CUESTIONARIO EN MODO AVIÓN

Juan Trejo: "Es más fácil vivir una aventura en Collserola que en otro lugar del mundo"

El escritor barcelonés repasa algunos de sus viajes en una nueva novela en la que aprovecha para ajustar cuentas con el pasado.

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Juan Trejo (Barcelona, 1970) acaba de publicar La barrera del sonido, una novela con mucha biografía y algo de ficción que arranca en el barrio de Vallcarca (Barcelona) —ese lugar del que se exilió, cuenta el narrador—y que se desarrolla en diferentes lugares del mundo. El atlas sentimental de alguien que decide ser escritor como modo de estar en la vida: Lisboa, Nueva York, Estambul, Roma, Ciudad de México, Caracas, Berlín… Un transitar el mundo en el que van apareciendo personajes que no estuvieron —pero que bien pudieron estar—, a la búsqueda del secreto sentido de la existencia. Esta es la historia de alguien que, finalmente, traspasó la barrera del sonido y se vio obligado a comenzar de nuevo.

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Foto: Iván Giménez

La novela es parte ficción y parte autobiografía… ¿A quién hay que hacer la entrevista, a Juan Trejo personaje o a Juan Trejo escritor?

Pues el personaje existe dentro del libro y no puede responder, o todo lo que tiene que decir está dicho allí. Osea… que al autor, que además es el que cobra royalties.

Pues comencemos con las preguntas fijas del cuestionario.

Estoy dispuesto a lo que sea. Has dado con un hablador...

¿Eres más de viajar al pasado o al futuro?

Soy más de viajar al pasado que al futuro. El pasado es algo fijo y lo puedes manejar como quieras. El futuro, no.

Entonces, igual eres de guardar postales...

Lo bueno es que no soy nada nostálgico. Siempre me ha gustado recordar las cosas como a mí me gusta recordarlas. De hecho, de todos mis viajes anteriores que salen en este libro yo no tengo fotos.

¿Te refieres a los viajes que hiciste de joven?

Nada... Además, no tenía ni cámara de fotos. Sí que hice con mis diferentes novias, pero las fotos desaparecieron con las novias.

Hablando de novias ¿cómo prefieres viajar, solo, en pareja o en familia?

A mí me gusta mucho viajar con mi familia.

¿Te lo pasas bien?

Sí, sí… Son muy fáciles. A los chicos les gusta. Les ha gustado siempre, pero también tengo muchas ganas de viajar solo con mi mujer. Ya hace tiempo que venimos planeando cosas para cuando los chicos ya no quieran venir.

¿Crees que con la edad se quitan las ganas de viajar?

Bueno… Yo recuerdo que en un momento dado perdí la emoción del viaje. Supongo que tuve una crisis importante, sobre todo. Ocurrió que llegaba a las ciudades y pensaba, qué hago aquí… Ver Estocolmo, sí, vale, muy guay, pero…

¿Te sigue pasando?

No, ya no. De hecho en el último lugar que he estado fue en Ginebra. Me invitaron a un congreso. Tuve tiempo de pasear un rato solo por la ciudad. Y pensé que lo de pasear me daba un poco igual, que lo que me interesa son otras cosas, cómo come la gente, ver sus casas… Al final, con qué me voy a quedar del viaje...

Eso, ¿con qué te quedas?

Lo de tachar nombres, pues ya he tachado algunos, pero para mí viajar tiene que tener otro sentido. El mundo es muy amplio, muy grande; pero estas fantasías de que viajar te hacen aprender de otras culturas… El otro día se lo decía a mi mujer: hoy se viaja más que nunca y la gente es más cenutria que nunca. Incluido yo…

¿Es por eso que en tu novela citas a David Lodge: “El turismo es el nuevo opio del pueblo”? ¿Opinas igual que él?

Sí, un poco sí... Escogí esa cita de Noticias del Paraíso porque me gusta mucho. Sí creo que hay esta fe. Viajar se ha convertido casi una obligación. Recuerdo por ejemplo la vez que fui a ver la tumba de Shakespeare. Por decirlo de una forma muy tonta, a mí me gusta Shakespeare; pero llegas allí y te encuentras esa especie de parque temático... y piensas qué ridículo, qué hago yo aquí, si esto así tampoco me va a aportar nada... De qué demonios sirve ir a ver la Mona Lisa con una nube de gente y un cristal de por medio.

Viajar se ha convertido casi en una obligación

¿Crees que es la turismofobia en Barcelona es una exageración o responde a un problema real?

Al final te resignas, o te rindes; pero para mí, ha sido duro… De algún modo tienes la sensación de haber perdido tu ciudad. Eso me ha hecho reflexionar a la hora de viajar. Piensas que tú también haces lo mismo… Cuando fui al Mont Saint-Michel… Es una cosa espeluznante: una orda de gente que entra ahí y tú formas parte. Hay algo muy obsceno en todo eso.

¿Crees que la gente tiene problemas en su vida diaria por culpa del turismo?

Mi vinculación con la ciudad es afectiva; pero la relación con el turismo en Barcelona es complicada. ¿Que va bien para los negocios? Pues igual para un sector muy concreto del cual yo no veo una mejora en ninguna parte. El que quiera alquilar un piso en según que zona lo tiene muy crudo.

Ahora estamos en Vallcarca, que es el barrio de tu niñez. ¿Qué significa para ti?

Para mí Vallcarca es un concepto. El barrio era el mundo… De hecho, yo me enteré que esto era Vallcarca cuando me fuí; pero yo quería vivir en Nueva York, en San Francisco, quería modernidad.

Y aquello no era moderno...

No. Además, con el paso del tiempo se produjo una cosa que a mí me partió por la mitad, que es cuando llegan las Olimpiadas y se hace la Ronda de Dalt y cambia totalmente la fisonomía del barrio. Lo cambiaron todo. No era por nostalgia, pero aquello ya no era mi barrio, ya no identificaba las cosas.

¿Borraron tus coordenadas?

Tal cual. A pesar de que mi madre vive aquí y mi hermano ahí al lado. Él sí se quedó.

Vallcarca está en el norte de Barcelona, ¿pero qué país representa para ti el norte?

Es Escandinavia

¿Y qué representa el este?

El Mediterráneo

¿Y el oeste?

El gran cañón

¿Y el sur?

El desierto

¿Has estado en África?

Nunca… Varias veces probé de viajar. Una vez quise llegar a Marrakech en coche; llegué a Cadiz y me quedé. Porque yo ya sé que la aventura, en fin... que es más fácil tener una aventura aquí en Collserola que en otro lugar del mundo.

Juan TrejoB-N-Montse Rojo

En el libro hay muchos viajes por lugares apenas transitados por turistas. ¿Ese mundo ha dejado de existir?

Tal cual… Escribiendo el libro me ponía en duda a mí mismo. No podía ser que yo estuviera en aquella terraza maravillosa de aquel bar en Portugal, viendo el Atlántico y estar solo las cinco personas que éramos, y además en agosto. Pero así fue....

¿Estamos ahora demasiado expuestos al mundo para dejar que los viajes nos sorprendan?

Es muy difícil que hoy nos sorprenda cualquier cosa. Ese es uno de los problemas de Internet y de las redes sociales. Esa superficialidad y velocidad en la que vivimos nos lleva a ser cínicos. Y el cínico no se puede sorprender por definición. El problema está en la mirada, que está muy contaminada.

Tu mirada está influida por la cultura. ¿Siempre usas lo cultural como argumento para tus viajes?

Sí, me acuerdo por ejemplo de Nueva York. Fuí a buscar el banco de Woody Allen… Fíjate qué tonto era, que yo pensaba que era el puente de Brooklyn, y no… Es otro parque y, además no están los bancos. Sin embargo sí fui a otros escenarios de pelis de Woody Allen. Para mí era importante porque daban sentido a mi viaje a Nueva York. En ese momento, Paul Auster o Woody Allen eran gente que a mí me habían marcado.

Dices en el libro que eso precisamente permite perfeccionar lo que no es perfecto en la realidad...

Claro… Esa idea del gran mundo, cuando la ficción y la realidad se encuentran y se mejoran mutuamente, me parece un acierto. Eso sí, a veces es un problema, porque hay un choque o un descuadre, ¿no? y la expectativa se rompe; pero si no, si se produce esa magia, es maravilloso.

¿Una vez que se acaba el viaje, entonces, qué nos queda de él?

Yo pienso que nos queda la parte más importante… Después del viaje lo que queda es una cantera inagotable de vivencias de las que te puedes servir. Esa es la memoria.

Pero la memoria va cambiando…

Por supuesto; pero, oye, esa es su gracia también…

¿Cuál de los recuerdos es real?

La memoria es susceptible de ser sospechosa. La memoria es también una ficción. Habla de algo que no existe… Literalmente no existe.

¿Al final todos somos narradores?

¡Por supuesto! Sin duda, estamos hechos de historias. Ese es el tema… Según como te lo cuentes así es el asunto.

En tu historia hubo un episodio que te obligó a empezar de cero. ¿Cómo es?

Una mierda… Ya te lo digo… Cuando salí del hospital después del infarto, fueron los dos peores meses de mi vida… Ves que tienes 45 años, estás, con generosidad, en la mitad de tu vida, y de repente ves que todo tu esfuerzo se ha quedado ahí. Tienes que volver a empezar. Empezar de cero tiene algo muy bonito cuando lo cuentas después; pero cuando me vi saliendo del hospital, preguntándome qué coño iba a hacer, pues fue un tiempo muy jodido.

¿Qué te ayudó a superarlo?

Cada día iba aprendiendo una cosita, a parte de que tuve que aprender a leer otra vez porque con la vista tuve problemas… Era como qué tengo: quiero a mi mujer, y a mis hijos, y me gusta ver el Barça… Ese tipo de cosas que parecen muy tontas… Tienes que hacerte un nuevo mapa del mundo… De eso es de lo que tendría que ir el nuevo libro, claro. En eso estamos…

¿Entonces, tu próximo libro no va a salir tan viajero?

Viajes va a ver porque estás aquí, porque vives, y mi intención es vivir un rato más. No tengo ninguna ganas de irme pronto, pero serán otro tipo de viajes. Afán de buscar siempre va a haber… Si no lo tuviera no escribiría, pero será en otro lugar, y será otra cosa.

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La despedida es en la puerta de un bar: “Oye, material tienes…”, dice Juan Trejo con el apretón de manos. Se va calle arriba; dice que aprovechará para visitar a su madre. De algún modo, siempre se vuelve al antiguo barrio, aunque antes uno se haya ido hasta la otra punta del mundo buscando una explicación.

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