¡Rayos y centellas!

De viaje con Tintín (I)

Las 24 historietas del famoso reportero comprenden el atlas de la convulsa geografía del S. XX.

Hay una fotografía en blanco y negro y algo desenfocada de Georges Remi más conocido como Hergé, montado en un burro junto a su segunda esposa, Fanny Rodwell. Visto así parece que siempre fue un aventurero; pero lo cierto es que hasta prácticamente los últimos años de su vida apenas viajó: en realidad, dibujó la mayoría de las historias de Tintín sin salir de Bruselas ni de su casa de campo de Céroux-Mousty, en Brabant. 

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A pesar de ello, explica Martínez de Pisón en Geografías y paisajes de Tintín (Ed. Fórcola) que “Tintín está hecho de sus viajes”. A Hergé no le hizo falta viajar, supo documentarse para que sus historias fueran de un realismo cada vez mayor sin ser él un viajero. Por ejemplo, fue uno de los primeros subscriptores a la revista National Geographic en Europa, además de un curioso coleccionista de objetos y de obras de arte que luego supo plasmar en los escenarios que recorrió Tintín, acompañado por Milú y por ese alocado grupo de adorables personajes encabezado por el Capitán Haddock. 

EL ATLAS DE TINTÍN

En Geografías y paisajes de Tintín, Martínez de Pisón trenza una red de saberes (el dibujo, la geografía, la historia, la ingeniería) con la que título a título desgrana la magia que urdió Hergé, junto a sus colaboradores, en las diferentes historietas que conforman la colección protagonizada por el periodista del que nunca lector alguno leyó una crónica. Se le perdonan las pocas dotes de reportero gracias a que nunca dijo no a una aventura, ni siquiera cuando eso le llevó a la Luna.

 

En este libro, Martínez de Pisón muestra cómo los 24 volúmenes de las aventuras de Tintín son un verdadero atlas, un “imago mundi”, dice el geógrafo al modo de los clásicos, de cómo era la Tierra en el tiempo de la publicación de los cómics, de 1930 a 1976: la Rusia de los soviets, el Congo, los viajes al Oriente, la Norteamérica de la Ley Seca, Islandia, el Perú de los incas… Y así, saltando a lo largo y ancho del globo, hasta su culminación como viajero con la conquista de la Luna y pasando por algunos países imaginarios pero con fundamento realista. De modo que es posible seguir las huellas de Tintín por el mundo, como con este primer mapa de localizaciones aproximadas de sus viajes de 1930 a 1944.

 

 

 
 

Rusia

Tintín en el país de los soviets (1930) es en palabras de Martínez de Pisón el “viaje inicial e iniciático del reportero”. Eso sí, es aún un Tintín esquemático y cargado de ideología política. Tal vez, incluso panfletario. De modo que el propio Hergé prohibió su reedición. En lo que toca a la geografía, el desplazamiento lleva a Tintín por Bélgica y Alemania antes de recorrer Rusia y volver vía Berlín a Bruselas. Entre tanto trajín viajero, aparecen los paisajes de estepas, taigas y tundra sin que abunden los detalles.

Congo Belga

Con un África reducida a los tópicos colonialistas de finales de los años 20, Tintín en el Congo (1931) no es la aventura favorita de Hergé. Aún así, destaca Martínez de Pisón, en ella ya se encuentra “el encanto definitivo de la serie”. El viaje se realiza por un paisaje congoleño bellamente dibujado, donde aparece la sabana, el río Congo y cascadas. La portada, con una jirafa mirando al ávido lector y Tintín conduciendo un Ford T, rememora la idea de las expediciones más clásicas por el África Central. Los malhechores son traficantes de diamantes a las órdenes de Al Capone, recurso con el que Hergé da la continuidad a la serie, llevando a Tintín a Norteamérica.

 

Norteamérica

Bajo la inspiración de las populares películas de la época protagonizadas por gánsteres y vaqueros del oeste, Hergé se animó a llevar a Tintín a los Estados Unidos con Tintín en América (1932). Es un caso particular en todo el ciclo tintinesco, pues es la ciudad de Chicago, en la época de la Ley Seca, con sus coches y su vertiginoso progreso en forma de rascacielos, el paisaje en el que se desarrolla parte de la aventura. El escenario urbano abre y cierra la historieta, pero la portada de nuevo se reserva a lo más salvaje y exótico: el salvaje Oeste.

Egipto

Con Los cigarros del faraón (1934) aparece Oriente como nuevo escenario de aventuras de Tintín: Egipto, con sus pirámides y arqueólogos; la India, con su jungla y elefantes; Arabia, con sus desiertos. Tal como señala Martínez de Pisón, en este título destaca ya el mayor detalle en los fondos de las viñetas (maravillosos los jeroglíficos que aparecen decorando las salas) y un acontecimiento narrativo, preludio de lo que luego se hará característico en las posteriores historietas: la aparición de personajes asociados a Tintín; en este caso, los desastrosos policías Hernández y Fernández (en el original, Dupond y Dupont; pero sus nombres fueron traducidos con acierto por Concepción Zendrera, hija del fundador de la Editorial Juventud que trajo a España a Tintín). 

China

El viaje de Los cigarros del faraón (1934) prosigue con El loto azul (1936). Todos los tintinólogos coinciden en que este título marca un punto de inflexión en la producción de Hergé en cuanto al nivel de documentación, que se vuelve aún más riguroso. Clave en todo ello es la figura de Tchang, un estudiante chino que vivía en Bruselas que recomendó al dibujante que se documentara sobre China para no caer en la caricatura. Surgiría entonces una larga amistad entre ambos. Hay una emocionante fotografía de ambos abrazándose, rodeados por las cámaras de los periodistas, en un reencuentro de 1981. Hergé ya enfermo, con el cansancio en el rostro. Moriría dos años después, dejando la última historia de Tintín en borrador.

 

"San Teodoro y Nuevo Rico"

La oreja rota (1937) cierra una primera etapa de viajes por los continentes clásicos. Para la llegada de Tintín a Sudamérica, Hergé prefirió dos países imaginarios: San Teodoro, en una revolución perpetua, y Nuevo Rico. Para la trama, con un Tintín tras el misterio que rodea al robo de un fetiche indígena, se inspiró en la guerra del Chaco, el conflicto que enfrentó a Bolivia y Paraguay. Aparecen paisajes evocadores de selvas, el río Amazonas, sierras con abundante vegetación tropical y haciendas sudamericanas. San Teodoro (Bolivia) y Nuevo Rico (Paraguay) están gobernadas por Alcázar y Tapioca, en la más pura tradición de los dictadores sudamericanos controlados por intereses petroleros en el país.

Escocia

La segunda etapa del ciclo de aventuras lleva a Tintín hasta Escocia tras una banda de falsificadores de billetes. La Europa marítima protagoniza los paisajes del álbum La Isla Negra (1938): el mar, islas, pueblos de pescadores, acantilados, castillos evocadores. La perfección en el detalle del dibujo es “espléndida”, en palabras de Martínez de Pisón. El motivo es que el editor inglés exigió máxima documentación. Hergé envió hasta las islas británicas a uno de sus colaboradores con una cámara fotográfica en mano y bloc para bocetos. El resultado salta a la vista.

"Syldavia y Borduria"

El cetro de Ottokar (1939) es un álbum de bellísimos dibujos en el que Hergé inventó de nuevo dos países imaginarios. Aunque Syldavia y Borduria son fácilmente identificables con la geografía real. Las pistas no son pocas, y como lee el propio Tintín en una enciclopedia al preparar su viaje: “Syldavia, estado de la península de los Balcanes”. Como señala el propio Martínez de Pisón, el nombre del país tiene vagos recuerdos de Yugoslavia y Moldavia. Otro guiño de Hergé a la situación geopolítica del momento: el jefe del partido Guardia de Acero que ordena la invasión de Syldavia desde Borduria se llama Müsstler, que como destacan diversos tintinólogos, es el acrónimo de Mussolini y Hitler. Más allá de la lectura política, hay que aplaudir (nunca mejor dicho) la aparición por primera vez de la soprano Bianca Castafiore, la única mujer en la troupe que acompaña a Tintín a lo largo de sus aventuras.

Marruecos

El cangrejo de las pinzas de oro (1941) es uno de los álbumes clave de la producción de Hergé. Lo es por la aparición estelar del capitán Haddock —un claro candidato a spin-off del cómic— y por el nivel que alcanzan las “superviñetas” de una página, con dibujos de paisajes desérticos o de la medina marroquí que no desentonarían en una sala de arte. Hay otro elemento importante, éste externo a la propia historieta: es el primer álbum que se dibuja con la Segunda Guerra Mundial. Como indica Martínez de Pisón, las condiciones de la guerra afectaron al modo de contar, componer y dibujar de Hergé. Curiosamente, tal como afirma otro buen tintinólogo como es Joan Manuel Soldevilla Alberti (Abecedario de Tintín, en ed. Milenio), comienza la época dorada de la serie: “[...] Hergé trasladará a Tintín a escenarios exóticos y propios de la tradición de la literatura de aventuras creando artefactos admirables e inolvidables”. 

Islandia

La estrella misteriosa (1942) se desarrolla en un paisaje neutral por la lejanía del lugar. De nuevo, la localización es resultado de la guerra y de la ocupación nazi de Bélgica. De igual modo, la trama se aleja de la actualidad bélica y de cuestiones políticas que ya reflejó Hergé en otros títulos de la colección. Así, en esta ocasión, se vuelca en una historia al más puro estilo de Verne: Tintín y compañía se embarcan en el Aurora en una expedición que busca un meteorito caído en el Océano Glaciar Ártico. El hecho de que sean dos las expediciones que compitan por llegar primero hasta el meteorito recuerda a las primeras exploraciones árticas, pero sobre todo a la carrera de Scott y Amundsen por llegar primero al polo Sur. 

 

Bélgica

Para la tercera aventura dibujada en los años de la Segunda Guerra Mundial, Hergé escoge de nuevo una historia al modo verniano, con un tesoro por encontrar. La trama de El secreto del Unicornio (1943) procura un doble viaje, físico y en el tiempo, hasta el S. XVII, para conocer los antepasados del capitán Haddock, que alcanza en este álbum un protagonismo cada vez mayor. En este título no destacan los paisajes naturales; al contrario, son urbanos y de interiores. De hecho, aparece por primera vez el castillo de Moulinsart, que se convertirá en la mansión de esa extraña pareja que son el capitán y el profesor Tornasol. El enigma novelesco es llevado con buen ritmo a través de unas viñetas memorables y brinda algunos dibujos al más puro estilo de las mejores escenas del cine de piratas y espadachines. 

Bahamas

La segunda parte de la historia novelesca del Unicornio se desarrolla en El tesoro de Rackham el Rojo (1944). Todos los tintinólogos coinciden en que la ubicación de la trama queda aproximadamente por las Bahamas. En este título, el fondo del mar se añade al amplio catálogo de elementos geográficos en los que se desenvuelven las historias de Tintín. En los dos títulos de esta aventura, Martínez de Pisón destaca la aparición del doctor Tornasol, perfecto paradigma del genio despistado, con lo que quedará formado a partir de aquí el entrañable grupo de personajes que acompañará en el resto de aventuras a Tintín. No es casualidad que este doble episodio fuera el favorito del propio Hergé y de muchos lectores que comenzaron a sumergirse en el ciclo tintinesco con esta aventura.

 

El loto azul-tintin-china

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