La 'grande bellezza'

El majestuoso hotel de Venecia que fue el favorito de Ernest Hemingway

El Palacio Gritti es un histórico tesoro con forma de hotel donde se mezclan el patrimonio y la cultura con un renovado estilo veneciano.

Ubicado literalmente sobre el Gran Canal, The Gritti Palace cuenta con una de las más fascinantes vistas de la ciudad de la laguna, que se extiende desde la isla de San Giorgio Maggiore más allá de Punta della Dogana y desde la Basílica de Santa Maria della Salute a la Colección Peggy Guggenheim. Por este hotel ha pasado de todo, además de Hemingway, y lo ha hecho sin perder un ápice del glamour que rodea todo lo que tenga que ver con The Gritti. El hotel continúa siendo igual de fabuloso que cuando lo visitaba el escritor americano, e incluso puede que un poco más tras la extensa reforma a la que fue sometido en 2013, convirtiéndolo en una versión más refinada -si cabe- de su yo más icónico.

 

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The Gritti Palace

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Hay que remontarse hasta el siglo XV para encontrar a otro personaje en la historia del Gritti que supere la importancia de Hemingway y ese es su antiguo propietario, el duque Andrea Gritti, quien ordenó su construcción en 1475 y dio su nombre a este palacio que siglos más tarde, exactamente en 1895, se convirtió en hotel. Mucho ha pasado desde entonces pero el elegante y adulto ambiente del Gritti sigue dominando el alma de este espacio que si bien impresiona en el exterior, el interior puede llegar hasta apabullar. Pocos alojamientos pueden presumir de un despliegue de este nivel en cuanto a obras de arte, antigüedades y gloriosas lámparas de cristal de Murano que no solo adornan sino que acompañan a este hotel de lujo en Venecia. El siglo XXI ha llegado a también al Gritti, sobre todo tras la extensa reforma de 2013, aunque la eternidad, y las telas de Rubelli, siguen dominando no solo los espacios de este hotel, sino también su esencia.

Dormir como un duque

Tras esa minuciosa y artesanal restauración, The Gritti Palace cuenta hoy con 61 habitaciones, todas completamente diferentes hasta en el estilo, y 21 suites cercanas al delirio en tamaño, carga histórica y decoración. Tres de ellas, posiblemente las más espectaculares y solicitadas, llevan los nombres de quienes las ocuparon en su día, personajes de la talla de Ernest Hemingway, Somerset Maugham o Peggy Guggenheim. Y si a través de las ventanas las vistas al Gran Canal forman la perfecta imagen de postal veneciana, en el interior la escena sube de nivel apostando por un glamour que cuenta con una mezcla vertiginosa de muebles antiguos, enormes techos y baños alicatados hasta el techo con mármol de Carrara con una orgía de productos de Acqua di Parma que invitan a la total indulgencia.

The Gritti Palace

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Una de las habitaciones más solicitadas del hotel: la suite Hemingway.

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No hay duda de que las habitaciones suponen de este palacio gótico, aunque también aquí ha existido algún episodio de profanación. Uno de los más memorables fue el que llevó a un huésped a robar el ejemplar de del que Hemingway escribió algunos pasajes en su habitación del Gritti y dejó firmado posteriormente. El maestro de la ficción pasó, en 1950, unos cuantos meses en esta suite que sigue, de hecho, donde al escritor americano le encantaba sentarse a descansar. No es de extrañar que todo en Venecia, y en el Gritti, le pareciera de su agrado.

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En este hotel de Venecia las suites parecen museos.

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Hay pocas cosas en la vida más placenteras que sentarse en la terraza del Gritti cuando el sol a punto de ponerse

El epítome del lujo

También se lo parecía a Somerset Maugham quien en 1960 pronunció una frase que aún resuena en las históricas paredes del hotel: “Hay pocas cosas en la vida más placenteras que sentarse en la terraza del Gritti cuando el sol a punto de ponerse”. Razón no le faltaba al escritor británico, aunque por si acaso lo mejor es sentarse a comprobarlo de abril a octubre para un almuerzo informal. Junto al sandwich o al plato de pasta merece también la pena derrochar en un Bellini, el cóctel más famoso de Venecia del que también se cuenta que aquí son mejores que en Harry’s Bar, el lugar que prácticamente los inventó. El hotel también dispone de otros dos espacios gastronómicos informales, Riva Lounge y Bar Longhi, aunque para una memorable experiencia gastronómica hay que reservar mesa en el Club del Doge.

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Muy posiblemente la terraza con las mejores vistas a la vida veneciana.

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El homenaje a las tradiciones culinarias venecianas a las que cada noche da vida el chef Daniele Turco sorprende en mitad de este espacio más perteneciente al glamour del viejo mundo que a un hotel del siglo XXI. El servicio es tremendamente esmerado y aunque todo alrededor sume intensidad a este fotograma, no es así en la cocina, donde todos los platos, a pesar de responder a un recetario clásico, cuentan con un toque de modernidad e ingredientes locales. Quienes quieran seguir los pasos de Hemingway siempre podrán pedir el plato preferido del autor, un risotto que lleva su nombre y que se está elaborado a base de gambas.

The Gritti Palace

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El famoso 'risotto Hemingway', elaborado a base de gambas.

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El lujo con mayúsculas que supone alojarse en The Gritti Palace se completa con dos espacios adicionales que si bien no soportan la carga histórica del hotel, su presencia no desmerece. Uno de ellos es su spa que, en colaboración con Sisley Paris, cuenta con salas de tratamiento y un estupendo Hammam. Otro de los rincones del que hotel se muestra particularmente orgulloso es su escuela de cocina, que lleva acogiendo catas de vino, talleres de cocina y todas las celebraciones inimaginables desde 1975. Un espacio informal de estilo campestre que continúa siendo un lugar para aprender, degustar y celebrar, tanto para huéspedes como para locales, la cocina de la Región del Véneto.