Entre vikingos y pioneros

¡Thor salve a los exploradores!

Tres excelentes museos de Oslo donde revivir los épicos viajes de los exploradores noruegos.

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Noruega es tierra de navegantes y exploradores famosos. En el año 874 Ingólfur Arnarson inició la colonización de Islandia. En 982 Erik el Rojo pasó los tres años de su destierro explorando la costa de Groenlandia. A su regreso, animó a los islandeses a seguirle y se fundaron asentamientos en los enclaves aptos para la agricultura.

Leif Erikson, hijo de Erik, navegó desde Groenlandia a la isla de Baffin, la península de Labrador y la isla de Terranova, donde invernó, y a la que retornó para crear una pequeña colonia que duró pocos años y cuyos restos fueron descubiertos en 1960.

centro de Oslo

El centro de Oslo siempre es un buen plan.

Foto: iStock

En la conquista de los polos y en la búsqueda de pasos hacia Asia a través del Ártico, los escandinavos mostraron una capacidad de adaptación y una eficacia nunca vistas hasta entonces. Las expediciones americanas e inglesas solían comportar bajas, la pérdida del buque o incluso la muerte de todo el equipo. En comparación con ellas, los viajes de Nordenskiöld, Nansen y Amundsen –que conquistaron los pasos del Nordeste y el del Noroeste y constataron que en torno al Polo Norte solo había agua– parecían osadas travesías en las que todo salía mejor de lo previsto.

En 1888, con apenas 27 años, Fridtjof Nansen atravesó Groenlandia con esquís e improvisando una vela en sus trineos. Entre 1893 y 1896, Nansen y sus hombres pasaron tres inviernos a la deriva al norte de Siberia en el Fram, el barco de casco curvo que había concebido para resistir la presión del hielo. En ese viaje Nansen y Johansen abandonaron la nave y alcanzaron los 86º13’ de latitud –a solo 400 km del Polo– sobreviviendo un invierno entero en el Ártico tras batirse en retirada. En 1909, cuando Peary afirmó haber llegado al Polo Norte, Nansen le cedió el Fram a Roald Amundsen para que este derrotase a Scott en la carrera por el Polo Sur. Visitar estos tres museos de Oslo permite evocar esas epopeyas.

LAS NAVES VIKINGAS

El Vikingskipshuset de Oslo acoge, junto al barco de Tune, dos de las naves vikingas mejor conservadas del mundo y uno de los mayores tesoros culturales de Noruega. Se trata de los barcos de Oseberg y Gokstad, ambos del siglo IX, descubiertos bajo sendos túmulos funerarios en la desembocadura del fiordo de Oslo. Las naves, hechas en roble, superan los 20 metros, eran impulsadas por 30 remeros y una vela de unos 100 m2 y contaban con enseres destinados a facilitar la vida del difunto en el más allá. La embarcación en sí también estaba destinada a cumplir esa función.

Museo de barcos vikingos de Oslo

Museo de barcos vikingos de Oslo

Foto: VisitOSLO | Thomas Johannessen

LOS EXTRAORDINARIOS RECORRIDOS DE NANSEN Y AMUNDSEN

El problema de las expediciones polares en el siglo XIX era que la presión del hielo marino rompía el casco de las naves. Por eso Fridtjof Nansen se planteó construir un barco capaz de resistir el empuje de la banquisa e incluso de aprovecharlo para alzarse sobre ella. El Fram («Adelante»), con su casco semiesférico y sus vigas internas que evocan una tela de araña, es desde 1936 la estrella del Frammuseet. A bordo de él la expedición de Nansen se dejó atrapar por el hielo en el norte de Siberia para ver si las corrientes les aproximaban al Polo Norte. El épico viaje de tres años concluyó felizmente y reportó notables hallazgos científicos.

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El museo también exhibe el Gjoa, el velero con que Roald Amundsen logró cruzar el Paso del Noroeste, en un viaje que duró de 1903 a 1906. Esos tres inviernos en el Ártico le sirvieron para adiestrarse en el manejo de los perros y aprender las técnicas de supervivencia esquimal –adoptaría hasta sus ropas–, que tan útiles le resultarían en la carrera del Polo Sur. Desde muy joven Amundsen se había preparado a fondo para triunfar en las exploraciones polares, así que cuando Peary afirmó haber alcanzado el Polo Norte y supo que Scott se dirigía al Polo Sur, no perdió ni un segundo en ponerse en marcha. Amundsen tuvo que acceder a la elevada meseta Antártica por una vía difícil, pero contar con perros en vez de caballos como los británicos le permitió ganar eficacia y preservar las energías del equipo para el regreso. Como en una especie de anticlímax de Scott, las operaciones de los noruegos fueron rápidas, fáciles y carentes de contratiempos.

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Museo del Fram

Foto: iStock

EL LEGADO DE THOR HEYERDAHL

El Kon-Tiki Museet alberga la balsa Kon-Tiki, construida por Thor Heyerdahl (1914-2002). En 1947, con ella y cinco hombres recorrió en 101 días los 8000 km que separan Perú de las islas Tuamotu para mostrar que la Polinesia pudo haber sido colonizada desde Sudamérica. El museo también alberga la barca de papiro Ra II, con la que en 1970 Heyerdahl navegó de Marruecos a Barbados, afirmando que los egipcios habrían llegado a América e influido en su cultura. En 1978 construyó la barca de juncos Tigris y cruzó el Mar de Arabia, pues según él las civilizaciones del valle del Indo y de Egipto habían mantenido contacto. La biblioteca del museo, con 80.000 volúmenes, reúne la mayor colección de libros sobre la Polinesia.

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Museo Kon-Tiki

Foto: VisitOSLO | Gunnar Strøm

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