Cuestionario en modo avión

Nadia de Santiago: "En Lanzarote eres tú contra la naturaleza"

Nació y se crió en Madrid pero esta actriz ha encontrado su rincón en el mundo en Lanzarote. Un "paraíso", como ella misma lo define, al que decidió trasladarse hace meses y desde donde ahora mira el mundo con otro ritmo.

Se confiesa amante de los viajes y, aunque ha hecho muchos, ninguno como el que le ha supuesto El Tiempo que te doy, la serie que acaba de estrenar en Netflix y de la que es protagonista y cocreadora. ¡Eso sí que es embarcarse en una buena!

La actriz, que debutó ante las cámaras siendo aún un niña y ya ha participado en más de una veintena de series y una decena de películas -nominación al Goya por su trabajo en Las trece rosas, incluida- recuerda con cariño y una sonrisa los desayunos en Colombia, los templos en Japón y los mercados de Tailandia, pero sin duda alguna se queda con Lanzarote y la paz que ha encontrado en la isla.  

 

Nadia de Santiago

Foto: D. R.

Nadia de Santiago

Haciendo un guiño al título de tu nueva serie, ¿a qué destino te gustaría darle más tiempo?

Creo que a Alemania. A Berlín, por ejemplo. He ido por trabajo pero pocos días y hace tiempo y no lo recuerdo mucho. Me llama la atención el arte y esa imagen de ciudad más outsider, de ciudad muy creativa.

¿Dónde habéis rodado la serie y por qué?

En Madrid y en Andalucía. En Madrid porque había muchas localizaciones que podíamos conseguir a nivel de calles y casas. Para la parte del hotel donde se conocen los protagonistas necesitábamos playa. Se supone que es una isla pero lo hicimos en algunas playas de Cádiz. En Granada, en la zona del zoco, recreamos un mercado marroquí. Y la parte de nieve la rodamos en Huesca. Fue una aventura porque fuimos avanzando con el rodaje y cuando llegó Filomena pensamos ‘qué bien pues la rodamos aquí en Madrid’. Habíamos localizado por la zona de Rascafría, pero en el tiempo que lo preparamos todo, hizo sol y nos quedamos sin nieve, así que nos fuimos a Huesca.

Solo tienes 31 años pero ya has rodado más de una decena de películas y una veintena de series así que imagino que habrás rodado en muchas localizaciones. De todas ellas, ¿hay alguna en la que te hubieras quedado a vivir?

En su momento, en Sevilla. Cuando rodé la película Ali me fui dos meses allí y me encantó. Es más pequeña que Madrid, más manejable y pensé “ostras, aquí todo es más fácil”. Me gustaba que la gente queda más, que vas andado a todos los sitios. Me parece una ciudad muy amable y muy alegre pero con mucha paz.

Berlín

"Le daría más tiempo a Berlín. Me llama la atención el arte y esa imagen de ciudad más outsider, de ciudad muy creativa".

 

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Por trabajo o placer, ¿podrías quedarte solo con uno de los viajes que hayas hecho?

El viaje que hice a Colombia con Inés Pintor, otra de los creadores de El Tiempo que te doy. Debe de hacer como siete años. Ella tenía una residencia en la universidad de Cali y me dijo que fuera porque se iba a quedar más días allí y como yo tenía unos meses libres sin ningún proyecto a la vista, decidí irme. Y casualmente, al segundo día de estar en Colombia, me llamaron para hacer una prueba para Las Chicas del Cable. Por suerte me le pudieron retrasar y continúe con el viaje. Recorrimos Colombia muy rápido, pero hicimos un montón de visitas: Cali, Bogotá, Punta Gallina, Tayrona, el eje Cafetero… Fue un viaje muy chulo. Recuerdo que desayunábamos todos los días huevos con tomate y cebolla, que probamos un café riquísimo, vimos museos fantásticos… Me encantaba también eso que tiene la gente de allí que cuando te vas te dicen “que estén bien”.

¿Qué te mueve a la hora de elegir un destino u otro?

El paisaje y la comida. Mi primer viaje fuera de Europa fue a Tailandia con una amiga y recuerdo estar por la noche en la zona de mercadillos y probar los insectos, pero también que toda la comida estaba riquísima. ¡Qué sopas! Y esos fideos llenos de especias… La comida thai mola porque es super sabrosa.

Estaba en Colombia cuando me llamaron para una prueba de 'Las Chicas del Cable' ¡menos mal que pude retrasarla!

¿Con quién te gusta viajar?

Con amigos y con pareja. Y casi siempre improvisado porque como cuesta tanto coincidir con la gente siempre es en plan “estoy pensando en irme a Japón, ¿lo tienes libre? Ah pues yo también voy”. En el momento que lo decidimos pillamos los billetes y a partir de ahí es todo bastante improvisado. Unos días antes solemos ver algún programa de viajes y ya. No, no soy muy organizada para esto tampoco y es verdad que luego acabamos perdiendo tiempo cuando ya estamos allí planificando qué vamos a hacer.

Y viajar sola, ¿te gusta?

Lo he hecho pero no lejos de España. Me vine a Lanzarote antes de trasladarme aquí, por ejemplo. También pasé unos días de navidades en San Pol de Mar.

¿En qué destino recuerdas haberte parado y dicho eso de ‘wow’?

En algún templo de Japón. O en varios. O cuando vi Bogotá desde arriba. Bueno, y en Lanzarote también. Miro las montañas y los atardeceres a diario porque son impresionantes. Hay unas luces muy rosas, muy violetas. Es que aquí hay volcanes, ¡¡¡hay fuego aquí debajo!!!

Bogotá
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Vamos con nuestros cuatro puntos cardinales. Elige un destino mirando al norte.

Noruega. Siempre he querido ver las auroras boreales. Me gustaría hacer una ruta en moto, saliendo desde Galicia, que es un plan que le copié a mi padre. Él lo tenía muy claro, hablaba mucho de ello y yo le escuchaba y soñaba con ir pero todavía no lo hemos hecho ninguno de los dos.

Y un destino en el sur…

Chaouen, en Marruecos. En El tiempo que te doy queríamos rodar allí. No he estado nunca, pero sabíamos que existía y que lo llaman ‘el pueblo azul’, que es un color que está muy presente en la serie. Pero con la pandemia era muy complicado trasladar a todo el equipo y acabamos rodando en la península haciendo una recreación en la zona de Andalucía.

¿Cuál sería tu destino al este?

Volvería a Japón porque no estuve muchos días, unos doce o así. Estuve sobre todo en Tokio y un poco en Kioto y me gustaría conocer la zona más rural; investigar más los pueblos, que sé que en el sur los hay en medio de la naturaleza. Por eso y porque me encantó. Recuerdo que fui en enero, por ocio, y que me fascinó esa vida subterránea que hay, que incluso hay restaurantes que te ponen en las guías que están en el metro.

Y si solo puedes elegir un lugar al oeste de donde estamos, ¿con cuál te quedas?

Cualquier destino de Sudamérica. Me llama mucho la atención Brasil y Perú. No he estado en ninguno de los dos pero es que la gente de los países sudamericano me evoca algo muy familiar. Como a hogar. He estado en Colombia, en México… pero me queda mucho por descubrir.

Japón

"Me fascinó esa vida subterránea que hay en Japón".

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¿Tienes ya pensado cuál será tu próximo viaje?

Pues ahora mismo ninguno. Con la situación actual y después de lo que hemos vivido no tengo mucha ambición por viajar. Prefiero estar tranquila en un ambiente familiar y cercano… Me apetece cultivar eso, lo íntimo.

¿Pero alguno que tengas pendiente?

La India. Lo tengo pendiente desde la adolescencia. Siempre me ha llamado mucho la atención la cultura hindú; su sabiduría tradicional, todo el ayureda… todo ese cuidado de la mente. Me la imagino colorida, aunque con mucha pobreza. Todo el mundo que ha ido me dice que es un viaje que te marca y quiero hacerlo, pero no he encontrado el momento.

Lo que sí has encontrado es tu lugar. Hace unos meses te mudaste a Lanzarote. ¿Qué te aporta la isla?

Es un paraíso. Recuerdo que en vacaciones mi madre me decía: “¿no te vas a ir a ningún lado?” y yo: “¿pero ¿dónde quieres que me vaya si ya estoy en un sitio maravilloso?”. Y es que es así. Tienes playa, montaña… Es un lugar que me enfrenta mucho a mí misma porque es muy especial a nivel de energía… me descubro mucho en Lanzarote . No hay tantos estímulos como en una ciudad grande y estás en contacto con la naturaleza todo el rato. El tiempo pasa como de otra manera y tienes más tiempo para ti. Es como si el día tuviera más horas porque no hay tanta actividad ni tanto movimiento. No ves tanta gente moviéndose y corriendo a todas partes; eres tú contra la naturaleza. Me enfrenta a mi y a ese pensar qué hago con el tiempo y en qué lo quiero invertir.

Me gustaría hacer una ruta en moto, saliendo desde Galicia, que es un plan que le copié a mi padre.

Pero, cómo decías, tu trabajo te obliga a venir a menudo a Madrid. ¿Cómo vives ese cambio?

Es un cambio muy grande porque ya tengo el ritmo de Lanzarote, que siento que es mi ritmo. Es como si antes estuviera fuera de mi, en un ritmo que no era el mío todo el rato corriendo sin respirar. Ahora tengo la sensación de que estoy recuperando mi verdadero ritmo y volver a Madrid es muy intenso; pasar de un ritmo pausado a un “qué viene ahora, qué es lo siguiente”. Lanzarote ahora mismo me ofrece vivir y no solo trabajar. Madrid está muy bien, es una ciudad con muchas oportunidades a nivel laboral pero yo necesito más calma. Ahora es muy guay porque voy a Madrid a trabajar y me vuelvo al refugio. Es como que en Madrid tiraba, sobrevivía, forzaba… me llevaba el ritmo porque yo me he criado trabajando desde los diez años y mi ritmo nunca ha sido tranquilo. Que está bien porque gracias a eso ahora estoy aquí y me puedo permitir estar aquí.

Lanzarote

"En Lanzarote miro las montañas y los atardeceres a diario porque son impresionantes".

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Tanto movimiento implica tener que hacer muchas maletas. Abordemos el tema: ¿Cómo se te da hacerlas?

Soy un auténtico desastre. No soy nada organizada. Cuento la ropa interior para todos los días y luego meto sin ningún sentido. Lo hago por intuición porque nunca miro el tiempo que va a hacer. Siempre confío en que se resolverá y empiezo a meter y meter y claro, luego allí me doy cuenta de que no he metido un pantalón largo un poco gordo o un jersey que no sea ni super gordo ni super fino… Siempre me acaban teniendo que dejar ropa. Me cuesta muchísimo hacer maletas. Eso sí, siempre meto ropa cómoda como un chándal, que es un básico, y unas zapatillas de deporte, pero no para hacer deporte.

¿Tienes alguna manía a la hora de viajar?

Controlar que no llevo el pasaporte caducado. Y libros. Llevarme libros para los aviones y las esperas.

¿Dónde te gusta alojarte cuando viajas?

Pues de todo. He ido a muchos hostels, también he alquilado airbnb’s y en tienda de campaña. Pero normalmente alquilamos una casa para estar unos días como hice cuando fuimos al centro de Francia. Bueno, y en furgoneta. Justo antes de la pandemia me compré una vito camperizada porque era mi sueño de siempre. Fue justo dos semana antes del confinamiento y ahora quiero traérmela a Lanzarote.

Justo antes de la pandemia me compré una vito camperizada porque era mi sueño de siempre.

Además de Lanzarote y de Madrid -donde naciste y donde te has criado- los otros lugares de tu vida son Cataluña y Galicia. ¿Qué recuerdos tienes y para qué los recomendarías como destino?

En Cataluña está la casa de campo de mis abuelos, cerca de San Sadurní dAnoia, una zona de muchos viñedos. Mis abuelos tenían una cava y hacían vino y nos reuníamos allí la familia en mitad del campo. Éramos como treinta personas compartiendo habitaciones. Mis recuerdos de infancia allí son jugando con mis primos, que somos dieciséis y las cinco mayores tenemos todas la misma edad. Recomiendo cien por cine la zona; alquilarse una casa rural entre los viñedos y beber vino.

Y de Galicia mis recuerdos son en Cerdedo, una aldea en la que mis otros abuelos tenían una cabaña. Recuerdo jugar con mi hermano Adrián a las cocinillas y el olor. Es un destino fantástico porque es una aldea súper pequeña muy bonita con casas esparcidas por ahí y vacas por todas partes. Un sitio como muy gallego.