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Titilaka, el hotel donde sumergirse en el lago navegable más alto del mudo

El lago Titicaca pone el telón de fondo a una experiencia única y muy genuina en este alojamiento que conecta el confort con el legado inca.

A 3812 metros sobre el nivel del mar, una parte del territorio que separa Bolivia de Perú está dividida por la frontera natural del lago de agua dulce navegable más grande de América del Sur y el más alto del mundo: el Titicaca. Un lugar considerado sagrado para el pueblo Inca y una visita convertida en indispensable para cualquier viajero que se lance a descubrir el territorio peruano de lleno.

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Mirando a los Andes

Vistas del hotel Titilaka desde el muelle © Elías Alfageme

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Mirando a los Andes

A orillas de este lago, entre la vegetación de la estepa andina y el reflejo del potente azul del cielo sobre sus aguas, se encuentra ubicado en una península privada el hotel Relais & Châteaux Titilaka. La tranquilidad de este entorno de los Andes centrales, la naturaleza que le rodean y las excursiones que ofrecen para conocer las islas del lago y la posibilidad de cruzar a Bolivia son sus grandes atractivos.

A la orilla del lago

Lago Titicaca © Elías Alfageme

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A la orilla del lago

Titicaca, Titiqaqa en idioma aimara, es la unión de dos palabras -titi, “gato salvaje” y qaqa, “cabello cano”-, y hace referencia al gato andino gris, un pequeño felino que puebla estos lares. Un juego de palabras que también realizan con el nombre del hotel y que hace recordar a los visitantes de forma constante dónde se encuentran: en uno de los parajes naturales más interesantes y potentes a nivel natural, cultural e histórico del mundo.

Bajo el sol de Puno

Terraza del hotel Titilaka © Elías Alfageme

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Bajo el sol de Puno

Ver las luces del amanecer y el atardecer reflejando sobre el lago Titicaca son una de las grandes sorpresas que esconde este hotel. La península privada en la que se encuentra Titilaka, cuenta con acceso directo al lago y con la posibilidad de salir a recorrer sus alrededores ya sea a pie, en bicicleta o en barco, permitiendo a los visitantes conocer de lleno la cultura milenaria de los habitantes de esta zona.

Y es que sobre sus aguas, y en sus alrededores, se encuentran diversas comunidades ancestrales cuya cultura está protegida por la UNESCO. Sociedades que todavía a día de hoy viven y trabajan como lo hicieron sus antepasados, convirtiendo esta zona en uno de los destinos más emocionantes del Perú.

Culturas ancestrales

© Elías Alfageme

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Culturas ancestrales

Las Islas Flotantes de los Uros son un conjunto de, aproximadamente, 80 islas construidas con totora, una de las especies de vegetación acuática más características de esta zona. Este junco, que crece a orillas de este lago, se ha utilizado desde hace siglos no solo para alimentar a su ganado, si no también para construir embarcaciones, casas o techos, pero lo más impactante es que la superficie de cada una de estas islas construidas para protegerse de diversas tribus beligerantes está hecha de totora.

Allí viven los Uros, una de las culturas más antiguas del continente americano. Su economía se basa en la pesca, la caza y la elaboración de tejido y tapices de lana de alpaca, además de realizar recorridos turísticos a todo aquel que quiera profundizar en su cultura. Esta es una de las excursiones que se ofrecen desde el hotel Titilaka, un recorrido de un día en barco saliendo desde su propio embarcadero para descubrir de lleno los usos y costumbres de esta zona.

Excursión a Taquile

Mujeres tejiendo en la isla de Taquile © Elías Alfageme

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Excursión a Taquile

Otra de las excursiones a realizar desde el hotel y en su propio barco es la visita a la isla de Taquile, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por su mantenimiento de las costumbres ancestrales del tejido a pesar del paso del tiempo.

Esta isla, que es una de las más grandes del lago Titicaca, es tierra de tejedores desde tiempos inmemoriales. Su tradición se remonta a las antiguas civilizaciones inca, pukara y colla, manteniendo vivos elementos de las culturas andinas prehispánicas. Hombres y mujeres se dedican desde pequeños al tejido. A los tres años el primer regalo que reciben son unas agujas de tejer y es así como comienzan a practicar hasta controlar este arte a mano y en telar a la perfección. Gorros con y sin orejeras, cinturones, mantas, guantes o cojines son algunas de las cosas que tejen con la lana de ovejas y alpacas y el motivo de que muchos turistas se desplacen hasta allí para conocer esta artesanía.

salon

Salón del hotel Titilaka © Elías Alfageme

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Comerse lo local

La gastronomía es uno de los puntos fuertes del hotel Titilaka. Los productos de la zona, provenientes de huertos cercanos y proveedores de los alrededores, son la base de una carta creada por la cocinera María Fe García. Platos de corte local como el chupe de quinoa, la trucha, el chicharrón de alpaca, quinotto de setas de la zona o la pachamanca, son algunas de las elaboraciones que pueden descubrirse en un menú que ha sido inspirado por la belleza etérea del lago Titicaca.

Fuerte compromiso social

Trabajador a orillas del lago Titilaka © Elías Alfageme

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Fuerte compromiso social

Una de las grandes filosofías del hotel Titilaka es su compromiso social con el lugar en el que se encuentran y las comunidades que lo habitan, es por eso por lo que tratan de trabajar y fomentar el desarrollo económico sostenible para con las localidades que lo rodean. Lo hacen a través del ofrecimiento y la formación de empleos en el hotel, pero también de las actividades y excusiones que se realizan en las islas de los alrededores. Tres cuartas partes de su equipo proceden de estas comunidades y gran parte de los textiles andinos que se encuentran en el hotel provienen de los núcleos que se dedican a su trabajo en esta zona.

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