Receta de una foto

La mujer de rojo frente a un cuadro que conecta Filadelfia con Montserrat

Fotografiar a una persona en un museo no es solo cuestión de paciencia, también de encontrar una dimensión más en la conexión eventual entre arte y humano.

Museo de arte de Filadelfia

Foto: Gonzalo Azumendi

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Repasando fotografías, sorprende comprobar la gran cantidad que han sido tomadas en museos. Tanto históricas como actuales, pero casi siempre explotando la interacción del visitante y las obras de arte. Resulta imposible que el fotógrafo no encuentre inspiración entre tantas situaciones, desde el nivel más básico y humorístico, con un visitante cazado observando un desnudo de reojo, a interpretaciones más sublimes.

Pero resulta un reto complicado. Las obras de un museo son creaciones plenas de energía, que en ocasiones la fotografía se apropia, presentando como mérito propio algo que no le pertenece. También ocurre esto en muchas imágenes en la calle, donde un grafiti o el cartel de fondo, es lo más impactante en el encuadre.

Por eso, resulta enormemente difícil retratar un cuadro y que la foto descubra algo más. Como en el caso de esta imagen, el fotógrafo siempre tendrá esa duda, esa tentación, o inocente frivolidad.

Partiendo de esa realidad, será un placer explorar con la cámara un museo, y constatar que, igual que los seres humanos, cada obra de arte es algo único, capaz de inspirar, emocionar, revolver conciencias, o dejar en la indiferencia. Un mundo sin arte dejaría de sentir, y mientras las personas se van, la obra permanece, como si fuese el espíritu; una metáfora, representada en esta foto.

Una mujer de rojo pasa junto a The Fall (1983), vigorosa obra del artista irlandés-estadounidense David Scully, expuesta en el Museo de Arte de Filadelfia. Una escena llena de dinamismo, donde la abstracción geométrica del cuadro abre una ventana a otro mundo, del que ella parece escapar, igual que un guiñol travieso que huye del escenario impregnada de su color. Porque ella tiene la virtud del camaleón, se adapta al cambio y a los tiempos, y recorre la exposición como si fuese un escaparate que la renueva y rejuvenece, situándola en la modernidad. Es un estilo de vida que disfruta… quizás sea una histórica comisaria que viste de Prada como el diablo, y su opinión puede llevar al Olimpo al artista o condenarlo a los infiernos. O simplemente le ha gustado el cuadro y camina rauda a preguntar el precio, dispuesta a extender un cheque.

Pero para comprar un cuadro es interesante conocer la trayectoria del artista e, investigando, sorprende la conexión entre Filadelfia y Montserrat. En 2015 se inauguró el Espai D’Art Sean Scully, en la iglesia del monasterio de Santa Cecilia de Montserrat, donde el pintor integra murales y vidrieras en este espacio de espiritualidad, abierto a los visitantes como si fuese otro museo. Y el cuadro, pintado treinta y dos años antes, recuerda a la bandera catalana, como un blasón heráldico de aquellos que decoraban las grandes estancias de los castillos. No es difícil imaginarse a la protagonista, igual que una reina, recorriendo las salas del museo como si fuesen habitaciones de su palacio.

La mujer de rojo añade muchas preguntas. El fotógrafo dudará si es más interesante este personaje que fluye, o la obra expuesta.

Un museo ofrece esto y más. Esa libertad del visitante para dejarse llevar por sus sensaciones, donde el fotógrafo tiene un aliciente especial para descubrirlo de forma activa, observando paciente los cuadros, hasta conseguir su propio encuadre con la particular mirada fotográfica.

Ingredientes

  • Subir el ISO: la tenue iluminación de las salas, requerirá aumentar el ISO para compensar la falta de luz.
  • Compensar la luminosidad del fondo: al ser blanco reflejará más luz, engañando al fotómetro. Como ocurre en los contraluces, hay que abrir un diafragma o más, para que las obras no aparezcan oscuras.
  • Datos EXIF: Zoom 24-70 en 24 mm, 1/15, F4, ISO 800.

Elaboración

Ser paciente determina muchas veces una buena imagen. Siempre que no se controlen los elementos, bien sea la climatología, la luz, o las personas, el reto es saber esperar, y como en este caso, fotografiar cuando nuestra musa y el cuadro se integren.

Siempre nos quedará la duda de si un personaje distinto hubiese combinado mejor, creando otra historia diferente. O, si el cuadro fuese otro, qué visitante del museo hubiera sido el elegido.

Retoque y emplatado

  1. Al editar una foto en la que aparece un cuadro, la dificultad está en reproducir fielmente sus colores. En este caso, no es la misión del fotógrafo hacer un catálogo que los muestre con exactitud, sino un reportaje de viajes, por lo que se ha dado prioridad a la escena, más que al cuadro en sí.
  2. Tras buscar una zona blanca y una zona negra, equilibrar los tonos.
  3. Limpiar los colores del cuadro para que no se contaminen con la luz interior del museo.
  4. Contrastar y saturar a la mujer para acentuar la atención sobre ella, como elemento principal que compite con la pintura.
  5. Finalmente, un ligero viñeteado, hará que la mirada se centre más en la acción.