Librerías que merecen un viaje

Los pequeños seres, la librería 'slow' que se fusiona con El Rastro de Madrid

Leo y Patricia se han hecho un hueco entre las nuevas librerías de Madrid con un singular espacio donde conviven los libros y las antigüedades.

Que nunca se hiciera librero, ese fue el consejo que le dieron a David Garnett sus padres. Por supuesto, como ocurre siempre con los consejos que no se piden, no hizo caso a sus progenitores y acabó montando junto a su amigo Francis Birrell una librería en el Soho londinense. Aguantó un tiempo feliz todo el trabajo de la gestión del fondo de libros antes de deshacerse de su participación en el negocio y salir corriendo. Eso sí, la experiencia le dejó algo muy claro, que a su descendencia les insistiría que “sobre todo” no se les ocurriera nunca hacerse libreros. 

 

Parece ser que ni Patricia Heredis ni Leo Maita conocían esta anécdota que se suele contar en los corrillos del mundo del libro cuando se habla del negocio con ironía o de lo contrario han hecho como David Garnett: lo que les ha dado la gana. Afortunadamente, porque si no Madrid se hubiera perdido una librería tan singular como Los pequeños seres.

 

El día que llegué a la librería, Leo y Patricia llevaban prácticamente toda la noche sin dormir. Habían hecho el traslado ellos solos de una biblioteca privada de 5.000 libros comprada a unos anticuarios conocidos. El almacén estaba lleno de cajas y ellos agotados: “Ha sido descomunal, asómate para que veas...”, me dijo Leo. Efectivamente, el lugar estaba repleto de cajas de cartón que amenazaban con dejarnos atrapados en un alud funesto. En ese momento estuve tentado de explicarles la anécdota de David Garnett, pero me pareció una broma demasiado pesada para el momento.

 
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Foto: José Alejandro Adamuz

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Libros y objetos con alma

Los pequeños seres está en una de las calles principales del Rastro, en Ribera de Curtidores, nº 19. Se trata de un local que siempre estuvo ocupado por muebles y otros objetos, por lo que Leo y Patri decidieron conservar y aprovechar la historia del lugar. Total, si hoy se montan todo tipo de librerías híbridas por qué no una que dejara espacio a muebles con alma, debieron pensar. Además, en algún lugar hay que exponer los libros que se venden, ¿no?

 

“Muchos de los oficios que se practican en el Rastro están en peligro de extinción”, dice Leo mientras señala cuatro lámparas que crean ambiente repartidas por el local. “Son lámparas que hace un señor que tiene 80 años -prosigue-. Él lleva toda la vida haciendo eso, pero está prácticamente sordo, a punto de jubilarse. Cuando lo haga no habrá relevo y eso nos preocupa”.

 

La librería vive una doble vida dependiendo si es entre semana o el fin de semana. Entre semana es una librería de barrio en la Latina, los clientes son conocidos, traen a los niños a las actividades, entran a saludar. “Y luego está el domingo -remarca Patricia- que es casi como si estuvieras en Gran Vía”. Es el día estrella, el más festivo, el día en el que la librería se empapa de lo más excéntrico del mercado urbano y se contagia de toda esa maravillosa rareza.

 
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Foto: José Alejandro Adamuz

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Una librería slow

Cuando se entra en Los pequeños seres salta a la vista que las novedades no son los libros más destacados. “Lo hacemos con toda la intención”, dice Patricia. “Es que no queremos jugar con las novedades”, dice Leo: y toda la conversación es así, se van complementando como haciendo coros. Los dos han decidido además no separar los libros, sino colocarlos juntos, los recién salidos con los descatalogados, que los libros en los estantes dialoguen, se complementen, sean puentes de unión, que así, la librería encierre efectivamente todo un universo. 

 

“No queremos correr detrás de la novedad -afirma Leo- porque además, la literatura, por principio, es algo lento… Realmente ahora todo va demasiado rápido, pero escribir es un oficio lento, editar es un oficio lento, leer es un placer lento… La literatura no es coherente con la velocidad frenética con la que está trabajando la industria”.

 

El ritmo slow con el que gestionan su librería también llega a la agenda de actividades culturales que suelen programar y promocionar en sus redes (estas son "una expansión de la librería”, afirma Patricia). Siempre son grupos controlados y reducidos, clubs de lectura en distintos idiomas, filosofía, un taller de iniciación al collage, un curso de arquitectura utópica, de oratoria, un taller de teatro, revelados de fotografía analógica con un colectivo fotográfico que recupera técnicas en desuso.

 
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Foto: José Alejandro Adamuz

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¿Pero esto no es una librería infantil?

Cuando Leo me preguntó si sabía quién era Salvador Garmendia tuve que reconocer mi ignorancia porque no hay forma de esconderse de una pregunta hecha mirando directamente a los ojos. Yo solo les había dicho que Los pequeños seres me parecía el nombre perfecto para una librería infantil, pero resulta que Leo y Patricia son dos detectives salvajes apasionados de la literatura. Sólo que en lugar de, como ocurre con los personajes de Roberto Bolaño, ellos no buscan a Cesárea Tinajero en Sonora, sino que se quedaron con Salvador Garmendia en Madrid, el escritor que en los años 50 del siglo pasado inauguró la modernidad literaria en Venezuela, dejando atrás la larga sombra de Rómulo Gallegos.

 

Los pequeños seres viene a ser un tributo a este autor y a un libro que a ellos les influyó cuando eran estudiantes en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV). “Es un pequeño homenaje a una obra que nos marcó muchísimo -explica Leo-. Pero no eso solo; también buscábamos un nombre que dijera muchas cosas distintas a mucha gente distinta. Al principio teníamos miedo de que el público se confundiera, pero al final, la gente encuentra en la librería lo que quiere encontrar”.

 

Hacemos una breve lista a modo de juego con cosas que sugiere el nombre de la librería.  Los pequeños seres son:

- los niños

- los libros

- los personajes que viven dentro de los libros

- los libreros que batallan entre grandes cajas

- los duendes que habitan en los cajones de los muebles antiguos

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Foto: José Alejandro Adamuz

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“Un librero tiene que conocer su espacio”

En un momento dado, Leo interrumpe la conversación para preguntarle a Patricia: “Patri, ¿ahí en música se fue algo?”. Puede parecer una anécdota más, pero es un detalle relevante. No porque lo diga este pobre cronista, sino porque es algo que le leí a Alberto Manguel, que un librero (o una librera) tiene que conocer bien su espacio, que tiene que conocer a los habitantes de ese espacio y que tiene que saber recomendar los libros que tiene en su librería. 

 

Leo y Patricia no solo controlan los huecos que hay en los anaqueles de su librería. También saben recomendar con honestidad: un día Leo estaba colocando libros en las estanterías, o tal vez estuvieran armando uno de los mesones temáticos a los que son tan aficionados ambos, cuando escuchó a dos amigas hablar. Una le decía a otra que iba a llevarse una edición de Rayuela porque nunca había leído nada de Julio Cortázar. En ese momento Leo dejó lo que estaba haciendo para aconsejar a la chica que entonces, si aún no había leído nada de Julio Cortázar, que mejor comenzara con alguno de sus cuentos. Desafortunadamente, en ese momento no contaba con ningún ejemplar. “Yo mismo tumbé una venta, pero es que era realmente una recomendación honesta de mi parte”, dice Leo. Al final la chica dejó una edición de los cuentos de Julio Cortázar pedido y volvió a la semana siguiente a buscarlo. 

 

Trabajo a destajo y puro amor por los libros: ese es el secreto que hay detrás de Los pequeños seres. Por eso montaron su librería Leo y Patri, porque a diferencia de lo que le ocurrió a David Garnett, a ellos no les echa para atrás el trabajo duro.

 

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