Brújula viajera

Vídeo: Túnez de norte a sur

Un recorrido desde el encantador Sidi Bou Said hasta la mágica isla de Djerba.

Sidi Bou Said

Sobre el mapa y viendo como Túnez se estira desde el norte hacia el sur por la punta noreste de África se aprecia a simple vista que cualquier recorrido dentro de sus fronteras ofrecerá paisajes de lo más diverso: desde las tierras fértiles y la cosmopolita capital en el norte hasta la gran extensión desértica con la que el Sáhara se extiende por el sur de país.

El mismo primer vistazo nos proporciona también mucha información sobre su pasado, algo que se ve reflejado en el patrimonio histórico que exhibe Túnez. Con una más que privilegiada ubicación en plena costa mediterránea, sus habitantes han vivido el levantamiento y la caída de grandes imperios de la Antigüedad, cuyas huellas se grabaron entre sus raíces y se pueden conocer mejor en una visita a la vieja Cartago. A pesar de que poco queda de aquella poderosa ciudad que se enfrentó al mismísimo Imperio romano, sus ruinas frente al mar todavía conservan cierto aire de orgullo. Este viaje al corazón de la Antigüedad se completa en el Museo del Bardo de la capital, una de las visitas imprescindibles de todo viaje a Túnez.

Posiblemente también debido a su ubicación geográfica, Túnez es uno de los países árabes más abiertos y modernizados. El turismo ha sido durante mucho tiempo un motor económico y los visitantes extranjeros han contribuido a la internacionalización de sus atractivos, especialmente de sus bellas playas. Algunos de los más ilustres o, al menos, de los más bohemios y sugerentes, fueron los que el país recibió a principios del siglo XX. La seducción de las vanguardias artísticas europeas por el exotismo oriental encontró en los pueblos costeros tunecinos el rincón perfecto para dar un nuevo impulso a sus cuadros, que regresarían de África invadidos por una luz de lo más brillante. La misma que hoy sigue enamorando a todos los visitantes que llegan hasta Sidi Bou Saïd, Hammamet o Sousse.

Sidi Bou Said

Foto: Istock

Pero si algo tiene una gran presencia en Túnez es el desierto, cuyas infinitas dunas doradas ocupa una gran parte del territorio. Descubrirlo es siempre una experiencia que inevitablemente da como resultado una cura de humildad y una revalorización de las tradiciones ancestrales, personificadas en este caso por la cultura bereber. Aquí la inmensidad toma dimensiones difíciles de describir con palabras. Este universo se descubre en el sur, y el oasis de Tozeur puede ser uno de los mejores puntos de referencia. Sorprende la aridez que rodea al palmeral más grande del país, que además se encuentra a orillas del lago Chott el Djerid y su impresionante salar y cerca de otros oasis cuya visita será agradecida por cualquier explorador de la zona.

Las diferentes civilizaciones que alguna vez hicieron de Túnez su hogar han dejado su huella también en una diversa y sabrosa gastronomía que es uno de los mejores compañeros de viaje. El té, las especias, el cuscús, muchos productos frescos y las delicias dulces llenan los platos durante toda la ruta. Y, por supuesto, el jazmín, un aroma que todavía tiempo después de haber dejado atrás el viaje permite regresar con tan solo olerlo.

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