España

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Es Figueral (para quienes gustan de tumbona)

En Ibiza, hasta la opción de playa familiar con restaurantes cerca tiene su punto salvaje.  Alejada de Santa Eulalia del Río, con vistas al islote de Tagomago, Es Figueral es la vecina burguesa de Aguas Blancas, pero tiene la misma belleza. Protegida por acantilados, el agua se muestra dócil y poco profunda, por lo que es ideal para empezar con el snorkel o para las primeras brazadas en solitario de los más peques de la familia. Los aficionados a las playas nudistas, tienen su espacio hacia el extremo izquierdo.

 

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Es Cavallet (a todo ambiente)

Ubicada en el interior del Parque Natural de Ses Salines, Es Cavallet es una histórica entre las playas nudistas de la isla. Tal vez fuera porque era poco concurrida, ya que por orientación, en ella acostumbra a soplar viento tierra adentro y con las olas llega gran cantidad de restos de Posidonia que se queda en la orilla. Pero eso no debería ser problema para disfrutar de una de las mejores playas de Islas Baleares, también muy popular entre la comunidad LGBT, que ha hecho del Chiringay su particular lugar de encuentro.

 

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Platges de Comte (universo playero concentrado)

Todo un universo playero por el que navegar a sólo unos 8 kilómetros de Sant Josep. Hace tiempo, estas calas guardaban la esencia hippie de Ibiza, pero estos últimos años, la fama a golpe de redes sociales ha hecho que estén mucho más masificadas. Aún así vale la pena. Nada más llegar, al abrigo del histórico chiringuito Sunset Ashram, hay dos calas que parecen siamesas. Hacia poniente, aparece Racó d’en Xic, tradicionalmente nudista. Caminando hacia Ses Roques, se abren pequeñas calas de roca. Son más incómodas, pero a cambio se gana en tranquilidad. Los atardeceres por aquí son mágicos.

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Es Portitxol (o si no hay ganas de fiesta)

Disfrutar de la esencia Mediterránea sin artificios ni aglomeraciones se paga con un poco de aventura. Y es que no es fácil llegar a Es Portixol, no al menos por tierra. Por eso, este puerto natural de casetas varadero solo está frecuentado por los pescadores de la zona y senderistas que gustan andar por entre acantilados. Tras un descenso de una media hora entre pinos, la posible incomodidad de las rocas y gravas queda sobradamente compensada por la calma y la sensación de absoluta libertad. Hace snorkel aquí es una auténtica delicia.

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Cala Benirrás (para darle al tambor)

Esto es más que un día de playa, Cala Benirrás es toda una experiencia ibicenca. A la belleza de su entorno, hay que añadir su ritual de tambores cuando llega el atardecer. Sobre todo, el domingo, que es cuando más gente se concentra y le da al lugar un ambiente hippie inigualable mientras el sol se va poniendo tras ‘el dedo de Dios’, como se conoce popularmente al Cap Bernat, el singular islote frente a la orilla.

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Es Jondal (o cuando lo que importa es el chiringuito)

Ya era una playa singular, porque tenía más de campesina que marinera. Los pescadores la evitaban porque los bolos y cantos rodados no eran una ayuda precisamente a la hora de sacar las barcas del agua. Pero en los años 80 a alguien se le ocurrió abrir un chiringuito para dar servicio a los barcos que fondeaban de excursión frente a la playa, y desde entonces, Es Jondal es famosa por tener algunos de los  beach club más en forma de cada temporada, como el Blue Marlin o el Tropicana Beach Club.

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Gijón (Asturias)

Gijón ha sido escogido como el mejor destino urbano de España con el 30% de los votos en su categoría. Es la ciudad del horizonte, el de Eduardo Chillida, y el de las familias que no se resisten a la seductora tierrina del buen comer y del buen escanciar. La capital de la costa de Asturias inspira los sentidos como pocas. Basta darse un paseo por la playa de San Lorenzo, subir a lo alto del cerro de Santa Catalina o recorrer el puerto deportivo al caer la tarde para darse cuenta de ello.

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Fornell (Menorca)

La costa norte de Menorca es especial, y en él, Fornells destaca. Ya no lo hace sólo porque fuera el lugar donde la familia real prefería comerse la caldereta de marisco, si no porque su belleza de postal no ha pasado desapercibida a las familias. Además de la gastronomía, valoran poder pasar un día playero en las cercanas cala Tirant, Cavalleria o Cala Pregonda, o la oportunidad de pasear por las callejuelas entre casas de fachadas perfectamente pintadas de blanco o caminar al atardecer desde el pueblo a la Torre de Fornells, la singular construcción levantada por los ingleses hace ya un par de siglos que resiste al paso del tiempo.

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Torla-Ordesa (Huesca)

Cualquiera podría enamorarse de uno de los pueblos más bellos de Huesca. Éste, además, es la puerta de entrada al maravilloso mundo de aventuras que llega a ser el Valle de Ordesa. La villa medieval, con el imponente Mondarruego de fondo, fascina a pequeños y mayores por las historias de épicas, por el encanto medieval de sus casas construidas en piedra, por su iglesia románica, por el olor a humo y a carne a la brasa y porque, en definitiva, el tiempo aquí pasa a otro ritmo, casi como si no importara.

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El escénico castillo de Loarre

En el siglo XI su silueta ya dominaba los campos de la Hoya de Huesca. El castillo de Loarre es una de las  fortificaciones mejor conservadas de la Península y su construccción románica ha llegado hasta hoy en condiciones inmejorables. Su aspecto auténtico y contundente lo ha convertido en escenario de películas en distintas ocasiones como el filme de Ridley Scott, el Reino de los cielos de 2005.

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Castillo de alcázar de Segovia

Conocido como bastión en el siglo XII, fue residencia de reyes hasta el XIX. Su torre del homenaje, en el centro del recinto, y las cúpulas cónicas de sus torretas dibujan su inconfundible silueta. Frente a él se extiende el centro histórico segoviano, repleto de alicientes artísticos y gastronómicos.

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Playa de Langre, Ribamontán al Mar (Cantabria)

Un escénico anfiteatro arenoso en el que disfrutar del mar salvaje y del carácter rural de los prados de alrededor, así es la que muchos señalan como una de las mejores playas de Cantabria. Al naturalista y popular divulgador Félix Rodríguez de la Fuente le encantaba y también a los primeros nudistas, que disfrutaban del aislamiento del lugar. Sobre todo en agosto, es un arenal de uso mixto en el que conviven 'textiles' y naturistas, más en la zona de poniente, en la conocida como Playa Pequeña o Langre II.

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Playa de Es Trenc, Campos (Mallorca)

No es una de las playas nudistas menos concurridas, pero sí una de las más paradisíacas. Si ya se está habituado a pasear las desnudeces propias, se puede disfrutar de la arena blanca y fina y de las aguas turquesas de este paraíso próximo a la localidad de Campos, aunque bien podría pasar por una playa del Caribe… En sus tres kilómetros siempre hay espacio para la práctica del nudismo.  

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Playa Benijo, Tagana (Tenerife)

La playa Benijo, con su característica orilla de color negro, la proximidad del macizo de Anaga y los roques en la orilla, ocupa un paisaje de un magnetismo del que es difícil apartarse. El mar contrasta con la textura polvorienta que cubre el ambiente, que tiene mucho de lunar. Es una de las playas nudistas míticas de Islas Canarias. Una belleza natural sin trampa ni cartón.

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Playa de Torimbia, Llanes (Asturias)

Esta no es una playa cualquiera en la que encuerarse, si no la playa nudista más antigua de Asturias. Se inauguró en los años 60 como una pequeña porción más de libertad conseguida en el país. Además, es una de las playas más bellas de Asturias. Las vistas de este arenal fascinaron al director José Luis Garci, que lo escogió para algunas escenas de su película El abuelo. Cada temporada lleguen más turistas, por lo que 'textiles' y naturistas conviven en armonía.

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Playa El Cofete, Pájara (Fuerteventura)

Rodeada por las montañas de la Crestería de Jandía, este agreste arenal parece un mundo perdido cubierto de arena dorada y gravas. En sus casi 14 kilómetros hay espacio de sobras para encontrar la máxima comodidad en desnudez con la naturaleza. Al tener un acceso tan complicado, no es una playa concurrida, por lo que es un buen lugar para descansar y dar largos paseos por la orilla de mar.

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Playa Baroña, Porto do Son (La Coruña)

Decir Baroña es decir arqueología. Ahí sobre el promontorio, está uno de los castros mejor conservados de las tierras gallegas, pero, además, Baroña también es hablar de nudismo. En esta playa se vivieron episodios reivindicativos como el ocurrido en el verano de 1983, cuando catorce personas fueron detenidas por ir en pelotas. En la actualidad, el ambiente es tranquilo y relajado y ya nadie tiene que salir corriendo por querer bañarse desnudo.

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Playa el Verodal, Frontera (El Hierro)

Tan extraña como bella, esta playa de salvajes rojos es la más occidental de España. Y será por la absoluta sensación de libertad que transmite su enclave que lo cierto es que, aunque no está considerada ‘oficialmente’ como playa nudista, los bañistas suelen animarse a quitarse el traje de baño, lo que evita, a la vez, que se manche con arena roja. Para una experiencia completa, hay que esperar al atardecer.

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Playa de Famara, Teguise (Lanzarote)

Esta playa monumental de seis kilómetros de Lanzarote, cobijada por el risco montañoso que le da nombre, era la playa favorita de César Manrique. Es un arenal salvaje que mira de tú a tú al Atlántico y que atrae tanto a nudistas como a surfistas de todo el mundo. La belleza es tanta que produce ganas irrefrenables de dejar a un lado el traje de baño y salir corriendo por la arena. Suele haber olas y viento, pero con la marea baja, o vacía como dicen en la isla, en toda la orilla se forman grandes piscina de poca profundidad y agua tranquila.

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Playa de Covachos, Santa Cruz de Bezana (Cantabria)

Esta playa nudista de Cantabria es una de las más sorprendentes de España, debido a que con la marea alta tiene una isla a la que, sin embargo, se puede llegar caminando con la marea baja. A pesar de estar a media hora de Santander, le queda bien el adjetivo de salvaje. Rodeada de acantilados, su acceso es algo complicado, por lo que suele ser transitada por público joven, nudistas y amantes del senderismo que buscan desconectar durante unas horas.

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Cala Presili, Maó (Menorca)

También conocida como Capifort, Cala Presili es junto a su vecina cala Tortuga, una de las playas vírgenes más bellas del parque natural S’Albufera des Graus. Sus dimensiones son pequeñas, apenas 180 metros, pero Cala suele estar poco frecuentada ya que se llega siguiendo parte del Camí de Cavalls que bordea Menorca. Un lugar perfecto para relajarse en contacto con lo mejor del Mediterráneo desnudos y con vistas al bello faro de Favàritx. Eso sí, a poder ser, si es la primera vez que se hace nudismo evitar ir en pleno agosto, que es cuando está más concurrida por 'textiles'.

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Playa de la marquesa, Deltebre (Tarragona)

Playa nudista, amplia, singular, tranquila y encima dentro de esa maravilla natural que es el Parque Natural del Delta del Ebro. Más de un kilómetro de arena y mar en los que sentirse lejos de todo. ¿Qué más se puede pedir? Pues desde la playa, se puede caminar hasta la Punta del Fangar, un paisaje que tiene mucho de fin del mundo, con el traje de baño en la mano.

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Playa de La Joya, Motril (Granada)

Para acceder a ella hay que descender más de 200 peldaños, pero lo que cuesta, claro, es la subida. Sin embargo, hay que dar la gracias a todos esos peldaños por conservar la playa poco frecuentada. El bello entorno que ocupa y el que sea poco visitada hacen de ella una de las playas nudistas imprescindibles de la Costa Tropical.

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El Playazo, Vera (Almería)

Por norma general, las playas nudistas suelen estar aisladas, pero este no es el caso. Al contrario, el Playazo es, como indica su propio nombre, la playa más grande e importante de Vera. Se encuentra en una zona urbana de hoteles, por lo que el nivel de ocupación suele ser alto. Pero como son cerca de 2 kilómetros, hay sitio para todos. La zona naturista comienza en la parte norte, una vez acaba el paseo marítimo, y es uno de los arenales míticos de los aficionados ya que pasa por ser el  primer enclave europeo oficialmente declarado para la práctica del nudismo.

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Caló des mort (Formentera)

Las Baleares es territorio nudista, pero en Formentera, será por la cultura hippie o porque la naturaleza es lo que pide a veces, lo de ir en cueros ni se cuestiona y se puede hacer nudismo en prácticamente cualquier playa con total tranquilidad. Sin embargo, ésta es la más conocida de todas, tal vez por el talud rocoso que la cobija y por la dificultad del acceso, o por la belleza del entorno donde destacan los tradicionales escars, como se llaman a las típicas casetas de madera que los pescadores.

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Cuesta Manelli, Almonte (Huelva)

Entre Mazagón y Matalascañas, hay un paraíso nudista excepcional de ambiente tolerante. Aquí no hay grandes paseos urbanizados, pero sí paisajes y tranquilidad. A la zona de Cuesta Maneli se llega siguiendo la carretera que une Huelva con Matalascañas. El acceso se hace a pie a través de una pasarela de madera que quedó dañada en un incendio de Moguer de 2017, pero se están ultimando los trabajos para que esté accesible de nuevo a partir de este verano.

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La Costa Brava tiene música

Todos los veranos deberían comenzar en la Costa Brava. Si hay algún lugar en el que recuperar la esencia mediterránea de los días despreocupados al sol, es este trozo de litoral afortunado de calas con aguas turquesas, castillos y pueblecitos marineros. Hay mercadillos por los que pasear con la sensación del mar en la piel y lo más importante, mucha música: desde el clásico Festival Internacional de Música "Castell de Peralada" a los Concerts al Fòrum Romà de Empúries, pasando por el Festival de Jazz de Estartit.

 

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Cáceres, paraíso interior

La provincia de Cáceres es un buen ejemplo de que para que haya verano no hace falta playa. El Valle del Jerte ha dado fama a la provincia en primavera, pero hay mucho mundo más por descubrir: un mapa gastronómico sin complejos, todo el patrimonio histórico y cultural con ciudades como Trujillo, espacios naturales tan impresionantes como el Parque Nacional de Monfragüe, o la misma ciudad de Cáceres. Sobre todo, esencial visitarla las primeras semanas de junio, coincidiendo con el Festival Internacional de Teatro Clásico, ya que permite conocer escenarios históricos mientras se disfruta del arte.

 

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Mezcal Lab (Madrid)

2019 es el 'Año del maíz' para los restaurantes del chef Roberto Ruiz. Además de en su gastronómico Punto MX o el divertido Salón Cascabel, esta propuesta se instala también en su Mezcal Lab, un espacio dedicado a la cocina cien por cien mexicana y a los destilados del país. De hecho, aquí siempre proponen maridar sus platillos con la amplia oferta de coctelería con la que cuentan en su carta.

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Mezcal Lab (Madrid)

Con una propuesta pensada para compartir, resurgen platos clásicos como la palomitas de langostino y otros como los sopes de tinga de res, los tacos de carnitas de lechón o los de carne asada como novedad. El maíz es el hilo conductor de toda esta propuesta y se extrapola también a la oferta de coctelería con dos novedades, 'El dorado', un combinado elaborado con guayaba, tequila blanco y maíz nixtamalizado o 'Santa Muerte' (en la imagen) a base de de mezcal Espadín infusionado con ceniza de tortilla, plátano y piña.

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Café Madrid (Valencia)

Sí, aquí se inventó en 1959 el cóctel valenciano más famoso. Allí, en un lugar donde se reunía la bohemia local, se creaba por primera vez la singular Agua de Valencia. Muchos años han pasado y este espacio quedó en desuso, pero lo que sin duda es una gran noticia es que a principios de este año volvía a abrir el mítico Café Madrid. Y lo hacía de la mano del barman Iván Tálens y el cocinero Nacho Romero, del restaurante Kaymus.

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Café Madrid (Valencia)

Juntos han creado una propuesta para maridar una cocina de producto con aires internacionales y viajeros y la coctelería creativa del barman valenciano. ¿Qué tal suena un tartar de tomate con gazpacho de aguacate y anchoas, maridado con un Valencian Spritz con vermuth naranja Carmeleta, cava y top de soda? Suena a maridaje perfecto.

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Atelier Cocktail Bar (Gran Canaria)

En plena Playa del Inglés, más concretamente en la azotea del hotel Bohemia Suites & Spa, se encuentra una de las mejores coctelerías de todas las Islas Canarias, Atelier Cocktail Bar. Y lo es tanto a nivel nacional, como internacional, porque fue incluida en el 'Top 10 Best Hotel Bars de Europa' por la fundación Tales of the Cocktail. Desde luego, lo que un jovencísimo napolitano hace allí arriba es digno de mención. Se llama Raimondo Palomba y sus creaciones no dejan a nadie indiferente.

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Atelier Cocktail Bar (Gran Canaria)

Para este año, presenta 'Diario de un bartender Vol. II', una evolución de sus cócteles hacia un enfoque más introspectivo basado en las emociones. Y es que cada cóctel es una experiencia en sí mismo. Desde la elección de los destilados, muchos de ellos procedentes de pequeños artesanos, como la vajilla en la que se sirven o la elaboración diaria de los ingredientes que se utilizan. Pero hay más. Sus cócteles no terminan con el trago, sino que evolucionan con pequeños maridajes que acompañan a cada creación, que no es en sí una decoración o un añadido, sino una continuación del propio cóctel. Ejemplos como 'Gala' un cóctel inspirado en la musa y también esposa de Salvador Dalí que se elabora con Grappa di Amarone macerada con flores de hibisco, shrub de remolacha, vino de Oporto, limón, clara de huevo y champán y se acompaña de un lienzo de papel comestible y tres geles de licor o 'Mary Picón', un claro homenaje a las Canarias, hecho con vodka Chopin Potato al comino, zumo de tomate canario, picante tradicional, limón, sal negra volcánica y bitter picón, acompañado de una espuma de papa arrugá con shrub balsámico de tomates cherry y hebras de chili, son ejemplos más que claros de que aquí el maridaje con cócteles se lleva a otro nivel.

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The Alchemix (Barcelona)

Barcelona asistía el verano pasado al nacimiento de una nueva gastro-coctelería, The Alchemix. Su propio nombre ya es toda una declaración de intenciones. Lo que uniera el restaurante Gaggan de Bangkok, es decir, la amistad entre el chef Sergi Palacín y el barman Ignacio Ussía, tomaba forma en un mix de cocina y coctelería, donde lo que priman son los productos locales ejecutados bajo el prisma oriental, tanto en el plato, como en el vaso. De hecho, la experiencia en The Alchemix arranca con un comensal agasajado por macerados y The Alchemix Table, una tabla periódica en la que Ussía explica paso a paso sus creaciones.

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The Alchemix (Barcelona)

Ya en la mesa han creado tres menús degustación diferentes que maridan con coctelería. Ambas propuestas suponen un hermanamiento entre Cataluña y Asia con sorprendentes creaciones como las gyozas de cap y pota o un Bikini de pan de patata, trinxat de la Cerdaña con jugo de panceta y katsuboshi (en la imagen). ¿Y en coctelería? Un White Truffle Pisco Sour, un Negroni con remolacha o Sra. Pots y el Pequeño Chip, un cóctel a base de ginebra macerada con té isfahan, sirope de rosas, zumo de lichy y flor de hibiscus, servido, como su propio nombre indica, dentro de los entrañables personajes de Disney.

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Viva Madrid (Madrid)

No es de extrañar que Diego Cabrera sea considerado como uno de los mejores mixólogos de nuestro país. Y es que este argentino afincado en Madrid, ha sido el genial creador de conceptos como el desaparecido Le Cabrera, que le catapultó a la fama y más recientemente Salmon Guru, una de las 50 mejores coctelerías del mundo en la lista The World's 50 Best Bars, la coctelería de algunos hoteles NH Collection y el desarrollo de mucho del know how Scheweppes. El año pasado concretamente, volvía a la escena con la reapertura de Viva Madrid (Calle Manuel Fernández y González nº 7) una taberna de toda la vida que había sido sede de la Movida Madrileña.
 

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Viva Madrid (Madrid)

Aquí, en un tándem perfecto formado por las creaciones de Cabrera en coctelería y las de Estanis Carenzo y Pablo Giúdice en cocina, este maridaje no hace sino ganar adeptos cada día. Por ejemplo, una de las apuestas más sólidas de Viva Madrid, ha sido recuperar la cultura del aperitivo y uno de los maridajes que proponen son la 'media combinación' ya sea su versión clásica (ginebra, vermú y bitter de angostura) o una moderna con hojas de menta y curaçao, acompañada de ensaladilla rusa y torreznos de lechón con vinagreta de pimienta negra.

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Buscando a Nemo

(Carrer de Ramon Trias Fargas, 2)

Corría 1992 y Barcelona necesitaba de un artefacto arquitectónico que se convirtiera en icono de la recuperada fachada marítima. La ciudad escogió a Frank Gehry para encargarle el proyecto. El Pez dorado de Gehry, que, realmente, fue concebido como un sombrero de samurái ubicado junto a las torres Arts y Mapfre se ha convertido en un símbolo del Puerto Olímpico: parece flotar sobre el Mediterráneo y sus escamas reflejan el brillo dorado del sol. El caso es que esta escultura monumental es clave en la obra del arquitecto, pues fue la primera ocasión en la que empleó la tecnología informática para trazar las complicadas estructuras curvilíneas y formas asimétricas que le dan fama y que ha llevado casi hasta el límite en la Fundación Louis Vuitton o en la Bodega de Marqués de Riscal.

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Los colores del mercado

(Av. de Francesc Cambó, 16)

Como una muñeca matrioshka, el edificio se asienta encima del antiguo mercado de Santa Caterina, que a su vez se levantó sobre las ruinas del Convento que lleva su nombre. Este hecho, cómo las capas de usos se superponen en un espacio tan estrecho, motivó a Enric Miralles quien, junto a Benedetta Tagliabue, firmó el proyecto de rehabilitación -tal vez el más popular de su corta trayectoria-. La propuesta para el nuevo Mercado de Santa Catalina supo incorporar la nueva arquitectura sobre la vieja, mezclandolas con un resultado que equilibra la utilidad con la brillantez contemporánea. La verdadera protagonista del nuevo mercado es la cubierta, que funciona casi como fachada principal: es ondulada -todo un reto para el ingeniero del proyecto- y estalla en colores como si los alimentos del interior formaran una atractiva piel.

Foto: Fundació Mies van der Rohe

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Los viejos rockeros nunca mueren

(Av. Francesc Ferrer i Guàrdia, 7)

No destaca al modo monumental. Pero es que el enfoque de Ludwig Mies van der Rohe para el pabellón que debía representar a Alemania en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 fue mucho más sutil. El resultado fue un éxito incontestable que lo llevó a ser reconstruido por iniciativa de Oriol Bohigas en 1988 y a estar considerado como uno de los clásico indiscutibles de la arquitectura contemporánea. La experiencia del espacio conmueve a cualquiera. El uso de los materiales -vidrio, acero y cuatro clases de mármol- está supeditado a transmitir el ideal de modernidad, mientras que el uso exacto de las proporciones horizontales y de la estructura del edificio buscan replicar la ingravidez,  asegurando una absoluta fluidez entre el interior y el exterior del edificio.

 

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Encanto callejero

(Carrer de los Castillejos, 158)

El proyecto de b720, Fermín Vázquez Arquitectos, apostó por una cubierta ultramoderna para uno de los mercados más antiguos de Europa. Tenían claro que la remodelación del conocido Mercat dels Encants Vells debía ser fiel al carácter improvisado y al ajetreo del mercado y lo resolvieron con esta cubierta que, al modo de un paraguas revestido con paneles reflectantes, refleja el movimiento de lo que alberga. Se ha convertido en todo un símbolo de la renovada plaza de les Glòries.

 

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El proyectil nocturno

(Avenida Diagonal, 211)

Pocos edificios contemporáneos han originado tantos debates entre los barceloneses como la Torre Glòries, anteriormente Torre Agbar, diseñada por el arquitecto francés Jean Nouvel, en colaboración con el estudio catalán b720, Fermín Vázquez Arquitectos. Lo cierto es que desde su inauguración en 2005 se ha convertido en unos de los iconos arquitectónicos de Barcelona. Para muchos se asemeja a un proyectil, para otros es un gran supositorio e incluso un gigantesco y colorido falo, pero parece ser que el diseño de Nouvel está inspirado por elementos representativos de la cultura catalana como son la Sagrada Familia de Gaudí y la montaña de Montserrat. En esencia es más una forma emergente que se eleva en el centro de la ciudad que una torre al modo clásico. Es de noche cuando su piel - revestida por módulos de chapa de aluminio de 25 colores diferentes-  gana protagonismo: más de 4.500 dispositivos realizados con tecnología LED generan imágenes luminosas dinámicas en su fachada.

 

 

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¡Hágase la luz!

(Plaça dels Àngels, 1)

Ya en 1989 se presentaba el proyecto de Richard Meier como un edificio moderno que buscaba la relación directa con su entorno urbano más inmediato. Hoy basta pasearse una tarde por los alrededores para comprobar que el objetivo se logró de sobras. El audaz edificio, que responde a la personal interpretación formal del racionalismo del estadounidense, se convirtió en símbolo de Barcelona en la época de  Pasqual Maragall. El concepto buscaba traer luz al barrio del Raval. Se logró combinando volúmenes rectos y curvos en radical blanco y dejando pasar la luz exterior al interior a través de galerías abiertas, grandes lucernarios, aberturas, rendijas en los muros y los lucernarios de la cubierta. Así, algunos forjados se separan de la línea de la fachada y de los cerramientos permitiendo la continuidad de la luz cenital. Miquel Barceló, Jean Michel Basquiat, Miguel Ángel Campano y Antoni Tàpies son algunos de los artistas que reciben la luz natural en la colección del MACBA.

Foto: AgeFotostock

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El edificio ye-ye

(Calle Valencia, 384)

Entre los años 50 y 70 del siglo pasado parecía que cualquier cosa podía ser. La libertad era radical en todos los aspectos, también en la arquitectura, y así fue como las ciudades europeas se convirtieron en laboratorio de experimentación del llamado brutalismo arquitectónico. Barcelona no fue la excepción. Pero tal vez sea el Edificio de Apartamentos Valencia, de Mario Catalán, el máximo exponente de aquella época, alimentada por las ordenanzas del alcalde Porcioles, que dio prácticamente total libertad para construir. El resultado en este caso fue un edificio entre espacial y ye-ye en el que destacan sus ventanas cilíndricas superpuestas sobre el plano rectangular y oscuro de la fachada. Para el periodista Permanyer, como señala en su libro La Barcelona lletja, es una construcción que nunca se debería haber permitido, pero lo cierto es que hoy es uno de los edificios más ‘instagrameables’ de la arquitectura contemporánea barcelonesa.

Foto: AgeFotostock

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El anuncio hecho edificio

(Carrer de Joan Güell, 211)

El estudio OAB de Carlos Ferrater es el autor del Roca Barcelona Gallery, un edificio que funciona como emblema de la marca. Desde un inicio se proyectó siguiendo una decidida estrategia de comunicación cuya pieza fundamental debía ser la fachada. Se optó por el vidrio como material envolvente, funcionando al modo de un caleidoscopio urbano. Hay que visitarlo de día y de noche, desde dentro y desde fuera, para ver el efecto. Sorprendentes efectos visuales distorsionan en interior desde la calle, mientras que una vez dentro, la experiencia interior se remata con unas vistas rotas de la calle, de los coches, de los peatones y de los edificios que lo rodean. De noche, una espectacular instalación de iluminación recrea el efecto de una cortina de agua: un gran cubo azul que aparece misterioso en la ciudad.

 

Foto: RBTA

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Aterrizando en Barcelona

Debe ser difícil para un arquitecto enfrentarse al diseño de un aeropuerto: son algo así como la catedral moderna y simboliza el ‘no-lugar’, puesto que cuenta más como transición al desplazamiento que como espacio habitado. Ricardo Bofill aceptó de buen grado el reto, puesto que la Terminal 1 constituye la puerta de entrada a Barcelona de 25 millones de pasajero al año, ¡ todo un escaparate gigantesco! Fue diseñado con cierta forma metafórica: “entre un avión y un pájaro -explicó el propio arquitecto en la presentación del proyecto-, aunque las metáforas en arquitectura no pueden ser exactas". El resultado es un edificio que suma a su carácter internacional y multicultural la luminosidad de la arquitectura mediterránea, permitiendo al pasajero tener visión del entorno del delta del Llobregat y del mar. El blanco, los lucernarios y el uso del vidrio son amplificadores de la luz natural en uno de los aeropuertos más luminosos del mundo.

 

Foto: CC

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El primer museo para El Guernica

(Av. del Cardenal Vidal i Barraquer, 34)

Que la arquitectura es fiel testimonio de cada época es algo evidente con este maravilloso edificio reconstruido en 1992 con motivo de los Juegos Olímpicos. Se trata del antiguo Pabellón de la República, construido para la Exposición Internacional de París de 1937. Concebido por el filósofo José Gaos, comisario general de pabellón, el pintor Josep Renau y el escritor Max Aub, los arquitectos Josep Lluis Sert y Luís Lacasa, y con producción audiovisual a cargo de Luís Buñuel, el edificio se convirtió en un altavoz de la trágica situación política que se vivía en el país con la Guerra Civil. La confrontación condicionó el proyecto, que se construyó en tiempo récord con materiales económicos. El resultado fue un pabellón vanguardista con altas dosis de dramatismo emocional que albergó como pieza clave El Guernica de Picasso.

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Un acceso Pritzker

(Av. Francesc Ferrer i Guàrdia, 6-8)

De  fábrica propiedad de Casimir Casaramona i Puigcercós, industrial algodonero, especializado en la confección de mantas y toallas a uno de los centros culturales principales de Barcelona. La Fundación "La Caixa" adquirió en 2002 el edificio diseñado por Josep Puig i Cadafalch, uno de los arquitectos más destacados del modernismo catalán. La rehabilitación y adecuación para el CaixaForum Barcelona es de libro. Destaca el acceso al vestíbulo desde la calle del que se encargó el recientemente galardonado con el premio Pritzker, Arata Isozaki. Dos grandes árboles en acero cortén que sostienen una cubierta de vidrio de carácter escultórico, conocida por “Tetsuju” (árbol de hierro). Para el resto de la intervención, halló su principal inspiración enfrente mismo del Caixaforum, en el pabellón alemán que diseñó Mies van der Rohe para la Exposición Universal de 1929. El contraste y diálogo entre los dos edificios es absoluto.

 

Foto: AgeFotostock

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Símbolo olímpico

(Passeig Olímpic, 5-7)

El Palau Sant Jordi es el edificio más significativo de la Barcelona de los Juegos Olímpicos y el más popular -tras su inauguración se celebraron jornadas de puertas abiertas y asistieron casi 300.000 ciudadanos-. Una vez más, Arata Isozaki hizo confluir Oriente y Occidente en el plano arquitectónico. Se inspiró en el mar Mediterráneo, que se ve representado en el faldón perimetral de chapa que lo envuelve, mientras que la cubierta recuerda tanto a los templos budistas como a la bóveda de la arquitectura catalana. Sin duda, la cubierta es el elemento principal. Construida a nivel del suelo, aún hoy en día muchos recuerda el time-lapse de los diez días que una técnica de potentes gatos hidráulicos necesitó para colocarlo en su lugar.