Lo que pasa en la Octoberfest se queda...

Oktoberfest: la gran fiesta de la cerveza de Múnich desde dentro

Datos y curiosidades de una celebración universal que regresa tras dos años de pandemia a la capital bávara.

Concebida para festejar la boda de Luís I de Baviera y Teresa de Sajonia, Oktoberfest es la fiesta más popular (y exportada) de Alemania. Millones de visitantes desfilan con sus atuendos tradicionales, comiendo y bebiendo cantidades ingentes, bailando en los conciertos, subiéndose a las atracciones y comprando souvenirs en las casetas… Pero eso son sólo unas pinceladas. Viajes National Geographic se ha colado hasta la cocina del Oktoberfest, el original, el que se viene celebrando en Múnich desde 1810.

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shutterstock 2192070869. Una fiesta de etiqueta

Foto: Shutterstock

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Una fiesta de etiqueta

Susanne Kuhn solo necesita poner las manos en la cintura para saber, sin margen para el error, cuál es la talla exacta de vestido. Frau Kuhn lleva 15 años a la cabeza de una de las boutiques que la conocida firma de trajes tradicionales bávaros Anger Maier tiene en Munich. Las semanas previas al Oktoberfest y durante los 15 días que durará esta celebración —las más importante y multitudinaria de la ciudad y casi del planeta— esta tienda será todo un hervidero de personas que acudirán para comprar, añadir algún complemento o renovar su dindrl (vestido de mujer) o sus lederhose (típicos pantalones de piel hasta las rodillas que los hombres combinan con chaleco y calcetines de lana). 

Susanne cuenta que aproximadamente el 80% de visitantes del Oktoberfest vestirán de modo tradicional durante estos días. Y de ahí el ajetreo. Porque no solo lo harán los propios bávaros que desde hace unos años han recuperado con orgullo el gusto por vestir como ya lo hicieran sus ancestros, sino también los visitantes provenientes de otras regiones alemanas y también extranjeros. Las opciones para ello son muchas y de muy variado rango económico: desde las confecciones más sencillas que venden en muchas de las tiendas del centro por unos 50 € aproximadamente, hasta piezas de alta costura que alcanzarán precios de cuatro cifras. La opción del alquiler también está sobre la mesa.

DSC 1705. Oktoberfest: el escenario

Foto: Paulaner

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Oktoberfest: el escenario

Una vez lograda la ambientación perfecta, toca poner rumbo al recinto donde se celebra el Oktoberfest desde 1810: el parque Theresienwiese, Wiesn para los amigos. El primer evento tuvo lugar aquí con motivo de la boda real entre Luís I de Baviera y Teresa de Sajonia; momento en que toda la ciudad se volcó en una celebración que duró cinco días y que inicialmente se concibió como una carrera de caballos.  El paso de los años y los sucesivos eventos históricos —como las guerras napoleónicas— fueron modelando el Oktoberfest: se anularon las carreras, se añadieron puestos de venta de comida y más tarde entró en escena la piedra angular de la fiesta tal como hoy la conocemos: la cerveza. La celebración también ganó en número de visitantes hasta convertirse en una de las festividades tradicionales más multitudinarias del mundo. 

Para empezar, en el parque de Theresienwiese se levanta toda una ciudad del Oktoberfest que mide unas 72 hectáreas (lo que representan 59 campos de fútbol, para más detalle). Las obras de semejante desafío empiezan en julio para construir desde cero, desde los cimientos, las casetas y las carpas en las que tendrá lugar la fiesta. Las siete cerveceras que elaboran en Munich son las encargadas de construir los comedores de este complejo faraónico que una vez terminado tiene capacidad para albergar a unos 7 millones de visitantes en 15 días.

220917 Wiesnanstich sampics044. Ingeniería cervecera

Foto: Paulaner

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Ingeniería cervecera

El grupo Paulaner, por ejemplo —uno de los fabricantes que tiene mayor capacidad para acoger a visitantes— construye tres carpas para el Oktoberfest, cada una de las cuales puede albergar a unos 6.500 comensales sentados en el interior y a 1.750 personas más en la terraza exterior. No está nada mal. El ingeniero cervecero de Paulaner, Uwe Daebel, es el responsable de que ante el desafiante número de asistentes pidiendo a la vez, la cerveza nunca falte. Él es el inventor de un sistema revolucionario —único en el mundo— capaz de servir hasta 14.000 litros de cerveza a la hora en una sola carpa.

Para ello, en el subsuelo y por encima de las cabezas de los celebrantes se ha desplegado un complejo sistema de tuberías selladas al vacío que ayudarán a distribuir la cerveza Paulaner (una variedad que solo se fabrica para el Oktoberfest) desde tres tanques centrales que se rellenará cada noche con la friolera de 84.000 litros. El verdadero desafío técnico de todo ello es conseguir que haya la misma presión en cada rincón, algo que el ingeniero Daebel consigue cada año con maestría. Así, en cierto modo, suyo es el mérito de que los camareros y camareras de Paulaner —trabajan unos 450 por carpa— puedan desfilar a toda prisa con las masskrug (jarras de litro) para que los asistentes apenas tengan que esperar unos pocos minutos para tener su bebida en la mesa. Pura eficiencia.

A la cerveza (que en la última edición sumó unos 6,9 millones de litros servidos en total) se unirá un colosal despliegue culinario que despachará medio millón de pollos, unos 100.000 codillos o 120.000 salchichas por mencionar solo algunas recetas tradicionales a las que en los últimos tiempos se han añadido un buen número de opciones veganas y vegetarianas.

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¡Prost!

Baviera no es solo Múnich

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Foto: GettyImages

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Alegría y (mucha) seguridad

La ciudad del Oktoberfest también despliega todo un recinto dedicado a los servicios policiales, ambulancias y bomberos entre otros. Peter Werthmann, responsable de comunicación de la comisaría del Oktoberfest, explica que para esta edición se han desplegado 300 agentes que vigilan el recinto interior de la fiesta y 300 más que patrullan —de uniforme o de paisano— el anillo exterior de la misma. A ello hay que sumar 54 cámaras de seguridad de alta definición con las que los agentes, desde una sala de pantallas, son capaces de ver hasta el más mínimo detalle. Una tecnología de última generación que les permite leer, incluso, los precios de las almendras garrapiñadas o de los bretzels en los puestecitos de venta. Nada escapa a sus ojos. 

A ellos se suman unidades policiales de otros países como Italia, Holanda, Francia o República Checa, que se harán cargo de sus propios “delincuentes”. Aunque existen 4 celdas para encerrar a los malhechores que decidan no comportarse bien, Werthmann asegura que los mayores incidentes se producen por haber bebido más de la cuenta. Para esos casos, la comisaría dispone de un patio al aire libre para que los que se han excedido en sus litros de cerveza, pasen un rato despojándose a la fresca.

 

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