Turismo espacial

De Jaén al espacio ¡en globo! Esta es la apuesta española para ver La Tierra desde lo más alto

Zero 2 Infinity ha desarrollado un prototipo respetuoso con el medio ambiente para volar al espacio próximo desde Jaén.

Durante su paseo lunar con la misión Apolo 11, Neil Armstrong encontró un momento para mirar hacia la Tierra: “De repente me di cuenta de que ese pequeño guisante, bonito y azul, era la Tierra. Levanté mi pulgar y cerré un ojo, y mi pulgar eliminó el planeta. No me sentí como un gigante. Me sentí muy, muy pequeño”, explicó más tarde. Esa misma sensación la han tenido muchos otros astronautas en vuelos orbitales y en misiones de la Estación Espacial Internacional: la sensación de estar habitando un planeta tan bello como frágil, casi un capricho en el universo. Es una visión al alcance de muy pocas personas, aunque esta exclusividad puede cambiar gracias a Zero 2 Infinity, la empresa española que sueña con democratizar el turismo espacial en unos años volando desde Andalucía.

 
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el efecto «Overview»

Foto: Zero 2 Infinity

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el efecto «Overview»

Al cambio de perspectiva que sucede cuando se observa la Tierra desde el espacio se le conoce como el efecto “Overview”. En 1968, la misión Apolo 8 fue a la Luna. Mientras orbitaban, uno de los astronautas giró la cámara y les mostró lo visto a todos los técnicos e ingenieros que seguían las maniobras del vuelo. Ahí apareció de repente la Tierra, minúscula en el espacio, azul: “era la primera vez que los reunidos veían el planeta suspendido, en el espacio de esa manera -explicó Frank White, autor de The Overview Effect-. Para ellos fue una experiencia profunda, diríase que una epifanía. Algo parecido a alcanzar un nuevo tipo de conciencia que se concreta en un aumento de empatía hacia la humanidad y hacia el planeta. ¿Quién no quisiera experimentar lo mismo?

 
Un Verne del S. XXI

Foto: Zero 2 Infinity

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Un Verne del S. XXI

José Mariano López-Urdiales es ingeniero aeroespacial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y fundador de Zero2Infinity, empresa radicada en Barberà del Vallès.  En una fotografía que mostró durante una conferencia que celebró en 2015 presentando su proyecto durante el acto de entrega de unos premios en la Universitat Ramon Llull, se le puede ver con dos años, junto a sus padres. Detrás de ellos, coches de los 70 y varios cohetes apuntando al cielo casi como en una película clásica de ciencia ficción. Era Cabo Cañaveral. Luego estuvo muchas veces más. Su padre, astrofísico en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, en lugar de llevarle a volar cometas, le llevaba a volar cohetes de verdad en el Centro de Experimentación de El Arenosillo, en Huelva. Se entiende que conforme fue creciendo albergara un sueño: volar al espacio en globo. “Es un intento de recuperar esa capacidad que teníamos de imaginar el futuro y hacerlo realidad en Europa -explica telefónicamente a Viajes National Geographic-.  Europa era el sitio donde se soñaban las cosas y se hacía que pasaran y ahora no tanto. Nosotros queremos recuperar un poco eso…”.

Para muchas personas, el espacio es la última aventura, “la dimensión más inexplorada que queda”, dice. Más allá de la búsqueda de resultados económicos que rentabilicen la aventura espacial,  José Mariano López-Urdiales destaca la oportunidad de que gracias a su proyecto personas con influencia real en la sociedad puedan experimentar el efecto “Overview” y puedan sentir mayor empatía con las demás personas. ”Evidentemente -sigue explicando- tenemos una hoja de ruta para reducir el precio; pero eso tendrá que ser más adelante. Como cualquier otra tecnología innovadora, al principio son caras y poco a poco se van haciendo más asequibles…”.

 
De Jaén al espacio

Foto: Zero 2 Infinity

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De Jaén al espacio

Tal vez no exista una conciencia clara de las ventajas que muchos lugares de España ofrecen en cuanto al desarrollo del turismo espacial; pero ya en 1993, un artículo científico de la Universidad Técnica de Berlín describía la idoneidad de Rota como base para el turismo espacial europeo. En él se destacaba la meteorología, la poca nubosidad y la existencia de las infraestructuras necesarias.

Para Zero 2 Infinity no será Rota, sino el pequeño municipio de Villacarrillo, donde se encuentra el Centro de Vuelos Experimentales (Atlas). Jaén no va a importar solo aceites de calidad, si todo avanza según lo programado, también ofrecerá viajes espaciales. José Mariano destaca que el estratopuerto construido por la Junta de Andalucía en Villacarrillo permite “hacer vuelos hasta el borde del espacio de una forma muy fácil”. El centro ofrece instalaciones para ensayos y operaciones con sistemas no tripulados ligeros y tácticos, infraestructuras y hangares a disposición de empresas aeroespaciales internacionales, un aeródromo con pista principal de 800 metros, pista auxiliar de 400 y torre de control y lo más importante, cerca de 300 días de operación al año para operaciones.

La gran pregunta es “¿Cuándo se realizarán los primeros vuelos con turistas?”. Parece que todos tienen en el horizonte el próximo año 2021; pero José Mariano se muestra cauto: “Esto mismo lo venimos oyendo desde el año 2004, pero depende de muchos factores. Lo que es importante es que los pasos que se den se hagan con seguridad. Cuando se saltan pasos incluso hay personas que han muerto en pruebas… Aunque los globos son infinitamente mucho más seguros que los cohetes”.

 
Turismo espacila slow y sostenible

Foto: Zero 2 Infinity

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Turismo espacial, slow...

Hasta ahora con el turismo espacial lo que ocurre es que aunque sea una realidad, para la inmensa mayoría de la población no es más que ciencia ficción. Sólo grandes agencias estatales, empresas o multimillonarios tienen al alcance de la mano, o mejor, de su bolsillo, volar hasta el espacio. Muchas personas ni siquiera podrían imaginar 20 millones de dólares juntos, que es lo que pagó el 28 de abril de 2001 Dennis Tito para viajar a la Estación Internacional Espacial. Luego han viajado otros pocos, entre ellos, la empresaria Anousheh Ansari, que fue la primera mujer y la cuarta turista espacial. Y el precio ha ido subiendo. Hoy un asiento en la Soyouz cotiza en más de 80 millones de dólares.

Visto así, los 110.000 euros que vale una reserva para volar con Zero2Infinity es algo razonable, en comparación con las tarifas que manejan en Virgin Galactic, Space X o Blue Origin. Cierto que con la empresa española no se vuela tan lejos como con los otros gigantes tecnológicos, pero los 39 kilómetros a los que se llega gracias a un globo de helio es una distancia suficiente como para experimentar el famoso efecto “Overview” que experimentan los astronautas profesionales: se ve el horizonte por la ventana, cómo va bajando y el cielo se va oscureciendo y la tierra se hace azul y la línea del horizonte se dobla porque el planeta no es plano y algunas estrellas brillan en el cielo, que está oscuro a pesar de que ya ha amanecido. 

“Volamos a donde el cielo es negro, casi nadie vuela ahí donde lo hacemos nosotros. Sólo el Pentágono, y ellos a esa zona la llaman el espacio cercano -explica José Mariano-. Es lo que está por encima del espacio aéreo controlado, pero debajo de donde vuelan los satélites, ese es nuestro destino”. En total, entre despegue, tiempo de permanencia arriba y el descenso, son unas 6 horas; pero la experiencia comienza en realidad tres días antes. Un tiempo de antelación suficiente como para que los viajeros pueden relajarse, tener la visita de un fisioterapeuta, alimentarse correctamente y recibir una corta formación para que la experiencia sea lo más agradable posible y con la mayor seguridad.

 
sostenibilidad espacial

Foto: Zero 2 Infinity

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y sostenible

El globo de helio con el que se sube, se recupera con el descenso… Se vacía, se deshincha y baja con su propia electrónica y con un sistema de recuperación a unas coordenadas que se calculan con anticipación. El helio es un gas noble que no deja ningún tipo de huella medioambiental. La zona de aterrizaje se escoge con la finalidad de que garantice un cómodo aterrizaje de la cápsula a partir de los modelos de vientos y meteorológicos. 

En realidad, lo que define a este proyecto con respecto a otros ya está claro en el mismo nombre de la empresa. “No hacemos ruido, ni echamos CO2, ni agua, ni nada -explica José Mariano-. Zero 2 Infinity hace referencia también a las cero emisiones. Desde el principio queremos ser una empresa que haga soluciones de elevación que en lugar de imponer nuestra voluntad a la naturaleza con un cohete guiado, utilice las fuerzas de la naturaleza, la propia atmósfera, que normalmente es un obstáculo. Nos dejamos llevar por el viento en trayectorias favorables y ya está… No necesitas contaminar nada…”.

 
El mirador definitivo

Foto: Zero 2 Infinity

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El mirador definitivo

El pasajero se instala en la cabina. Puede ir en mangas de camisa si lo desea. No requiere llevar un traje presurizado, como los astronautas, con lo que se gana en comodidad. Se trata de un vuelo muy silencioso debido a la ausencia de motores. Cuenta José Mariano que es algo parecido a la sensación de volar con un planeador o un parapente: “Cuando subes con el globo de helio hay ruido cero porque la única velocidad es la vertical, que es poca y encima tienes el globo por delante, por lo que estás como a rebufo… En la cápsula no oyes nada y se tiene la sensación de que es la Tierra la que se aleja y no tú”.

El interior de la cápsula ha sido diseñado junto a Elisava, una escuela universitaria de diseño e ingeniería de Barcelona, y tiene cuatro asientos para los pasajeros, además de una pequeña cabina para los pilotos, que ocupa menos espacio que el dedicado a los turistas. “Es como un donut -describe José Mariano-, donde puedes caminar alrededor e ir a un pequeño baño si hace falta”. Cada viajero tiene su propia ventana en forma de elipsis delante para no perderse el espectáculo: como se vuela desde Jaén, se contempla el estrecho de Gibraltar, Sierra Nevada, Doñana, África, el Atlántico, el Mediterráneo, incluso Portugal… Descrito así, se diría que se trata del mirador definitivo. “Al menos, hasta que tengamos uno en la Luna o por ahí en el espacio exterior”, dice este Verne del S. XXI.

 

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