Sol, playa y un lujo muy 2020

The Ritz-Carlton, Abama o cómo una kasbah rosa ha logrado ser el hotel más deseado de Tenerife

Abama no significa nada, pero suena bien, sabe mejor y se duerme de maravilla. Así es el establecimiento de moda de esta preciosa isla.

Incluso si el sur de Tenerife estuviera masificado, que no es el caso, nadie tendría problemas para encontrar el The Ritz-Carlton, Abama. Su arquitectura de aires moriscos y color rosa del desierto lo han posicionado como uno de los hoteles más característicos no solo de la isla, sino de toda Canarias. Nacido para convertirse en uno de los más exclusivos de Tenerife, hoy este hotel de lujo resulta, aunque grande -cuenta con nada menos que 459 habitaciones- incluso íntimo, gracias a su ingenioso juego de arquitectura y a la exuberancia que lo rodea. A la ecuación se suman sus impresionantes vistas al Atlántico desde casi cualquier punto del hotel. El resultado, matemáticas a parte, ronda la perfección.

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Vista panorámica 2. Oasis arquitectónico

Foto: The Ritz Carlton-Abama

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Oasis arquitectónico

Y es en mitad de la árida costa del sur de Tenerife, bastante más turística que el norte aunque eso aquí no preocupa entre otras cosas porque ni se percibe, donde el estilo rosa morisco del The Ritz-Carlton, Abama se ha convertido en todo un icono de la zona. Un protagonismo al que ni el exuberante jardín (aquí hay 90.000 árboles con 300 especies diferentes de palmeras y arbustos) que lo acompaña ni sus vistas al océano han conseguido ni hacer sombra. Y ya es difícil. El tamaño de la propiedad es enorme, pero su desarrollo está pensado por unidades, así que, una vez dentro, apenas se percibe su magnificencia, algo que se descubre al pasar de una estancia a otra. Aquí de abarrotamientos ni hablamos.

Piscina Villa Club. Inspiración norteafricana + exuberancia canaria

Foto: Ritz-Carlton Abama

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Inspiración norteafricana + exuberancia canaria

El vasto vestíbulo de mármol da a parar a una enorme terraza y de aquí hasta el punto neurálgico del hotel, conocido como la Ciudadela, que cuenta con piscina propia y hasta con un estanque. Aquí el espacio es un regalo. Esto es lo que debió pensar Melvin Villarroel cuando ideó este hotel a medio camino entre la tradición del norte de África y la exuberancia del lugar, con edificios interconectados en los que surgen espacios gastronómicos como Kabuki, M.B, Txoko o el Lobby Bar, y rincones para el descanso como The Ritz-Carlton Spa y las piscinas principales del hotel.

Abama

Foto: Ritz-Carlton Abama

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Y en el horizonte, La Gomera

El desarrollo urbanístico del hotel continúa mientras se recorre la colina en la que se asienta y que da a parar a una playa semi privada cuya arena fue traída directamente desde Mauritania (de ahí que sea un poco más blanca que la del resto de la isla). Vista al frente, el océano y la silueta de la vecina isla de La Gomera forman la perfecta imagen de postal cuando cada tarde, con la puesta de sol, aquí se roza el colmo de la belleza.

RC Villas. Villa Club, privacidad ante todo

Foto: Ritz-Carlton Abama

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Villa Club, lo nuevo de Abama

Al igual que el propio hotel, las habitaciones también transmiten esa especie de lujo relajado del resto de estancias. Las camas son enormes, al igual que la propia habitación, vestida con colores neutros, muebles contemporáneos y algún que otro guiño al estilo marroquí, sobre todo en las terrazas, la mayoría de ellas con vistas al mar. Los artículos de tocador son de la británica Asprey, hay cafeteras Nespresso y todo tipo de comodidades, y si alguna falla, el huésped la encuentra gracias a su atento servicio de habitaciones. Mucho del lujo es lo que no se ve.

tfsrz-balcony-50674123. Privacidad ante todo

Foto: Ritz-Carlton Abama

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Privacidad ante todo

Este núcleo de alojamiento con forma de casitas y compuesto por 144 habitaciones y suites garantiza el distanciamiento social gracias a sus amplios espacios, a las características propias del entorno natural donde se ubica y a la profesionalidad de su staff, sabedor de la tipología de huésped que elige este hotel para disfrutar de unos días de asueto. A la tan demandada privacidad del Villa Club se suman los privilegios adicionales que obtienen quienes optan por alojarse aquí, como pases gratuitos para un Wellness Experience en el spa o un servicio de hamacas y sombrillas en la playa y la piscina, donde sirven bebidas y canapés de cortesía en las zonas de piscina y el Villa Club Lounge.

Picnic bajo las estrellas. Estrellas (Michelin) bajo las estrellas

Foto: Ritz-Carlton Abama

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Estrellas (Michelin) bajo las estrellas

En general, todo fluye en un lugar que presenta los mejores datos de control de la pandemia de toda España, pero que también ha sido uno de los más afectados por la bajada del turismo, sobre todo el alemán y el británico. Aún así, parece que The Ritz-Carlton, Abama se crece ante las adversidades, apostando por la innovación en vez de por el recogimiento. Así, además de productos como su Villa Club, el hotel también ha dado la bienvenida a diferentes iniciativas como su ‘picnic’ bajo las estrellas, donde sus huéspedes pueden observar el cielo nocturno como nunca lo han hecho antes. “Cena con estrellas” combina un picnic gourmet creado por el equipo de chefs de Martin Berasategui o de Ricardo Sanz para degustarlo bajo el despejado cielo de la playa de Abama, en las faldas del resort, y hacerlo acompañado por un guía experto en astronomía. Aquí el cielo es el límite, literal.

Aji No Tosazu. Un microcosmos culinario

Foto: Ritz-Carlton Abama

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Un microcosmos culinario

Sin arena y en tierra firme, si hay algo de lo que (también) puede presumir el hotel es de haberse sabido posicionar como un destino gourmet perfecto para los amantes de la gastronomía de autor. Tras revalidar nuevamente sus tres estrellas Michelin, aquí Ricardo Sanz al frente de Kabuki y Martin Berasategui con Txoko (su restaurante de cocina tradicional porque M.B. permanece cerrado como consecuencia de la pandemia), alimentan el paladar, y el alma, no solo de los huéspedes del hotel, sino de foodies que acuden hasta este rincón de la costa occidental para disfrutar platos como el cordero lechal cocinado a fuego lento durante 10 horas de Berasategui o el plato de toro con cebolleta servido sobre tosta de arroz del menú degustación de Kabuki Abama.

Show cooking El Mirador Restaurant. Como en el Caribe... o mejor

Foto: Ritz-Carlton Abama

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Como en el Caribe... o mejor

Y con una cocina más relajada, el restaurante Mirador cuenta con las mejores vistas de la casa, incluidas las de la puesta de sol, y una selección de arroces que ya quisieran muchos destinos mediterráneos. Su menú incluye también un festín de pescados y mariscos y, aunque en el tema del vino resulta complicado encontrar uno local, no es así en el resto de sus productos, donde hacen especial hincapié en el factor de la proximidad. De día y a pie de playa, el Beach Club es un buen lugar para almorzar un plato de mariscos perfectamente fritos, acompañarlos por unas papas con mojo picón y un cerveza bien fría. Como en el Caribe, pero aún mejor.

Piscina Villa Club

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