¡El regreso!

Por qué el museo KMSKA de Amberes es una de las citas culturales más esperadas

El Museo Real de Bellas Artes de Amberes abrirá sus puertas al público después de once años de construcción y renovación integral.

La cuenta atrás para uno de los estrenos culturales más esperados de la década está a punto de llegar a cero. Once años han tardado en tener listo el nuevo Museo Real de Bellas Artes de Amberes (KMSKA). Los mismos años que 'El Bautismo de Cristo', una de las obras más monumentales de Peter Paul Rubens, ha estado guardada. Lo estuvo hasta principios de marzo de este año, cuando un nutrido grupo de conservadores, restauradores y  transportistas de arte experimentados lo sacaron de los depósitos, lo izaron a través de una escotilla, lo arrastraron sobre mantas, tiraron de él y empujaron hasta llevarlo al sitio exacto de la sala donde lo colgaron de nuevo según el plan detallado. Se aplaudió con emoción una vez pudo ser contemplado por todos los asistentes al evento. El 'Bautismo de Cristo' volvía y daba así el pistoletazo de salida para que el resto de las 650 obras de la colección permanente del museo fueran colocadas a lo largo de los siguientes meses. Nada de esto habría sido posible si antes no se hubieran acabado las obras, claro.

Karin Borghouts, KMSKA (15)

∏ Karin Borghouts (1)

Dos museos en uno

Cuando KAAN Architecten comenzó a trabajar en el plan maestro de renovación y ampliación del nuevo museo a principios de la década de 2000, eran unos jóvenes arquitectos que se habían hecho con algo de reputación. “Pensamos que podíamos conquistar el mundo. Esa clase de confianza que obtienes del éxito juvenil... Teníamos tantas ganas de participar en la KMSKA que todo nuestro equipo de 15 personas hizo todo lo posible por ello”, explica Dikkie Scipio, que dirige junto a Kees Kaan y Vincent Panhuysen la agencia. Ella es la única que queda del equipo original. “El edificio se ha convertido en mi hijo. Mis propios hijos han crecido mientras tanto”, explicaba en una entrevista publicada en la web del propio museo.

Tal vez fue la juventud la que les llevó a plantear una ampliación del KMSKA poco heterodoxa, no añadir un anexo exterior, sino buscar espacio en el edificio ya existente. Optaron por transformar cuatro patios en diez salas de exposición, logrando así un 40 % más de espacio. El resultado -una especie de pieza de Lego dentro de una masa constructiva original- son dos mundos diferentes en un mismo edificio: un mundo de viejos maestros o un mundo de iconoclastas modernos. La sorpresa está servida.

∏ Karin Borghouts, KMSKA (2)

El mundo de los viejos maestros

Lo que hizo KAAN Architecten es un viaje atrás en el tiempo para tratar de recuperar la esencia del edificio que diseñaron en el siglo XIX los arquitectos Winders y Van Dyck para el Museo de Bellas Artes de Amberes. La tarea ha sido revertir, volver a poner en valor la iluminación natural -fue concebido como un "museo de la luz del día"-, la circulación original, los materiales y los colores. Las salas están pintadas en rojo pompeya o verde oliva y han recuperado la grandeza que tuvieron en un inicio, los estucos, las puertas de roble, el oro de los marcos ornamentales de las galerías Rubens y Van Dyck. Una relectura contemporánea en la que se han integrado soluciones tecnológicas que logran meter la luz a través de tragaluces y parasoles y controlar la temperatura y la humedad para que se mantengan estables: “El aire limpio desciende del techo y se adhiere a la pared detrás de cada cuadro para crear un ambiente perfecto para las obras de arte”, explican en la web del museo.

∏ Karin Borghouts (23)

Y el mundo de los iconoclastas modernos

Hay nuevos volúmenes blancos en el corazón del museo histórico donde reina la asimetría en clara contraste con la simetría clásica. Las nuevas salas están acabadas en blanco brillante, con paredes de pladur, falsos techos, suelos limpios de hormigón vertido y peldaños de hormigón pulido en largas escaleras. Las nuevas salas trazan “una ruta llena de sorprendentes experiencias verticales”, tal como explican en el proyecto KAAN Architecten. Allí donde la asimetría volátil del nuevo museo entra en contacto con la masa sólida del espacio clásico aparecen pequeñas incrustaciones de mármol, haciéndose eco de la elegante materialidad del museo del siglo XIX.

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Un hilo conductor

Efectivamente, hay contraste, pero hay diálogo. Para que el proyecto fuera un éxito arquitectónico debían asegurarse cierta continuidad, que los límites entre los espacios clásicos y modernos fueran de algún modo graduales. Y eso lo lograron mediante una cuidada escenografía, mediante la cual los distintos elementos de mobiliario fijo, decoración, iluminación y soportes de información sirvieran de capa de conexión entre las partes. Pero para que el proyecto del nuevo KMSKA fuera un éxito museístico -en definitiva se trata de eso, de que la arquitectura es sólo el medio de expresión del museo- los responsables debían asegurarse que la narrativa entre las diferentes piezas de la colección fuera fluida.

¿Qué concepto debía servir como punto de inflexión entre los dos mundos que engloba el museo? Se dieron cuenta que la colección marcaba un momento decisivo en 1880: antes se trata de un arte narrativo, un arte con dioses, reyes y nobles en el papel principal; mientras que después, el arte es expresivo, abstracto o conceptual. James Ensor, que transitó desde la pintura más narrativa a la más experimental, personalizaba esa transición, el pintor que tenía la facultad de unir los dos mundos.