El poder de la Pirámide

Receta de una foto: El Salar de Arizaro

O cómo sintetizar una aventura en una sola instantánea mucho más compleja de lo que parece.

Recorrer la Puna de Atacama es un viaje al silencio y la soledad más extrema. Pistas de arena a 4000 m de altitud en un inmenso altiplano entre Argentina y Chile, donde  parece que el vehículo despega de la tierra para circular por el mismo cielo…

En este mundo árido, se encuentra el Salar de Arizaro, en la provincia argentina de Salta. Desde la ventana del 4x4 se sucede un paisaje que de puro monótono fascina. Cada pequeño cambio en las nubes o en la tierra yerma, invitan a parar, algo imposible pues el viaje sería eterno. ¡La belleza de lo simple!

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El poder de la pirámide

Foto: Gonzalo Azumendi

El poder de la pirámide

Ingredientes para este FotoRally

  • Los objetivos muy angulares son perfectos para paisajes. También un teleobjetivo es muy interesante para comprimir escenas y líneas. Una buena opción es utilizar zooms.
  • Un viaje en coche permite transportar material sin cargarlo a la espalda. Una oportunidad para llevar algo de más sin fatiga.
  • Importantísimo es una buena bolsa o mochila acolchada para que el equipo sufra lo mínimo al circular por estas sendas bacheadas.
  • Bolsas de plástico. Grandes, para proteger la mochila fotográfica del polvo, que es una constante en estos parajes.

Pasos a seguir

En medio de la nada, sobresale el Cono de Ariza, el más perfecto del mundo, que supera los 150 metros y es comparable en forma y altura a la pirámide de Keops, de 139 m. Solitario y omnipresente desde la distancia, según se rodea atrapa como un imán, igual que esos retratos que te siguen con la mirada… ¡El poder de la Pirámide!

Las paradas son continuas, pues la siguiente perspectiva mejora la foto ya tomada. Esto es habitual en un viaje por tierra. Conviene dosificarse, concentrar la energía en imágenes ganadoras para no agotarse.

En fotografía de paisaje son deseables las horas extremas, el amanecer y el atardecer. Pero no es algo a sobrevalorar; en medio existe una inmensa jornada repleta de oportunidades. Se impone olvidarse de reglas, respirar hondo…y ¡disparar! Si sale mal, siempre se podrá culpar al soroche, el mal de altura que aquí emborracha con un aire puro en extremo.

Si sale mal, siempre se podrá culpar al soroche, el mal de altura que aquí emborracha con un aire puro en extremo.

Para esta imagen se ha usado un objetivo angular (35 mm), sin seguir el impulso, a veces novato, de intentar capturar solo el cono con el teleobjetivo, aislándolo.

Aquí, el milagro es la atmósfera: el cielo y las nubes se alían para dar una bella imagen en pleno mediodía, la hora más denostada en fotografía de paisaje.

La apuesta se traduce en equilibrio y simetría, con la pirámide en el mismo centro ocupando un pequeño lugar, aplastada por un cielo en el que la suerte ha dispuesto un cuadro de nubes como premio. La circunstancia invita a olvidar reglas clásicas, como la de los tercios, para capturar la atmosfera salvaje de este territorio lunar…con total libertad, la misma que se respira en este ardiente altiplano.

Por supuesto es mejor bajar del coche para encuadrar, pero al no ser posible parar continuamente, la única alternativa posible es disparar por la ventanilla. ¡Fanatismo total muy entendible! En este caso es importante utilizar velocidades muy altas para congelar el paisaje buscando el resultado de una foto como esta, o bien experimentar con obturaciones muy lentas para buscar imágenes movidas, borrosas, propias de un universo más creativo y personal.

Edición y emplatado

De vuelta, toca revisar las fotografías… Solo hacen falta unos pequeños retoques para realzar la imagen. Como siempre que es posible, es mejor disparar en formato Raw. Aparentemente la imagen es muy plana, como si no tuviera ningún interés. ¡Todo lo contrario!, la zona de altas luces tiene mucha información escondida esperando ser rescatada. Con Photoshop u otro editor de imágenes, será muy fácil hacerlo ya que no está quemada.

Falta bajar un poco el contraste para que no quede dura, y finalmente limpiar el color azul del cielo y el rojo de la montaña para que destaquen y brillen, tal como se ve en el desierto. Con cuidado y sin abusar, para que parezca lo más natural posible. Y no será necesario editarla más. ¡El mismo paisaje ya es suficientemente bello!

En esta foto es interesante destacar la importancia de disfrutar con la cámara de la experiencia y los paisajes de un viaje, sin estar mediatizados por reglas y tópicos… Como bien se dice, menos es más, para encontrar la belleza en lo más simple.

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