Cuestionario en modo avión

Natalia de Molina: "Australia fue como descubrir un mundo nuevo"

La actriz estrena "Fácil", una serie de Movistar Plus+ sobre cuatro mujeres con diversidad funcional.

Natalia de Molina (Linares, 1990) empezó a viajar cuando era niña. Lo hacía en una “cápsula” mágica, su habitación, que funcionaba con una energía inagotable, la imaginación. Esa que la llevó a tantos lugares como quiso con cada uno de los personajes que inventaba y que, a día de hoy, se ha convertido en una suerte de empatía que la hace capaz de ponerse en la piel de mujeres desfavorecidas que terminan dando ejemplo de fuerza y superación. Marga, su personaje en Fácil, la serie original Movistar Plus+ que llega hoy a la plataforma, les ha tomado la delantera a todos. Dar vida a una chica con discapacidad intelectual es el precipicio que más vértigo le ha dado hasta el momento.


La ficción de cinco capítulos presenta la vida de cuatro mujeres con diversidad funcional (Anna Castillo, Anna Marchessi y Coria Castillo completan el reparto) que viven juntas en un piso tutelado de la Barceloneta y que, para seguir haciéndolo, tendrán que cumplir unas normas establecidas en un mundo que ya ha decidido lo que son sin contar con ellas. Honestidad, compromiso y riesgo. Natalia de Molina no sabe hacerlo de otra manera con cada uno de los proyectos que abraza. Como también, cuando viaja, lo hace con el propósito de que sus perros puedan acompañarla. Por eso elige destinos de playa o montaña más cercanos y accesibles que otros lejanos, como México o Chile, que tiene amarrados  a los sueños. Viajar y comer es para Natalia de Molina la fórmula perfecta, pero nada es comparable al lugar que representan sus raíces, Andalucía, y a la cazuela de fideos de su madre, a quien, algún día, se llevará a Tokio. Este es un sueño compartido por madre e hija. Ya cumplió uno a los veintipocos, cuando voló sola a Nueva York para aprender inglés y sintió que había estado una y mil veces gracias al cine, que todo lo puede.

Natalia de Molina

Foto: Tony Matey

Natalia de Molina

Tu despegue profesional comienza con un viaje a Almería para participar en la película Vivir es fácil con los ojos cerrados. Muchos kilómetros después, has llegado hasta hoy. ¿Cómo definirías estos casi 10 años en la carretera?

¡Uf! Pues como una montaña rusa increíble, encontrando muchísimos recovecos desconocidos y conociendo a gente maravillosa. Ha sido un viaje apasionante, como muy de ensueño… Es que nunca me hubiera imaginado todo lo que he vivido hasta hoy… Pero estoy encantadísima. Está siendo un viaje muy bonito y muy honesto, que no es fácil.

Si algo tienen en común la inmensa mayoría de tus personajes es que se tratan todos de mujeres vulnerables en apariencia, pero fuertes y luchadoras en su interior. ¿De dónde te nace este compromiso con ese cine más social, de calado más profundo e independiente, muchas veces firmado por directores noveles?

Creo que tiene que ver con mi sensibilidad, que conecto con estas historias y tengo la suerte de que directores que quieren hacer proyectos que tienen un calado social piensan en mí. Me encanta trabajar con gente que está empezando, porque hay una energía muy bonita, porque creo que es muy importante confiar y arriesgarse cuando nadie te conoce. Lo hicieron conmigo y yo intento también hacerlo con los demás dentro de lo que puedo. Para mí, la cultura siempre debe tener un compromiso y, en cierta manera, servir como revulsivo. Es importante que haya un mensaje y, dentro de este camino que estoy haciendo y construyendo, cada vez lo tengo más claro: que va conmigo, que es mi sensibilidad, que soy así, que en la vida no lo he tenido fácil. Vengo de una familia muy humilde, he vivido situaciones muy complicadas desde muy pequeña y no me olvido de quién soy ni de dónde vengo. Ni de lo que para mí en su día significó ver una película, escuchar una canción o leer un libro. Sé la importancia que tuvo y lo que me ayudó. Entonces, yo quiero, dentro de mis posibilidades, ayudar a otra gente.

Vuelves a dar ejemplo de ese compromiso con Fácil. Mostrar la diversidad es el vehículo del que se sirve la serie para abordar… ¿Qué temas?

Las cuatro protagonistas tienen un grado de discapacidad intelectual. Marga, de las cuatro, es la que mayor grado tiene y la que más difícil tiene también, por este motivo, pertenecer a la sociedad que se ha construido y al mundo de los códigos y las normas que están arraigadas en el sistema. La serie parte de dar visibilidad y voz a un colectivo que está muy marginado y que carece de muchos derechos que el resto de personas hemos conquistado ya; ellas están en ese proceso. Pero la serie va más allá, no se queda simplemente en mostrar a estas mujeres y su discapacidad. No se trata, como se ha hecho en otras ficciones, de una visión externa, sino que el punto de vista está en ellas, en entenderlas, en empatizar con ellas y en ser capaces, como personas normativas que somos (sea lo que sea eso, porque también tengo conflictos sobre qué es normal y sobre por qué yo soy capaz de algo y de muchas otras cosas no) de ponerte en su lugar. Es una historia de sororidad, hermandad, libertad y, sobre todo, de la conquista de una misma. Son personas que quieren ser libres y ya está, y no le hacen daño a nadie.

"Cuando era pequeña, los 15 días que pasábamos de vacaciones con mi padre eran siempre haciendo trayectos del Camino de Santiago y ya me fascinaba", cuenta Natalia de Molina. 

Foto: Shutterstock

¿Cómo de grande ha sido el vértigo de interpretar a un personaje tan extremo?

He sentido y sigo sintiendo mucho miedo a día de hoy, hasta que se estrene la serie, porque es un personaje muy delicado, con una trama muy incómoda de ver en muchos momentos, y de entender. Se mete en terrenos que son muy tabú. Marga, en general, es un tabú en sí mismo. Eso, de primeras y de segundas y de terceras y de cuartas, te da mucho vértigo. Y hay una parte de ti, una vocecilla que te juzga y te dice: “dónde te estás metiendo, qué necesidad tienes de arriesgarte tanto…”. Lo que pasa es que, conforme más investigaba y más me acercaba a esta realidad, más me daba cuenta de lo poco que realmente sabía sobre lo que viven estas personas. Ha sido un proyecto que me ha cambiado, muy fuerte, he vivido cosas increíbles, he conocido a personas maravillosas… He basado el personaje en una persona real que se llama Alma, una chica que tiene el mismo tipo y nivel de discapacidad intelectual que Marga. He pasado tiempo con ella y he basado todo mi trabajo en ella. A día de hoy, me siento muy orgullosa, aunque la gente podrá pensar lo que quiera. Al final, yo me dedico a ser actriz para poder hacer cosas así. Y, como mujer, hay muchísimas más cosas que me unen a Marga de las que me separan. Es un orgullo, la verdad. Me emociono un poco...


¿Este es el personaje más extremo y complicado de toda tu carrera?

Sí, sin lugar a dudas. Todos son difíciles porque, al final, construir a una persona que no eres tú es complicado y yo soy una actriz que voy a los personajes, no los traigo a mí. Marga supone una complejidad, un riesgo y una exposición en la que es también mi primera serie como protagonista. Son muchas cosas las que se suman y añaden presión y dificultad. Pero bueno, para eso estamos. ¡Soy joven! ¿Si no soy rebelde ahora cuándo lo voy a ser [risas]?

La serie se ha grabado en Barcelona y no será esta la última vez en que una ficción te traslada a una ciudad que no es la tuya. ¿Hay algún lugar inolvidable que hayas descubierto a raíz de un rodaje?

¡Muchos! He viajado bastante con las películas. Yo resido en Madrid, pero allí creo que solo rodé Kiki. Siempre he estado fuera, he hecho muchas cosas en el sur y, ¡mira!, yo soy andaluza, pero también conoces lugares nuevos. Por ejemplo, ahora que estoy otra vez en Barcelona empezando un proyecto [la serie Mano de hierro para Netflix] que se desarrolla en el puerto marítimo, de repente, poder estar en un lugar al que solo puede acceder la gente que trabaja allí, tener el privilegio de ver el puerto por dentro, es increíble. Pero sí que cuando hice Elisa y Marcela redescubrí Galicia. Cuando era pequeña, los 15 días que pasábamos de vacaciones con mi padre eran siempre haciendo trayectos del Camino de Santiago y ya me fascinaba. Con Elisa y Marcela viajamos bastante y llegamos a pueblos que a lo mejor tenían solo 10 habitantes. Galicia me flipa, tiene un aura muy mágica. ¡Y se come muy bien!

Nacida en Jaén, criada en Granada. ¿Qué te enamora de Andalucía?

Son mis raíces, yo soy andaluza por todos los poros de mi piel. Ahora estoy pensando en volver, porque tengo ganas de cambiar un poco y siento que mi tierra me está llamando. No sé si al final lo haré, pero es que está mi familia. El paisaje de Andalucía es riquísimo y puedes encontrar un desierto, una playa increíble, la montaña en Sierra Nevada o yo qué sé, Córdoba, que es increíble. Me encanta también la manera de vivir. A pesar de ser una tierra muy castigada, donde hay mucho paro, la gente afronta la vida desde un lugar que me gusta, como con alegría o gracia. En Granada somos un poco malafollá, nos dicen, pero a mí es que me hace gracia ese humor. ¡Hasta la malafollá de Granada me gusta!

"Tenía veintipocos años, era muy jovencita y recuerdo llegar allí y que hacía muchísimo frío, era invierno y estaba todo congelado", cuenta Natalia de Molina.

Foto: Istock

Cuando el tiempo te lo permite, ¿eres más de viajar dentro o fuera de nuestras fronteras?

Me encantaría viajar fuera, pero lo tengo muy difícil, porque tengo animales. Con mi perro pequeñito, que pesa como tres kilos y medio, sí que puedo viajar, pero con la otra, que es un galgo, tendría que facturar. ¡Una movida muy grande! Así que viajo fuera menos de lo que me gustaría. Me encantaría conocer países, culturas, ir a Asia… pero ahora mismo no podría hacerlo. Viajo mucho por aquí, por lo cercano, allí donde puedo ir en coche. Una vez estuve en Francia y era increíble ver cómo los animales están totalmente integrados en la sociedad, en el sentido en que vas en el tren con tu perro, tenga el tamaño que tenga, o entras a los bares. En Madrid y Barcelona está más avanzado, pero es verdad que cuando vas a Andalucía no es tan fácil. Es algo que tiene que empezar a cambiar.

¿Qué tipo de experiencias prefieres?

Me gusta un poco todo. Sí que es verdad que, cuando he tenido una época de mucho estrés por trabajo o por lo que sea, he necesitado parar e ir a sitios donde poder estar tranquila, disfrutar de las puestas de sol, caminar por la playa, por ejemplo, en Málaga, y comer. ¡Me encanta comer! Para mí viajar por gastronomía es lo mejor. También me gusta andar por la montaña. Tengo un poco de fobia al mar. Pasear por la playa y eso, sí, pero estar dentro del mar o coger barcos me da mucho miedo.

¿Cuál es el viaje más inolvidable que has hecho en tu vida?

La primera y única vez que he ido a Nueva York. Fue también la primera vez que salí de España viajando sola. Era algo que me daba mucho respeto, me impone viajar sola. Me fui a vivir allí dos meses para aprender un poco de inglés después del rodaje de Techo y comida, fue como un regalo que me hice a mí misma. Siempre había querido conocer Nueva York y, como tenía tiempo y me lo podía permitir, y había trabajado duro, porque había sido un proyecto muy fuerte, me fui. ¡Pero sola! Además, yo soy súper tímida y me cuesta bastante socializar. Tenía veintipocos años, era muy jovencita y recuerdo llegar allí y que hacía muchísimo frío, era invierno y estaba todo congelado. ¡Filomena se queda corta [risas]! Y recuerdo pasear y tener la sensación de que ya había estado antes. ¡Lo había visto tantas veces en las películas! Es increíble lo que pueden conseguir el cine y las series. Fue un viaje muy importante para mí a nivel personal.

¿Y cuál es ese viaje que cada día que pasa tienes más pendiente?

Me encantaría ir a Tokio. Ahora mismo me iba con mi madre, porque siempre me ha dicho que le gustaría.

COORDENADAS VIAJERAS

Natalia de Molina

  1. ¿Adónde nos llevas si vamos al norte?

    A Navarra, a Pamplona. No la conocía y me fascinó. La ciudad es muy verde. Recuerdo un parque donde había ciervos en plena ciudad. Y está la comida. ¡El ajoarriero me tenía muy enganchada [risas]! Además, se respiraba aire muy limpio

  2. ¿Qué destino eliges mirando al sur?

    Toda Andalucía. Es mi tierra. Desde Vivir es fácil con los ojos cerrados, no voy a Cabo de Gata, pero he pasado toda mi infancia veraneando allí porque tengo familia que vive en Almería y conservo muchos recuerdos ligados a Cabo de Gata. Me parece un espectáculo. Es maravilloso… Esa playa, ese desierto, esas calas, esas puestas de sol…

  3. ¿Y si vamos al este?

    Australia. Tuve la suerte de viajar allí por un festival de cine y flipé con toda la naturaleza, la vegetación, los animales que no había visto en mi vida... Era todo nuevo, un paraíso muy desconocido. Recuerdo ir andando y asustarme con losflying-foxes, que son como unos murciélagos enormes con pelo, de un tamaño descomunal, hasta que me dijeron que no chupaban sangre [risas]. Todos los animales que había en la ciudad, como aquí vemos gorriones o palomas, eran tan distintos y exóticos… Era como descubrir un mundo nuevo.

  4. Toca el oeste...

    No he estado, pero me encantaría conocer Chile. No sé exactamente el lugar exacto ni por qué, pero es una cultura que me atrae mucho con todo ese realismo mágico. Cada vez que veo películas de Chile, me fascina la mirada que tienen los directores de allí. Y a México también me gustaría ir para poder comer todos esos picantes y, sobre todo, vivir el Día de los Muertos. Trabajar en cualquiera de los dos países sería un sueño.

¿Qué no puede faltar en tu equipaje cuando viajas?

Ropa interior y calcetines [risas], soy muy práctica. Odio hacer la maleta y siempre lo dejo para el último momento, que es cuando más estresante resulta, pero es que, solo con pesar que tengo que hacerla, me pongo nerviosa. ¡Y siempre se me olvida algo!

¿Tienes alguna manía viajera?

Intento llegar con tiempo, porque alguna vez he ido justa y he perdido un tren, un avión nunca, y es una sensación tan horrorosa la que siento cuando llegas a dos minutos y no te dejan pasar y ves el tren que se va… Me entra una frustración y un enfado conmigo misma, que no quiero experimentar más. A la hora de viajar, me gusta ir en ventana para ver el paisaje, aunque luego me pasa que me puedo dormir en cualquier momento y medio de transporte. ¡Tengo una facilidad para quedarme dormida flipante! Cuando fui a Australia, que te tiras un día en el avión, estuve despierta solo para comer.

"Me encantaría ir a Tokio. Ahora mismo me iba con mi madre, porque siempre me ha dicho que le gustaría", cuenta Natalia de Molina.

Foto: Istock

¿El souvenir más preciado que tienes en casa?

Cada vez que voy a un país que no conozco, me tengo que llevar una taza. Tengo una colección y desayuno con ellas. Me levanto y me digo: “hoy me voy a ir a Berlín”. Me conectan con los viajes.

Comer y viajar es todo uno. ¿Un plato que tengas grabado a fuego en el paladar?

Bueno, es que la cocina de mi madre es un espectáculo. Cuando pienso en algo muy rico, pienso en que mi madre me haga un cocido, un arroz o una cazuela de fideos, que desde pequeña es mi plato favorito. ¡Tiene una mano increíble para la cocina!

Toca la última pregunta, y no menos importante: ¿Por qué viajas?

No existe la teletransportación a día de hoy, pero, en cierta manera, uno puede viajar a donde quiera con la imaginación y con la mente cuando no puede hacerlo físicamente. Yo, desde muy pequeña, he viajado muchísimo en mi habitación. Era un lugar donde me sentía segura y, a la vez, podía irme y salir de mí para ir a donde quisiera, jugando, construyendo personajes o bailando. ¡Con la mente viajo mucho! En general, soy una persona bastante introvertida, callada, muy observadora y mi cabeza va muy rápido. Cuando viajo físicamente, lo que más me gusta es conocer mundos nuevos, otras maneras de vivir, sentir y expresarse; otros territorios y paisajes... Creo que viajar, tanto literal como metafóricamente, hace que tu mundo sea más amplio y te hace más tolerante y empático. Yo viajo con mi trabajo, por trabajo y, cuando no, también viajo.