Cuestionario en modo avión

Verónica Sánchez: “Recuerdo los atardeceres de Chile, cuando el cielo se volvía de fuego"

La actriz, que se despide de 'Sky Rojo' con la temporada final de la serie ya disponible en Netflix, se revela como una gran viajera.

Meterse en las carnes de una prostituta huida de su proxeneta es la última hazaña interpretativa de Verónica Sánchez (Sevilla, 1977). El pasado 13 de enero, llegó a Netflix la temporada final de Sky Rojo. Una tercera entrega que promete una batalla final, entre las perseguidas y sus perseguidores, a la altura de una serie que ha alcanzado a 190 países del mundo entero.

Ese mundo que ella ha explorado tantas veces como ha podido. Y han sido muchas. De Japón (5 veces) a Chile (donde vivió en Santiago por trabajo) o India (que la descolocó, y mucho, a la vuelta). De Israel y su Mar Rojo, que exploró haciendo snorkel, hasta Islandia y los 2.700 kilómetros recorridos por carretera, el último de sus viajes. Y también de su Sevilla natal, pequeña y cercana, a la ciudad de Madrid, inmensa y ajena. O de las ilusiones de una joven aspirante actriz, recién instalada en el barrio de Tirso de Molina, al éxito de una profesional que ya suma dos décadas de solvente trayectoria (y tres nominaciones al Goya). Una que continuará creciendo tanto como las distancias que abarcará en sus nuevos destinos. El próximo: el río Yukón, de Canadá a Alaska. A canoa o en barco fluvial. Después, quizás lleguen Perú o México.

portadaVERÓNICA SÁNCHEZ copy Noemí Elías

Foto: Noemí Elías

VERÓNICA SÁNCHEZ copy Noemí Elías

Todo ocurrió en 2003. Debutaste con Al sur de Granada y triunfaste con Los Serrano. Siguieron otras series y películas, hasta que, de una década a esta parte, has focalizado tu actividad en las series. ¿Te han ofrecido más y mejores proyectos en este terreno?

La verdad es que sí. Empecé haciendo bastante cine y, de un tiempo a esta parte, me han empezado a llamar más de la televisión. En esta profesión una elige en ciertos momentos y, otras veces, es lo que te ofrecen, y me han estado ofreciendo más televisión que cine. También te diré que me han llegado personajes más interesantes.

Coral es uno de los personajes más alejados de ti. ¿También uno de los que te sientes más orgullosa por lo que tiene de reto?

Sí, es uno de los personajes más complejos que me han tocado. Y, por lo tanto, de los más difíciles y también de los más divertidos. Un personaje así te lleva a lugares inexplorados y te pone en jaque a nivel interpretativo. Al mismo tiempo, también me daba muchísima libertad, porque es muy poliédrico. Tiene demasiados personajes dentro por sus adicciones, por lo que es ella, por lo que aparenta ser y por todos sus cambios. Puede ser la más cerebral e inteligente, capaz de tramar el plan, pero también de destrozarlo en la misma secuencia, porque ese dolor que ella tiene dentro y que la lleva a esas adicciones la transforma en cualquier persona dependiendo de lo que se haya tomado. Y claro, eso te da muchísima libertad y capacidad de juego. 

La temporada final de la serie arranca en un pueblo pesquero y remoto, donde las tres protagonistas se ilusionan con una nueva vida. ¿Qué destino te ha descubierto el rodaje?

Grabamos en un pueblo de Almería, en San José, aunque en la serie no se menciona el nombre. Y luego, la parte de mar, como era invierno, la rodamos en La Manga del Mar Menor por el clima. En la tele y en el cine mentimos siempre. Por ejemplo, en la primera temporada estábamos en Tenerife y hubo partes que se rodaron en Segovia o Toledo.

¿Recuerdas algún otro lugar impactante al que te haya llevado alguno de tus trabajos?

Lo mejor de una película o una serie es cuando te lleva a un lugar en el que tienes la posibilidad de no ser turista porque estás viviendo en ese sitio durante un tiempo. En ese sentido, cuando fui a rodar a Chile (la película La lección de pintura) y estuve tres meses viviendo en Santiago, fue maravilloso. Y también todos los lugares que me descubrió la película, siempre a varios kilómetros de Santiago, en plena naturaleza. Recuerdo los atardeceres más impactantes justo allí, cuando el cielo se volvía de fuego. 

Antofogasta

Antofogasta

Verónica Sánchez recuerda los atardeceres de Chile

Foto: Istock
Tienes sangre andaluza, eres sevillana, pero vives en Madrid. ¿Qué añoras de tu ciudad natal?

Me ocurre que me adapto bastante bien a los sitios. Sevilla me parece una ciudad hermosa que ha hecho una apuesta por los ciudadanos. Se ha peatonalizado todo el centro, tiene kilómetros y kilómetros de carril bici… Es una ciudad que cada vez es más sostenible y con un casco antiguo bellísimo. Pero, si me preguntas qué echo de menos, te diré que a mis amigos y los recuerdos que tengo de cuando estaba estudiando arte dramático o en el instituto. Echo más de menos a las personas que los lugares. 

¿Qué te enamora de Madrid?

Aquí construí mi vida adulta. Todos mis comienzos tienen que ver con haber llegado a Madrid y emprender poco a poco este camino de la interpretación, que nunca sabes. Recuerdo la emoción del primer momento, esa sensación de estar perdida en una ciudad grande, muy grande para mí. Y también la soledad de pasear e intentar conocerla. Mi primera casa estuvo en Tirso de Molina y recuerdo bajar por la noche a tomar un café o un té sola y escuchar música, porque era mi única compañía. Y quedarme ahí mirando esta ciudad con la gente yendo y viniendo, con esa especie de emoción y de miedo al mismo tiempo. Quizá hay un cierto romanticismo en lo que me une a Madrid, porque recuerdo las sensaciones de cuando llegué. Ahora tengo una especie de relación de amor-odio, porque me gusta mucho la vida que he construido aquí y, a ratos, me gustaría estar en una ciudad que cuide más al ciudadano, con mejor aire, más sostenible, que apostara por infraestructuras que estén más al servicio del ciudadano.

¿Fantaseas con algún destino en concreto? 

Soy muy enamoradiza, cada vez que voy a un sitio pienso: “Yo podría vivir aquí”. He querido vivir, obviamente, en Nueva York, en Kioto… He pensado que me podía quedar a vivir a Chile. La última ciudad en la que he estado ha sido Reikiavik y también lo pensé. 

¿Viajas todo lo que puedes?

Sí, ¡soy muy viajera!

Cuando lo haces, ¿qué tipo de experiencias o destinos prefieres?

Va dependiendo del momento. A veces, me gusta irme a una gran urbe y, otras, necesito un viaje de naturaleza sobrecogedora para olvidarme de lo humano.

 Thiruvananthapuram, Kerala, India

Thiruvananthapuram, Kerala, India

La actriz viajó junto a una amiga por la India, alojándose en monasterios.

Foto: iStock

¿El mejor viaje de tu vida?

¡Japón! Es un país al que he ido ya cinco veces, pero recuerdo especialmente la vez que fui sola. Fue muy bello y muy impactante, muy de estar en contacto todo el rato conmigo. Siempre que salgo a la calle suelo ponerme cascos para protegerme del ruido exterior, porque las ciudades son muy ruidosas. A veces, ni siquiera voy escuchando nada, pero llevo los oídos tapados. Pero en Japón me gustaba andar por las calles sin escuchar nada de música. Me llamó la atención que, a pesar de ser ciudades pobladas, no había ruido. Y eso me gustó muchísimo. Y otro viaje impactante fue el que hice a India con una amiga durante un mes. Estuve en Kerala, Tamil, Nadu… Fue muy impactante todo y aprendí muchísimo. Además, nos alojábamos en ashrams (monasterios), no en hoteles, y eso también te obligaba a un tipo de vida muy austera. Recuerdo que nos levantábamos a las 4.30h, cuando empezaban las actividades, y que nos íbamos a dormir a las 20h porque caía el sol, ya no había luz natural y no podías salir porque podía ser peligroso. Me cambió totalmente los ciclos vitales. Fue un viaje  muy transformador, ya no solo por el país sino por el tipo de vida al que te unes durante un mes al alojarte en los templos. Es de los viajes que más me han desubicado. La verdad es que cuando volví a Madrid no sabía cómo reincorporarme al ritmo y las necesidades de la vida en una ciudad como ésta. 

¿Y ese viaje que tienes muy pendiente de hacer?

¡México! Perú, también. 

Coordenadas viajeras

Verónica Sánchez

 

  1. ¿Adónde nos llevas si vamos al norte?

    A Islandia, mi último viaje. Fui con uno de mis mejores amigos. Aterrizamos en Reikiavik, teníamos hotel para la primera noche y lo siguiente fue alquilar un coche. Nos hemos hecho unos 2.700 kilómetros dándole la vuelta a la isla. Ha sido una experiencia sobrecogedora. Es un país al que volvería en todas las estaciones. Hemos subido glaciares y volcanes, hemos estado dentro de glaciares y en una cueva de lava que se formó hace 8.000 años… He visto ballenas… ¡Es de una belleza! He visto auroras boreales, que era como un sueño de juventud. Te hace sentir pequeña… 

  2. ¿Qué destino eliges mirando al sur?

    Me sale decir de nuevo Chile. También es un país en el que he estado un par de veces y he hecho de Santiago hacia el sur. Llegué hasta Puerto Montt, Pucón… Subí el volcán Villarrica, ¡durísimo! Volveré, porque necesito conocer Atacama. Nunca fui hacia el norte, que es encontrarte otro país totalmente distinto, con una gastronomía y un paisaje diferentes. En un país curiosísimo: los glaciares al sur, el desierto al norte…

  3. ¿Y si vamos al este?

    El Mar Rojo. Cuando estuve viajando por Israel, hice snorkel. Era mi primer contacto con la vida submarina y recuerdo un impacto de belleza de color sin sumergirte, ver una naturaleza totalmente desconocida. Me sentí hasta impotente pensando en todo lo que hay bajo el mar y no conocemos. Recorremos bosques, selvas y hay todo un mundo sumergido al que no podemos acceder. Gracias a esta temporada de Sky Rojo, tuve que sacarme el Open Water, así que me encantaría volver ahora que puedo bucear hasta 18 metros de profundidad.

  4. Toca el oeste

    Es un lugar en el que no he estado, pero es uno de los viajes que tengo previsto hacer con el amigo con el que me fue a Islandia, que es súper aventurero: navegar por el río Yukón. Es un viaje muy bonito que va desde Canadá, desde la Columbia Británica, hasta la desembocadura en el mar, en Alaska. Se puede hacer en canoa, de forma autónoma, y luego hay partes en las que tienes que ir en barco fluvial, siguiendo la ruta de la antigua fiebre del oro.

¿Qué no puede faltar en tu equipaje cuando viajas?

¡Soy buena haciendo maletas! Obviamente, cargadores y demás, pero, en el aspecto más romántico, me gusta llevar auriculares para escuchar música y algún libro, sobre todo, cuando viajo sola, porque son mi única compañía. 

Islandia

Islandia

Los paisajes de Islandia han protagonizado el último viaje realizado por Verónica Sánchez

Foto: iStock

¿“Gastas” alguna manía viajera?

Intento siempre llevar una maleta pequeña, un trolley de cabina o algo así. Me da mucha rabia tener que esperar el equipaje tanto cuando llego, porque estoy deseando conocer sitios, como cuando vuelvo, porque estoy destrozada.

¿El souvenir más apreciado de cuantos tienes en casa?

Cuando viajo, lo que más compro son ingredientes. ¡Me gusta mucho la cocina! Si voy a India, me vengo cargada de especias. O me traigo merkén de Chile o pimientas y especias de India e Israel. Y también intento comprar algo de artesanía, casi siempre cerámica. Tengo varios chawan, que son los cuencos para el té matcha. En Japón la cerámica es muy importante, toda una tradición. Creo que tengo cinco, uno por cada vez que he estado. 

¿Un plato que tengas grabado a fuego en el paladar?

Uno de los sitios donde mejor he comido en toda mi vida ha sido en Tel-Aviv. No me puedo llamar vegetariana porque como huevos y algo de pescado, pero muy poco, aunque en un 98% mi dieta es vegetariana, y jamás he comido unas verduras tan sabrosas, tan bien cocinadas y con tanta explosión de sabores como las que probé en un restaurante de allí. 

Va la última: ¿Por qué viajas?

Por inspirarme, por sorprenderme, por aprender… Porque, cada vez que viajo, entiendo todas las posibilidades que habría de mí misma dependiendo del lugar donde hubiera nacido. Es como si viajar te dijera cuántas cosas de ti te pertenecen realmente y cuánto tiene que ver con el entorno en el que has crecido. Darte cuenta de que tu personalidad tiene mucho que ver con tus circunstancias. Y también viajo porque esa inspiración que te digo es como si tuviera mucho material de trabajo emocional, visual y sensorial. Son herramientas que quizá luego pueda utilizar para crear personajes.