Historia pura

Q’eswachaka, el último puente inca que queda sobre la tierra

Una celebración que ha conseguido mantener viva el arte, las técnicas y la cultura del mundo andino hasta la actualidad.

Cada mes de junio, desde hace más de seis siglos, el cañón del río Apurímac -en Canas, Cuzco, a 3.792 metros de altitud- acoge una de las tradiciones más curiosas del Perú, la construcción del último puente inca que queda sobre la tierra: el Q’eswachaka.

Puente inca

Puente Q’eswachaka © Elías Alfageme

Puente inca

Las rutas de los incas

Q’eswachaka es uno de los muchos puentes que los incas construyeron durante su Imperio en Perú con el objetivo de moverse a través de la accidentada geografía andina. Esta necesidad de trasladarse de un lado a otro de los Andes Centrales dio lugar a una red de caminos llamada Qhapaq Ñan, que unía los territorios del llamado Tahuantinsuyo, el gran imperio de los Incas conformado por cuatro regiones -Collasuyo, Contisuyo, Chinchaysuyo y Antisuyo-. A través de este sistema de enormes rutas, los incas lograron conectar las grandes ciudades de la costa y la sierra en una red de caminos que se dividían entre el sector cordillerano y el llano costero.

La implementación de esta red de rutas requirió de la colocación y fabricación de numerosos puentes a lo ancho y largo del territorio. Construcciones hechas de forma artesanal, conformadas a base de paja, piedra y madera, que permitían a los incas trasladarse a través de la agreste geografía andina con la peculiaridad de que debían ser reconstruidos cada cierto tiempo.

Tejiendo puentes

Estas obras de ingeniería temporales eran elaboradas por todos los trabajadores de la comunidad mediante la minka, un trabajo realizado por turnos que tenía como fin la realización de grandes obras públicas como la construcción de los caminos o los puentes o el cultivo de las tierras.

Este arte o saber hacer, el de la elaboración o construcción de los puentes entorno a la comunidad, se ha ido transmitiendo de generación en generación, permitiendo que a día de hoy se haya logrado mantener intacto uno de los mayores testigos de la civilización incaica.

Puente inca
Puente Q’eswachaka © Elías Alfageme

Festividad ancestral

Desde entonces, y como si de una fiesta se tratase, con la llegada del equinoccio de invierno comienza la preparación de un puente que, más que construido, es tejido y que se elabora de manera manual año a año, un ritual histórico que hizo que en 2013 fuera declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

La ceremonia se inicia con el desarme del puente construido el año anterior. Exactamente, cuando se cortan los puntos o sostenes de cada lado y lo dejan caer al río. A partir de ese momento, las mujeres y los niños comienzan a recolectar la qoya o ichu, un material de paja con el que se tejen las sogas que sirven para construir la base y las barandillas. Los días siguientes, con las sogas tejidas y entrelazadas, son los hombres los que se unen para comenzar a colocarlas junto a una extensa alfombra elaborada con ramas que cubrirán por completo el suelo de la plataforma. Una vez conformado y tejido el puente, son los líderes de cada comunidad los que frente al resto inauguran la nueva construcción mientras disfrutan de una gran fiesta vestida de guisos, tragos y danzas tradicionales. Una festividad en la que este saber, transmitido de generación en generación, ha conseguido trasladar de forma viva el arte, las técnicas y la cultura del mundo andino desde hace varios siglos atrás.