La isla bonita

Manual para sumergirse en la otra Formentera

Los poco más de 80 kilómetros cuadrados de superficie de la isla están bendecidos con más de 300 días de sol al año, arena blanca, aguas turquesas y puestas de sol con sabor a mojito. Hay una isla balear para todos, pero todos quieren estar en Formentera.

No resulta fácil llegar al paraíso. De hecho la única forma de acceder a esta isla de casi el mismo tamaño de Manhattan es a través del mar en un ferry que la conecta con Ibiza en aproximadamente media hora de trayecto. Es posible que haya sido su mala comunicación lo que ha resguardado de las masas, el desgaste y la globalización, aunque en ningún caso hay que olvidar la conciencia responsable de los habitantes de Formentera a la hora de lograr que este destino paradisíaco se mantenga prácticamente intacto a lo largo de los años. 

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shutterstock 1041173515. Ecosistemas sumergidos (y secretos)

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Ecosistemas sumergidos (y secretos)

Y es que si la superficie es apabullante, resulta aún más interesante descubrir que el valor de Formentera no solo está en lo que se disfruta, sino también en lo que no se ve. Es el inmenso jardín de posidonia situado entre las Pitusas lo que aporta el color único de las aguas turquesa del que goza Formentera, y que, siendo el más grande del mundo, también soporta el paso del tiempo con más de 100.000 años de antigüedad. Es esta pradera submarina de más de 8 kilómetros lo que aporta la buena salud marina de la que gozan las aguas.

A Formentera se puede, e incluso se debe, viajar en cualquier época del año, siendo el verano la estación cuya popularidad, a veces, resulta desbordante. En la pequeña de las Baleares los veranos son cálidos y los inviernos templados gracias a un clima que permite campar a sus anchas a la típica vegetación mediterránea que puebla la isla, y que combina zonas de dunas con bosques de pino y de sabina, el aroma más característico de la isla.

shutterstock 2017668665. La Mola: mucho más que un faro

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La Mola: mucho más que un faro

A pesar de su popularidad, siempre hay una isla tranquila para quien la busca alejada del estereotipo ‘cool’ que muchos se empeñan en importar a Formentera. Y es un hecho que pueden pasar años, pero Formentera se niega a abandonar su pasado hippy. No son pocas las leyendas que hablan de él, como la que cuenta que Bob Dylan pasó unos meses viviendo en uno de los molinos de viento centenarios de Formentera allá por los años sesenta.

Pero no hace falta remontarse cincuenta años atrás. En pueblos como La Mola se pueden encontrar hoy en día vestigios de un pasado que no siempre fue mejor, aunque sí bastante más tranquilo. Esta pequeña población ubicada en el extremo este de la isla y presidida por su mítico faro, está considerada por muchos como el lugar más libre de una isla que nunca, a pesar de las apariencias, parece haber sido conquistada. Pero volviendo a un terreno mucho menos místico, La Mola también es conocida por su mercadillo artesano, clara herencia de la corriente hippy de los 60 y 70, presente todos los miércoles y domingos hasta bien entrada la noche; aquí, una treintena de puestos artesanos venden productos centrados en joyas, ropa y artilugios dispares mientras suena la música en directo y la bebida y la comida corren de un lado para otro. En Es Pujols, otro de los núcleos turísticos de la isla, el hotel Five Flowers rinde homenaje a toda esta corriente hippy a través de una apuesta más moderna y colorida.

43038023 492513607891632 1301013924077467615 n. El primer chiringuito de Formentera

Foto: Blue Bar

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El primer chiringuito de Formentera

La Mola no es el único reducto hippie que puede encontrarse en Formentera. Tampoco el único al que se le atribuye el adjetivo de mágico. Por eso los enamorados de la auténtica esencia de Formentera acuden en peregrinación al Blue Bar, el que fuera el primer chiringuito de la isla. Con la posición dominante frente al mar que le permite su ubicación, encaramado a una duna, no son pocas las historias que corren sobre este famoso local donde cuentan que Jimmy Hendrix, Bob Marley o hasta Pink Floyd han compartido charlas y confidencias. Leyendas o no, hoy el Blue Bar es un lugar de peregrinación para melómanos y curiosos reconvertido en restaurante que en las noches de verano cuelga el cartel de completo.

278945073 3178489785742563 337879834743320348 n. Los restaurantes más auténticos

Can Rafalet, uno de los restaurantes imprescindibles de Formentera. Foto: Can Rafalet

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Los restaurantes más auténticos

Y no es el único. La oferta gastronómica en la isla, forjada a base de un sistema de autosuficiencia y compuesta por ingredientes de origen local, vive su momento de gloria en la época estival, cuando en muchos de sus restaurantes resulta complicado encontrar mesa libre. Aún así, bien merece la pena tomarse la molestia de planificar con tiempo las reservas para disfrutar de platos como la tradicional paella de Can Rafalet, la pasta en perfecta cocción del 10.7 (donde en cada puesta de sol su dueño, el italiano Vittorio Aquaro, deleita a sus comensales con el aria de Turandot, “nessun dorma”) o los pescados en su punto de Ca Na Pepa, un coqueto restaurante ubicado en el corazón de Sant Francesc, la capital de la isla. Para comer con los pies en la arena, uno de los placeres máximos de Formentera, nada como hacerlo en cualquiera de las mesas del restaurante Sa Platgeta, donde comer rico a unos precios tan razonables que nada tienen que ver con los homólogos restaurantes de la playa de Ses Illetes, donde el ticket medio sobrepasa el centenar de euros.

96aLZSPg. El chiringuito que ha cambiado las puestas de sol en la isla

Foto: Beso Beach

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La revolución de las puestas de sol

Es la otra Formentera, la isla que reina en Instagram gracias a chiringuitos más sofisticados como Beso Beach. La historia de Angie y su marido Rafa con Beso Beach comenzó como lo hacen las mejores historias, por amor y valentía. Diez años más tarde de una apuesta gastronómica convertida en un fenómeno social, este vasco y esta catalana suman y siguen con su historia, con su amor y con su proyecto de éxito. La fórmula de Beso Beach, presentes no solo en Formentera sino también en Ibiza, Sitges y Estepona, es sencilla, pero repleta de una cocina fusión vasco-mediterránea y mucho buen rollo. No hay más. El resto ha sido obra y gracia de su fiel clientela, que cada año peregrina al que probablemente sea el chiringuito más divertido de Formentera (está ubicado en pleno Parque Natural de Ses Salines, en la playa de Cavall d´en Borràs) en busca de una sensación que comenzó en 2012 y que diez años más tarde continúa copando hashtags de Instagram con #nohayveranosinbeso.

Tan dramática como bella, la puesta de sol en la isla es un verdadero acontecimiento social al que todo el mundo está invitado. Mojito en mano, hay muchos lugares desde donde divisarla, pero es muy posible que sea desde el mar el mejor de todos ellos. Es aquí donde los mástiles de los barcos forman una perfecta imagen de postal y, entre todos ellos, se encuentra el de la goleta turca de Beso Beach, que con motivo de su décimo aniversario, recorre la distancia entre las Pitusas para trasladar a su clientela de Beso a Beso, de Formentera hasta Ibiza y viceversa. A bordo, todo tipo de comodidades; desde lujosos camarotes, baños completos, aperitivos, música y por su puesto mucha diversión en la que puede ser la experiencia, efímera (hasta el 15 de octubre), eso sí, del verano.

 

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