Que 700 años no son nada

La nueva vida del Hostal de San Marcos, el Parador de León

Pocos edificios españoles han pasado por tantas vicisitudes a lo largo de su vida. Y lo que queda. Siete siglos no son nada para una historia que acaba de (volver a) empezar.

Historia, arte, cultura, gastronomía y buen hacer. Es bastante posible que el Hostal de San Marcos, hoy convertido en el Parador de León, sea una de las apuestas hoteleras más arriesgadas de los últimos tiempos y, a tenor del resultado, el establecimiento va ganando la partida. Tras tres años de obras y 15 millones de euros de inversión, el emblema de la ciudad de León (con permiso de su catedral) y la joya de la corona de la red de Paradores, por fin incorpora el de San Marcos a su red y abre al 100% al público.

 

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 LAL1866. Hospedería de peregrinos, campo de concentración, hotelazo...

Foto: Paradores

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Hospedería de peregrinos, campo de concentración, hotelazo...

Este es el principio de una nueva etapa, aunque definitivamente no la última, para un conjunto monumental que ha sido de todo: Hospedería de la Orden de Santiago (Hospital de peregrinos), Instituto de Segunda Enseñanza, Casa de Misioneros, Hospital penitenciario, cuartel de Caballería y hasta un campo de concentración franquista, uno de los usos del pasado de los que más se está hablando en el presente. Diciembre 2020 acuña otro de los capítulos más importantes de la historia del Hostal en sus más de siete siglos de vida.

 LAL1718. ¿Qué ha pasado para llegar hasta aquí?

Foto: Paradores

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¿Qué ha pasado para llegar hasta aquí?

Es muy importante el contexto para entender el contenido. Y es que antes de su cierre por reforma, el Parador se dividía en dos espacios diferenciados: el Parador histórico, conocido como Hostal de San Marcos, y el edificio “moderno”, de los años 70, anexo al conjunto. Debido a la magnificencia de la obra, a algunas vicisitudes políticas y a otros contratiempos, Paradores decidió en 2017 dividir la reforma en dos fases. La fase I trabajaría sobre la reforma del edificio histórico y, en la fase II, se construiría un nuevo edificio, para lo que se derribó el edificio moderno existente adjunto al histórico. “La fase II aún no tiene fecha prevista” confirma a Viajes National Geographic el director del Parador, Alberto San Sebastián, “de ahí que hoy por hoy el Parador se haya abierto con 51 habitaciones en más de 14.000 metros cuadrados de espacio, todas situadas en el Parador histórico”.

 LAL1815. La recuperación del corazón

Foto: Paradores

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La recuperación del corazón

La idea central del proyecto de rehabilitación del Hostal de San Marcos, tal y como explica Mina Bringas, la arquitecta encargada de llevar a cabo la reforma, adjudicada por concurso, ha sido “recuperar la volumetría original del edificio, entorno a un patio. Se recupera ese espacio como corazón del edificio. Lo hemos denominado atrio en referencia a la domus romana que era el centro de la vivienda desde donde se distribuían todos los usos”.

Para ello, se ha construido un atrio interior cerrado, pero con entrada de luz natural. Bringas explica que “la intervención que se hizo en los años 60 fue una intervención muy dura con el edificio”, ya que destruyó el patio central, forjando plantas para darles uso hotelero. Ahora, este nuevo espacio recuperado acoge la cafetería del Parador y, sobre él, colgado a gran altura, el techo de Lucio Muñoz, que ha sido restaurado. Lucio Muñoz es el artista más importante de la planta baja del hotel, y toda la obra expositiva que cuelga de las paredes de esta planta tiene relación con él; desde un Antonio López, que fue coetáneo de Muñoz, hasta una obra de Amalia Avia, su ex mujer.

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Una obra titánica

La magnitud e importancia de la obra se percibe mejor desde fuera, observándolo desde Google Maps, donde en la silueta del edificio aparecen dos claustros, el antiguo y el nuevo. Este nuevo fue el claustro cegado en el año 63, cuando Paradores tomó el control del Hostal y techa cada planta del claustro, que deja de existir, y abajo, se pone el techo de Lucio Muñoz, que apenas se aprecia porque no hay perspectiva para apreciarlo. Esta es la dureza a la que se refiere Bringas y que la obra actual ha consistido en rescatar creando “un interior sobrio, con pocos materiales, que no compite con el exterior”.

 LAL2279. Una calidez natural

Foto: Paradores

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Una calidez natural

La arquitecta añade que se han empleado “principalmente la piedra natural, las maderas naturales y luego un color oscuro que a mí me trae un poco el aire monacal de un edificio de este tipo, con claustro, que ha tenido muchos usos, que ha sido convento u hospital”. El factor sorpresa puede que, a priori, nos de una sensación de estar en interior frío y duro, casi brutalista, pero la realidad es que, superada esa primera impresión, no resulta difícil caer en la cuenta de por qué el establecimiento se ha convertido, en su corta nueva vida, en uno de los hoteles más carismáticos de nuestro país desde que los Reyes Católicos enviaran los 300.000 maravedíes necesarios para que este antiguo hospital de Peregrinos comenzara a funcionar. Y sin duda, estarían orgullosos.

 LAL1739. En busca de Doña Urraca

Foto: Paradores

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Y de repente, el siglo XI

Tres años se ha tardado en devolver a la vida -a otra vida dentro de las muchas que ha vivido- al Parador de León. Y a pesar de que se trata de más tiempo del pensado de forma original, los retrasos fueron ocasionados por una buena causa: el hallazgo del que se cree que es el edificio original, del siglo XI, justo la época de Doña Urraca. Los restos de esta construcción primitiva son hoy visibles a lo largo de toda la recepción del Parador. “Esto lo comparo siempre con el símil de alguien que se viste con muchas capas, pues estos restos serían la camiseta, el principio, que ha ido creciendo hasta lo que vemos ahora que es el siglo XVI, lo que representaría el jersey” asegura Alberto San Sebastián. Paradores costeó la prueba del Carbono 14 y envió unos restos de dos mujeres que encontró en estas ruinas, es por eso que saben que la fecha del conjunto data del siglo XI. También aquí se encontró un alquerque, hoy expuesto junto a los restos del edificio original, un juego medieval, precursor de las damas, del que hasta el mismísimo Alfonso X el Sabio habla en el Libro de los Juegos. El último guiño actual a esta época es la moderna lámpara que cuelga del techo marcando el trazado del muro de antaño. 

En este rincón, que se cree que fue el origen de todo lo demás, se han ido encontrando diferentes clases de restos, desde basura hasta cerámica leonesa y, aunque no existe ningún documento que lo pruebe, es posible que también es donde pudo estar preso Quevedo entre 1639 y 1643, ya que él realiza en sus escritos una descripción muy aproximada del lugar donde hasta escucha el sonido del río Bernesga, cuyo cauce está justo al lado del Parador.

 LAL1627. El micromuseo de Vela Zanetti

Foto: Paradores

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El micromuseo de Vela Zanetti

Con un discurso artístico ejemplar, Paradores se enorgullece de poblar de arte la mayoría de sus establecimientos, aunque posiblemente en León doblen la apuesta. La zona históricamente más importante está ilustrada por los 33 cuadros de Vela Zanetti encargados por Manuel Fraga. El artista burgalés, que atravesaba un momento económico complicado, aceptó el encargo, pero puso como condición que esta serie jamás saliera de León. Cumpliendo su palabra, durante la reforma los cuadros se distribuyeron entre el Ayuntamiento de León y la Fundación Vela Zanetti para que pudiesen seguir siendo visitados el tiempo que duró el cierre del Parador, tres años.

Un alfarje único

Foto: Paradores

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Un alfarje único

Dentro del conjunto monumental, y con entrada directa desde la planta calle, se accede a mano derecha a la Sala Capitular, lo que representaba la zona laica dentro del antiguo monasterio. En este espacio, donde “llamaban a capítulo” el techo está ocupado por un precioso alfarje del siglo XVI (una especie de artesonado) construido por madera llamada de alerje, una conífera dura pero fácil de trabajar que al parecer poblaba los bosques cercanos a León.

Al precioso artesonado del techo le acompañan los tres tapices, hoy restaurados y limpios, que cuelgan de sus históricas paredes, y que hoy por hoy son, junto al coro de Juan de Juni y el techo de Lucio Muñoz, las obras más importantes del Parador. Esta sala, abierta a la ciudad sin necesidad de estar alojado, es hoy un espacio que cualquiera puede visitar, ponerse cómodo o hasta leer un libro.

Juan-de-jUNI. Una pieza emblemática del Renacimiento español

Foto: Paradores

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Una pieza emblemática del Renacimiento español

Una de las piezas del Renacimiento Español más valiosas es la creada por el artista Juan de Juni en el siglo XVI y ubicada en el claustro antiguo. En su actualización, bajo los criterios de mínima intervención, se han llevado a cabo trabajos de limpieza, consolidación y ligeras reintegraciones que permiten disfrutar en todo su esplendor de esta pieza única.

Una escalera llena de arte. Otras restauraciones

Foto: Paradores

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Otras restauraciones

El atrio, o techo, de Lucio Muñoz, la Inmaculada de Antonio de Pereda y Salgado o piezas emblemáticas como los espejos del siglo XVIII que presiden la escalera principal, además de los cuadros de los Reyes Católicos, han sido sometidos a trabajos de restauración que les han devuelto su aspecto original.

 LAL1621.  Plateresco por fuera, sobrio por dentro

Foto: Paradores

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Plateresco por fuera, sobrio por dentro

Y si por fuera la espectacular fachada Plateresca acapara toda la atención del viandante, por dentro la cosa cambia. Sobriedad, sencillez y austeridad son los tres adjetivos que mejor definen un interior que resulta casi monacal y que cede todo el protagonismo al contexto histórico y al simbolismo artístico. Un discurso que pudiera parecer casual pero que no lo es.

 

No resulta baladí rellenar 14.000 metros cuadrados de espacio único donde tan solo hay 51 habitaciones y, el resto, es historia. Alfonso Merry del Val, del estudio Merry, ha sido el encargado del proyecto de interiorismo del Hostal, que ha llevado a cabo cumpliendo a rajatabla la filosofía de su reforma donde la máxima es que el interior no debe competir con el exterior. Y así es.

 LAL1607.  Plateresco por fuera, sobrio por dentro

Foto: Paradores

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La nueva vida de los objetos

Al despliegue artístico que cuelga de sus paredes hay que sumarle las 600 piezas del mobiliario existente en el Parador se han recuperado para, incluso, darles un nuevo uso, como las puertas del restaurante que antes pertenecían a la suite, y que alimentan con solo mirarlas. O los cabeceros de las camas, antiguas puertas, de unas habitaciones donde no existe nada de plástico de un solo uso.

 LAL2035. Y, por supuesto, 'made in Spain'

Foto: Paradores

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Y, por supuesto, 'made in Spain'

Al buen hacer por parte de Paradores en su permanente búsqueda por la excelencia, y por la sostenibilidad, se suma su apuesta por la artesanía y la producción local, de ahí que los plaids de cama estén elaborados en la localidad de Val de San Lorenzo, en la vajilla del restaurante haya piezas de barro de Jiménez de Jamuz, un artesano de la localidad de La Bañeza, las alfombras sean de Paul Heredia, y las telas de los cortinajes las firme Gastón y Daniela.

Y esto es solo un capítulo más, uno de 5 estrellas Gran Lujo, dentro de la extensa cronología de esta joya renacentista convertida en el ejemplar modelo de hotelería sostenible de Paradores.

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