Vídeo: Marrakech de 9h a 21h

Diario en vídeo de un día disfrutando de la preciosa ciudad imperial de Marruecos.

La plaza Jemaa el Fna acapara todas las miradas de la ciudad de Marruecos. Durante todo el día, vendedores ambulantes, encantadores de serpientes y bailarines ocupan el corazón de Marrakech que, coronado por el alminar de la Koutubia, al atardecer se inunda de aromas y sabores para invitar a cualquiera a degustar su gastronomía. Desde allí, se accede al zoco y al resto de calles de la Medina, un laberinto de mercados, madrasas y mezquitas.

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La Madrasa de Ben Youssef, que fue el centro de difusión del saber más importante de Marrakech y el más grande de todo Marruecos, la mezquita de Kutubia -la más importante de la ciudad- y el espectacular Palacio de la Bahía son parada indispensable en su centro histórico. Construido a finales del siglo XIX, el palacio atesora unos jardines de 8.000 m2 junto a un patrimonio arquitectónico que refleja la esencia de los estilos islámico y marroquí.

Fuera de las murallas, sorprenden los Jardines Majorelle y el Museo Yves Saint Laurent, un oasis en el que conocer la trayectoria del modisto y empresario francés. Los jardines fueron diseñados por Jacques Majorelle en 1924, durante el periodo colonial en el cual Marruecos estuvo administrado por Francia, y albergan plantas de los cinco continentes y más de 15 especies de pájaros. Ya en 1980, Yves Saint-Laurent y su pareja Pierre Bergé fundan la 'Association pour la Sauvegarde et le Rayonnement du Jardin Majorelle', con la que consiguen elevar el número de especies vegetales a más de 300 y restaurar el chalet y el jardín.

Jardines Majorelle
Foto: iStock

Al oeste de la ciudad, a los pies de la cordillera del Atlas, el califa almohade Abd al-Mumin hizo construir los Jardines de la Menara en el siglo XII. Ya en el siglo XVI, se añadió el pabellón que constituye la foto por excelencia de los jardines. Junto a este, se encuentra una dársena que subministra agua a los jardines y hueros de alrededor con un sistema de canales subterráneos.

En una visita a la ciudad marroquí tampoco hay que dejar de tomar té árabe en alguna de sus terrazas y de degustar sus platos más típicos, como el tajín y el cuscús. Cuando cae la noche, la plaza Jemaa el Fna se transforma en una gran fiesta en la que los encantadores de serpientes y los bailarines comparten espacio con los vendedores de comida -carne y pescado a la brasa- y los visitantes.