Un viaje arquitectónico

Barcelona después de Gaudí

Sí, el modernismo está muy bien, pero la ciudad tiene otros edificios contemporáneos tan atractivos como valiosos.

Gaudí no es un arquitecto, es un destino, una marca, un emblema. Por eso miles de turistas desembarcan en Barcelona cada año, atraídos por la fantasía y el misterio que desplegó el arquitecto más universal del modernismo catalán. Llevan el mapa de la ciudad desplegado y en él marcados los edificios más icónicos: la Sagrada Família, la Casa Batlló, la Pedrera… tal vez, también, la Casa Vicens. Es un reclamo fabuloso, pero Gaudí no es un oasis en un desierto arquitectónico: Barcelona es mucho más. La Semana de la Arquitectura -la tercera edición se celebra del 9 al 19 de mayo- viene a destacar el intenso interés que hay en la ciudad alrededor del diseño y de la arquitectura.

 

La Fundación Mies van der Rohe, el legado de los principales movimientos arquitectónicos de la contemporaneidad, torres emblemáticas, plazas, ferias de la construcción, el 48h Open House que se celebra anualmente, edificios firmados por premios Pritzker… Sobran los motivos para seguir una ruta por lo mejor de la arquitectura contemporánea de Barcelona.

 
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Mercat dels Encants-AGE. Encanto callejero

Foto: AgeFotostock

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Encanto callejero

(Carrer de los Castillejos, 158)

El proyecto de b720, Fermín Vázquez Arquitectos, apostó por una cubierta ultramoderna para uno de los mercados más antiguos de Europa. Tenían claro que la remodelación del conocido Mercat dels Encants Vells debía ser fiel al carácter improvisado y al ajetreo del mercado y lo resolvieron con esta cubierta que, al modo de un paraguas revestido con paneles reflectantes, refleja el movimiento de lo que alberga. Se ha convertido en todo un símbolo de la renovada plaza de les Glòries.

 
Edifio Forum-AGE. El triángulo perfecto

Foto: AgeFotostock

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El triángulo perfecto

(Plaza Leonardo da Vinci, s/n)

Puestos a imaginar la forma de un edificio, se piensa en un cuadrado, en un rectángulo, y los más atrevidos, tal vez en una circunferencia, pero pocos se atreverían con un triángulo equilátero. Jacques Herzog y Pierre de Meuron sí lo hicieron. Es el volumen que escogieron para el principal edificio del Forum Universal de las Culturas Barcelona 2004. En la pareja de arquitectos suele ser habitual jugar con la piel del edificio, que en muchos casos se vuelve casi orgánica. También es el caso del Edificio Forum, para el que escogieron una fachada completamente azul que juega con las sombras y los reflejos. Otro elemento destacado es la relación entre el edificio y el espacio público como lugar de encuentro al modo del foro romano. El efecto es que el edificio parece flotar para que las personas puedan circular por debajo suyo y verse reflejadas en los espejos que recubren el techo.

 

iStock-torre agbar. El proyectil nocturno

Foto: iStock

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El proyectil nocturno

(Avenida Diagonal, 211)

Pocos edificios contemporáneos han originado tantos debates entre los barceloneses como la Torre Glòries, anteriormente Torre Agbar, diseñada por el arquitecto francés Jean Nouvel, en colaboración con el estudio catalán b720, Fermín Vázquez Arquitectos. Lo cierto es que desde su inauguración en 2005 se ha convertido en unos de los iconos arquitectónicos de Barcelona. Para muchos se asemeja a un proyectil, para otros es un gran supositorio e incluso un gigantesco y colorido falo, pero parece ser que el diseño de Nouvel está inspirado por elementos representativos de la cultura catalana como son la Sagrada Familia de Gaudí y la montaña de Montserrat. En esencia es más una forma emergente que se eleva en el centro de la ciudad que una torre al modo clásico. Es de noche cuando su piel - revestida por módulos de chapa de aluminio de 25 colores diferentes-  gana protagonismo: más de 4.500 dispositivos realizados con tecnología LED generan imágenes luminosas dinámicas en su fachada.

 

 
L'Auditori-Auditori. Una caja de música

Foto: L'Auditori

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Una caja de música

(Carrer de Lepant, 150)

En esta ocasión Rafael Moneo tuvo que resolver la aparente paradoja de envolver algo tan etéreo como es la música. En la presentación del proyecto ya dijo que "un auditorium tiene que ser, por definición, un edificio, una sala que suene bien, que tenga cualidades acústicas que la conviertan en un instrumento musical más". La acústica fue trabajada con el in­ge­niero es­pe­cia­li­zado Hi­gini Arau, mientras que la arquitectura y los espacios fueron concebidos por Rafael Moneo siguiendo la estructura del entramado de las manzanas del Plan Cerdà, zona en la que se levantó el auditorio. El acero corten que envuelve al edificio de L'Auditori evoca una estética valiente que se yuxtapone a los interiores mucho más elegantes, pero también responde a la necesidad básica de impedir que los ruidos del exterior se filtren en el interior, de ahí esa sensación entre compacta e industrial que domina al conjunto.

Terminal 1ricardo bofill taller arquitectura new barcelona airport terminal 1 spain 01-1440x1152. Aterrizando en Barcelona

Foto: RBTA

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Aterrizando en Barcelona

Debe ser difícil para un arquitecto enfrentarse al diseño de un aeropuerto: son algo así como la catedral moderna y simboliza el ‘no-lugar’, puesto que cuenta más como transición al desplazamiento que como espacio habitado. Ricardo Bofill aceptó de buen grado el reto, puesto que la Terminal 1 constituye la puerta de entrada a Barcelona de 25 millones de pasajero al año, ¡ todo un escaparate gigantesco! Fue diseñado con cierta forma metafórica: “entre un avión y un pájaro -explicó el propio arquitecto en la presentación del proyecto-, aunque las metáforas en arquitectura no pueden ser exactas". El resultado es un edificio que suma a su carácter internacional y multicultural la luminosidad de la arquitectura mediterránea, permitiendo al pasajero tener visión del entorno del delta del Llobregat y del mar. El blanco, los lucernarios y el uso del vidrio son amplificadores de la luz natural en uno de los aeropuertos más luminosos del mundo.

 

iStock-MACBA. ¡Hágase la luz!

Foto: iStock

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¡Hágase la luz!

(Plaça dels Àngels, 1)

Ya en 1989 se presentaba el proyecto de Richard Meier como un edificio moderno que buscaba la relación directa con su entorno urbano más inmediato. Hoy basta pasearse una tarde por los alrededores para comprobar que el objetivo se logró de sobras. El audaz edificio, que responde a la personal interpretación formal del racionalismo del estadounidense, se convirtió en símbolo de Barcelona en la época de  Pasqual Maragall. El concepto buscaba traer luz al barrio del Raval. Se logró combinando volúmenes rectos y curvos en radical blanco y dejando pasar la luz exterior al interior a través de galerías abiertas, grandes lucernarios, aberturas, rendijas en los muros y los lucernarios de la cubierta. Así, algunos forjados se separan de la línea de la fachada y de los cerramientos permitiendo la continuidad de la luz cenital. Miquel Barceló, Jean Michel Basquiat, Miguel Ángel Campano y Antoni Tàpies son algunos de los artistas que reciben la luz natural en la colección del MACBA.

Edificio de Apartamentos Valencia-AGE. El edificio ye-ye

Foto: AgeFotostock

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El edificio ye-ye

(Calle Valencia, 384)

Entre los años 50 y 70 del siglo pasado parecía que cualquier cosa podía ser. La libertad era radical en todos los aspectos, también en la arquitectura, y así fue como las ciudades europeas se convirtieron en laboratorio de experimentación del llamado brutalismo arquitectónico. Barcelona no fue la excepción. Pero tal vez sea el Edificio de Apartamentos Valencia, de Mario Catalán, el máximo exponente de aquella época, alimentada por las ordenanzas del alcalde Porcioles, que dio prácticamente total libertad para construir. El resultado en este caso fue un edificio entre espacial y ye-ye en el que destacan sus ventanas cilíndricas superpuestas sobre el plano rectangular y oscuro de la fachada. Para el periodista Permanyer, como señala en su libro La Barcelona lletja, es una construcción que nunca se debería haber permitido, pero lo cierto es que hoy es uno de los edificios más ‘instagrameables’ de la arquitectura contemporánea barcelonesa.

Acceso a Caixa Forum de Barcelona. Un acceso Pritzker

Foto: AgeFotostock

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Un acceso Pritzker

(Av. Francesc Ferrer i Guàrdia, 6-8)

De  fábrica propiedad de Casimir Casaramona i Puigcercós, industrial algodonero, especializado en la confección de mantas y toallas a uno de los centros culturales principales de Barcelona. La Fundación "La Caixa" adquirió en 2002 el edificio diseñado por Josep Puig i Cadafalch, uno de los arquitectos más destacados del modernismo catalán. La rehabilitación y adecuación para el CaixaForum Barcelona es de libro. Destaca el acceso al vestíbulo desde la calle del que se encargó el recientemente galardonado con el premio Pritzker, Arata Isozaki. Dos grandes árboles en acero cortén que sostienen una cubierta de vidrio de carácter escultórico, conocida por “Tetsuju” (árbol de hierro). Para el resto de la intervención, halló su principal inspiración enfrente mismo del Caixaforum, en el pabellón alemán que diseñó Mies van der Rohe para la Exposición Universal de 1929. El contraste y diálogo entre los dos edificios es absoluto.

 
Casa Bloc-comendor-Lourdes Jansana- DHUB. Un loft de los años 30

Foto: DHUB

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Un loft de los años 30

(Passeig de Torras i Bages, 101)

La Casa Bloc es uno de los ejemplos paradigmáticos de la primera arquitectura racionalista en Cataluña, firmado por miembros del GATCPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea). Es un dúplex que mide 60 m², situado en el bloque 2, planta 1, puerta 11 para obreros de los años 30 (por aquel entonces, más de 50.000 personas vivían hacinadas en barracas). Y sin embargo, la calidad del programa y su diseño harían palidecer a muchas de las promociones actuales. Minimalismo, luz natural y ventilación, espacios comunes, vecinos, funcionalidad de espacios. En pocas palabras: la democratización de una arquitectura de calidad. La Guerra Civil truncó el proyecto de la GATCPAC: se cambió estructuralmente y, en lugar de obreros, fueron a vivir allí familias de militares, pero actualmente, se puede visitar la vivienda 1/11 de la Casa Bloc, reconvertida en un piso-museo y gestionado por el Museo del Diseño de Barcelona.

Palau Sant Jordi en Barcelona. Símbolo olímpico

Foto: AgeFotostock

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Símbolo olímpico

(Passeig Olímpic, 5-7)

El Palau Sant Jordi es el edificio más significativo de la Barcelona de los Juegos Olímpicos y el más popular -tras su inauguración se celebraron jornadas de puertas abiertas y asistieron casi 300.000 ciudadanos-. Una vez más, Arata Isozaki hizo confluir Oriente y Occidente en el plano arquitectónico. Se inspiró en el mar Mediterráneo, que se ve representado en el faldón perimetral de chapa que lo envuelve, mientras que la cubierta recuerda tanto a los templos budistas como a la bóveda de la arquitectura catalana. Sin duda, la cubierta es el elemento principal. Construida a nivel del suelo, aún hoy en día muchos recuerda el time-lapse de los diez días que una técnica de potentes gatos hidráulicos necesitó para colocarlo en su lugar.

 
Pavelló de la República-CC. El primer museo para El Guernica

Foto: CC

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El primer museo para El Guernica

(Av. del Cardenal Vidal i Barraquer, 34)

Que la arquitectura es fiel testimonio de cada época es algo evidente con este maravilloso edificio reconstruido en 1992 con motivo de los Juegos Olímpicos. Se trata del antiguo Pabellón de la República, construido para la Exposición Internacional de París de 1937. Concebido por el filósofo José Gaos, comisario general de pabellón, el pintor Josep Renau y el escritor Max Aub, los arquitectos Josep Lluis Sert y Luís Lacasa, y con producción audiovisual a cargo de Luís Buñuel, el edificio se convirtió en un altavoz de la trágica situación política que se vivía en el país con la Guerra Civil. La confrontación condicionó el proyecto, que se construyó en tiempo récord con materiales económicos. El resultado fue un pabellón vanguardista con altas dosis de dramatismo emocional que albergó como pieza clave El Guernica de Picasso.

Roca Barcelona GalleryAGE. El anuncio hecho edificio

Foto: AgeFotostock

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El anuncio hecho edificio

(Carrer de Joan Güell, 211)

El estudio OAB de Carlos Ferrater es el autor del Roca Barcelona Gallery, un edificio que funciona como emblema de la marca. Desde un inicio se proyectó siguiendo una decidida estrategia de comunicación cuya pieza fundamental debía ser la fachada. Se optó por el vidrio como material envolvente, funcionando al modo de un caleidoscopio urbano. Hay que visitarlo de día y de noche, desde dentro y desde fuera, para ver el efecto. Sorprendentes efectos visuales distorsionan en interior desde la calle, mientras que una vez dentro, la experiencia interior se remata con unas vistas rotas de la calle, de los coches, de los peatones y de los edificios que lo rodean. De noche, una espectacular instalación de iluminación recrea el efecto de una cortina de agua: un gran cubo azul que aparece misterioso en la ciudad.

 
Fundacio-Mies van der Rohe. Los viejos rockeros nunca mueren

Foto: Fundació Mies van der Rohe

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Los viejos rockeros nunca mueren

(Av. Francesc Ferrer i Guàrdia, 7)

No destaca al modo monumental. Pero es que el enfoque de Ludwig Mies van der Rohe para el pabellón que debía representar a Alemania en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 fue mucho más sutil. El resultado fue un éxito incontestable que lo llevó a ser reconstruido por iniciativa de Oriol Bohigas en 1988 y a estar considerado como uno de los clásico indiscutibles de la arquitectura contemporánea. La experiencia del espacio conmueve a cualquiera. El uso de los materiales -vidrio, acero y cuatro clases de mármol- está supeditado a transmitir el ideal de modernidad, mientras que el uso exacto de las proporciones horizontales y de la estructura del edificio buscan replicar la ingravidez,  asegurando una absoluta fluidez entre el interior y el exterior del edificio.

 

iStock- Pez dorado-Gehry. Buscando a Nemo

Foto: iStock

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Buscando a Nemo

(Carrer de Ramon Trias Fargas, 2)

Corría 1992 y Barcelona necesitaba de un artefacto arquitectónico que se convirtiera en icono de la recuperada fachada marítima. La ciudad escogió a Frank Gehry para encargarle el proyecto. El Pez dorado de Gehry, que, realmente, fue concebido como un sombrero de samurái ubicado junto a las torres Arts y Mapfre se ha convertido en un símbolo del Puerto Olímpico: parece flotar sobre el Mediterráneo y sus escamas reflejan el brillo dorado del sol. El caso es que esta escultura monumental es clave en la obra del arquitecto, pues fue la primera ocasión en la que empleó la tecnología informática para trazar las complicadas estructuras curvilíneas y formas asimétricas que le dan fama y que ha llevado casi hasta el límite en la Fundación Louis Vuitton o en la Bodega de Marqués de Riscal.

iStock-Mercado de Santa Caterina. Los colores del mercado

Foto: iStock

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Los colores del mercado

(Av. de Francesc Cambó, 16)

Como una muñeca matrioshka, el edificio se asienta encima del antiguo mercado de Santa Caterina, que a su vez se levantó sobre las ruinas del Convento que lleva su nombre. Este hecho, cómo las capas de usos se superponen en un espacio tan estrecho, motivó a Enric Miralles quien, junto a Benedetta Tagliabue, firmó el proyecto de rehabilitación -tal vez el más popular de su corta trayectoria-. La propuesta para el nuevo Mercado de Santa Catalina supo incorporar la nueva arquitectura sobre la vieja, mezclandolas con un resultado que equilibra la utilidad con la brillantez contemporánea. La verdadera protagonista del nuevo mercado es la cubierta, que funciona casi como fachada principal: es ondulada -todo un reto para el ingeniero del proyecto- y estalla en colores como si los alimentos del interior formaran una atractiva piel.

iStock-MACBA

Barcelona después de Gaudí

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