Receta de una foto

El Vítor de Mayorga o la batalla de la luz contra la oscuridad

No importa que el mundo esté en llamas. La mirada del fotógrafo siempre busca el resplandor.

Siempre a la búsqueda de imágenes insólitas, el nuevo reto será sumergirse en lo más profundo de la noche, donde se ocultan escenas nunca imaginadas. Como esta visión de un pueblo avanzando dispuesto a ganar la batalla a la oscuridad, un buen aliado para el fotógrafo, siempre en lucha buscando la luz.

Se trata de la fiesta de El Vítor de Mayorga, en Valladolid. Celebración que rememora aquel lejano 27 de septiembre de 1652, cuando llegaron desde Lima las reliquias de santo Toribio de Mogrovejo a su aldea natal. Eran tiempos remotos y la oscuridad era total en la austera noche castellana, pero la determinación por recibir al santo y alumbrar su camino, movilizó a toda la población, en una catarsis de antorchas y fuego.

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Foto: Gonzalo Azumendi

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Como ocurre con todas las fiestas, esta tradición se renueva cada año con idéntica fe que hace siglos, y el estandarte sale escoltado por los vecinos, que portan pieles de cabra bañadas en pez (una sustancia resinosa que se usa para calafatear) ardiente ensartadas sobre varas que chorrean la brea hirviendo, casi capaz de traspasar ropa y piel.

Al ritmo de esa multitud, el fotógrafo, baila en la oscuridad, en un éxtasis del que ya forma parte, mientras le martillea aquella canción de Golpes Bajos, perfecta banda sonora de lo que vive:

Sigo la procesión
con un hacha de cera
soy una parte de ellos
que aterroriza la aldea

Está en trance, pero en su forma de mirar no existe fervor religioso. Se entrega a su vivencia, a sus propios códigos y emociones, que en cada imagen le transportan a la noche de Walpurgis, a la de los cristales rotos, a Arde Mississippi, o la clásica película del Lejano Oeste, cuando los malos queman la hacienda del pacifico ovejero que no quiere vender sus tierras. Pero la excitación es tan intensa que emborracha, y el fotógrafo va más allá; se siente dentro de un film mítico, en blanco y negro, con el monstruo de Frankenstein huyendo de las antorchas, entre ladridos de perros y gritos de la turba, escapando jadeante tras haber fallado en su intento de ser… humano.

Y si abrir las puertas de la imaginación hará más divertido fotografiar fantaseando otras historias, ¿por qué no jugársela también en la ejecución, disparando al ritmo del baile, y que la imagen se impregne de la poética del rito? Si sale movida o borrosa ¿qué espíritu no lo está? Como el del mismo fotógrafo, que, por momentos, de puro extenuado, quiere ver en el ejército de picas levantadas el cuadro de La rendición de Breda y acabar por fin. Una quimera; él bien sabe que esta noche es impensable capitular en esta lucha que se librará hasta el último fuego, por lo que sigue la procesión como uno más, con su cámara, que es su lanza y su escudo. Ha venido a vivirlo con ellos, como siempre ha sido su compromiso, para mancharse, quemarse si es preciso bajo la lluvia de alquitrán ardiente, dispuesto siempre a entregarse por entero. Aquí y donde sea, los otros 364 días del año, siempre en busca de una nueva imagen.

Ingredientes

  • Protección total: “donde fueres haz lo que vieres “. Ropa adecuada y la cámara cubierta, es indispensable para no estar a la defensiva y entrar dentro de la acción.
  • Subir el ISO ante la falta de luz, y/o utilizar Flash para combinar con la luz ambiente.
  • Datos EXIF: Zoom 24-70 en 24 mm, ½ segundo, F4, ISO 800

Elaboración

Protegidas manos y cuerpo, y con solo la mirada expuesta, es el momento de meterse de lleno en la batalla.

Resulta habitual en fiestas y celebraciones buscar imágenes documentales, descriptivas, con fotografías de una belleza rotunda e incuestionable si la escena tiene fuerza; pero en ocasiones resulta interesante jugársela y disparar sin seguir los cánones clásicos. Puede ser por una casualidad, o un recurso oportuno, como en este caso donde la escasa luz invita a experimentar con bajas velocidades, pero también una apuesta consciente intentando ir más allá, explorando algo sugerente, buscando captar el sentimiento. Este es el intento de esta toma, donde se podría haber congelado la imagen aumentando el ISO, cuando por falta de luz, el tiempo de exposición no permite detener el movimiento y tampoco sostener la cámara con garantías. Pero aplicando ese temblor como un recurso, el resultado es una foto trepidada, con un atractivo componente pictórico, que refleja la acción y conmoción del ritual.

Retoque y emplatado

Las escenas nocturnas requieren un cuidado especial para evitar ruido en las sombras y que las luces se pierdan.

  1. Recuperar las altas luces en el archivo RAW.
  2. Con un editor de color, añadir intensidad a las antorchas para potenciarlas.
  3. Seleccionar las sombras y con la herramienta curvas, aclararlas. Saturar los colores que se hayan podido ver afectados para que no pierdan vigor.
  4. Añadir contraste siempre realza este tipo de imágenes.