Un libro que pesa 38 toneladas

El museo favorito de… Juan Tallón: "es imposible imaginar la cantidad de obras maestras que hay escondidas en el Freeport de Ginebra"

El escritor recupera con su nueva novela 'Obra maestra' uno de los episodios más misteriosos acontecidos en el mundo del arte en España: ¿Cómo es que el Reina Sofía perdió una escultura de Richard Serra de 38 toneladas de peso?

Hay un número que el escritor Juan Tallón no olvidará jamás: lleva tatuado en la muñeca de su brazo izquierdo el 183/06 de la causa judicial abierta por la desaparición de la escultura de Richard Serra, Equal-Parallel/Guernica-Bengasi, de los fondos del Centro de Arte Reina Sofía que custodiaba desde 1990 la empresa Macarrón SL y que nadie supo ya jamás dónde encontrar. Quien conozca la obra del norteamericano sabrá que sus esculturas no suelen ser de fácil extravío. En concreto, aquella escultura estaba compuesta por cuatro bloques de acero que en conjunto pesaban más de treinta y ocho toneladas. Eso fue precisamente lo que obsesionó al escritor tras conocer la historia por el artículo que publicó el diario ABC en 2006, que algo tan pesado fuera tan liviano, que algo así se perdiera sin dejar rastro aparente. 

La historia de la desaparición le obsesionó tanto como para dedicarse durante algo más de una década a investigar todo lo relacionado con los hechos (y para acabar haciéndose un tatuaje). Con las centenares de entrevistas, bibliografía subrayada y documentos recopilados ha escrito Obra maestra (Ed. Anagrama), una novela que se disfruta al modo de un documental de ficción con el punto de mira en el arte contemporáneo. “¿Qué buscas?”, le preguntaba siempre su madre cuando de joven perdía algo. Y de eso se trata precisamente, de que suele ser más importante saber qué se ha perdido que encontrarlo.

Obra maestra, disponible en Bookshop

Juan Tallón

Tras su exitosa Rewind (también publicada en Editorial Anagrama), Juan Tallón vuelve a las librerías con Obra maestra, una historia que le ha llevado más de diez años de trabajo convertir en libro.

Foto: Editorial Anagrama | Laura Ortega

Juan Tallón

Tu Obra Maestra parece el resultado de una obsesión. "Algunos proyectos no salen nunca a la primera, ni a la tercera, sino a la última", eso es lo que le dices a la editora Belén Bermejo (1969-2020) en la parte final de la novela. ¿Qué te llevó a seguir intentándolo?

Creo que durante esos diez años en los que me limité a acumular información, testimonios y bibliografía me mantuve fiel al deseo de acabar un día escribiendo este libro. No paraba de decirme en todos esos años lo mismo, menudo historión tengo. Pero claro, no sabía cómo convertir algo que, al fin y al cabo se contaba en una o dos páginas de periódico, en una novela. La obsesión se mantuvo fiel a sí misma. La obsesión lo es porque nunca desaparece, da igual lo que hagas. Tú la puedes tratar de olvidar, haces un agujero de cinco metros, la depositas ahí y antes de llegar a casa ella ya está dentro y tú todavía cruzando el umbral.

Tal vez los lectores se sorprendan al conocer que existió una empresa como Macarrón, su larga trayectoria, saber que fueron quienes ayudaron a salvar las obras del Prado durante la Guerra Civil.... Tal como aparece en la novela, su quiebra parece una terrible injusticia, ¿no crees?

Y no solo llevárselas. Después, cuando las trajeron otra vez a España, detrás del convoy sonaban las bombas que anunciaban la presencia de los Nazis en Francia. De hecho, Macarrón podría ser patrimonio nacional por los servicios prestados, ayudó a preservar las grandes obras maestras del país.

La disolución de Macarrón o la propia escultura de Richard Serra, tu novela parece dejar claro que nada dura para siempre.

Nada dura para siempre salvo que desaparezca y nunca se encuentre… Las cosas que desaparecen, en general, tienden a ser idealizadas. Entonces, mientras no aparecen, uno tiene derecho a pensar que están vivas, son una leyenda, un bello relato. En ese sentido, yo creo que la escultura original de Richard Serra nunca desaparecerá, puede hacerlo la que hoy está expuesta en el Reina Sofía, pero no la que se perdió o se llevó alguien, porque no quedaron pistas, no es un cadáver, no está enterrada, siempre podemos pensar que está en algún sitio.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía abrió sus puertas al público en 1992, aunque sus orígenes se remontan a 1986 como centro para exposiciones temporales. 

Foto: Istock

Al Museo Reina Sofía no le habrá hecho mucha gracia que hayas puesto de nuevo en la actualidad un episodio tan vergonzoso, ¿te ha llegado alguna opinión?

Bueno… Uno siempre tiene miedo por cómo puede ser recibido un libro que en este caso retrata un mal funcionamiento del museo. Pero yo solo puedo decir que el director ha tenido palabras muy generosas hacia la novela. Ha dicho que le interesaba mucho y yo creo que al hacerlo ha demostrado ser una persona que sabe encajar una crítica y bueno, que en definitiva, ha sido muy elegante. Claro… esto no significa que el museo no se sienta abochornado porque un episodio que significó una crisis de prestigio en su momento, pero de la que después se ha ido recuperando, vuelva a ser noticia. Recordar esas cosas nunca es agradable, pero desde luego no es traumático y yo creo que el museo lo está viviendo con absoluta normalidad. Al fin y al cabo, esto es una novela, ¿sabes? Y las novelas no cambian el mundo…

Y para ser justos con el Reina Sofia, tal como reflejas en la novela, también contribuyó a abrir las puertas en España a la promoción del arte contemporáneo.

¡Sin duda! En el año 86 no existía la promoción del arte contemporáneo en este país. Empezaron las grandes exposiciones internacionales, los artistas realmente influyentes, yo creo, a raíz de la creación del Reina Sofía como centro de arte, del papel de apertura que jugó. Imprescindible la figura de Carmen Giménez Martín como responsable artística del centro cuando se inauguró. Sin duda, el Reina Sofía abrió el camino. Cometió errores, claro, pero todavía está por escribir la vida de la persona que no los cometa o de la institución que no incurra en ellos… En fin, viva el error humano, que es lo que nos empuja hacia adelante.

yo solo puedo decir que el director ha tenido palabras muy generosas hacia la novela. Ha dicho que le interesaba mucho y yo creo que al hacerlo ha demostrado ser una persona que sabe encajar una crítica (Juan Tallón)

Sin errores, no habría literatura al final…

Mira. Hay una frase muy reveladora al comienzo de la tercera parte, es de Dostoyevski de Los hermanos Karamazov, que dice (tomando un ejemplar del libro y leyendo) “los disparates son imprescindibles en este mundo. El mundo reposa sobre disparates, y es muy posible que sin ellos no ocurriera nunca nada”. Yo estoy de acuerdo con eso, otra cosa es que los disparates nos compliquen la vida, nos hagan sufrir, pero si no los hubiese pasarían muy pocas cosas.

En la sala 102 del Museo Reina Sofía se puede ver la réplica de Equal-Parallel/Guernica-Bengasi de Richard Serra.

Foto: Museo Reina Sofía

¿Tú cuándo conociste la desaparición de la escultura de Richard Serra?

Me entero en enero de 2006, cuando lo publican en el ABC. Sí, recuerdo ese momento. Algo en mí se sintió atraído por ese acontecimiento tan fascinante y tan cargado de misterio y de asombro, ¿cómo lo monumental podía esfumarse igual que lo liviano? Y eso me producía una incomodidad del pensamiento. Algo no encajaba y eso me molestaba, necesitaba una explicación. Bueno… Yo es que… Ese asombro hacía un ruidito, ¿sabes? Como cuando un reloj empieza a hacer un ruidito pero sigue funcionando. Creo que el momento definitivo ocurre durante una visita en 2009 al museo con César Aira para ver una exposición de Juan Muñoz de la que huimos en un momento dado porque nos sentimos angustiados y acabamos en la sala 102 del Reina Sofía, donde está la réplica de la obra de Richard Serra y César y yo hablamos, y le conté la historia de la escultura… Y yo creo que ese día salí de allí pensando en cómo me gustaría contar la historia de esa escultura mucho más allá del mero relato policial. Es decir, desapareció, se investigó, no se encontró. Y me llevó diez años ponerme…

A todas las personas que no somos estudiosos del arte nos puede parecer que hay algo que se interpone entre nuestra curiosidad por saber y el disfrute del arte en los museos.

El resultado es un libro que es una inmersión en el mundo de la cultura y del arte contemporáneo de finales del siglo XX y de las intimidades de los museos, de cómo funcionan en realidad… Es que la novela casi podría funcionar como un ensayo de ficción, o incluso un perfil del propio Richard Serra.

A todas las personas que no somos estudiosos del arte nos puede parecer que hay algo que se interpone entre nuestra curiosidad por saber y el disfrute del arte en los museos. Tenemos la sensación de que va a ver algo que se nos escapa y que nunca vamos a entender del todo. Y eso es un impedimento para acercarnos al arte sin ningún tipo de complejo. Quizás la novela pueda ayudar a eso, a acercarse al arte, a un artista, a un movimiento determinado, a todo ese micromundo que rodea al artista, sin complejos de inferioridad.

El propio Richard Serra personaliza la controversia que generalmente se produce alrededor del arte conceptual, mucho más difícil de entender a veces que el arte figurativo. En la novela aparece esa otra escultura suya instalada en medio de una plaza de Barcelona y que algunos vecinos se propusieron incluso derribar por sus propios medios. Descubrimos que a pesar de que, por efecto del Guggenheim tal vez, Richard Serra esté mitificado tiene tantos detractores como admiradores.

Claro… Vamos a ver. Yo creo que incluso nuestra forma de pensar está mediatizada por cierto antropomorfismo. Nos parece que todo aquello que remite a la forma humana, al realismo, es más susceptible de ser interpretado como algo que está en igualdad de condiciones, o tú estás en igualdad de condiciones con respecto a ello. Es más fácil de entender el arte figurativo que el arte abstracto o que el conceptual… Bueno, son esas dos corrientes que conviven en el arte, ¿no? Bueno… Ahí está. Así avanza la historia.

¿Admirabas a Richard Serra de antes o es algo que surge con la escritura de tu novela?

A medida que he ido documentando la novela para escribirla yo he ido entendiendo mejor a Richard Serra, qué significan sus obras, que pretende con ellas… Todo eso ha sido a posteriori, no es que primero fuera mi interés por Richard Serra y a continuación viniera la novela sobre él. Primero fue mi idea, mi novela, y después, para ejecutarla, tuve que conocerlo mejor. Esa fue la línea de los acontecimientos.

Richard Serra es conocido como uno de los escultores vivos más importantes del siglo.

Foto: Oliver Mark

Supongo que en este ir conociendo mejor a Richard Serra y documentando todo el proceso artístico visitarías muchos museos. En la novela aparecen el Museo del Prado, el Guggenheim de Bilbao, el propio Reina Sofía… ¿Ha cambiado tu visión del arte y de los museos con la escritura de la novela?

No diría que cambió por la clase de novela en la que yo me estaba embarcando. Yo diría que mi experiencia con los museos ha cambiado como la de todos a lo largo del tiempo. Digamos que es más difícil disfrutar del arte que contienen los museos porque de pronto somos muchas más las personas que acudimos a ellos. Y la cuestión es, vale, estuviste allí y lo sabemos porque hiciste doscientos selfies, ¿pero realmente experimentaste la obra de arte? Cada vez es más difícil. Hay museos que son un tormento acceder a ellos, esas colas… Y también es imposible disfrutar de la obra de arte que hayas elegido, esa conexión entre tú y la obra, ese diálogo en voz baja que se establece está continuamente interrumpido por las riadas de gente. Yo creo que hoy es difícil disfrutar de los grandes museos tal como se podía hacer años atrás.

Y la cuestión es, vale, estuviste allí y lo sabemos porque hiciste doscientos selfies, ¿pero realmente experimentaste la obra de arte?

Entonces, ¿qué es lo que echas de menos en los museos de hoy en día?

Pues visitar un museo vacío, ya me da igual de qué sea, como si fuera el museo al que voy a ir en breve con mi hija, el del Ratoncito Pérez, ¿sabes?

¿Dónde está?, ¿de veras existe?

La Casa del Ratoncito Pérez está en Madrid. No sé… Es que el arte ha comenzado a acumular activos que molestan en la experiencia artística. A veces quien molesta en esa experiencia eres tú respecto a un tercero que está intentando intimar con la obra de arte. Pero bueno, es una ensoñación y una ficción pensar que esto va a ser posible vivirlo de otra manera. Nunca más vas a estar a solas con una obra de arte. Aunque debo confesar que durante la pandemia, durante algunos minutos, pude estar a solas con el Guernica de Picasso y también es verdad que hay obras que el gran público no llega a identificarse con ellas y puedes disfrutarlas en paz y soledad. Es lo que pasa, por ejemplo, con la escultura de Richard Serra. Si vas a la sala 102 del Reina Sofía puedes estar durante muchos minutos solo ante la escultura.

Al respecto de lo que comentas, Umberto Eco imaginó el del tercer milenio en un ensayo en 2005. Su idea era hacer un museo con una sola obra, que todo el discurso del museo girara alrededor de esa única pieza. ¿Si te enfrentaras a ese reto, qué objeto seleccionarías?

Sería fascinante montar un museo de esas características en torno a una libreta vacía, en blanco. El acontecimiento artístico, en apariencia en absoluto artístico, entorno al que girasen todas las demás salas estaría compuesto por libretas llenas de notas, de ideas, de escrituras, bocetos, de los miles, cientos de miles, de artistas, escritores, novelistas, poetas, escultores, cineastas, pintores, todo lo que cabe en la definición de artista. Mostraría cómo todo lo que crearon empezó en una libreta. Esa libreta vacía sería la pieza maestra del museo. Vacía, una libreta que no tiene influencias sobre nada, pero que es el principio de todo. Las decenas de salas de las que se compone este museo imaginario llenarían de significado a la sala principal donde está la libreta vacía.

Nada concluído, y en conjunto todo concluído. Toda una paradoja, ¿no crees?

Sí. Claro… Todo por hacer. Esta libreta significa el futuro, el punto cero de algo. No es fácil decir dónde empiezan las cosas. Quizás comienzan ahí, en el punto donde no hay nada, que puede quedar simbolizado por la libreta en blanco. Este museo es la historia de cómo la escritura cambió el mundo.

Eso en cuanto a un museo imaginado, pero, oye, ¿cuál es tu museo favorito y por qué?

Mi museo favorito del mundo no es un museo y no lo he podido visitar.

¿Y entonces?

Pues ojalá tener el poder de decir: yo te declaro museo y abro tus puertas. Entonces, ojalá fuera un museo abierto al público el puerto franco que hay en Suiza, el que sale recogido en la novela, el Freeport de Ginebra. Cuando lo ves en medio de un polígono empresarial nunca vas a pensar que contiene todo lo que guarda en su interior. Es imposible pensar que custodia miles y miles de obras de arte porque hay una parte de coleccionistas que en realidad son especuladores y que saben que el arte tiende a revalorizarse y que mientras la pieza está ahí no están pagando demasiados impuestos. Es que es imposible imaginar la cantidad de obras maestras que hay, decenas de picassos, obras perdidas… Lo que hay ahí no se conoce. No sé… Pero, oye, ¿se sale mi respuesta mucho de tu cuestionario?