivos policiales implicó a Erla y Saevar por venganza; pero fue puesto en libertad al poco. “Le he dedicado tanto tiempo al caso —explica Anthony Adeane— que encuentro que el hecho de que no sepamos es lo que a mí me parece fascinante. Cuando te zambulles en la historia ves que no es nada. Ves que todo ha sido un sueño. Sin embargo, a la vez, hay dos personas que siguen sin aparecer…”.

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