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Los diez pueblos más bonitos de Cádiz

El eco medieval, el color blanco y la gastronomía de producto guían un viaje por estas nueve coordenadas de la provincia gaditana.

Sus playas, montañas, historia y cultura convierten Cádiz en una de las provincias más maravillosas de la geografía española y una de las más ricas, donde se encuentran algunos de los pueblos más bonitos de la Península. Estos son solo nueve, pero por algún sitio hay que empezar.

 

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 Vejer de la Frontera

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Vejer de la Frontera

La orografía de Vejer de la Fontera es variada: se distinguen zonas de litoral, llanas y sin relieves, que contrastan con cerros pronunciados desde donde se visualizan espectaculares paisajes que combinan playas y marismas con campiñas, bosques y montañas. Una vez te adentras en su interior, el núcleo de Vejer se trama en una acusada pendiente, razón por la que sus vistas dejan perplejo al turista. Y es que, desde abajo y en su conjunto, se convierte en una amalgama de construcciones blancas entre las que destacan detalles de murallas, fortificaciones de piedra e iglesias. Y, desde arriba, permite visualizar lo complejo de su orografía.

Durante cinco siglos y medio, Vejer permaneció bajo dominio musulmán, de ahí su entramado de calles, similar a una medina, y las numerosas muestras históricas y culturales de cada época que se encuentran en cada rincón. Ejemplo de ello es el recinto amurallado que rodea la antigua Villa de Vejer ajustándose a los desniveles del terreno que, en sus tiempos, hizo de fortificación defensiva.

Grazalema

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Grazalema

Grazalema es uno de los mejores exponentes de la Ruta de los Pueblos Blancos de Cádiz, una ruta turística andaluza en la que se encuentran villas maravillosas como Zahara de la Sierra, Ubrique, Arcos de la Frontera o El Bosque. De ahí que no sorprenda su merecido Premio Nacional de Turismo de Embellecimiento y Mejora de los Pueblos de España. Tampoco que su casco histórico fuera declarado Bien de Interés Cultural por el conjunto urbano de callejuelas, placitas, rincones y miradores que lo forman.

Los primeros orígenes que se tienen de Grazalema son de un asentamiento bereber, del siglo VIII, al que le dieron el nombre de Bensalama, “Hijo de Zulema”, que posteriormente evolucionó a “Grand Zulema” hasta llamarse Grazalema. En sus inicios fue una potente industria textil que se servía de la utilización de la energía hidráulica del agua del río que pasa a sus pies para trabajar con el telar. Lo que sucedió es que la revolución industrial del siglo XIX hizo mella en su economía artesanal, aunque todavía a día de hoy se pueden encontrar por allí productos de lana de primera calidad. Así como visitar el Museo de la Fábrica Artesanal de Mantas de Grazalema, una parada obligada para conocer su historia y entender por qué este pueblo fue uno de los más importantes de la zona.

Setenil de las Bodegas

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Setenil de las Bodegas

Las cuevas que hacen peculiar este pueblo y lo convierten en uno de sus principales atractivos turísticos, estuvieron pobladas hace más de 5.000 años. Una característica que le ha valido para liderar la lista de los Mejores Destinos Desconocidos de Europa, elaborada por la web European Best Destinations y para ganarse el puesto de Conjunto Histórico por el entramado urbano de sus callejuelas.

La roca es la pieza clave de Setenil de las Bodegas pues, en función de ella, se fue construyendo el pueblo. De hecho, las casas están situadas en cada uno de los diferentes niveles que marca la roca hasta llegar a haber calles-cueva. Las dos calles más transitadas y conocidas se llaman Cuevas de Sol, por estar orientada al sur, y Cuervas de la Sombra, cubiertas por completo por una parte de la piedra suspendida en el aire. Simplemente pasear por sus calles es toda una delicia.

Arcos de la Frontera

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Arcos de la Frontera

Arcos de la Frontera surgió, como muchas de las localidades de la zona, en la Prehistoria de cuyo paso se tiene evidencias en la cueva del Higueral de Valleja, donde se han encontrado enterramientos prehistóricos y pinturas rupestres. Sobre los siguientes pobladores, los romanos, se puede conocer un poco más en el Yacimiento de la Sierra de Aznar. A pesar de que hubo poblaciones mucho antes, todo su esplendor proviene de cuando los musulmanes reinaron estas tierras. De esas épocas pasadas todavía quedan vestigios que hoy en día se dejan entrever en cada una de sus calles estrechas y empinadas, casi laberínticas, y en la muralla que rodea la villa. También quedan reminiscencias de una época posterior, boyante para esta zona, la del reino cristiano de la que sobresalen numerosas iglesias, palacios y conventos que han llegado intactos hasta nuestros días.

Es un pueblo para descubrirlo a pie visitando cada parada de su ruta monumental: la Cuesta de Belén, en donde se encuentra el Hospital y la Iglesia de San Juan de Dios; la Plaza del Cabildo, con la Basílica menor de Santa María de la Asunción, el ayuntamiento, el Castillo Ducal, el Convento de las Mercedarias Descalzas y el Parador Nacional; la Iglesia de San Pedro; y, sus numerosos miradores.

Olvera

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Olvera

Es un pueblo de raíces árabes pues, aunque Alfonso XI lo incorporase al Reino de Castilla en 1327, su nacimiento fue de la mano de la conquista musulmana. También tiene historia francesa debido a que, durante la Guerra de la Independencia, se convirtió en sede de un destacamento francés.

Las vistas de Olvera a lo lejos son, en su conjunto, una postal. Casas blancas bañadas con cal, para mitigar el calor del verano, entre las que sobresalen al fondo una fortaleza del siglo XII, los restos de lo que fuera un recinto amurallado y la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, por mencionar sólo algunos de sus monumentos. Por algo en 1983 Olvera fue declarada Conjunto Histórico-Artístico.

shutterstock 2134592319. Castellar de la Frontera

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Castellar de la Frontera

El castillo de Castellar de la Frontera lleva desde el siglo XII dominando la Bahía y el Peñón de Gibraltar. Ya en la Edad de Bronce estaba habitado -se han encontrado los yacimientos de Cuevas del Cancho, los del Tajo y Abejera-, pero no fue hasta la conquista musulmana que adquirió la forma actual y se pasó a denominar Al-Qars. Castellar Viejo conforma uno de los pocos ejemplos que existen de núcleo habitado en el interior de una fortificación. En los alrededores, se erigió Castellar Nuevo, su segundo núcleo de población. Hay un tercero: el de la Almoraima, donde se encuentra el Convento de San Miguel. En todas ellas se puede disfrutar de su gastronomía a base de carnes de caza.

iStock-172866743. Zahara de la Sierra

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Zahara de la Sierra

Visible desde sus aledaños y desde las balconadas de sus callejuelas, el embalse Zahara-El Gastor a los pies de este pueblo gaditano es parte de su seña de identidad. El agua refleja sus casas blancas encaramadas en la ladera de la sierra del Jaral al abrigo de la Torre del Homenaje que, junto a algunos tramos de muralla, conforman la herencia de la antigua fortaleza nazarí. Al descender por los angostos callejones, uno se da cita con miradores como el de la calle Olvera o el del Jardín de los Pinsapos, desde donde contemplar el Parque Natural de la Sierra de Grazalema. También con la Iglesia Santa María de la Mesa, el Ayuntamiento y la imprescindible Torre del Reloj, anexada a la ermita de San Juan Letrán.

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Medina Sidonia

Fundada por los fenicios e importante colonia romana, fue durante la época árabe cuando adquirió su castillo, a 300 metros de altitud y su trazado urbano. También el alfajor de Medina, un dulce de origen árabe con Denominación de Origen elaborado a partir de técnicas tradicionales con miel, almendras, avellanas, harina, pan rallado y especias. De época medieval también son las ruinas del castillo, edificado sobre el antiguo alcázar musulmán y el castillo de Torrestrella, así como los arcos de la Pastora, del Sol y de Belén. Destacan también la iglesia parroquial de Santa María la Mayor Coronada, el ayuntamiento manierista del siglo XVII y el mercado de abastos del XIX.

shutterstock 1203621151. Alcalá de los Gazules

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Alcalá de los Gazules

El corazón del Parque Natural de los Alcornocales aguarda uno de los pueblos más genuinos de Cádiz: Alcalá de los Gazules. Callejeando por su trazado andaluz de calles empinadas y encaladas se suceden el torreón del castillo, trozos de muralla y la Puerta de la Villa de la Edad Media. Al llegar a la plaza de San Jorge o Plaza Alta, se encuentran la Iglesia mayor parroquial de San Jorge y la Casa del Cabildo. Desde aquí, se pueden emprender rutas para visitar sus fuentes de origen árabe y los pozos de Arriba, Enmedio y Abajo, y todo su entorno natural. Varios senderos permiten conocer la sierra del Aljibe, hogar de ciervos, corzos, buitres y águilas. 

Zahara de la Sierra