Receta de una foto

Madame Maggie o cómo fotografiar la noche de Bangkok

La fotografía, como el amor, tiene su momento preciso, que antes o después de ese tiempo exacto, no funciona.

Cuando cae la noche, la ciudad se transforma. Las calles se vacían para dejar paso a otros mundos donde se tejen historias secretas. Un nuevo desafío al que el fotógrafo no renunciara, empujado por su instinto más básico… la curiosidad. Siempre en esa búsqueda de retratar lo desconocido, lo que no se ve, o casi no puede verse.   

Madame Butterfly

Foto: Gonzalo Azumendi

Madame Butterfly

Afortunadamente, en esas situaciones donde apenas hay luz, las cámaras son cada vez más efectivas, lo que es una gran ayuda en esta complicada tarea. Es el caso de esta imagen, en el club Maggie Choo’s de Bangkok, en una penumbra concebida para crear ambientes y sensaciones. En el escenario, la iluminación tenue y azul, apenas permite adivinar a los músicos, y en la mesa, una lámpara roja tiñe sin piedad el primer plano. Una casi total oscuridad, que puede desesperar al fotógrafo hasta hacerle desistir. Pero la palabra claudicar, no está escrita en su diccionario, y cuando la joven del abanico se sitúa bajo la influencia púrpura, sabe que esta es la única oportunidad… condicionado por esa exigua luz, dispara.

Diríase que todo ello ha sido un acto fortuito, pero también existe una poderosa fuerza, la intuición, algo parecido a la que un futbolista puede tener para el gol, aunque con evidentes diferencias. Fundamental es que el fotógrafo puede sentir y rescatar del subconsciente leyendas o mitos que son iconos colectivos, historias mil veces repetidas en nuestra cultura. Hoy día, es común crear desde esos códigos ya existentes, grabados en nuestra mente. Transmitir algo de esto forma parte de la magia de una fotografía, dejando que la imaginación de cada cual llene la escena de significados.

Como ejemplo, en esta imagen tomada en Tailandia, el cheongsam, (traje chino tradicional que luce la retratada), bien podría trasladar a un garito clandestino de hace un siglo, en el Shanghái de la ley seca. Pero en el juego de mirar a través de una cámara no hay ataduras, y fantaseando una pasión universal, más intensa y de ojos rasgados, la imaginación vuela a Japón para rescatar un fragmento de la historia de Madame Butterfly; junto a un ramo que parece arder, la escena evoca su casa llena de flores, esperando a su oficial amado. Como en la ópera de Puccini, sería el momento de un aria, pero la banda insiste en tocar boleros y canciones de amores imposibles, de esas que roban el alma, en esas noches en las que olvidar parece posible. Quizás ahí está la clave; olvidarse, abandonarse solo a fotografiar, sin saber cómo acabará la película.

Y hablando de cine, amor, y ahora de China, también podría ser un fotograma del director Wong Kar-Wai, siempre explorando pasiones y deseos inalcanzables en envolventes atmósferas orientales. En su film 2046 deja este mensaje que define su obra: “el amor tiene su momento preciso, que antes o después de ese tiempo exacto, no funciona”. Una sentencia que, curiosamente, bien podría aplicarse al hecho de captar imágenes. Sustituyendo amor por fotografía, la frase serviría igualmente, y apunta a una conclusión inequívoca: fotografiando, nunca se debe dudar, hay que aprovechar el instante y disparar, pues las oportunidades se desvanecen en segundos y nunca vuelven. Si se consigue dar en el blanco, el premio será transformar un instante en una imagen eterna. En caso contrario, quien persevere hasta las primeras luces del día intentándolo, siempre tendrá una nueva oportunidad; la de fotografiar el amanecer, sin tener que darse un madrugón… aunque eso, ya es otro estilo de fotografía.

Ingredientes

  1. Para captar la luz en situaciones de oscuridad, es necesario abrir el diafragma al máximo y usar una velocidad cuanto más lenta mejor. Y por supuesto, aumentar el ISO; aunque se produzca “ruido “, lo importante es no perder la foto.
  2. Cámara Canon Mark III, 1/8 de segundo, 4F, 3200 ISO.

Elaboración

  • El fondo azul crea un contexto de serenidad de donde sale la melodía. Como contrapunto, el rojo se asocia a la pasión y a las noches ardientes. Un tremendo contraste en solo dos tonalidades, en el que ambos mundos se sostienen en su polaridad: cian y rojo son colores complementarios de donde nuestra heroína emerge, como una figura de cera congelada en un fuego que no la derrite ...
  • Sin duda, aprovechar la iluminación de los distintos locales, es una buena lección para aprender a construir emociones con la luz.

Retoque y emplatado

  • Para salvar el problema del primer plano, con la luz roja de la lámpara que “posteriza” a la chica, se imponen 2 revelados diferentes.
  • Procesar un primer RAW para la imagen general, y en otro revelado, se rescata la información de la protagonista que ha quedado plana y sin detalle. Posteriormente se montan las dos imágenes, rescatando las zonas que interesan de una y de otra.
  • Con un programa de edición no resulta complicado conseguirlo. Un par de capas, máscaras, pinceles y un poco más paciencia que lo habitual.