'Tagskryt' a lo austriaco

Tirol sobre raíles: un viaje en tren por el corazón verde de Austria

Esta ruta por ciudades, valles y altas montañas es la mejor forma de iniciarse en el 'tagskryt', el orgullo de viajar en tren.

Justo antes de que la pandemia supusiera un punto y seguido en la vida y en los viajes, en Europa empezaba a ganar terreno el concepto sueco tagskryt (orgullo de viajar en tren). Se inspiró en los esfuerzos de la activista Greta Thunberg, quien desde el principio se subió a los ferrocarriles para acudir a sus citas con los grandes actores políticos, económicos y mediáticos del Planeta consiguiendo dos efectos a la vez: uno, minimizar su huella de carbono en los viajes y dos, poner en evidencia a todos los que para tratar problemas medioambientales acudían a los foros en sus jets privados.

Para iniciarse en ese tagskryt que ya es tendencia en el norte de Europa, hay un punto en el mapa que es muy propicio para ello: el Tirol, pues el territorio cuenta con una extensa, eficaz y relativamente económica red ferroviaria, la ÖBB (Österreichische Bundesbahnen), con la que es posible conectar las principales localidades austríacas entre sí y éstas a su vez con otras ciudades europeas.

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Kufstein

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Primera parada: Kufstein, la perla del Tirol

Kufstein, situada en el extremo nororiental del territorio tirolés puede ser un buen inicio de ruta sobre raíles por el más montañero de los rincones austríacos. De un primer vistazo y antes incluso de bajar del tren, a Kufstein ya se le intuye el sello puramente alpino: tiene un background de picos nevados (son los imponentes montes Kaiser), un río de origen glacial que la atraviesa y un perfecto castillo medieval que domina la escena desde un alto. Los folletos turísticos de los años 70 vendieron Kufstein como "La Perla del Tirol" algo que contribuyó a su fama, pero también a la excesiva idealización de un alstadt en el que abundan los restaurantes tematizados y las tiendas de recuerdos que venden desde cosmética artesanal hasta vestidos dirndl.

Hall in Tirol

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Segunda parada: la siempre medieval Hall in Tirol

A una hora en tren viendo desde la ventanilla el curso del río Inn, se llega a otra de esas localidades tirolesas icónicas: Hall in Tirol. A la vista está que fueron los ricos mercaderes, la aristocracia y la Iglesia quienes modelaron a su conveniencia esta villa idílica colmada de palacetes e iglesias barrocas. Su prosperidad en época medieval se debió al comercio de la sal que desde aquí se exportaba a otros puntos de Austria, Suiza y más allá; recibió el estatus de ciudad en 1303, el derecho de acuñar moneda y tras aquello incluso fue testigo de bodas reales, concretamente la de todo un emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano I, con Blanca María Sforza.

Innsbruck

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Tercera parada: Innsbruck, la capital tirolesa

Este mismo regente fue precisamente uno de los responsables de que Innsbruck (a 20 minutos en tren desde Hall in Tirol) sea una ciudad de solemnidad y boato. A la capital tirolesa —vestida de lujo desde que el monarca y su progenie la escogieran como lugar de veraneo— se viene por sus múltiples atractivos culturales a saber el Castillo de Ambras, el Palacio Imperial y su Iglesia de la Corte entre otros, pero sobretodo por la extrema facilidad de acceso a las cercanas cumbres alpinas. Desde el mismo centro urbano se puede subir a la cordillera Nordkette gracias a un funicular diseñado por la arquitecta Zaha Hadid que en pocos minutos le deja a uno a 2.334 metros de altitud. Ya en el alto hay decenas de opciones senderistas desde Hungerburg y Seegrube, dos impactantes vías ferratas, una vertiginosa pista de descenso ciclista en verano y (durante los meses más fríos) una de las pistas de esquí más verticales de toda Europa —la Hafelekarrinne— que tiene un desnivel del 70%. Justo en la cara opuesta, al Sur de la ciudad, otro hito del deporte (y de las vistas panorámicas con café y pastel) son las instalaciones del trampolín olímpico de Bergisel, también diseñadas por la anglo-iraquí Hadid.

Ötzal

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Cuarta parada: El valle de Ötz

Desde Innsbruck se puede llegar a un buen puñado de valles bucólicos presididos por las cumbres de los Alpes, prados salpicados de vacas y cabañas de madera donde se sirve la generosa cocina tradicional tirolesa. Hay que bajarse en la estación de Ötzal (a unos 25 minutos en tren) y desde allí moverse en autobuses, bicicleta o a pie para adentrarse en el valle de Ötz, enclave de rafting glorioso y hogar de la montaña más alta del Tirol, el Wildspitze, de 3.774 metros. Otras opciones accesibles en tren para el senderismo entre coníferas son los valles de Stubai y de Ziller con cientos de kilómetros de caminos andables y ciclables de fotogenia incontestable. Por este último, además, circula el Zillertalbahn, un tren de vapor que une las localidades de Jenbachm y Mayrhofen, ya a los pies del glaciar Hintertux. Tagskryt en estado puro.

Tirol