¡Hola, Miguelón!

Sólo 180 habitantes para uno de los mejores grafitis del mundo

Este pueblo salmantino vuelve a destacar en el panorama mundial del arte urbano gracias a un espectacular grafiti de 1650 m2.

Garcibuey es una pequeña localidad salmantina que podría llegar a pasar desapercibida si se va de camino a esas otras localidades de la Sierra de Francia que sí están en el mapa turístico porque tienen más monumentos o más historia. Y sin embargo, sería una grave equivocación no dedicarle tiempo. Está entre encinas, robles, olivos, castaños, madroños y huertos, pero el radical atractivo de Garcibuey es el resultado de haber escogido el arte como motor de desarrollo rural y dinámica contra la despoblación. Ahora, una de sus obras de arte está nominada entre los mejores grafitis del mundo.

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Foto: Corchadophotos

Historia del tritón de garcibuey

Al abuelo de Miguel Martín Andrés le conocían en el pueblo como Miguelón; así que ahora resulta lógico que a él le llamen Miguelín. Fue a Miguel a quien se le ocurrió en 2019 llenar el pueblo de grafitis. “La Mancomunidad de la Sierra de Francia tiene una naturaleza importante, arquitectura  y conjuntos artísticos que atraen bastante turismo, pero lo de Garcibuey es un aliciente diferente a lo que te encuentras en Miranda de Castañar o San Martín, por ejemplo…”, explica a Viajes National Geographic

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Paseando por las calles de Garcibuey se puede ver diferentes murales inspirados en vendimiadores, en las cerezas, el bordado serrano, en los lobos… Hay uno, una reproducción artística de una fotografía antigua de 1945 realizada durante los bailes de las Fiestas Cristo del pueblo, en el que algunas vecinas gustan buscarse hoy ya ancianas pero aún con memoria. Todos estos murales son el resultado visible de Graffitibuey, un festival que contó con el apoyo incondicional tanto del pequeño ayuntamiento como del resto de vecinos desde el primer momento. 

“En realidad, en aquel momento yo no tenía ni idea de arte, ni conocía a artistas, pero se me ocurrió celebrar un encuentro internacional para crear un atractivo en el municipio. Hicimos un llamamiento y tuvimos suerte…  La respuesta fue muy positiva, sobrepasamos las expectativas”, cuenta Miguel.

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En aquella primera edición, acudieron quince artistas. Casi sin infraestructura, se las apañaron para alojarlos, alimentarlos e inspirarlos con sus historias del pueblo. Algunos voluntarios fueron a recoger en sus coches particulares a los participantes hasta Salamanca —a unos 70 kilómetros de la ciudad, actualmente la comunicación por carretera se limita a un servicio de autobús bajo demanda, operativo dos días a la semana a las 8 de la mañana y a las 17h de la tarde—. “Algunas vecinas —recuerda Miguel— se dedicaron a los fogones para dar comida a los participantes… Fue un movimiento vecinal, todo el mundo aportó lo que pudo: en el pueblo se creó un sentimiento”.

 

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Fotos: Street Art Cities

Ahora, para esta tercera edición se ha dado un paso más con la realización de un gran mural en el estanque de La Palla que pronto cumplirá 100 años. “Ha sido la obra más compleja de las realizadas en todas las ediciones del festival. Ha hecho falta medios técnicos como un dron para poder hacer el seguimiento del mural, hacer el marcaje, encaje de la obra en el sitio, la cantidad de material que ha necesitado…”, relata Miguel.

Enclavado en el paraje del Collao, encrucijada natural entre la Sierra de Francia y Las Quilamas, lugar popular de ocio y recreo —quién más, quién menos, se ha refrescado en el embalse, confiesan los del pueblo, y el Chiringuito El Collao, con un sol en Guía Repsol, tiene su tirón en los días de buen tiempo—, se encuentra el trabajo del artista Sea162: un magnífico tritón jaspeado, entre mítico y galáctico, pintado en una superficie de 1650 m2, lo que lo convierte en uno de los murales más grandes de Europa

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Foto: Corchadophotos

 

Desde las alturas celestes, los buitres de la cercana buitrera de Garcibuey pudieron ver durante las últimas semanas de marzo del año pasado una mancha minúscula que se movía pegada a su sombra, dibujando lentamente una serie de símbolos y líneas en blanco sobre un lienzo azul perfecto. Eran los primeros compases de El Tritón Miguelón, que así ha titulado la obra Sea162. Miguelón, en recuerdo al abuelo de Miguel (Miguelín), pero también, tal como aclara él mismo, “en homenaje a todas esas personas que en los años 50 con muy pocos medios pudieron construir este estanque y hacer regadío y poner en valor las tierras del municipio”. Y un tritón porque es habitual verlos en el entorno natural del río.

“Hay todo un diálogo entre la obra y Garcibuey, lo primero con la estructura del soporte donde pinto y luego, con la simbología y la vida del pueblo. La obra surge de un diálogo con la gente del pueblo” (Sea162)


“Ahora me pillas que recién he acabado de pintar en una cantera de granito”, dice Sea162 al responder a la llamada de Viajes National Geographic.… Cuando pinta en el exterior, sus obras son siempre de gran tamaño, mimetizándose con el entorno gracias a los pigmentos naturales que suele usar, tal como se puede observar en su actual proyecto de investigación artística Entre tierras, con el que conecta los lugares con obras y materiales para poner en valor los recursos naturales que encuentra en las zonas donde se ubican sus intervenciones. “Con el tritón no fue así —aclara para que no haya malentendidos—, no hubo pigmentos naturales porque el depósito contiene agua. En este caso fueron los responsables de la Comunidad de Regantes quienes me indicaron el material adecuado para poder usar el agua sin ningún tipo de problema para la salud”.

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Foto: Corchadophotos

El tritón Miguelón está vivo. Son dos millones y medio de litros que están entrando y saliendo del embalse constantemente y eso hace que haya una interacción entre la naturaleza y el grafiti. “Hay días que hace viento y se ve ondulado, cuando hay tormenta y entra el agua turbia, el tritón parece esconderse”, explica Miguel. 

“¿El futuro? pues es un pueblo pequeño y no hay mucha fachada”, reconoce Miguel, a la vez que apunta hacia el land art, el arte efímero -“que sea biodegradable y que no dañe la naturaleza”- y la escultura como opciones para seguir desarrollando nuevas ediciones del Graffitibuey. Que sigan los éxitos. Tal vez, el Tritón Miguelón se haga con el título a mejor grafiti del mundo este 2024. Entonces, seguro que no faltará el tinto de Soto de Perahigos para celebrarlo como toca. 

 

  • El grafiti de todo un pueblo. Agradecimiento de Miguel Martín Andrés: “Un reto para el que hemos contado con el apoyo del anterior alcalde, de Diputación y la Junta; los pintores locales que dieron el fondo de la pintura, Mariano y Lorenzo; el madrileño Nulone; gente del pueblo, Javier y Sergio. Hay que añadir a los del chiringuito que dieron de comer a los artistas y ayudantes; al tamborilero el mariquelo; a los de la bodega y a Toni y la Ruta del vino Sierra de Francia Algún día que llovió subimos a poner una lona para que pudiera seguir trabajando, Todo esto es posible gracias al trabajo y apoyo de mucha gente. Espero no dejarme a nadie...”