El cabo inspirador

Del paisaje al cuadro: Cadaqués, Dalí y 'El gran masturbador'

O cómo las rocas del Cap de Creus influyeron en la obra del genial pintor surrealista.

Salvador Dalí nació el año 1904 en la localidad de Figueres, en la comarca del Alt Empordà en la que creció, vivió y murió (1989). Durante toda su vida, el artista hizo gala de un gran vínculo y fascinación por su tierra natal. Él mismo reconocía que la tramuntana, el viento que a menudo azota esta comarca catalana, era responsable de su «completa locura». Cadaqués (a 35 km de Figueres) fue durante su niñez y adolescencia el lugar de veraneo de la familia Dalí; y de adulto, uno de los enclaves más importantes en su biografía. En este pueblo marinero tuvo su primer estudio de pintura junto a Port Alguer, donde pasaba temporadas con sus amigos Federico García Lorca y Luis Buñuel, y fue allí donde se enamoró de Gala. Ambos vivirían su amor en la vecina aldea marinera de Portlligat.
 
Para Dalí, el Empordà no solo era su casa. También era la inspiración para sus lienzos en blanco sobre los que recreaba su particular universo pictórico. Al pintor le gustaba recorrer la agreste geografía del Cap de Creus, seducido por sus paisajes minerales, la luz mediterránea, las aldeas encaladas y un litoral bello e indómito. Buscaba en sus recodos las singulares formaciones que el viento había esculpido en las rocas. Algunas quedaron inmortalizadas en sus cuadros, como la figura pétrea que inspiró El gran masturbador. 
 
 
 
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shutterstock 279412307. El paisaje: Cap de Creus

Foto: Shutterstock

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El paisaje: Cap de Creus

En el vértice norte del Alt Empordà, donde la Costa Brava mejor expresa su bravura, se puede contemplar un paisaje indomable. Se trata de las estribaciones más orientales de los Pirineos, una cordillera que al acercarse a su fin en el Cap de Creus se resiste, se encrespa, retuerce, antes de morir precipitándose en el Mediterráneo. Este cabo marino, protagonista de un Parque Natural declarado en 1998, abraza una explosión de trágicos acantilados, penínsulas desnudas azotadas por el viento de tramuntana, recodos con cuevas y calas secretas, algunas solo accesibles por mar. Todo ello entre dos golfos, al sur el de la bahía en media luna de Roses y, al norte, más abrupto, el de Lleó (de Lion cuando cruza a aguas francesas).

Este destino de gran belleza natural y curiosa geología tiene además atractivo cultural por los enclaves vinculados al polifacético artista Salvador Dalí. Y es que la pétrea orografía del Cap de Creus se descubre en varios de sus cuadros, como Muchacha en la ventana (1925), El espectro del sex-appeal (1932) o El gran masturbador, cuya roca se ha convertido en un punto de interés para aquellos amantes de la Costa Brava y del arte del pintor.

A primera vista nada parece amable en este rincón de la costa norte de Girona, un territorio rocoso, de fisonomía áspera, sin árboles. Y, sin embargo, algo especial tiene el Cap de Creus cuando ya atrajo en tiempos lejanos a griegos y romanos, monjes y eremitas, pescadores, piratas y comerciantes de coral…; y en épocas más cercanas, inicios del siglo XX, a artistas e intelectuales, desde Albeniz a Granados, desde Picasso a Buñuel y, por supuesto, su mejor embajador en el mundo, Dalí quien, además de vivir enamorado de por vida de esta tierra, tuvo la suerte de nacer en ella (Figueres, 1904).

Junto a sus valores naturales, el Cap de Creus da cobijo a joyas monumentales como el Monasterio de Sant Pere de Rodes (siglo IX) que, además de estar lleno de historia y de leyendas, regala desde la colina que corona una de las mejores vistas de la cara norte del parque natural, igual que el cercano Castillo de Sant Salvador de Verdera, medieval. El territorio está salpicado de encantadores pueblos marineros, como Lança, El Port de la Selva o la misma Roses, uno de los primeros asentamientos que hubo en la zona, como muestran vestigios megalíticos, griegos y romanos. Aunque quizá donde el Cap de Creus mejor plasma su esencia mediterránea sea en Cadaqués, pueblo emblemático de la Costa Brava, con una iglesia que sin complejos clava su mirada en el mar, y en la vecina aldeas de pescadores de Portlligat

AS11140. El Cuadro: 'El gran masturbador'

Fuente: Museo Reina Sofía

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El Cuadro: 'El gran masturbador'

El artista pintó este óleo en el verano de 1929, a su regreso de París donde había rodado junto a Luis Buñuel El perro andaluz. Allí había conocido a artistas e intelectuales, entre ellos al poeta Paul Éluard, quien le visitó en Cadaqués junto a su esposa Gala Éluard. El encuentro con Elena Diákonova, nombre real de la que a partir de entonces sería la gran musa de Dalí, le cambió la vida al pintor y dio como fruto este cuadro. En él plasmó de forma simbólica sus obsesiones sexuales, fobias e inseguridades, y con él se consagró como miembro del Surrealismo. La tela se expuso en la primera muestra personal que el pintor realizó en París en la Galería Goemans, con el título Visage du grand masturbateur. La obra (óleo sobre lienzo, 110 x 150,5 cm) puede admirarse en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.

La morfología retorcida del Cap de Creus fue el modelo para el rostro angustiado que centra el cuadro, para muchos del propio pintor –quien aparece simultáneamente en otros elementos del cuadro–, pálido como la cera, con una nariz prominente oprimida contra el suelo: "Cuando pinté aquella roca… no hice nada más que rendir homenaje a uno de los jalones de mi reino y mi cuadro era un canto a una de las joyas de mi corona". Desde niño, Dalí había sentido pánico por el sexo, sobre todo al femenino, según sus biógrafos como consecuencia de unas fotografías de enfermedades venéreas que le mostró su padre para alejarle de los prostíbulos. Bajo aquella oquedad pictórica Dalí reunió sus obsesiones, traumas y fobias, por ejemplo a los saltamontes, insecto que siempre le aterrorizó y que en el cuadro representa la boca. El lienzo también cuenta con otros elementos simbólicos como hormigas, pestañas y cuerpos petrificados, que repetiría en otras obras.

iStock-1129566817. En busca de Dalí en el Cap de Creus

Foto: iStock

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En busca de Dalí en Cadaqués

Salvador Dalí dejó la impronta de su fuerte personalidad en diversos enclaves de la provincia de Girona, hoy etapas de un itinerario cultural, la Ruta de Dalí, que sigue los pasos vitales y artísticos de este icono del Surrealismo.

Entre ellos destaca Cadaqués, uno de los pueblos más emblemáticos de todo el litoral catalán. Sus casas encaladas se abren a un pequeño puerto, mientras sus calles adoquinadas se empinan con determinación hasta la iglesia de Santa María, en lo más alto, que fue sufragada por los propios pescadores. Su portada, a priori austera, prepara el terreno para sorprender al visitante en el interior con un retablo barroco, que se eleva en forma de nube de tormenta, con una corte celestial y la Virgen en medio, como tal vez quisieran los pescadores que se les apareciese en medio de un naufragio. El pueblo cuenta con un Museo Municipal, donde se pueden contemplar cuadros de Dalí y exposiciones de artistas actuales. También abundan las galerías de arte, las tabernas marinera y los restauranets de pescado. En su puerto, donde puede verse una escultura dedicada a Dalí, deslumbra con su fachada de azulejos la casa modernista Can Serinyana.

Cadaqués

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El Pla de Tudela

Entre la decena de senderos que pueden seguirse en el Parc Natural del Cap de Creus, uno muy popular es el itinerario que conduce al Pla de Tudela, el paraje en el que pueden verse algunas de las rocas vinculadas a los cuadros de Dalí, como la que inspiró El gran masturbador. Esta ruta, que en algunos tramos se funde con caminos de ronda, se acerca también a calas recónditas, como las de Culleró y Cala Culip.

iStock-1126366995. Los refugios del artista

Foto: iStock

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Los refugios del artista

A solo un par de kilómetros de Cadaqués, accesible por carretera y también por una senda costera, se llega a Portlligat, antaño un refugio de pescadores con cuatro barracas protegidas del oleaje por el islote que tiene enfrente. En unas cuantas de esas casetas, un Dalí adulto ubicó su refugio más íntimo e inspirador. La ruta del maestro ampurdanés incluye esta escueta aldea, adonde Dalí y Gala se mudaron definitivamente en 1949 tras su retiro en Nueva York.

Su casa, hoy transformada en museo, demuestra que Dalí no solo era surrealista en sus obras, sino también en su vida. La arquitectura laberíntica, las estancias abigarradas y una decoración kitsch fueron su nido de amor y el taller creativo durante más de tres décadas. La Casa Museo de Portlligat incluye el espacio expositivo de la Torre de las Ollas, donde Dalí solía trabajar sus cerámicas y esculturas. La visita (con cita previa) muestra estancias como la que preside el famoso oso disecado que guarda la entrada; el estudio de los aparatos ópticos; los patios comunicados por estrechos pasadizos; y el dormitorio, donde un juego de espejos permitía a la pareja disfrutar con espejismos de las primeras luces del alba.

Cadaqués y Portlligat son etapas de la Ruta de Dalí, un itinerario que incluye la visita a Figueres, su villa natal donde, además de la casa en la que nació, se pueden visitar la iglesia en la que fue bautizado o el café que solía frecuentar de joven con sus amigos. Aunque lo más destacado en esta localidad es el Teatre-Museu Dalí, un proyecto en el que él mismo estuvo implicado y que abrió sus puertas en 1983 para albergar gran parte de su legado artístico. El pintor vivió los últimos años de su vida en el piso superior del edificio donde se halla su tumba.

El último vértice de la ruta es el pequeño pueblo de Púbol (38 km al sur, en el municipio de La Pera, del Baix Empordà). Allí se puede visitar una pequeña fortificación gótico-renacentista originaria del sigl XI que el pintor regaló a Gala a finales de la década de 1960. Él mismo se encargó de rehabilitarlo y decorarlo con espacios que son obras de arte por sí mismos. Cuando falleció Gala en 1982, fue enterrada en un mausoleo subterráneo diseñado por su marido.

Cadaqués dalí