Librerías que merecen un viaje

La Mistral, una librería para "ser feliz" en el Km 0 de Madrid

Estas son las claves que hacen de su apertura el acontecimiento cultural de la temporada en la capital.

“Estoy muy feliz”, dice Andrea Stefanoni (Buenos Aires, 1976) mientras recibe a Viajes National Geographic con un café que ha preparado ella misma en el sótano de La Mistral, la librería de Madrid que se ha convertido en un fenómeno mediático: su librería. Estas cosas le gustan, el poder sentarse a hablar, preparar un café o tomar un refresco, compartir el tiempo con los clientes que andan por allí, que suben o bajan la deliciosa escalera de madera que comunica la planta de arriba con la de abajo, donde está la cafetería y la sala de eventos. Abrió el 11 de agosto, pero correr solo sirve para decir que llegaste el primero. Además, siempre se está a tiempo de llegar a una librería.

 

Andrea hizo público el 11 de diciembre del 2019 que al finalizar el año abandonaría el Ateneo Grand Splendid, la librería más bella del mundo según dijo en su tiempo National Geographic; la librería en la que llevaba casi veinte años, la librería donde le habían pasado casi todas las cosas importantes que pasan en la vida. Se iba, reconocía en la publicación, con la misma sensación que dejan los grandes libros y como buena librera usaba una cita de William Styron para expresarlo: “un gran libro debería dejarte con muchas experiencias, y un poco agotado al final”.

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“Es que me lo pregunté mil veces, qué hacer tras el Ateneo Grand Splendid. Lo digo en el sentido de que estaba en la librería más bella del mundo -explica a Viajes National Geographic-, había llegado a un puesto que no había otro más… no tenía un desafío mayor. Y ocurre que te empezás a plantear cosas de la edad, ¿voy a estar toda la vida acá? El tiempo vale, no podía seguir dejando que pasara haciendo lo mismo”.

 

Eso sí, Andrea Stefanoni tenía claro que aguantaría en Argentina hasta que su abuela Consuelo faltara. Cuando falleció, lo primero que hizo fue sacar un pasaje, comprar una jaula para su perra Aurora y venirse a Madrid. Aún a veces le sobreviene la incertidumbre de aquel momento, pero finalmente acabó abriendo La Mistral: “a la larga lo que terminás haciendo es lo que hacías, lo que te apasiona, lo que sabés hacer y lo que te gusta hacer, y a mí me gustan los libros”.

 
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Foto: Lucia Soka | La Mistral

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Y con ella llegó el alboroto mediático...

La apertura de La Mistral se ha convertido en un fenómeno mediático. Tal vez porque como dice Jorge Carrión en Librerías (Finalista Premio Anagrama de Ensayo en 2013 y disponible en Bookshop), “cada librería condensa el mundo” y tras la pandemia hay ganas de mucho mundo, de mundo y de libros. Aún así, a la propia Andrea le ha sorprendido la repercusión: “ha sido bastante inesperada -explica al comenzar esta conversación-. Sobre todo por parte de la prensa, porque no hice nada y la gente piensa que preparé una gran campaña de promoción. Yo atiendo con mi teléfono y una agenda que tengo, llevo las redes, no hicimos nada…”.

Pero, claro, no todos los días abre establecimiento la exitosa ex gerente del Ateneo Grand Splendid, una de las librerías más famosas del mundo. Esa es una de esas referencias que llegan al sitio antes que tú. Y Andrea llega también en un buen momento: si hace unos pocos años las librerías eran noticia porque cerraban, ahora lo son por las constantes aperturas que protagonizan en todos los rincones del país. Como dice ella, "las librerías no van a desaparecer nunca. La mayor prueba hasta ahora: el 2020". 

Las librerías no van a desaparecer nunca. La mayor prueba hasta ahora: el 2020

La Mistral

Foto: José Alejandro Adamuz

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Una librería de barrio junto a Sol

“Madrid siempre me gustó para vivir, me encanta la vida acá. Me parecía que esta debía ser la ciudad… Hay esquinas que podés cerrar los ojos y te transportan a Buenos Aires…”, confiesa Andrea. Ella y sus dos socios en Argentina escogieron en concreto este local a solo unos pocos pasos de la emblemática Puerta del Sol. ¿Cabe un lugar más céntrico y turístico para montar una librería de barrio? “Vale… estamos en el centro, pero al mismo tiempo vive gente de toda la vida que se merece tener un lugar a donde ir, porque si no todo pasa en Chueca o Malasaña”, dice Andrea y lo cierto es que en la calle hay tiendas de souvenirs o casas de cambio con rótulos en inglés, pero a la vez, es una calle tranquila, medio estrecha y que pasa desapercibida en el mapa: condiciones necesarias para que aún parezca un barrio. 

De hecho, al llegar a esta cita, frente al escaparate de perfecta estética inglesa, la librería concentra a algunos vecinos. Una señora le dice a otra que antes esto era una tienda de ropa, que qué bonita la han dejado. Otra que lo que venden son libros, que es una librería aunque parezca una cafetería a donde ir a merendar. Dice Andrea que muchos han ido pasando, dándole las gracias por haber abierto la librería. 

Librería La Mistral: Tr.ª del Arenal, 2, 28013 Madrid

(A 170 metros de Sol, solo se pierde quien quiere perderse)

 
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Foto: Lucia Soka | La Mistral

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Pasado y presente de las librerías en un reflejo

No es algo en lo que se fije todo el mundo, pero en el reflejo del escaparate de La Mistral se distinguen perfectamente los azulejos del buen ceramista Enrique Guijo con los que se decoró la entrada de la Librería de Bibliófilos Españoles. Es un reflejo del pasado. En concreto, de la década de 1920, que es cuando se colocaron. La fundó allí mismo Bernardo Rico en 1880 y luego se hizo cargo de ella Gabriel Molina Navarro. Cerró en 2015, tal y como se puede comprobar en esa hemeroteca virtual en la que se convierte Google Street View cuando lo haces correr en el tiempo: "las huellas -respondió días después Andrea a través de un mensaje de whatsapp nocturno- de alguna forma quedan siempre, a veces visibles, a veces ocultas, pero ahí están". Son símbolos así los que persigue siempre.

Ahora hay en el escaparate un maniquí como si los viejos tiempos de cuando el local lo ocupaba una tienda de ropa no se hubieran ido del todo. Se trata de un expositor artístico que se lanza a jugar con la gente que pasa por la calle, en el que la falda que baila en el maniquí será un guiño de los eventos programados en la librería. "Va a ir cambiando", explica Andrea, con los eventos o las fechas del calendario más señaladas.

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Foto: Lucia Soka | La Mistral

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¡Hola, perrito!

“Una habitación llena de libros no es una librería, tiene que tener su espíritu… Son millones de cosas que hay que tener en cuenta”, explica Andrea mientras revisa con la mirada algunos detalles del artesonado de madera del espacio del sótano, que antiguamente era el hall de acceso del Teatro Arenal que estaba junto a la Calle Mayor. El teatro cerró en 2013 y dos años después abrieron un gimnasio. 

En el interior, se combinan los detalles tradicionales con los modernos, la música de jazz suena de fondo, la luz es perfecta y las estanterías protagonizan el espacio porque Andrea tenía claro que aquí ella iba a usar las estanterías altas con escalera que tanto le gustan: Así los lomos de los libros se ocupan de dar color en todos los paramentos.

No hay duda de que Aurora ayuda a crear ese espíritu del que habla Andrea. Aurora es una perra golden retriever de cinco años y medio que agradece las caricias sin grandes aspavientos y que anda algo pesada porque el verano engordó un poco. Debe su nombre a Aurora Venturini, la autora de Las primas (Ed. Tusquets, disponible en Bookshop), uno de los libros de cabecera de Andrea: “La conocí a Aurora, ¿sabés?, fui hasta La Plata a verla antes de que se muriera y es la persona con más edad y con el cerebro más joven que conocí en mi vida. Vos hablabas con ella y era una persona de 20 años”, escucho que le explica a una clienta que interrumpe nuestra charla para poder saludarla con el libro en la mano. Eso es lo que tienen los buenos libreros, que son prescriptores de lecturas.

 

 
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Foto: Lucia Soka | La Mistral

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Poesía eres tú...

Uno entra en La Mistral y encuentra poesía y esto no es una metáfora descuidada del cronista sino que es algo literal. Al entrar en la librería. lo primero que se ve de frente es el enorme anaquel dedicado a la poesía. “Sí, hay mucha poesía -remarca la obviedad Andrea por si uno no se ha dado cuenta-. Está muy presente. Si hubiera sido por mí habría hecho dos pisos de poesía, pero claro, me tengo que limitar…”. El mismo nombre de la librería ya es una declaración de principios: es La Mistral por la poeta chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1945. 

Flanqueando a la poesía, la narrativa. La hay independiente y muy independiente y también todo lo de Seix Barral, Anagrama, Random, Cátedra, algo de Taschen, La Fábrica… Y antes de bajar a la planta sótano, la parte de ensayo. En total, un fondo de unas 20.000 referencias, y creciendo

“Un librero, uno de verdad, apasionado por su profesión, lo más lindo que le puede pasar es abrir cajas por la mañana y ver qué entró, son como tesoros que van apareciendo y de pronto eso no lo perdés nunca”

Sorpresa: no hay mesas de novedades; sí de recomendaciones porque, como explica Andrea, “a la gente le gusta encontrarse de repente cosas que no ven en otros lados o que, si bien, sí están en otras librerías, acá les acabamos dando otro protagonismo”. Al final, son los libros los que encuentran a los lectores y no a la inversa.

 
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Foto: Lucia Soka | La Mistral

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Tempus fugit

“Está en vos la capacidad de sorprenderte cada día y dejarte llevar por el extrañamiento. Es lo que buscan los actores cuando repiten la misma obra todos los días, poder hacerla como si fuera la primera vez”, responde Andrea al ser preguntada sobre el por qué de todo. “Por eso me fui del Ateneo -prosigue-, por miedo a que llegara un momento que me diera igual y yo no quería llegar a eso”.

Con La Mistral ha recuperado "ese extrañamiento", dice, la capacidad de seguir haciendo lo que sabe hacer pero con la misma pasión de hace veinte años. Es posible que haya sido por eso que se ha hecho fabricar un pequeño escenario que, confiesa, es un guiño en homenaje al Ateneo Grand Splendid en miniatura. Resulta que por mucho que se avanza en la vida, hay que recordar de dónde se viene: dejar huellas.

“Deseaba tener un lugar propio acá, más pequeño, pero que fuera esto... que pueda venir a trabajar con mi perra, que pueda hacerte un café yo misma, que pueda abrir una caja y descubrir las novedades de mis poetas favoritos, No sé si es tomarlo como un desafío, pero la verdad es que me siento bien haciéndolo, me siento bien estando desde la mañana a la noche acá”, confiesa. Andrea explica que en el Ateneo Grand Splendid entraban unas 3.500 personas al día, que era imposible conocerlas a todas, que allí hacía funciones de gerencia, que “entonces la cosa de estar en el salón recomendando libros eso ya no era posible”.

Le apetece jugar a Andrea y ha aceptado el riesgo. Total, dice, “la pandemia nos recordó eso, que todo podía desaparecer, los libros, todos, la gente y que hay que aprovechar el tiempo”. Ahora está todo el tiempo descubriendo editoriales de aquí. Menciona por ejemplo a Hoja de Lata, Acantilado, Impedimenta, Visor, Libros del Asteroide, pero destaca de muchas el trabajo que hay detrás a nivel editorial, la portada, la tipografía, el papel, la textura de la tapa, “¿quién se puede poner a comprar un ebook por internet teniendo eso? No lo puedo entender… Tienen tantas posibilidades los libros”.

 
 
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Foto: Lucia Soka | La Mistral

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¿Sos Andrea, verdad?

Andrea no es solo la librera de La Mistral, también es la autora de La Abuela Civil (Ed. Seix Barral). 

- “¿Sos Andrea, verdad?”, le preguntan. 

- Te escuché el otro día por la radio y sentí que contabas mi historia. Me voy a llevar tu libro, ¿me lo firmás?

- Oh gracias, cómo no… ¿Cómo es tu nombre?

- Elsa. 

Y Andrea pide prestado el bolígrafo con el que he ido anotando algunas frases sueltas durante la charla. En ese libro, Andrea cuenta la historia de su abuela Consuelo, la historia de tantos y tantas que tuvieron que exiliarse a Argentina. Se presenta como ficción, pero el libro tiene mucho de autobiografía familiar. Hacia el final del mismo se puede leer lo siguiente: “Ser feliz es tener un recuerdo inolvidable”. Ahora con La Mistral demuestra que no es una frase vacía.

 

*Unos días después de la visita de este cronista, La Mistral tenía programada su primera presentación. Inauguraron el pequeño escenario teatral con Ana Blandiana. Fue una fiesta de la poesía, la verdadera puesta de largo de la librería. Sonaron los violines: siempre se está a tiempo de llegar a una librería.

Hay unos versos de Ana Blandiana que dicen así: 

¿Conseguiré alguna vez

descifrar las huellas que no se ven,

pero que sé que existen y esperan

que las pase a limpio

en mi patria A4?

La patria, está claro, puede ser una hoja en blanco si uno se dedica a escribir, pero también puede ser una librería: el lugar donde siempre ser feliz de nuevo.

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