Receta de una foto

La última Blancanieves en el Carnaval de Viareggio

Las carrozas y los desfiles son ideales para captar la esencia de esta festividad que llena las calles de medio mundo de alegría y de color.

No hay que llorar, que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando… Al ritmo de la canción de Celia Cruz vuelve de nuevo el carnaval, esa tregua en la que cada cual puede ser lo que quiera ser, y una oportunidad única para tomar sorprendentes imágenes. Un ejemplo es el de Venecia, que recibe miles de aficionados a la fotografía dispuestos a vivirlo como el reportaje iniciático, algo parecido al viaje a Islandia entre quienes sueñan retratar paisajes.

Pero en Italia existe otro carnaval considerado entre los más espectaculares del mundo. En Viareggio, desde 1873 las más fotogénicas carrozas desfilan frente al mar Tirreno, articuladas con mecanismos hidráulicos que las dotan de vida, igual que visiones que trasladan al fotógrafo a películas de animación japonesa, como El castillo ambulante de Miyazuki. Ante tanta magnitud, impresionado tras una jornada buscando imágenes a pie de calle, decide sentarse en la grada como quien está en el cine. Desde aquí, aislado en su burbuja, esperará el momento exacto en que la luz artificial, la del atardecer y las gigantescas esculturas se combinen para estremecer aún más, entre el bullicio y los destellos de los flashes. Momentos que bien podrían llamarse “la hora bruja”, a tenor de lo que va a descubrir.

Carnaval Viareggio

Foto: Gonzalo Azumendi

Carnaval Viareggio

La escena corresponde a la carroza 'La última Blancanieves', una gigantesca coreografía que recrea ese cuento para simbolizar en Blancanieves a la madre naturaleza, condenada por tanta explotación abusiva e irracional. Al igual que las fallas en Valencia, el carnaval siempre tiene su mensaje crítico o satírico, como este grito a favor del planeta que se llevó el premio de Viareggio en el año 2019. ¡Sí, 2019…el año anterior a que el mundo cambiase!

Tras dos temporadas sin celebraciones, el fotógrafo recuerda de nuevo el carnaval y rescata esta fotografía. Pero ya no la ve de la misma manera. Como en un código atemporal de los maestros constructores, su mensaje se ha actualizado desde que el planeta se paró, y al igual que una profecía de Nostradamus está llena de símbolos que hoy día cobran nuevos significados.

En la nueva lectura, la madrastra del cuento se protege con una máscara, mientras ofrece la manzana que, con cara de murciélago o quizás de pangolín, va a romper el mundo hasta ahora perfecto de Blancanieves. Ella parece en estado de shock, aturdida por el miedo que encoge, con los siete enanitos bailando ante la indiferencia de la gente, dispuesta a abrazar los pecados capitales pensando solo en el tiempo presente.

Resulta curioso que una imagen como esta, en apariencia sencilla, pueda sugerir nuevas lecturas guiadas por una historia actual y encajar. Por eso el relato es importante para elevar la foto. De este modo, igual que en los cuentos universales, el fotógrafo cargará la narración de angustia e incertidumbre hasta sentirse transportado a las pinturas del Bosco, con sus representaciones del averno y el mundo efímero de placeres terrenales.

Pero también es consciente de que los cuentos deben tener un final feliz, donde el bien triunfe sobre el mal. Así que imagina a Blancanieves confinada en su caja de cristal, igual que se siente él, deseoso de fotografiar de nuevo ese mundo sin fronteras que ya va recuperando. Reconoce en ese periodo una oportunidad de crecer, como una maduración necesaria para despertar y renacer. Blancanieves simboliza a toda la humanidad unida, esperando el beso del príncipe salvador para resurgir completada la pauta y fotografiar un mundo de máscaras… solo en carnaval.

Ingredientes:

  • Aprovechar la hora azul, el periodo tras la puesta de sol cuando el cielo recorre todas las gamas de este color antes de oscurecerse.
  • Un zoom permitirá seleccionar el encuadre relativamente, donde no es posible moverse.
  • Zoom 24-70 en 47 mm, 1/125, F5, ISO 800

Elaboración:

En ocasiones se consiguen espléndidas imágenes sin gran esfuerzo, como en este caso desde el mismo palco. Puede ser una cuestión de suerte, pero los apasionados por la fotografía siempre explorarán todas las perspectivas y rincones para encontrar el lugar donde situarse en el momento adecuado.

Evidentemente, los que estén en la misma grada conseguirán una fotografía parecida, porque estas carrozas son un regalo al alcance de todas las cámaras. Así que es importante aportar algo, para añadir misterio y llevar la imagen a otro nivel. Fundamental será elegir una luz que añada misterio a los personajes del cuento, y si se busca cumplir una función editorial, hay que incluir el contexto, donde se aprecie la celebración y las dimensiones. Pero en esa visión descriptiva, casi paisajística del acontecimiento, el fotógrafo trabaja además como un retratista que humaniza las figuras. Y es en la espera, persiguiendo la mejor expresión, cuando los ojos vacíos de la madrastra giran hacia él y se hace el silencio. Sobrecogido ante estos colosos que casi percibe reales en sus movimientos, elige ese momento para disparar conectando con las mismas emociones de los creadores de esta fantasía.

Retoque y Emplatado:

  1. Una vez ajustadas las luces y las sombras del archivo raw, controlar la saturación para que no salgan fuera de rango los colores.
  2. Con las herramientas Subexponer y Sobreexponer, resaltar las caras de las figuras para dar mayor dramatismo.