CUESTIONARIO EN MODO AVIÓN

Pedro Torrijos: "Me gustaría mucho ir a Rjukan, el pueblo que se queda sin sol durante seis meses al año"

Los famosos hilos de Twitter del autor no dejan de expandirse, ahora con un atlas ilustrado para que niños y mayores viajen por lugares extraordinarios del mundo.

Tras décadas de sesudos estudios y largos debates nunca nadie ha logrado determinar quién era mejor bailando claqué, si Gene Kelly o Fred Astaire. El caso es que Pedro Torrijos (1975) soñaba con ser uno de ellos y convertirse en bailarín. Tal vez, imitaba en el pasillo de casa alguna de aquellas fantasiosas coreografías vistas en la televisión para deleite de los mayores y, seguramente, malestar de los vecinos de abajo con tanto claqué sobre el piso. Además, como todos los niños y niñas del mundo, también soñaba con ser explorador. Luego, ya más de mayor, estudió arquitectura y, algo más tarde, apareció Twitter y entonces unió sus tres pasiones: se puso a bailar claqué con unos tuits muy largos que iba uniendo con ritmo unos a otros y en los que se dedicaba cada jueves a contar alguna historia sobre algún lugar curioso del mundo a través de la arquitectura. 

Con el paso del tiempo, #LaBrasaTorrijos (un hashtag marca el tesoro) se ha convertido en algo parecido a uno de aquellos gabinetes de curiosidades que empezaron a surgir en el S XVI a modo de protomuseos. Y el caso es que todos esos hilos que empezó publicando en Twitter ahora no dejan de expandirse y se convierten en libros, podcasts o colaboraciones en la radio. La última variación antes de que llegue a las librerías la que será su primera novela, es el Atlas de lugares extraordinarios para descubrir el mundo (Ed. Beascoa), ilustrado por Laufer y dirigido a todos los lectores que alguna vez han improvisado algún bailé de claqué en el pasillo de casa.

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Foto cedida por el autor

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Supongo que ya lo sabes, pero cuando se busca a Pedro Torrijos en Google el segundo resultado que sale es Twitter…

Creo que el primero es el de un traumatólogo (ríe).

No, el primero es el de Wikipedia…

Ahh… Vaya.

Es algo lógico en cierta forma, ¿no?. Quiero decir que tú comienzas a ser popular gracias a los hilos de #LaBrasaTorrijos que publicas todos los jueves en la red social desde 2019.

Sí. Ahí es cuando comienzo profesionalmente a publicar en Twitter. Es mi plataforma, el lugar que utilizo para llegar a la mayor cantidad de gente posible.

Oye, ¿y qué te parece el Twitter de Elon Musk?, ¿temes por su futuro?

No tengo especial miedo. No creo que vaya a haber problemas realmente serios. Si la plataforma cambia, nos adaptaremos, pero no creo que vaya a haber demasiados cambios. Tal como yo la entiendo y uso no me está afectando en absoluto.

Se suele decir que Twitter es un espacio para pelearse, pero tú lo ves como un espacio divulgativo…

Es que, como cualquier otra plataforma, Twitter puede ser un lugar estupendo si pones los ojos en los sitios adecuados. Yo he tratado de crear una comunidad de gente a la que le interese ser un poco más curiosa y feliz. Y no solo yo, también hay mucha otra gente que está haciendo cosas más o menos similares.

Ahora, además, le estás pegando fuerte al podcast, ¿la cuestión es llevarse a la gente de viaje como sea?

Sí (ríe). Yo siempre he intentado hacer un poco como hacía Julio Verne en el s. XIX, que la gente se vaya un poco de viaje con las historias que cuento. Y si lo tienes al lado, pues mejor, pero normalmente cuento historias de lugares que no están cerca… Aunque, claro, al final, como tengo tantísimos seguidores a veces resulta que son precisamente de esos lugares. Me acuerdo una vez que escribí una historia que está en el Atlas de lugares extraordinarios sobre un edificio de la Antártida, y esa persona me envió fotos porque resulta que había trabajado allí. ¡No me lo podía creer! Era un científico de la oficina británica antártica y había trabajo allí hacía un par de años.

Pues ahora que lo dices, a mi hija le encanta ese lugar porque sale la ilustración de una chica jugando con un tren…

Es que ese edificio es muy chulo. Es una especie de gusano sobre patines.

Ha debido ser un lujo contar con las ilustraciones de Laufer para tus lugares extraordinarios…

Yo digo que ella es la coautora del libro y en algunos casos, sobre todo en los que comentas de niños y niñas más pequeños, su importancia es aún mayor. Por mucho que yo haya seleccionado los lugares y haya escrito de ellos, un niño más pequeño con lo que disfruta es con los dibujos, y son dibujos formidables.

El pueblo noruego de Rjukan se encuentra en un valle muy profundo y desde finales de septiembre a mediados de marzo no alcanza los rayos de luz del sol. Sin embargo, a Pedro Torrijos le encantaría viajar hasta allí.

Foto: iStock

Yo también lo estoy disfrutando…

En la editorial dicen que el atlas es para lectores de cuatro a diez años. Yo digo que es de cuatro a doce y de dieciocho para arriba. De doce a dieciocho, a esas edades da algo de vergüenza acercarse a cosas supuestamente más infantiles, pero ya a partir de los dieciocho ya se nos va esa vergüenza y volvemos a disfrutarlos. El libro además está escrito con un lenguaje que no es convencionalmente infantil. Yo no creo que los niños sean tontos, creo que entienden perfectamente cualquier cosa que les quieras contar en casi cualquier lenguaje que quieras usar.

Ahora que mencionas a Julio Verne, ¿te pasa también a ti un poco como él, que viajaba más con la imaginación que con mecanismos reales?

Sí… Y más con las historias que suelo contar. Hay muchas que, no es que estén muy lejos, es que directamente no se puede ir porque están en la Antártida o incluso ya han desaparecido. Yo he viajado más con la mente y con los recursos que tengo. De algunos lugares que cuento sí he estado, pero hay muchísimos que no. Al final es que para contar una historia no es necesario estar en el sitio.

Pero, en todo caso, viajamos para disfrutar.

Sí, por supuesto… Aunque los viajes en el mundo contemporáneo están muy popularizados y a veces la experiencia de ese viaje popular no es tan buena como nos gustaría. En ese sentido, hay algunas cuentas de IG muy interesantes… Recuerdo este verano, en las islas griegas una cuenta en la que se veía la foto bonita de Santorini por un lado y luego por detrás la inmensa cantidad de gente para ir al sitio a hacerse esa misma foto bonita. Al final, la experiencia del viaje tiene que ver también con el dónde vas y cuándo vayas. Este verano yo estuve en Grecia pero en otro sitio. Estuve en el Peloponeso y fue un viaje maravilloso, entre otras cosas, porque había muy poca gente. Eso fue muy sorprendente para mí.

¿Y qué te pareció el Peloponeso entonces?

¡Huy! ¡Me encantó! Me gustó muchísimo. Me pareció un lugar bastante desconocido. Dices Grecia y todo el mundo piensa en dos cosas, Atenas y las islas… Pero el Peloponeso me pareció un lugar fantástico y muy desconocido, incluso bastante vacío…

Sobre todo para ser agosto…

Sí, sí… No hubo problema de nada. Estuvimos en playas prácticamente mi mujer y yo solos; queríamos ir a cenar a un restaurante por la noche y siempre había sitio, incluso en lugares más a priori turísticos. Seguramente estaba todo el mundo en la Cícladas…

Ahí está el truco…

Sí (ríe). El truco es ir a donde no va todo el mundo.

No estoy en contra del turismo ni mucho menos, que la gente quiera ir a la Torre Eiffel o pasear por los canales de Venecia, pero yo ofrezco la posibilidad de que viajen de otra manera a otros lugares

Ahora que mencionas las playas. Te imaginaba más de museos o de ruinas arqueológicas…

¡Qué va! Yo soy súperplayero… Si a mí lo que me gusta es ir a la playa. Mis viajes no son especialmente culturales, no voy con el monóculo y el paraguas.

Igual algún lugar del Peloponeso acabe convirtiéndose en un hilo para Twitter...

Pues no he publicado nada de allí… y sí que hay lugares realmente interesantes. Estaba pensando en Monemvasía, que es un pueblo fundado en época bizantina, en una península, con una fortaleza… Un sitio muy chulo, pero no estuve tomando notas. Pero, ahora que lo dices, tiene sentido.

¡Venga! Tenemos en exclusiva un próximo hilo de #LaBrasaTorrijos

Sí (ríe). Lo buscaré, lo buscaré…

Primero Twitter, luego se convierten en el libro Territorios Improbables (Ed. Kailas) y ahora en un podcast. ¿En qué formato te sientes más cómodo?

No tengo ninguna predilección. Evidentemente mi alma mater, como diría un americano, es Twitter y ahí me siento muy cómodo. También estoy ahora mismo en la radio contando historias en formato corto, escribo para El País… Y, bueno, esto sí es primicia, para mayo saldrá una novela. Una novela de ficción, pero muy, muy, enraizada en hechos reales y en una de las historias que a mí más me gusta contar.

¡Danos una pista!, ¿qué historia es esa?

Hombre… Hay que esperar (ríe).

Dices en la introducción del Atlas de lugares extraordinarios que lejos de los que creemos de adultos, al mundo le quedan muchos más lugares que explorar y conocer. En cierta forma, muchas de tus historias también son una invitación a replantearnos cómo viajar, ¿no?

Sí. Pero insisto, yo lo que hago ante todo es contar historias para que la gente pase un buen rato. Algo que es mucho más ambicioso de lo que podría parecer a simple vista. Pero, sí, también replantear un poco cómo, dónde y el porqué de viajar. No estoy en contra del turismo ni mucho menos, que la gente quiera ir a la Torre Eiffel o pasear por los canales de Venecia, pero yo ofrezco la posibilidad de que viajen de otra manera a otros lugares. De hecho, yo creo que realmente la industria del turismo ya está mirando un poco hacia otro tipo de viaje.

En Yemen, Shibam es un pueblo reconstruido en una colina. Como no tenían mucho espacio, se les ocurrió construir hacia arriba y sus casas tradicionales se convirtieron entonces en rascacielos. Es uno de los lugares que aparecen en el Atlas de lugares extraordinarios de Pedro Torrijos.

Foto: iStock

Según dices en la breve introducción delAtlas de lugares extraordinarios cuando tenías ocho años soñabas con ser explorador ¿Te imaginabas que lo de explorar iba a resultar ser así?

Pues un poco sí he cumplido ese sueño, aunque no sé cómo demonios he llegado a esto (ríe); pero sí, puedo decir que me dedico un poco a lo que me gusta, a contar el mundo, a contar historias y que la gente me haga corrillo.

Dices ahí que de niño también querías ser bailarín de claqué, ¿cómo crees que habría sido tu vida si te hubieras dedicado a eso en lugar de a explorar el mundo?

Pues con mucho ritmo (ríe) y probablemente con menos posibilidades de ganarme la vida con ello (vuelve a reír). Me gustaba mucho cuando era pequeño, sí, y era súper fan de Jim Kelly y Fred Astaire.

Me ha gustado ver el Mercat de Santa Caterina de Barcelona en el Atlas… Es una forma de hablar de arquitectura a los más pequeños.

Sí. Aunque no es un libro específicamente de divulgación de arquitectura sí he contado alguna historia más desconocida, que los niños conozcan cosas diferentes al Empire State Building o la Torre Eiffel. No sé… pues la a casa de vidrio de Lina Bo Bardi, en São Paulo, o la Fundación Ford, en Nueva York, o el Mercat de Santa Caterina en Barcelona... Contar la Sagrada Familia otra vez pues tampoco aporta demasiado.

O historias tan curiosos como la de los cholets de Bolivia. ¿Sabes que pude ver alguno en el Alto, de camino al Huayna Potosí, pero que he sabido más de ellos por ti?

¡Fíjate! Hombre… A ver, los cholets de Bolivia son un fenómeno arquitectónico muy peculiar. Tampoco te creas que hay mucho más de lo que he contado yo ya antes. En el Atlas de lugares extraordinarios he reducido los componentes socioeconómicos, pero sí lo cuento de forma más detallada en Territorios Improbables como un exponente de los nuevos ricos aymaras. Tiene ese punto de reivindicativo por mucho que la propia arquitectura sea irrelevante.

¿Y a cuál de los lugares del libro te habría gustado ir?

Me habría gustado mucho haber podido ir a la ciudad ovni de Taiwán original… Aquello debió ser espectacular. O también ser testigo de algunos momentos, como cuando levantaron a mano toda la ciudad de Chicago a mediados del siglo XIX. Eso también tuvo que ser un espectáculo digno de verse. Pero bueno, de eso hace más de 150 años y no hay manera de viajar en el tiempo.

Seguro que alguno de estos lugares improbables se te ha quedado muy clavado en la memoria.

Alguno no, muchos… Siempre digo que, y a ver es una pena porque es una zona en guerra, pero me gustaría ir a la ciudad de los rascacielos del desierto de Iban, tienen 400 años y están hechos de barro. Ese es otro de esos lugares a los que me gustaría ir.

Es que el viaje también es aceptar que hay lugares a los que renunciar…

Sí, claro. Es que la experiencia, hay que entenderlo, es conocer, no ir, que puedes ir y no entender nada o puedes no ir y conocerlo todo. Idealmente habría que estar en un punto medio, claro, pero la experiencia de ir es solo ir, es una experiencia dudosa.

Coordenadas viajeras

Pedro Torrijos

  1. ¿A dónde nos llevas si vamos al norte?

    Pues me gustaría mucho ir a Rjukan, que es un pueblo noruego en el que durante seis meses al año no llega la luz del sol. No es que esté muy al norte, pero está en un valle muy profundo y entonces, desde finales de septiembre a mediados de marzo, no alcanza la luz del sol. Hay luz diurna, pero no hay sol. Construyeron tres espejos enormes que colocaron en la montaña y que reflejan los rayos del sol hasta la plaza del pueblo donde durante esos meses la gente juega incluso a voley playa. Tengo mucha curiosidad por ir.

  2. ¿Qué destino eliges mirando al sur?

    Pues Shibam, a ver la ciudad de los rascacielos de barro.
  3. ¿Y si vamos al este?

    Al Peloponeso.

  4. Y toca el oeste...

    Mi ciudad preferida del mundo, que es Nueva York.

  5. ¿No te ha decepcionado nunca?

    Nueva York siempre decepciona y siempre asombra. Es todo lo que un ser humano puede esperar de una ciudad está en Nueva York. Es la capital del mundo y seguirá siéndolo para siempre, imagino… Hay desde los rascacielos clásicos hasta historietas más escondidas que yo cuento, como la de la Fundación Ford, o la decepción que supone la proliferación de andamios, sobre todo la parte del Midtown de Manhattan. O el agobio terrible de Times Square cuando al lado tienes garitos de jazz que no encuentras en ningún otro sitio del mundo. No sé, es mi ciudad favorita de siempre. Todo lo que creas que puede haber, está. Lo bueno y también todo lo malo…

  6. Vamos a tener que esperar una guía de viajes tuya… Un Nueva York extraordinario a lo Torrijos.

    Pues mira, uno de mis proyectos futuros que ya iré perfilando según sea necesario va a tener que ver con guías extraordinarias de viajes… No sé qué formato tendrá, pero ahí está en la recámara.