CUESTIONARIO EN MODO AVIÓN

Myriam Imedio: "Me gusta que los libros sean como los viajes, que se queden en la memoria"

La valenciana publica en la colección "Serie Negra" de la editorial RBA un thriller psicológico en el que una isla remota encierra la clave del enigma.

Myriam Imedio (Valencia, 1984) autopublicó su primera novela en Amazon porque, dice, "en esta vida hay que jugársela". Lo hizo sin muchas expectativas, por probar a ver qué pasaba. Lo que pasó es que se convirtió en todo un éxito popular que se mantuvo durante meses en el Top 100 de las novelas de ficción más vendidas en España y México. Fogueada en diversos periódicos y gabinetes de prensa, conoce el poder de las buenas historias. La de su novela La isla más remota del mundo es una de las buenas, un thriller vertiginoso que marca el regreso de los autores nacionales al mítico sello Serie Negra de la editorial RBA. A una isla se puede viajar y se puede naufragar, lo que está claro es que nunca se vuelve igual de ella que como se llegó. 

 

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Foto: Sara Andrés | RBA

Sara Andrés Myriam imedio

Tu novela es una apuesta de la colección Serie Negra de RBA por volver a abrir la puerta a autores españoles. Pero, además de un thriller te ha salido un libro muy viajero.

Sí. Me gusta que los libros sean viajeros, que los protagonistas se muevan y el lector lo haga con ellos. No me gusta que sea un ambiente cerrado, prefiero que haya movimiento. Es algo que les da mucho ritmo a las novelas. También es cierto que intento, dentro de mis posibilidades, visitar los lugares que van a aparecer en la novela para percibir mejor el ambiente, las sensaciones que da. Todo eso a la hora de escribir es muy valioso.

Se nota cuándo se ha viajado al lugar y cuando se ha visto solo por la pantalla, ¿verdad?

Sí, como anécdota, en mi primera novela, la mitad está ambientada en Nueva York y yo no pude ir. Vale que recorrí la ciudad en Google Maps, pero yo creo que eso se acaba notando. En cambio, para mi segunda novela si pude visitar los diferentes escenarios, Carcassonne, Figueres, Cadaqués… Fue como si la protagonista estuviera ahí, qué está oliendo, qué percibe… Todo eso me gusta sentirlo porque luego el lector lo percibe. Por eso me parece muy importante viajar para documentarte. Al final, viajar es muy parecido a leer un libro. Cuando viajas quieres sorprenderte, quieres enamorarte, descubrir… Quieres que el viaje no se vaya de tu cabeza. La literatura te transporta. Yo quiero que un libro sea como un viaje, que se quede en tu memoria.

De hecho, hay libros de los que como ciertos destinos no quieres volver.

Sí… Por eso volvemos a releer libros. A veces lo hago porque me encanta volver a embarcarme, porque nos han provocado algo en nuestro interior. Yo con la literatura busco lo mismo, que el lector cierre la novela y que se acuerde de la isla más remota del mundo, que sienta que viajó con la protagonista.

Desde el momento en que la protagonista es testigo en un autobús del suicidio de la mujer que le acaba de dar las gracias por motivos para ella (en ese momento) incomprensibles, arranca un viaje vertiginoso en pos de la verdad. Dice tu protagonista, Lis de Fez, que planear el futuro es de inconscientes, que la vida te sorprende a cada paso, que en eso consiste, precisamente, el viaje. ¿La vida es el viaje más emocionante que podemos protagonizar todos?

La vida es el viaje más emocionante porque no sabes qué te vas a encontrar nunca al girar la esquina. En realidad, vivimos en una incertidumbre constante. Creo que la gente no era consciente de esto hasta que ha llegado la pandemia. De la noche a la mañana, todos nuestros cimientos pueden desaparecer. Además siempre necesitamos respuestas, queremos saber. Lis de Fez está todo el rato buscando respuestas.

Yo para esta novela me inspiré en las noticias de Jeffrey Epstein, el magnate de Wall Street, que tenía una isla en el Caribe privada donde cometía sus violaciones y abusos de menores.

El profesor Kaminski le pregunta a su protegida y discípula Lis de Fez cuando se conocen qué considera ella que es una isla. Permíteme que te haga la misma pregunta, ¿qué es una isla?

Como diría Lis de Fez, una isla es tierra rodeada de agua, pero una isla va más allá. Lo que intento hacer en esta novela es una metáfora, intentar contar que la mente puede ser una isla, que puede ser paradisíaca o puede convertirse en el mismísimo infierno. Puede ser una isla a la que llega el transporte o puede ser una isla de un naufragio.

La isla más remota del mundo del título hace referencia a la isla Bouvet…

Que existe, es real, está rodeada por glaciares y pertenece a Noruega. Yo me volví loca buscando islas… Bouvet refleja muy bien la relación con la mente, una isla prácticamente inaccesible, que todo el mundo pretende investigar. Es como el trabajo de un psicólogo o de un psiquíatra, una expedición a tu mente. Es lo que he querido tratar en la novela con mucho rigor, la salud mental. Es también un viaje por la salud mental de Lis de Fez, vemos como comienza, y también quienes la acompañan, cómo se va haciendo preguntas, cómo investiga. Quería ser muy rigurosa y real con ese tema de la psicología. Es que es un viaje apasionante a lo desconocido.

Myriam Imedio vivió un largo tiempo en Malta. La Valetta le fascina por su aire decandente.

Foto: iStock

¿Es evidente que a Bouvet no has podido viajar, pero cuál es la isla más remota a la que has tenido oportunidad de llegar?

Hombre, tanto como remota, no… Pero, por ejemplo, he vivido en Malta, y me pareció fascinante. Me decían que me iba a agobiar, que la isla era súper pequeña… Y a mí me pareció lo más interesante y lo más productivo que he hecho en mi vida. Es una motita en el mapa, tan aislada, pero con tanta historia detrás, los templos megalíticos, el acantilado de Dingli, la Orden de Malta, la Catedral de San Juan… Un lugar tan escondido y que sin embargo me aportó tanto.

Malta es una isla de lo más novelística…

Malta tiene mucho detrás. A mí me fascina. La Valetta… Ese aire de decadencia, mezclado con grandes villas. Tiene lugares fascinantes que podrían dar para muchas novelas.

Entonces, ¿te sientes cómoda en las islas? Hay gente que no…

Yo creo que acabaré viviendo en una isla. También estuve un tiempo en Las Palmas de Gran Canaria y me fascinó.

Pero que sea geográfica, ¿no?, que no sea mental…

Exacto… Es que naufragar en la isla mental es algo muy complicado. Ese sí que es el viaje más difícil que existe. Cuando la mente no conecta te pierdes, el camino se difumina, no avanzas, retrocedes…

COORDENADAS VIAJERAS

Myriam Imedio

  1. Bouvet es una isla recóndita y prácticamente inaccesible, ¿pero si tuvieras que viajar a algún lugar más accesible, a dónde lo harías si le dijera que mirara al sur?

    Me encantaría ir a Sudáfrica, visitar alguna de sus islas.

  2. ¿Y al norte?

    Islandia… Es un destino que tengo súper pendiente. Es que ahora me aparece por todas partes… Yo digo que son señales. Igual mi próxima novela la tengo que ambientar allí.

  3. ¿Y si se trata del oeste?

    Argentina… Además que tengo muchas seguidoras de allí y siempre pienso que tengo que ir en plan viaje largo. También Nueva York, por un tema emocional, porque mi primera novela se desarrollaba allí.

  4. ¿Y hacia el este?

    Me gustaría alguna otra isla… O tal vez Dubai… Tailandia, sí, me encantaría viajar a Tailandia.

  5. Casi todo son islas...

    Sí... Es verdad. Es que me llaman mucho la atención.

Los viajes conllevan peligros, pero, “quién no se habría embarcado en Bouvet”, se pregunta la propia Lis de Fez en un momento de la novela. ¿Los viajes nos pueden cambiar la vida?

Bouvet también es el nombre de un proyecto secreto, revolucionario, que pone sobre la mesa lo peor y lo mejor de la condición humana;. Y eso para una persona es como ella es irrenunciable, cómo no voy a ir a ese destino, me lo están poniendo en bandeja, es que me tengo que embarcar, ¿no?

Pero te puede complicar la vida...

Claro… Pero es que el profesor Kamiski le dice a Lis de Fez que no habrá vuelta atrás. Y una vez que embarca ya todo le empuja hacia adelante, con los obstáculos, los interrogantes. Es la vida misma. Por lo menos así ocurre con los thrillers, siempre hay un giro, un cambio, aquí es con un disparo que comienza el viaje.

El profesor Kaminski le dice a su protegida que es mejor morir en la montaña que hacerlo en el valle. ¿Mejor arriesgarse aunque la factura que nos toque pagar sea tan elevada como la vida misma?

Por supuesto. En esta vida hay que jugársela. Si no arriesgas no vas a conseguir nada. Vivimos una vez y se gana y se pierde, te puedes encontrar con el bien o con el mal… El riesgo está en todo lo que hacemos, por mínimo que sea.

Hablando de mal, ¿por qué le dio en situar el mal en Alfaz del Pi? Es el epicentro del infierno… No tiene miedo de que se le enfaden…

Sí, sí (ríe)... Totalmente. Yo digo que espero que no me lea mucha gente de la colonia noruega porque si no me van a odiar profundamente. Se me van a enfadar. Resulta que yo voy mucho a Benidorm, he visto la iglesia que tienen, los colegios… Es que se trata de una pequeña Escandinavia metida ahí, en Alfaz del Pi, es la segunda colonia noruega más importante del mundo, la primera está en Nueva York. Es una pasada. Me pareció muy atractivo, meterme en un mundo aparte dentro de España. Ahí sitúo a un hombre de poder, retirado en Alfaz del Pi, que lleva sus negocios y que es motor del mal.

Islandia es otra de las islas a las que le encantaría viajar a Myriam Imedio.

Foto: iStock

El mal en tu novela es cometido por gente poderosa con muchos recursos económicos…

Sí, es el mal puro y duro. Es el horror, la maldad personificada. Es el poder usado para el mal… Yo para esta novela me inspiré en las noticias de Jeffrey Epstein, el magnate de Wall Street, que tenía una isla en el Caribe privada donde cometía sus violaciones y abusos de menores. ¿Y sabes lo que pasa? Que vimos esa noticia y ni siquiera nos extrañamos. Eso es muy fuerte, el haber interiorizado como normal ese tipo de sucesos. La realidad supera a la ficción. Ahí fue cuando comencé a buscar mi propia isla, la más remota del mundo y planteé hacer la metáfora.

Como contrapunto a la isla más remota están los escenarios más próximos, Madrid, sobre todo Valencia…

Sí, y también el Monasterio de Santa María del Olivar, que me encantó visitarlo. Estuve allí tres días con los frailes mercenarios…

Yo no conocía este monasterio que está en Teruel… ¿Cómo preparaste la documentación para la novela, conocías los distintos escenarios ya de antemano por tu trabajo como periodista en Las Provincias, La Voz del Mediterráneo?

Todas mis novelas tienen siempre alguna escena en Valencia porque la tengo muy a mano. Me gusta mucho viajar para documentarme, pero mi propia ciudad me da ambientación para muchas escenas. Me resulta fácil, pero a mí lo que me gusta también es salir. Con respecto al monasterio, buscaba uno que no fuera muy famoso y que tampoco estuviera demasiado lejos de Valencia por la trama, porque una chica que se escapa no se va cruzar toda España. Encontré el monasterio. Me puse en contacto con al hospedería, les pregunté si podía alojarme porque en muchos solo se permite a hombres. Me dijeron que sí, que aceptaban a mujeres, y ahí me fui. Sin móvil, ni teléfono, sin conexión, aislada del mundo, ¿tú sabes lo bien que va eso?

Los viajes son una liberación del agobio, de la rutina, del estrés.

Cuando tu personaje llega a Sagunto se le reviven recuerdos, vuelve al pasado. ¿Crees que los lugares por los que pasamos nos marcan?

Por supuesto, todos los lugares nos marcan, nos llevamos algo de ellos dentro, por eso cuando vuelves a un lugar donde has sido feliz vuelves a revivir la felicidad. Yo por ejemplo fui muy feliz en Malta, si volviera ahora me emocionaría muchísimo. En los lugares se queda nuestra esencia y nos llevamos también parte de esa esencia. Eso es lo bonito de viajar y de vivir en otros sitios. Aunque hay una frase que dice que no tienes que volver a los lugares donde has sido feliz. En realidad, cuando vuelves a un lugar sigue siendo el mismo pero eres tú quien ha cambiado. Lis revive efectivamente recuerdos bonitos en Sagunto.

En ese sentido, ¿los viajes pueden llegar a ser terapéuticos?

Cuando hablan de desconexión al viajar, ese es un concepto muy importante. Los viajes son una liberación del agobio, de la rutina, del estrés. Hay veces que me asomo a la ventana y estoy harta de ver el mismo edificio todos los días enfrente. Viajar es una ventana con vistas, asomarte a otro lugar. Yo creo que eso te cambia por dentro. Conocemos aspectos nuestros. Yo cuando viajo soy mucho de perderme, de encontrar maravillas que no están en los mapas. Los mejores lugares no salen en el mapa. Lo bonito de un viaje es descubrir, que el destino te sorprenda.

Lis de Fez se acaba convirtiendo en la psicóloga más famosa de España. Sin embargo, aún hoy las enfermedades mentales son unas grandes desconocidas. El suicidio de Verónica Forqué sin ir más lejos levantó un gran revuelo mediático... ¿Crees que la ficción puede ayudar a normalizar este tipo de enfermedades? como la depresión o la esquizofrenia?

Yo creo que sí. Todo puede ayudar a normalizar. Es que de hecho hay que normalizar el tema. No lo podemos seguir escondiendo, es algo muy importante y relevante. No se puede esconder algo tan serio, se tienen que destinar más fondos. En España hay entre 3 y 4 psicólogos para 100.000 personas. Hay que visibilizar este problema, suicidio, trastorno bipolares, de personalidad… hay gente que no está bien y no tiene acceso a profesionales. ¿Qué tiene que pasar, que llegue una pandemia, que una actriz famosa se suicide?

De la escena final solo hay un testigo directo, un tal señor Watkins, que parece apuntar a que no está nada dispuesto a dar su brazo a torcer. ¿Vas a dejar respirar tranquila a Lis de Fez?, ¿o va a tener que viajar en algún momento fuera de España para descubrir toda la verdad que hay oculta en el sanatorio?

Cuando escribí el epílogo lo que quería plasmar es que aunque las cosas parezcan que acaban bien el poder corrupto sigue siempre ahí, siempre hay alguien por encima, parece que se ha acabado con el mal, pero siempre hay alguien por encima. ¿Me daría pie a hacer otra novela con Lis? Pues sí, y sería muy interesante, pero eso depende de los lectores… Ya se verá.