Radiografía de un instante

Receta de una foto: La última ola en Gijón

Surfistas y fotógrafos comparten el tesón por aprovechar ese momento en el que la ola (y la luz) son únicas.

Fotografiar exige tesón y paciencia. Incluso cuando la luz se va, siempre quedará una imagen por hacer. Si la suerte acompaña, quizás sea posible retratar a alguien tan motivado como esta surfista que se resiste a abandonar las olas.

Con idéntica pasión, el fotógrafo tampoco desistirá en su búsqueda de la gran foto.

Surf Gijón OK

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Ingredientes

  1. Nada de calzado. Para hacer una foto al borde del mar, necesariamente hay que mojarse. Descalzarse es inevitable, cuanto antes mejor para tener libertad de movimientos y encuadre. Es fundamental vencer la pereza.

  2. Usar el gran angular. Un teleobjetivo dificultaría captar toda la escena. La foto está tomada con un gran angular, que permite acercarse, crear dimensiones, y atrapar a la persona con su reflejo en el contexto.

  3. Fijarse en los reflejos. Siempre dan juego, también las sombras. Hay que fijarse en ellos, sin cortarlos involuntariamente. Muchas veces, sus contornos son más enigmáticos que la imagen real, siendo fuente de inspiración.

  4. RAW y un balance de blancos en automático. El color es difícil dominarlo con estas luces extremas. La solución más cómoda es usar el balance de blancos en automático y fotografiar en formato RAW, que nos permitirá ajustar en el retoque los tonos con precisión.

Elaboración

Como su nombre derivado del griego indica, fotografiar es escribir con luz, por lo que la hora elegida es determinante. Esta escena tomada en otro momento del día no tendría la misma intensidad, ni reflejaría esta soledad. Las sensaciones provocadas por las tonalidades serian bien distintas. Por ello, la temperatura de color se convierte en un poderoso elemento narrativo. Esta imagen es un buen ejemplo.

Predomina el azul, color frío que envuelve la escena. Al fondo las luces artificiales tiñen de un cálido amarillo las casas del núcleo urbano y la iglesia … Una evocación al hogar, al tan nombrado espacio de confort, un concepto desgastado al que ella ignora dando la espalda, inmersa en su mundo salvaje y azul por conquistar.

La imagen resulta serena y a la vez tensa. Un espacio vacío a la derecha añade incertidumbre y ella mira hacia allí, al océano infinito como si estuviese esperando la gran ola. Fiel devota de la fascinación por el mar, su figura recuerda a esas tribus reflejadas en películas de surf, como El gran miércoles o Le llamaban Bodhi. Siempre en busca de la gran ola, con esa pasión de querer ir a más. De igual manera fotografiar es un estado de alerta constante, en este caso soñando con conseguir la imagen perfecta.

Sin pretenderlo, la composición es cercana a la regla de los tercios, apoyada por la inclusión del reflejo, fundamental en esta simetría imperfecta. Una regla sencilla, primeriza en la que apoyarse, para luego olvidar y fotografiar libre e intuitivamente.

Pero para disfrutar más, en un ejercicio divertido y filosófico, se podría dar otra vuelta a la foto; es decir, observarla al revés. Basta rotar el dispositivo o la imagen. Entonces el reflejo quedaría arriba y todo el mensaje se transforma, la escena real, la nítida, se sitúa a los pies como una sombra, quizás representando un pasado que se ha ido, y el reflejo se convierte en presente, lo que somos… Como dos caras de la misma moneda, que pueden simbolizar muchas cosas, incluso el miedo que desdibuja a la persona, a la hora de enfrentarse a sus océanos.

Una fotografía puede atrapar a primera vista con sus muchos matices, pero profundizar en su lectura es un juego que aporta nuevas visiones e interpretaciones. Esta escena tomada en la playa de San Lorenzo de Gijón habla de identidad, de gente integrada en una tierra de naturaleza exuberante, salvaje, marina…

Y el misterio puede continuar. Dando una última vuelta a sus colores, surge una nueva sorpresa: el azul y amarillo predominantes son los mismos tonos y en similar proporción, que los colores de la bandera de Asturias, el mismo emblema de esta surfista que mira al mar, capaz de surcarlo como una diosa.

Emplatado

Especial cuidado hay que poner a la hora de tratar las altas luces, para rescatar los suaves tonos rosas y malvas del atardecer dándoles un poco de intensidad.

Abrir la zona de sombras con cuidado para evitar ruido y que la imagen respire es algo fundamental. Azules y amarillos conviven armoniosamente después de limpiarlos con corrección de color. Tras añadir un toque de contraste, un leve viñeteado oscureciendo los bordes centrará la atención, destacando más aún el centro de la imagen.

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