Informe Viajes National Geographic

Las claves del turismo post COVID-19

Especialistas de distintos ámbitos reflexionan acerca de cómo se viajará después de esta crisis.

El planeta parecía que giraría eternamente impulsado más por el turismo que por la propia gravedad del sol —o tal vez se trataba de que el turismo era el nuevo sol—. Hasta que llegó la COVID-19 y dejó de girar: Venecia sin turistas en los canales, un Time Square vacío, cielos sin aviones, fronteras cerradas, más de un tercio de la población mundial confinada, mirando el mundo a través de la ventana, o de la pantalla. Ahora los países anuncian tímidos planes de desescalada, la vuelta a una “nueva normalidad”, ¿pero qué sucederá con el turismo?, ¿cómo será viajar después de la pandemia? La incertidumbre económica y la falta aún de protocolos oficiales y consensuados con Europa lleva a las previsiones futuras al territorio de la ciencia ficción. Para dar un poco de luz sobre cuál es el escenario, Viajes National Geographic ha preguntado a especialistas en distintos ámbitos.  

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Las claves del turismo post COVID-19

Quédate en España

Una situación sin precedentes

Hasta la llegada de la crisis sanitaria, España era la segunda potencia turística mundial. Recibió 83,7 millones de visitantes extranjeros en 2019, sólo superado por Francia. Así que el turismo no es sólo ese invento amable que ayuda a cumplir los sueños de millones de personas, sino que su incidencia en la economía es real, tanto que en España representa un 12% del PIB y da empleo a 2,6 millones de personas (según datos del INE).

“El impacto será dramático”, aventura Philipp Weghmann, Vicepresidente Ejecutivo - Europa de Preferred Hotels & Resorts, que hace hincapié en que la situación aún dependerá de varios factores que todavía no se han concretado, como cuándo se abrirán las fronteras de los países, qué rutas volverán a operar las aerolíneas y a qué precio, protocolos de seguridad y protección para los viajeros o qué hoteles podrán funcionar con ocupaciones bajas sin tener que cerrar. También Catiana Tur, gerente de ACAVE, la asociación que aglutina a la mayoría de agencias de viaje de España, coincide en el análisis de la extrema gravedad económica del momento. Explica que con el estado de alarma decretado, la actividad de la mayoría de las agencias de viaje españolas se encuentra totalmente paralizada y ella aventura que el impacto económico “será muy importante”.

La situación para las compañías aéreas no es mucho mejor. IATA calcula que la pérdida para el PIB español por la inactividad del sector aéreo supondrá hasta 55.000 millones de euros. Como ocurre con otros agentes de la cadena de valor del turismo, en el sector aéreo tampoco hay precedentes a los que acudir como referencia. Ni siquiera con los cierres de los espacios aéreos que ocurrieron tras el atentado del 11 S o la erupción del volcán Eyjafjallajökull en 2010. “Ahora mismo, el sector está en una situación de supervivencia. La actividad en muchas compañías —explica Carolina Herrero, responsable de comunicación de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA)— se ha paralizado por completo, con hasta un descenso de más de un 95 % en España. La única actividad se reduce al transporte de mercancías sanitarias y repatriación”.

Quédate en España

España y turismo nacional: los nuevos desafíos. 

Turismo nacional vs turismo internacional

Precisamente, el sector aéreo parece ser la clave de la reactivación del turismo tras el coronavirus, ya que se calcula que en 2018 hasta el 80 % de los turistas internacionales llegaron a España en avión. Son los millones de turistas provenientes de mercados emisores como EEUU, China o Japón, los que llenan los hoteles, los restaurantes y visitan los museos en España.

Por ejemplo, “alrededor del 60% del público del Museo Reina Sofía son extranjeros”, señala Manuel Borja-Villel, director de la entidad. En ese sentido, “la reducción de las visitas de estos usuarios va a ser drástica para los museos”, adelanta el director del Museo Reina Sofía, quien asegura que la fórmula para paliar este importante déficit, deberá pasar necesariamente por ajustar las actuaciones a los medios disponibles. “Lo que es evidente —concluye— es que va a suponer un revulsivo en las prácticas museísticas. El sistema del arte ha pecado, como el resto de la sociedad, en centrarse demasiado en los resultados cuantificables y menos en las personas, así que habrá que reformular todo y centrarnos más en otros aspectos”.

El sistema del arte ha pecado, como el resto de la sociedad, en centrarse demasiado en los resultados cuantificables y menos en las personas, así que habrá que reformular todo y centrarnos más en otros aspectos.

Parece ser que sin movilidad internacional no podrá haber turismo de ninguna clase, ni de sol y playa ni cultural. “Si el sector aéreo cae, caerá todo el turismo y la recuperación económica será muy complicada”, sentencia Carolina Herrero. En esa dirección también van los esfuerzos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo de España. La ministra Reyes Maroto, ha sido la principal impulsora de un reciente Plan de Recuperación europeo para apoyar al sector turístico. Uno de los principales puntos que trata dicho plan es el establecimiento de protocolos homogéneos para garantizar una movilidad segura en un marco europeo consensuado.

Vilanova

Conseguir que haya una movilidad segura y libre de COVID-19 es la clave para una recuperación realista del turismo internacional. 

Sin embargo, se ha pasado del “quédate en casa” al “quédate en España las próximas vacaciones” como una suerte de solución inmediata para la recuperación del sector. Al respecto, son muchos los profesionales que llevan su punto de mira un poco más allá. “Está claro que el turismo de proximidad tendrá una relevancia especial —comenta Rosa Domínguez Galcerán, Jefa del departamento de Turismo de la Escuela Universitaria Euroaula—, pero sólo será parte de la solución. No hay que olvidarse de la demanda europea, que es la que llena los alojamientos españoles durante cinco meses al año”. Para esta turistóloga, lo que hay que comenzar a estudiar es cómo se recuperará la demanda tradicional sin que ello merme en la calidad del servicio y los precios.

En ese sentido, desde la Asociación de Líneas Aéreas apuntan que con el actual plan de desescalada presentado por el Gobierno, no se plantean comenzar a operar con tráfico nacional como mínimo hasta finales de junio o principios de julio. Para ello, será importante recuperar la confianza, no sólo del sector aéreo, sino de España como destino seguro. “Barajamos distintos escenarios con autoridades sanitarias, e implementaremos todos los protocolos sanitarios que las autoridades establezcan”, explica Carolina Herrera. Se barajan varias hipótesis, como establecer en el aeropuerto zonas esterilizadas libres de la COVID-19, controles que garanticen la seguridad sanitaria en todo el proceso aeroportuario y facilitar todas las gestiones online, incluso no se renuncia a un pasaporte viral.

Los viajeros ahora podrán ser aún más exigentes en sus elecciones de aerolíneas, cruceros, apartamentos, hoteles y otros proveedores

A pesar de la compleja situación, Philipp Weghmann encuentra un resquicio de optimismo. “Creo que la gente seguirá teniendo un profundo deseo de viajar —cuenta el directivo de Preferred & Resorts— y ahora podrán ser aún más exigentes en sus elecciones de aerolíneas, cruceros, apartamentos, hoteles y otros proveedores”.

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Las ciudades tienen ante sí el reto de acabar con el turismo de masas (también cultural).

¿El fin del turismo de masa y de las ciudades globales?

“No podemos ser nostálgicos con el pasado pre-COVID-19. Desde el 2008, las llamadas ciudades globales han dejado de ser espacios de diferencia para convertirse en artefactos inmobiliarios”, explica Andrés Jaque, arquitecto, comisario y pensador fundador de la Office of Political Innovation con sedes en Nueva York y Madrid. Para este especialista en innovación y construcción de las sociedades, las ciudades antes del coronavirus ya se enfrentaban a serios problemas, “haciendo vulnerables a los humanos”, apunta. Indica que el modelo a seguir es “el de las ciudades descarbonizadas, que incorporen un alto nivel de biodiversidad, con diversidad socio-económica y crecimiento limitado; que contribuyan a generar regiones de calidad medioambiental y social, que tengan modelos no contaminantes y que sean igualitarias en materia de impuestos, costes y recursos”.

El turismo tendrá que pasar forzosamente por la sostenibilidad y la proximidad para recuperarse. No sólo porque la crisis está forzando a ello, sino como apunta Rosa Domínguez Galcerán, “porque las nuevas generaciones de viajeros ya son diferentes”. Por ello, señala, que en cuanto se encuentren alternativas de crecimiento económico para la población local que vive del sector turístico, habrá que reducir las plazas de alojamiento y mejorar las infraestructuras en muchas zonas masificadas del territorio español. No sólo en cuanto al turismo de sol y playa, “cuando hablamos de turismo de masas también deberíamos referirnos al turismo cultural en algunas ciudades como París o Roma —prosigue—. Decididamente, deben cambiar las motivaciones e intereses del consumidor”.

Habrá que reducir las plazas de alojamiento y mejorar las infraestructuras en muchas zonas masificadas del territorio español

Es de la misma opinión Philipp Weghmann, para quien “menos vuelos, y posiblemente más caros, combinado con menores ingresos familiares disponibles, llevarán a una situación de menor turismo de masas”. Para este directivo, el turismo rural será uno de los beneficiados. Destinos muy accesibles, próximos y a los que se puede llegar en vehículo propio y en los que “los huéspedes pueden continuar practicando el distanciamiento social”, comenta. También destaca que ciertas tendencias previas a COVID-19 se consolidarán, como “por ejemplo, el ecoturismo seguirá creciendo. Spa, bienestar, yoga, meditación… serán una parte integral, o la única razón, de muchos viajes de placer. Los viajeros buscarán empresas que practiquen la sostenibilidad tanto en el medio ambiente como en la comunidad”.

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Lanzarote, un referente turístico en términos de sostenibilidad. 

¿Hacia un nuevo paradigma?

Siempre que llega una crisis, se debate sobre agotamientos de modelo y de la necesidad de innovar. Pero, tal como señala Rosa Domínguez Galcerán, ya hace mucho que el cambio estaba anunciado. “El primer aviso lo dio Thomas Cook —explica—, cuando sus clientes se hicieron mayores y dejaron de comprar viajes en sus tiendas”. El turoperador británico era el segundo mayor del mundo y el más antiguo, pero su quiebra en septiembre dejó imágenes de enormes colas de viajeros atrapados en aeropuertos de todo el mundo sin poder volver a casa.

Lo que ocurre es que la pandemia está acelerando los cambios. “Estamos en medio de una enorme transformación planetaria que no va a estar unificada. Ya están disputando dos modelos radicalmente diferentes en relación al turismo”, apunta Andrés Jaque. En estos momentos en que su oficina está planificando cómo desarrollar de reactivación social, cultural y política para la Ciudad de Shanghai y para la isla de Lanzarote, apunta que “la respuesta del turismo a la pandemia es un modelo nostálgico que busca la creación de burbujas de eliminación del riesgo”. Algo que, prosigue, “en el turismo se concretará en una extensión del modelo del resort a centros urbanos y a regiones premium”.

En cambio, el nuevo paradigma que defiende el director del Programa de Diseño Arquitectónico Avanzado de la Universidad de Columbia, es “un modelo de convivencia socioecológica, basado en el cuidado mutuo entre las comunidades humanas y el medio-ambiente. Dentro de este paradigma —prosigue, Andrés Jaque— el viaje dejaría de ahondar en una cultura de exotización, colonialismo cultural y explotación para convertirse en una actividad vinculada al mantenimiento de redes de afectos y de colaboraciones laborales, culturales y de activismo ciudadano a largo plazo”. Tal vez sí sea esta una nueva oportunidad de cambio. O tal vez, con la llegada de una posible vacuna, el planeta comience a girar de nuevo alrededor del sol del turismo como lo hacía no hace tanto.

El viaje dejaría de ahondar en una cultura de exotización, colonialismo cultural y explotación para convertirse en una actividad vinculada al mantenimiento de redes de afectos y de colaboraciones laborales, culturales y de activismo ciudadano a largo plazo.

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