La fiesta de las fiestas

Vídeo: Las curiosidades del Carnaval de Río de Janeiro

Cada año, la mayor celebración que acoge esta ciudad brasileña atrae a cientos de miles de personas dispuestas a bailar y pasarlo bien a ritmo de samba.

Cualquier viajero que se disponga a aterrizar en Río de Janeiro sabe perfectamente cuáles son los hitos imprescindibles que comporta toda aventura en la Cidade Maravilhosa. Un baño en la playa de Ipanema, el ascenso en teleférico –el bondinho- al Pao d’Azucar para capturar una panorámica de la bahía de Guanabara, ver de cerca el Cristo Redentor, caminar bajo los arcos del barrio de Lapa, practicar deporte en la arena de Copacabana… Pero las prioridades cambian cuando el que toma el avión hacia Brasil lo hace en febrero, el mes de la fiesta brasileña por excelencia: del Carnaval.

Escuela de samba durante el Carnaval de Río de Janeiro

Es posible que no existan fechas más señalada en el calendario de los cariocas que la semana de febrero en la que tienen lugar las celebraciones más locas y multitudinarias de la ciudad. No hay habitante que no participe en ellas. Su popularidad es tal que, no solo toda la ciudad se implica en ella, si no que casi medio millón de extranjeros se desplazan a Río para no perderse la ocasión.

A pesar de que el origen de esta macro fiesta se encuentra en el continente europeo, pues la trajeron con ellos los colonos portugueses, el más tradicional de los saraos brasileños no exhibiría ni la mitad de su riqueza cultural, musical y folklórica si no fuese por la autenticidad que aporta la mezcla con las raíces africanas. Obligados a abandonar sus países, los esclavos llegaban al 'Nuevo Mundo' durante el siglo XIX con pocas más pertenencias que su orgullo. Gracias a la voluntad de preservar sus tradiciones, los carnavales se enriquecieron con nuevos sonidos, instrumentos, colores y bailes procedentes de sus culturas ancestrales, entre ellos la icónica samba.

El Sambódromo durante el Carnaval de Río de Janeiro
Foto: Istock

El núcleo central en torno al que gira el Carnaval de Río de Janeiro son las Escuelas de Samba. Es uno de los elementos más democratizadores de esta fiesta, pues en ellas confluyen hombres, mujeres, niños y niñas de diferentes estratos sociales de un mismo barrio que componen un equipo de los más variopinto formado por diseñadores, coreógrafos, bailarines, maquilladores… Más de 100 escuelas desfilan durante los cinco días que dura el Carnaval a lo largo de los 700 metros de extensión del Sambódromo. En sus gradas, además de 75.000 espectadores, observa el jurado, el responsable de otorgar la puntuación a cada una de las actuaciones que dará lugar al esperado ránking anual, donde se establece la escuela ganadora del concurso.

Todo Río de Janeiro se convierte en una fiesta callejera gracias a los blocos. Algunos de los más famosos tienen lugar en Ipanema o a los pies del Corcovado, pero durante las noches carnavaleras se puede encontrar un bloco en casi cada esquina. Es la oportunidad ideal para disfrutar del baile y la música carioca en la misma playa de Copacabana. El lugar y el momento donde confluyen lo más