A orillas del Atlántico

Vídeo: Marruecos a toda costa

Desde la cosmopolita Tánger hasta la naturaleza virgen de Legzira, la línea costera que perfila el océano Atlántico descubre una ruta de ciudades y pueblos que viven abocados al mar.

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No es fácil citar un único motivo por el que Marruecos ejerce tal poder de seducción entre los visitantes que lo escogen como destino viajero y repiten hasta haber conocido cada uno de sus rincones. Están sus bellísimos y diversos paisajes de infarto, el embrujo de los laberintos que crean los zocos en las principales ciudades, el exotismo cercano de una cultura tan diferente y tan próxima a la vez, los aromas de una gastronomía tan espaciada como sabrosa y, por supuesto, la hospitalidad árabe con la que es recibido todo foráneo que pone un pie en este territorio.

Conocer todo el territorio marroquí suele ser el resultado de más de una visita al país. Las ciudades de Rabat, la capital, Casablanca, Marrakech, Fez y Tánger son algunos de los grandes polos turísticos urbanos, aunque también se debería incluir en la lista de ciudades imprescindibles Ouarzazate, Essaouira o Chefchaouen.

Essaouira

Foto: Istock

En cuanto a atractivos naturales, este país del Magreb tampoco se queda atrás. Su orografía está determinada por la cordillera del Atlas, la sierra que divide el país en dos y cuyos picos, que rozan e incluso superan los 4.000 metros, reinan sobre el desierto. Cruzar en dirección hacia la vertiente sureste es el equivalente a adentrarse de lleno en el mundo de las costumbres y tradiciones de la cultura bereber.

Y por supuesto la reveladora experiencia de conocer la inmensidad del desierto del Sáhara. Uno no sabe si resulta más abrumadora la visión de las interminables dunas de día teñidas por la intensa luz ocre que el sol imprime en ellas o descubrir que el firmamento puede tener una profundidad inimaginable en la oscura y a la vez brillante noche de esta tierra yerma.

Pero es que además, para redondear esta completísima oferta, Marruecos tiene una larga línea de costa en la que se encuentran gran parte de sus encantos. Al este, la poblaciones rifeñas disfrutan de los baños en las playas bañadas por las aguas del Mediterráneo. Y al oeste, el océano Atlántico es el protagonista en una costa cuyo recorrido alcanza los casi 1.500 km. Hay quien decide hacerlo en moto, en coche o en transporte público pero, más allá del medio que se utilice, lo importante es hacerlo sin prisa, para poder sentir en cada parada el ritmo que le imprimen las olas oceánicas a cada uno de sus puntos de referencia.

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