Maravillas en 90 segundos

Vídeo: La Sagrada Familia en 90 segundos

El icónico monumento barcelonés es en sí mismo un fascinante universo simbólico, repleto de historia, curiosidades y detalles arquitectónicos sorprendentes.

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La Sagrada Familia es la iglesia que Antoni Gaudí (1852-1926) soñó para Barcelona. El arquitecto catalán la imaginó cuando el solar sobre la que se eleva era solo un campo abierto, con niños correteando, cabras campando a sus anchas y unos pocos edificios dispersos. En su mente el artista ya visualizó la grandiosidad del monumento elevándose hacia el cielo, por encima de las casas. La primera piedra de aquella pequeña parroquia se colocó el año 1882, cuando Barcelona aún tenía el centro ceñido por tramos de murallas medievales. Tras derribarlas el año 1897, la ciudad empezó a expandirse, creando calles en cuadrícula y bloques de pisos que poco a poco fueron envolviendo al templo.

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El arquitecto vivió entregado en cuerpo y alma a este proyecto durante más de 40 años, hasta que murió accidentalmente en 1926 atropellado por un tranvía. Unas 5000 personas se congregaron en la explanada de la iglesia para su entierro, que se convirtió en una gran manifestación de duelo. El museo de la Sagrada Familia, instalado en el semisótano del recinto, exhibe su amplio legado: maquetas, planos, esbozos, documentación, cartas y fotografías de la época, que han servido de guía a los arquitectos posteriores y permiten a todos conocer las etapas de construcción del monumento.

Gaudí, hombre muy creyente, quiso plasmar en su obra una escenografía que simbolizara la vida de Jesús y la historia de la fe. Las tres fachadas representan el nacimiento, la muerte de Cristo y su gloria. El interior, la espiritualidad celestial. Las 18 torres aluden a Jesús, la Virgen, los cuatro evangelistas y los doce apóstoles. Algunas son campanarios, otras cimborrios que dejan traspasar la luz cenital al interior y otras simples atalayas. El arquitecto también ideó un singular claustro cubierto para recorrer el perímetro del templo. A mediados del siglo XX ya se podía subir en ascensor a las torres-mirador finalizadas, desde las que se descubre una perspectiva distinta del monumento y amplias vistas de Barcelona. El descenso a pie permite apreciar la hipnótica y magistral escalera de caracol diseñada por el maestro.

Para las esculturas que decoran la fachada del Nacimiento, la primera en erigirse y la única que Gaudí vio finalizada, se tomó como modelos a vecinos del barrio; hoy se levanta frente a una plaza arbolada con un lago, cuyas aguas hacen de espejo del monumento. Le siguió la fachada de la Pasión, encargada y finalizada por el reconocido escultor barcelonés Josep Mª Subirachs (1927-2014), quien trabajó en ella 20 años, no sin cierta controversia por el estilo contemporáneo de sus aportaciones. La fachada de la Gloria, destinada a ser el acceso principal, sigue en construcción.

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Foto: Istock

En 2005 la Unesco declaró la Sagrada Familia Patrimonio de la Humanidad. En 2010 fue consagrada como basílica de culto con una misa oficiada por el papa Benedicto XVI. Desde entonces se puede visitar el interior. Gaudí quería recrear en él «un bosque que invitara al recogimiento». El resultado es un espacio grandioso en el que domina la verticalidad, desde los 45 m de altura iniciales a los 75 m del ábside, bajo el cual se halla la cripta que guarda la tumba de Gaudí.

La nave central está sustentada por columnas arborescentes que semejan una floresta pétrea (se usaron hasta 22 tipos de piedras). Las formas geométricas de la naturaleza, base del arte gaudiniano, están omnipresentes en todos los detalles. A esta genialidad artística se añade un elemento vivo: la luz natural que se filtra por decenas de vidrieras y que, con un ingenioso sistema, se desliza por el interior del templo, cubriendo todos los rincones de distintas tonalidades, según el color del cristal y la luminosidad y la hora del día.

Cuando se comenzó la Sagrada Familia hace más de un siglo era casi una utopía. Hoy es un monumento único de fama universal, cuya silueta con pináculos revestidos de mosaicos se integra sin complejos en el perfil urbano actual, y con un interior deslumbrante que deja boquiabiero. Pero lo más singular de esta obra es que sigue viva, creciendo a la vez que lo hace Barcelona. Entre los elementos pendientes en construcción quedan la fachada de la Gloria, destinada a ser el acceso principal, y la torre central de Jesús, que contará con un ascensor de cristal que culminará en la cima. La idea es concluir el templo el año 2026, coincidiendo con el centenario de la muerte del arquitecto. Dicen que entonces será la iglesia más alta del mundo (172,5 m).