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El París de Jean-Luc Godard

Con la muerte del cineasta, la ciudad dice adiós al último revolucionario de la "Nouvelle Vague".

Hubo un tiempo en que París fue la capital del mundo. Con sus bistró, cafés y cineclubs, lugares de reunión de la intelectualidad francesa y los artistas. Una ciudad en la que las canciones, el cine, la literatura o la moda se convirtieron en referentes para el mundo entero. La de los años 50 fue una década prodigiosa. Y también el contexto cultural en el que se forjó un hombre revolucionario que cambió el lenguaje cinematográfico: Jean-Luc Godard

 

 

 
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Foto: iStock

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Aunque nació en París el 3 de diciembre de 1930, el director franco-suizo no regresaría a la ciudad hasta los 19 años para comenzar sus estudios universitarios en La Sorbona, en plena posguerra mundial. Hasta aquel momento había vivido en Suiza, país del que eran originarios sus padres. Concretamente, en Nyon, a orillas del lago Ginebra. Poco duraría su vida de estudiante de Etnología; el cine lo pudo todo. Fue la revista Cahiers du Cinema la que aglutinó a una serie de nombres que primero ejercieron como críticos de cine y, más tarde, como cineastas. En aquella redacción, Godard se rodeó de François Truffaut, Eric Rohmer, Jacques Rivette, Claude Chabrol o Alain Resnais. Juntos dieron nombre a un movimiento que revolucionó el cine francés (y después el del mundo entero) a finales de los 50 y principios de los 60: la Nouvelle Vague. Hoy en día, su herencia resuena en grandes cineastas contemporáneos.

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Foto: Cordon Press

París en la gran pantalla

La ciudad de París cambió a Godard y Godard cambió el cine con técnicas no vistas hasta el momento: montaje discontinuo, narración fragmentada, tomas largas, equipos portátiles, encuadres rompedores, poco tiempo de preparación y sonido directo. Una forma de hacer parecida a la del documental.

A sus tres cortometrajes iniciáticos, donde ya demostró nuevas maneras en la dirección, siguió su primera película y también su obra maestra, Al final de la escapada (1960), con guion de François Truffaut y la colaboración de Claude Chabrol. La película fundacional de la Nouvelle Vague supuso su estreno y su consagración. Y llevo París a la gran pantalla. Los casi dos quilómetros de longitud, desde el Arco del Triunfo hasta la Plaza de la Concordia, de los Campos Elíseos se convirtieron en el escenario principal de una historia de amor, atrapada en un film de género negro, protagonizado por la actriz Jean Seberg, en la piel de una joven americana que vende periódicos y sueña con ser periodista, y la superestrella Jean-Paul Belmondo, que interpreta a un gánster de medio pelo. Las caminatas de ambos por los bulevares evocan un París en blanco y negro.

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Foto: Cordon Press

También en una película posterior le daría Godard su protagonismo a la ciudad, en este caso, al Louvre. En Banda aparte (1964), el director pone a sus tres protagonistas a correr por las galerías de uno de los museos más famosos del mundo, en una secuencia inolvidable. La cinta cuenta la historia de dos jóvenes (Sami Frey y Claude Brasseur) que convencen a una chica (Anna Karina) para que les ayude a cometer un robo en su propia casa.

París como escenario natural de la vida y el cine. París como territorio de la revolución, el de la Nouvelle Vague. Y siempre, Jean-Luc Godard. A sus espaldas, el director deja un legado de más de 100 películas, entre las que brillan, especialmente, las de su primera etapa: Una mujer es una mujer (1961), Vivir su vida (1962), El desprecio (1963), Pierrot el loco (1965), Alphaville (1965) o La Chinoise (1967).

En 2010, el cineasta recibió un Oscar honorífico como homenaje a toda su trayectoria. Y, en 2018, dirigió su última película, el documental El libro de imágenes. Nada más que silencio. Nada más que una canción revolucionaria. Una historia que se divide en cinco capítulos como si de los cinco dedos de una mano se tratase. Revolucionario Godard, hasta el final, en un nuevo experimento vanguardista sobre qué se hace en el cine y qué no se hace.