Poniendo orden

Venecia, en primera línea contra la masificación turística

En 2022 se espera que entre en vigor una nueva tasa para los visitantes de día, que se une a otras medidas para evitar la sobreturistificación.

Mantener Venecia en orden no es tarea fácil, sobre todo cuando (antes de la pandemia) en temporada alta miles de turistas desembarcaban a la ciudad y las calles principales se hacían prácticamente intransitables. Para eso existe una figura, los conocidos como ángeles del decoro, policías que se encargan de patrullar las zonas más concurridas para advertir a los turistas de sus malas prácticas, tales como sentarse en el suelo de Plaza San Marcos, hacer picnics en cualquier rincón o meter los pies en el canal.

Venecia no deja de aplicar medidas y parece que una nueva tasa turística llegará el año que viene. Según las autoridades, contribuirá a que la ciudad sea más sostenible tanto para los turistas como para los habitantes. En palabras del alcalde de Venecia, Luigi Brugnaro, "la nueva medida no rechaza ni impide la entrada a nadie, sólo que será más difícil entrar para aquellos que no reserven una habitación". En cambio, desde otros sectores afirman que es una solución antidemocrática y excluyente que además establece paralelismos con un parque de atracciones del que Venecia lleva tiempo tratando de huir.

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Venecia

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¿En qué consiste la tasa de aterrizaje?

Los ángeles del decoro llevan años advirtiendo e incluso multando con hasta 500 euros a los turistas como parte de las medidas para hacer de Venecia una ciudad más amigable, sobre todo para los locales. Estos personajes son controvertidos, como lo son la mayoría de medidas que toma Venecia para redirigir el turismo. Desde 2019, los medios de comunicación se hacen eco de una nueva tasa turística para los visitantes que no pernocten en la ciudad. Conocida como tasa de aterrizaje, tenía que entrar en vigor el julio pasado, pero a causa de la pandemia todavía no se ha puesto en marcha, aunque si todo va bien se espera que lo haga definitivamente el 1 de enero de 2022.

La tasa exige a los visitantes de día (muchos de ellos procedentes de los cruceros) pagar una cuota de entrada a la ciudad de hasta 10 euros. Para ello, deberán reservar un ticket a modo de acceso que partirá de los 6 euros, subirá a los 8 en días considerados rojos y llegará a los 10 en los llamados negros, cuando más afluencia de visitantes hay. Los turistas que pernocten en Venecia estanrán exentos de pagarla ya que las tarifas de los hoteles ya incluyen un impuesto, así como los residentes, estudiantes y niños menores de seis años, entre otras excepciones.

 

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Y es que no cabe ni un alfiler...

Todas estas medidas son consecuencia de la masificación del turismo o sobreturistificación, realidad que se da cada vez en más destinos. Pero la ciudad de los canales lleva demasiado tiempo soportando sus consecuencias: desde la pérdida de más de 100.000 habitantes (hace 50 años, aproximadamente 150.000 personas vivían en la ciudad; ahora quedan unos 53.000 residentes), hasta la llegada de unos 25 millones de turistas al año. Si bien los viajeros alimentan la economía de la ciudad, también son los principales contribuyentes a su mayor problema: la mala superpoblación.

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Cruceros: el gran problema a gestionar

Según la Autoridad Portuaria, antes de la pandemia, de abril a octubre unos 32.000 pasajeros de cruceros desembarcaban en la isla diariamente, mientras que en agosto, otros 465.100 visitantes llegaban a la ciudad para pasar solo un día, lo que se sumaba a todos los turistas que sí que pernoctan, según datos de la Agencia Nacional de Turismo.

Unas cifras que sobrepasan el límite de lo que Venecia puede soportar. Según estudios elaborados por Venice Project Center, la laguna tiene capacidad para aguantar hasta 55.000 turistas diarios o, lo que es lo mismo, un total de 20 millones anuales. Ante una situación de colapso, desde noviembre de 2017 el gobierno italiano aplicó la prohibición de que los cruceros de más de 100.000 toneladas dejaran de entrar por el Gran Canal de Venecia para desviarlos a Marghera, una zona industrial vecina.

Mientras que los cruceros causan daños ambientales, las visitas de apenas unas horas ponen a prueba la sobrecargada infraestructura de la ciudad. Asimismo, los alquileres baratos de Airbnb han aumentado el costo del alojamiento y las condiciones de vida de los locales.

iStock-917794968. Venecia no es el único caso

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Otros casos famosos

Sin embargo, Venecia no es la única ciudad que apuesta por medidas restrictivas: hace un año Dubrovnik limitó a dos el número diario de cruceros y empezó a promocionar destinos alejados del casco antiguo; en 2019 Viena lanzó la campaña Unrating Vienna para que la gente dejara de leer reseñas sobre la ciudad y no acabara haciendo lo mismo que el resto de turistas; desde hace años, Barcelona está en una constante lucha contra Airbnb; y el creciente número de visitantes de Ámsterdam hizo que la Junta de Turismo de los Países Bajos abandonara sus campañas de promoción turística para centrarse en la gestión del destino.

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