Receta de una foto: entre copas... y viñedos

Los primeros compases de noviembre son ideales para fotografiar las viñas que, a estas alturas del año, adquieren unos matices casi irreales.

Cuando los bosques en las alturas van  perdiendo sus hojas y color, la llamarada del otoño incendia las zonas cálidas de las llanuras… Aprovechando esta ola, es el momento de un viaje buscando la última explosión de colores de la estación en un road trip entre copas, pueblos y viñedos.

La Rioja Gonzalo Azumendi

Foto: Gonzalo Azumendi

La Rioja Gonzalo Azumendi

Ingredientes:

  • Un viaje en coche es la gran ocasión para llevar todo el equipo posible sin tener que cargarlo… Una oportunidad única para experimentar con todas las cámaras, filtros, y artilugios que se acumulan esperando el gran día.
  • El filtro polarizador es un gran aliado para realzar los paisajes, potenciando contraste e intensidad al eliminar la luz reflejada. También es eficaz reduciendo la bruma y especialmente útil para eliminar reflejos.
  • El teleobjetivo en paisaje permite seleccionar la escena con exactitud. En esta imagen, con un zoom 80-200 en posición 140 mm, se elige la zona de mayor interés, descartando las áreas vacías que restan fuerza a la imagen.

Elaboración:

Se impone conducir despacio, con esa imagen del brazo al aire acariciando el paisaje de viñas desde la ventanilla. Aunque si el viaje es fotográfico también aumentará el estrés, pues será imposible recorrer unos metros sin hacer constantes paradas, ante unos panoramas que en cada curva demandan una nueva foto. En realidad esto es una gran ventaja, es viajar con la garantía de que el recorrido va a ser duradero y la carretera nunca se acabe, siempre con otra pausa para una toma diferente, cada vez más agitados ante esta desordenada borrachera de paisajes. Sin embargo, frente a estos horizontes la serenidad es total. Un insólito sentimiento de soledad que aquí se palpa, donde al preparar la foto parece no existir otro ser humano que uno mismo.

Y entre los campos se descubren caminos casi ocultos que invitan a sumergirnos en este inmenso océano, guiados por la torre de la iglesia, que destaca como un faro coronado con una cruz. Dan ganas de lanzarse tras ella y como Moisés atravesar las aguas, para descubrir cámara en mano que no es el Mar Rojo… ¡sino La Rioja! Al fondo, el pueblo medieval de Briones flota entre océanos de fuego como un buque a la deriva.

El lenguaje de la naturaleza es lento, necesita ciclos de noventa días para expresarse, y esta foto puede ser un exacto retrato del fenómeno tan abrumador que es el otoño, una ola que baja imparable desde las montañas a los valles, como si la tierra lanzase su último grito de sangre y fuego antes del asalto final del general invierno.

Es como una euforia vegetal antes del hundimiento, cuando los colores están en su momento exacto para captarlos antes que desaparezcan… En pocos días esta escena se volverá pasado, transformándose en otra realidad de campos fríos y desnudos. Un paralelismo con la práctica fotográfica que resulta asombroso: cualquier instantánea se vuelve historia en el mismo momento de captarla. Y posteriormente, cuando se contempla una foto, es asomarse al ayer, como volver la vista atrás aunque solo hayan transcurrido unos segundos después de la toma. Con el otoño ocurre lo mismo, y aunque el universo no necesite ayudas, resulta inevitable lanzarse a esta aventura con la cámara, a retratar ese instante del presente y convertirlo en pasado.

El problema (o la suerte, según se mire), es que no hay descanso posible, pues cualquier hora del día es óptima para fotografiar: como en esta imagen, las luces centrales de la jornada añaden brillo a los ya explosivos colores.

Madrugar también tendrá su recompensa entre los primeros destellos dorados filtrados por las brumas; quizás la fantasía de soñar ejércitos en los viñedos coloreados… ¡los de Gengis Kan con sus pendones rojos al viento en un fantasmagórico amanecer rojo lleno de misterio!

El otro gran momento es el atardecer, cuando la luz incide rasante en las vides creando formas y relieves, y con suerte, el sol flotando como una bola de fuego al final del intenso día fotográfico. Una última imagen para sentir que todas estas maravillas están a salvo, y otras generaciones volverán a pararse en este mismo lugar, para emborracharse de emoción ante la misma postal, cuando el ciclo del otoño se repita puntualmente año tras año en su ritual exacto… ¡Qué todo eso nunca falte!… ¡Sí, qué jamás falte el vino!

Edición y emplatado

El mayor desafío es despejar la niebla de la mañana y potenciar las diferentes gamas de rojos. Con las diversas herramientas que ofrece el editor de raws elegido, se trata de ir modelando la imagen, contrastando con la ayuda de los comandos claridad y borrar niebla, con lo que la zona del pueblo destacará más.

Con paciencia y el programa de edición de imágenes, se selecciona por zonas con la ayuda de lazos para ir ajustando las diferentes gamas de rojos y esculpir la imagen, aplicando niveles y corrección de color…Sin temor, buceando en este océano de vides, para sacarle todos sus colores.

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