Secretos de Tokio

Vivo en Tokio y estos son mis consejos si vas a visitar la ciudad

Aunque la capital japonesa sea cada vez más internacional, hay claves, costumbres y lugares que aún son un secreto.

Hace año y medio que comencé a trabajar en el Instituto Cervantes de Tokio y tengo la suerte de trasladarme cada mañana desde el barrio de Bunkyo hasta el corazón de Chiyoda. Había visitado anteriormente el país de Godzilla y Miyazaki, desde niño estoy acostumbrado a tratar con japoneses -fui alumno del gran guitarrista Motoo Ishiwa- y estoy familiarizado con algunas de sus tradiciones culturales.

Siento especial interés por creadores como Osamu Dazai y Ōgai Mori, Tadashi Imai y Shohei Imamura y, naturalmente, Murakami y Yoshimoto, los dos titanes de las letras contemporáneas. Tengo, además, la suerte de ser amigo desde la escuela de Daniel Aguilar, el mayor experto en cine japonés y acaso el mejor traductor de su literatura. Lo que no imaginaba al instalarme en la capital nipona es que me vería enfrentado a ciertas costumbres cotidianas que a veces desconciertan, otras divierten y pueden llevar a la perplejidad.

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Soy xxxx

NO PAGUES POR LAS VISTAS

Nadie puede negar el atractivo (ni el récord de altura) del Skytree pero es mucho más rápido -y totalmente gratuito- subir a la planta 25 del ayuntamiento del distrito de Bunkyō (metro Korakuen o Kasuga) y contemplar gran parte de la ciudad de 9 a 21h y sin aglomeraciones. A los pies de la torre se extiende el Tokyo Dome, enorme complejo comercial y recreativo que incluye un hotel, restaurantes, el estadio de béisbol de los Giants, un parque de atracciones y LaQua, uno de los mejores spas de la ciudad.

 

NUNCA OIRÁS NUNCA JAMÁS 

Quizá la mayor sorpresa es que en Japón nunca dicen que no aunque esté claro que algo "no va a ser que sí", al menos a corto plazo. Más allá del comercio, ámbito en el que despliegan un verdadero magisterio formal, los japoneses no parecen programados para llevar la contraria a casi nadie, de modo que conviene precisar al máximo las preguntas.

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Fumador Tokio
Espacio delimitado para fumar. Foto: Shutterstock

AQUÍ NO SE FUMA (O SÍ)

Fumar en Japón es, más allá de la salud, una práctica de alto riesgo si no se acierta con el recinto adecuado. Jamás debe hacerse en parques o espacios públicos porque, aparte de la policía, hay brigadas de abnegados voluntarios -generalmente jubilados que a veces hablan inglés y se hacen entender perfectamente- que disuaden a los infractores con enormes ceniceros portátiles y todo un catálogo de razones, incluidas las multas. A cambio hay mil lugares señalizados, tanto en exteriores como en numerosos restaurantes, para echar humo sin molestar.

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LAS MANOS, QUIETAS

Robar está feo en casi cualquier lugar del mundo pero "llevarse de recuerdo" -así sea una modesta cucharilla o un farolillo de papel de un bar- puede convertirse en un verdadero drama en Japón. Conviene evitar la tentación de sustraer objetos, por más que parezcan banales o carentes de valor económico, si no se quiere pasar la noche en un calabozo.

Metro de Tokio
Foto: Shutterstock

SILENCIO, SE VIAJA

Hablar por teléfono en un vagón de metro está prohibido y nadie escucha música sin auriculares. Por extensión, hablar en voz alta está generalmente mal visto y además podría despertar a las muchas personas que aprovechan el transporte público para echar una cabezadita.

NO A LAS PROPINAS

La generosa tentación de dejar propina -sobre todo en este país donde la atención al cliente es a menudo una verdadera obra de arte- está rigurosamente descartada y resulta ofensiva. Llaman la atención, además, la claridad, ceremonia y desparpajo con que los japoneses manejan el dinero y explican el cambio, superando en meticulosidad a cualquier cirujano.

 

Tokio restaurante
Foto: Shutterstock

COMER SIN HACER COLA

Hacer cola en un restaurante es casi un deporte nacional en Japón: significa que el sitio es bueno y que merece la pena esperar a la intemperie.el tiempo que haga falta Pero, pudiendo evitarlo, hay lugares como el restaurante Granja Kisaburo (metro Sengoku) donde -salvo en momentos puntuales- es fácil encontrar mesa y disfrutar del mejor (y más variado) surtido de huevos de gallina, excelentes carnes y un portentoso flan, todo de producción propia en una finca familiar y a precios imbatibles.

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NO DESOBEDECER A LAS FLECHAS

Ir a contrapelo en escaleras o pasillos, incluso por las aceras, es muy poco práctico porque -aparte de acaparar las miradas de reprobación del prójimo- puede acabar mal: siempre hay flechas en las paredes y suelos (y a veces en cada peldaño) para indicar el itinerario correcto y no quedar sepultado por las avalanchas.

 

Regalo Tokio
Foto: iStock

DÍGASELO CON BOLSA

Entregar un regalo, aunque se trate de una tableta de chocolate o un simple bolígrafo, sin bolsa o envoltorio es una descortesía inaceptable en el país del sake y los bonsáis. Aunque no se llegue al noble arte del furoshiki, siempre hay que regalar las cosas al menos dentro de una bolsa de papel.

 

MUCHO GUSTO

Intercambiar tarjetas de visita con japoneses es un ritual que supera en solemnidad al sumo o la ceremonia del té. Dos detalles imprescindibles para entrar con buen pie en una nueva amistad: utilizar tarjetero (aunque sea de plástico de 100 yenes, porque no se deben sacar directamente de un bolsillo) y entregarlas agarradas con ambos pulgares y la mayor seriedad mientras se repite el nombre propio y después el de la otra persona.