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Lugo en cinco pueblos con mucho encanto

La provincia que ocupa el noreste gallego está caracterizada por una intensa actividad cerca del mar y un interior que exhibe un modo de vida más rural. Esta ruta descubre las dos vertientes de un territorio tan auténtico como cautivador.

 

Viveiro

El perfil terrestre que dibuja la costa en los alrededores de Viveiro está determinado por altos acantilados de formas caprichosas que en ocasiones crean lugares únicos como el Fuciño do Porco (hocico de cerdo), en O Vicedo. Los dos promontorios que recuerdan el morro del animal están unidos por una pasarela que regala vistas inolvidables a un paisaje esencial, apenas alterado. Esta costa de apariencia hostil produce a su vez pequeñas entradas de mar cuya orilla de arena crea playitas paradisiacas de aspecto caribeño pero temperatura cantábrica. El centro histórico de la localidad, cerrado por las antiguas murallas, recibe al visitante en la majestuosa puerta de Carlos V. La plaza Maior es el corazón del pueblo desde el que se debe deambular por las calles peatonales y salir a la hora debida para contemplar la bajamar y los barcos embarrancados en la ría.

Ribadeo

Las aguas calmas de la ría del Eo pasan frente a la última ciudad de la frontera asturiana, Castropol, que contempla desde su montículo el primer pueblo gallego del noreste: Ribadeo. Pero más allá de una ría que se puede conocer en un paseo en barco y un entorno natural envidiable -entre el que se encuentra la visita imprescindible a la playa das Catedrais- dentro de los límites de la localidad se puede sentir el peso del pasado. Hacia la Edad Media la villa se convirtió en un núcleo urbano próspero gracias al comercio marítimo que acogía uno de los puertos más importantes del cantábrico hispano. La bonanza económica se trasladó a las calles del centro, se ampliaron las murallas y se construyeron conventos y pazos que todavía hoy se mantienen en pie. Y entre el siglo XIX y XX, Ribadeo experimentó una nueva transformación gracias al retorno de los indianos, cuyo legado puede conocerse en el barrio donde se irguieron sus magníficas viviendas.

Mondoñedo

De la comarca de A Mariña Lucense se conoce su costa, tan fotogénica como abrupta, mientras que su interior es una amalgama irresistible de prados, ríos, montañas y bosques. Mondoñedo es una parada ineludible para los peregrinos de la ruta del norte del Camino de Santiago, pues esta villa fue antigua sede episcopal. La plaza de la Catedral, donde confluyen casi todas las calles del pueblo, está presidida por la fachada del templo construido en el siglo XIII. El pintoresco barrio dos Muíños revela su vertiente más popular. En él se descubre la presencia esencial del agua, pues los canales discurren entre y bajo las antiguas casas de piedra. Aparecen como un recuerdo de la importancia de este recurso natural, que antaño ponía en funcionamiento los molinos de la zona. La Fonte Vella, del siglo XVI, es otro testigo de un tiempo en el que el agua proporcionaba vida, trabajo y sustento a los mindonienses.

Piornedo

Cubierta de blanco en invierno y rebosante de agua y vida durante los meses de calor, la pequeña aldea de Piornedo vive a cobijo de la exuberante naturaleza de la Sierra de los Ancares. Compartida entre las fronteras de Lugo y León, el patrimonio natural y cultural de esta sierra esta protegido por una Reserva de la Biosfera que engloba valles y montañas de hasta 2.000 m tapizados por los tonos cambiantes de robles y castaños. Las bondades, aunque también las dificultades, de este territorio han sido aprovechadas y sufridas por sus habitantes con modos de vida adaptados al entorno. Gracias a la conservación de villas como la de Piornedo y sus pallozas, actualmente se puede conocer como se vivía en las poblaciones de los Ancares en incluso hacer noche en una de estas viviendas antiguas. El Museo Pallozas ofrece todos los detalles necesarios para trasladarse a un pasado no tan lejano que lucha por no ser olvidado.

Monforte de Lemos

El cauce del río Sil crea un enorme meandro al sur de la provincia de Lugo como si se tratase de una maniobra deliberada para evitar el entramado urbano de Monforte de Lemos. Es precisamente en la parte más pronunciada de esta curva donde el río ha horadado la profunda cicatriz que hoy se conoce como el Cañón del Sil y cuyos paisajes de empinadas pendientes labradas dejan boquiabiertos a los visitantes. Monforte es uno de los puntos de referencia para descubrir la Ribeira Sacra gallega, pero pronto se descubre que la ciudad tiene mucho más que ofrecer. Una imponente fortaleza medieval ubicada en lo alto del promontorio actúa como el centinela urbano. El Puente medieval y las partes de la muralla que se conservan son parte de la historia viva de Monforte, que trasciende también a través de los muros de monasterios, iglesias y conventos, y especialmente del Colegio de Nuestra Señora la Antigua, apodado el 'Escorial de Galicia'.

Viveiro MV