Capricho de hadas

Palacios de España para viajar sin corona

Reyes, príncipes, arzobispos o empresarios de todo tipo mandaron levantar a lo largo del territorio español decenas de estas fabulosas construcciones que hoy abren sus puertas para poder ser visitados.

Cuando la mayoría de estos palacios fueron construidos despertaron la admiración de todos. No era para menos, cada uno en cada una de sus épocas representa lo más virtuoso de la arquitectura del momento. El uso de los mejores materiales, artesanías y la exhibición de abundantes tesoros los ponía al nivel de las súper mansiones de los famosos de hoy en día. Eran espacios elitistas y, sin embargo, el paso del tiempo ha franqueado su acceso a toda persona que desee disfrutar por un rato de sueños palaciegos. Eso sí, previo paso por taquilla de algunos de los palacios más bellos de España.

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iStock-177549960. Palacio Real de Madrid

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Palacio Real de Madrid

Cuando, en 1734, un incendio destruyó parcialmente el Alcázar Real, Felipe V decidió que fuera sustituido en el mismo emplazamiento que ocupaba sobre un risco del Manzanares por un palacio de mayor tallaje y no aquel otro edificio inhóspito. El nuevo Palacio Real se construyó con piedra procedente de la Sierra de Guadarrama y de las canteras de Colmenar y su primer inquilino fue Carlos III. Con una extensión de 135.000 m2 y 3.418 habitaciones, es mucho más grande que el Palacio de Buckingham o el Palacio de Versalles. Sin embargo, y a pesar de ser la residencia oficial del Jefe del Estado, no está habitado. El actual rey de España prefiere el Palacio de la Zarzuela, que con 3.100 m2 tiene una escala mucho más humana. Al Palacio Real le queda el papel de escenario para las ceremonias de Estado y actos más solemnes en el Salón del Trono. Un escenario excepcional, dado el valioso patrimonio artístico que se acumula en el palacio y sus fantásticos jardines.

Palacio de Sobrellano

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Palacio de Sobrellano, Comillas

Fue el palacio de Sobrellano, una fantasía medievalista encargada al arquitecto Joan Martorell, el sueño más personal del controvertido empresario Antonio López y López, Primer Marqués de Comillas. Lo ordenó construir en el mismo pueblo natal que le vio irse con una mano delante y otra detrás a hacer las Américas, a modo de residencia veraniega. Eso sí, con suficientes aires aristócratas como para albergar al rey Alfonso XII y todo su séquito. Su soberbia fachada, con galerías abiertas y estilizadas columnas rematadas por flores de lis, llama la atención. No se queda atrás el interior,  la gran escalinata central de mármol, el salón del billar o incluso un salón del trono. junto al palacio, otro edificio destacable, la capilla-panteón, donde descansan los restos de los diferentes miembros de la familia.

La Almudaina

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Palacio Real de La Almudaina, Palma de Mallorca

La ubicación de este palacio que data del siglo XIV es espectacular, junto al mar y tan pegado a la Catedral de Palma que ambos edificios llegan a convivir en el mismo encuadre visto desde el puerto. El Palacio Real de La Almudaina es una síntesis plasmada en materia y forma de la historia y de los hitos cruciales por los que ha ido pasando la isla a lo largo del tiempo. Si desde fuera llama la atención, su interior es totalmente evocador. Y es que desde sus orígenes, fue sede de la corte de los reyes de Mallorca y hoy, residencia que usan los reyes de España cuando viajan a la isla. Ya la escalinata real pone en situación de las muchas maravillas que aguardan durante el recorrido, con los aposentos reales, el salón gótico o la capilla de Santa Ana con los espacios que suelen despertar más admiración.

Nazaríes

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Palacio de los Nazaríes, Granada)

Dignos de la belleza exótica de los cuentos recogidos en Las mil y una noches, este conjunto palacial, residencia de los reyes de Granada, lleva a la máxima expresión el concepto intimista de refinamiento y armonía de los últimos gobernadores hispano-árabes de Al Andalus, los Nazaríes. No uno, sino tres palacios son los que forman este conjunto dentro de La Alhambra: El Palacio Real, El Palacio de Comares y el Palacio de los Leones (o de Mohammed V). Todos, anticipo del paraíso, oasis para el goce de los sentidos. Entre ellos, una colección de espacios irrepetibles de jardines, patios y fuentes, como las salas de los Abencerrajes y de las Dos Hermanas o el Harén, por ejemplo.

Olite

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Palacio Real de Olite

Llegando a la pequeña ciudad navarra ya se divisan unas torres en el horizonte que avanzan la presencia fabulosa del Palacio de Olite. Se perdió toda la rica y abundante decoración interior, compuesta por yeserías, azulejos, vidrieras y artesonados dorados; pero entrar en él es igualmente un viaje en el tiempo para disfrutar de rincones fabulosos y de sus torres desde las más diversas perspectivas. Espacios como el jardín de la reina, al que daban las ventanas de su aposento, son de una atmósfera romántica vibrante. El palacio estaba a la altura de los más lujosos de Europa y contaba con diversos jardines colgantes y hasta había espacio para un zoo con animales tan exóticos en la época como un león o un camello.  

 
Palacio de La Magdalena-shutter

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Real Palacio de La Magdalena, Santander

Fueron los beneficios saludables de los baños de mar los que atrajeron hasta Santander a lo más granado de la sociedad de mediados del S. XIX. Se contó incluso con la presencia del rey Alfonso XII, por lo que el Ayuntamiento quiso brindarle una residencia de verano a la altura. Entre 1908 y 1912, y siguiendo los planos de Gonzalo Bringas y Javier González de Riancho, se construyó el Real Palacio de La Magdalena. Fue todo un hito arquitectónico, construido con sillarejo en los paramentos, ayudó a hacer popular estilo ecléctico montañés-inglés y tuvo el efecto de bola de nieve virtuosa al hacer que muchos edificios de la ciudad se contagiaran de su calidad y belleza. La ubicación escogida no podía ser mejor: la Península de La Magdalena, balcón privilegiado sobre la Bahía de Santander. La península es en sí misma todo un destino para pasar el día, con dos playas, diferentes parajes naturales y el conjunto palaciego, que también cuenta con el Paraninfo, las Caballería, además del propio Palacio.

 
Palacio Episcopal de Astorga

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Palacio Episcopal de Astorga

Dicen que cuando Gaudí abandonó Astorga con la obra inacabada, se le llegó a oír decir que “ni subido en globo volvería a cruzar esa ciudad”. Sin embargo, hoy el Palacio Episcopal de Astorga es uno de los iconos más queridos, junto a la catedral y a las murallas, de los maragatos. Fue una de las pocas obras que Gaudí diseñó lejos de Cataluña y la hizo a petición de su amigo, el obispo de la diócesis de Astorga Joan Baptista Grau i Vallespinós. Levantado con granito del Bierzo, no hay duda de que el edificio neogótico es el que llama más poderosamente la atención de todos los monumentos de la ciudad. Tal vez sea porque a muchos les viene a la mente el palacio de La Bella Durmiente al verlo. Y lo cierto es que tiene un aspecto propio de palacio de hadas, algo que hizo que los promotores del proyecto no acabaran de estar demasiado seguros de que fuera del todo apropiado para su cometido. 

 
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Palacio del Infantado, Guadalajara

Viéndolo en el centro histórico de la ciudad nadie diría que el 6 de diciembre de 1936 la legión Cóndor bombardeó el palacio. Hoy luce como nuevo, pero la Plaza de los Caídos en la Guerra Civil, frente al palacio, se encarga de recordarlo. El edificio se muestra de primeras con toda la exuberancia de la que es capaz, aunque vistas las dos fachadas principales por separado podría parecer que pertenecen a dos edificios distintos si no fuera por estar labrada en caliza traída especialmente de Tamajón, localidad ubicada a 51 km de la ciudad. Si por fuera es llamativo dado los contrastes en que abunda, con las ventanas renacentistas y la traza gótica, con su muro esquemático y su recargada portada, dentro despierta la admiración su bellísimo Patio de los leones y otros muchos espacios singulares.

 
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Palacio de Larrinaga, Zaragoza

Todo por amor, ese es el mensaje que parece querer transmitir este palacio que unos definen como neorrenacentista y otros como eclecticismo zaragozano. Sea como sea, destaca por su belleza, única en edificios de sus características en tierras aragonesas. Fue diseñado por Félix Navarro, uno de los arquitectos más prestigiosos de la época, y se finalizó su construcción en 1908 para que pudiera ser usado como residencia de retiro del matrimonio formado por Miguel Larrinaga de Luzárraga y Asunción Clavero, que tenían una naviera en Liverpool. Sin embargo, nunca fue ocupado. La esposa murió antes de que llegara la ansiada jubilación. Tras su defunción, Miguel Larrinaga ya no encontró sentido en mantener el palacio en su patrimonio y lo vendió con todo lo que había en su interior. Hoy, el edificio se puede alquilar para celebrar bodas, así que, de algún modo, sigue teniendo como razón el amor.

 
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Palacio Ducal de Gandía

Parece mentira, pero poco queda ya en Gandía que recuerde al clan más célebre y desmesurado de la historia de Europa en los  siglos XV y XVI, los Borja, salvo unas estatuas en el centro de la ciudad y el Palacio Ducal, uno de los edificios más representativos del gótico civil valenciano. Por fuera parece no prometer gran cosa, pero el interior es otra cosa. En él abunda la decoración más suntuosa y el despliegue de elegancia. Destacan el Patio de Armas, en cuya escalera escenifica Goya su cuadro San Francisco de Borja despidiéndose de su familia; la Galería Dorada, del s. XVII, con azulejos originales de la época; y la Capilla Neogótica de los Borja. Como curiosidad, la habitación de Francisco de Borja se conserva prácticamente tal y como estaba en aquel entonces.

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Palacio ducal de Lerma

¿Quién dijo que en un palacio sólo pueden dormir la realeza? Hoy en día, el palacio Ducal de Lerma que ordenó construir el duque, D. Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, con la fortuna que parece ser había amasado de manera no muy ortodoxa (es uno de los pioneros en eso del tráfico de influencias y de la corrupción política), resulta que es todo un Parador Nacional, restaurado en 2003. Así pues basta hacer el checking​ para dormir en este palacio de la época de los Austrias y sentirse como el duque de Lerma o Felipe III cuando por allí recaía durante sus escapadas para cazar en la villa. 

 
Palacio Real de Aranjuez

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Palacio Real de Aranjuez

El Real Sitio de Aranjuez ha sido la residencia campestre más querida por los Reyes españoles. Ya los Reyes Católicos eligieron este paraje, entre los ríos Tajo y Jarama, como lugar de real descanso en primavera. Entonces lo hacían en el antiguo Palacio Maestral, que fue levantado entre 1387 y 1409. Luego fue Felipe II quien se propuso hacer de Aranjuez la gran villa de inspiración italiana que es hoy, rematada en el siglo XVIII por Carlos III. Hoy el Real Sitio de Aranjuez, que forma parte del Paisaje Cultural de Aranjuez, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, es uno de los destinos turísticos más visitados de la Comunidad de Madrid. Su visita es toda una lección de historia de España, además de un baño de belleza palaciega que es un placer para los sentidos y la vista más arquitectónica.

shutterstock 531550018. Palacio de Rajoy , Santiago de Compostela

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Palacio de Rajoy , Santiago de Compostela

Que un pazo también puede ser un palacio es algo que se puede comprobar fácilmente solo con ir a la Praza do Obradoiro, donde si se tiene ojos para algo más que la Catedral, se verá en el lado opuesto a esta un edificio enorme de evidente corte neoclásico francés. Eso sí, nunca ha alojado a reyes o príncipes, sino que fue mandado construir por el arzobispo Raxoi en 1766 como residencia de los niños del coro y seminario. No estuvo falto de polémica en su época, pues el antiguo administrador del Hospital Real inició varios litigios contra su construcción iba a dejar sin ventilación y luz natural al hospital. Menos mal que no le hicieron demasiado caso y el palacio siguió en pie. Si no, hoy no se podría disfrutar de su elegante fachada, con su frontal central y ese soportal de arcos de medio punto donde guarecerse los días de lluvia.

Palacio Episcopal de Astorga