Estados Unidos

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iStock-153778909. Giant Forest

Foto: iStock

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Giant Forest, un hogar para gigantes en California

En el área de Kings Canyon y dentro del bosque Grant Grove vive otra secuoya gigante: el General Grant, de 81 metros de alto. Sobre estos ejemplares colosales se puede aprender mucho en el Giant Forest Museum, una hora al norte de la entrada de Ash Mountain. Por otra parte los centros de visitantes de Foothills, Lodgepole y Kings Canyon cuentan también con excelentes exposiciones sobre fauna y flora. Sequoia & Kings Canyon suele formar parte del viaje que desde la ciudad de San Francisco visita el Parque Nacional Yosemite y el monte Whitney, de 4.418 metros.

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Foto: Embajada de Francia

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Un viaje con seguimiento

El largo recorrido que acaba de comenzar la pequeña Estatua de la Libertad no será tan desconocido y discreto como se podría creer, sino que incluirá un seguimiento. La empresa encargada del transporte del monumento desde París hasta Nueva York ha habilitado un espacio en su web para poder hacer un tracking en todo momento del recorrido de la estatua. Por el momento no está en uso, pero se prevé que en los próximos días ya se pueda acompañar virtualmente a la réplica en su viaje transoceánico.

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Foto: Heatherwick studio

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Un proyecto sostenible para revivir el muelle 55

En 2013, la fundación sin ánimo de lucro de la pareja de millonarios formada por Barry Diller Diane von Fürstenberg decidió buscar una solución para uno de los muelles del río Hudson. Dañado por la acción del Huracán Sandy, el pier 55 se fue perfilando poco a poco como Little Island, un proyecto que tardó diez años en finalizarse, obra del arquitecto Thomas Heatherwick y la paisajista Signe Nielsen. La estructura está formada por 132 columnas de hormigón armado terminados en forma de copa en su superficie. Esta parte cóncava se llenó de tierra para poder plantar sobre ella un total de 350 especies de flores, y multitud de árboles y arbustos.

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Foto: Heatherwick studio

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Un espacio al aire libre que fusiona naturaleza y cultura

La idea del nuevo parque, según su precursor, es crear una experiencia inmersiva de naturaleza y arte. El lugar se construyó con el objetivo de crear un espacio verde público y de actividades al aire libre en Nueva York, un área de descanso y de paseo con varias zonas de interés. Dos puentes permiten el acceso al parque, donde tres miradores sobre el río Hudson permiten disfrutar de buenas vistas del sur de Manhattan y de Nueva Jersey. En el parque, además de una zona de césped para relajarse, hay una zona de juego, un pequeño escenario (The Glade) con capacidad para 200 personas y uno más grande (The Amph), con capacidad para 700.

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Foto: Heatherwick studio

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Un parque en constante metamorfosis

Aunque el parque abre de 6 de la mañana a 1 de la madrugada y la entrada es gratuita, es necesario hacer reserva para poder acceder a él a partir de las 12 del mediodía. En Little Island se podrá disfrutar de actividades semanales para todas las edades: desde cursos y talleres de arte hasta leer un libro de su pequeña librería móvil, pasando por conciertos de gospel o un recital de ballet, entre muchas más. Según la paisajista, Signe Nielsen, el parque cambiará de aspecto en cada estación, por ejemplo en la iluminación, que también es diferente dependiendo del momento del día.

Foto: Summit One Vanderbilt

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Diseño sostenible y seguro

Este proyecto también ha tenido en cuenta la sostenibilidad y la seguridad de los usuarios. SL Green no sólo se ha preocupado por mantener una de las huellas de carbono más bajas de edificios de una magnitud similar, sino que también ha incluido alta tecnología a nivel sanitario. Las entradas para The Summit se pondrán a la venta este mismo verano y habrá una opción de preventa para los usuarios registrados en su sitio web.

Levitation (ledges)

Foto: Summit One Vanderbilt

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Una subida de vértigo

El primer punto fuerte de Summit One Vanderbilt es Ascent, un ascensor exterior de cristal en el que los visitantes podrán ver la ciudad más allá de sus pies durante un ascenso de 369 metros. Además, esta construcción estará conectada directamente con la estación Grand Central Terminal, una de las mayores joyas arquitectónicas de Nueva York. A lo largo del edificio también se han habilitado cajas exteriores llamadas Levitation, también de cristal, suspendidas sobre la Madison Avenue de Manhattan. 

Summit Exterior

Foto: Summit One Vanderbilt

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Sorpresas sensoriales aún por desvelar

El edificio One Vanderbilt es una de las construcciones más altas de Nueva York y no sólo ofrece unas vistas únicas, sino que también incluye experiencias multisensoriales y la tecnología más vanguardista que abraza arte, naturaleza y diseño a la vez. The Summit aún guarda sorpresas sin desvelar: una experiencia de arte inversivo diseñada por Kenzo Digital, una atracción sensorial que incluirá sonido, animación, iluminación y más materiales pensados para despertar los sentidos y conectar la percepción del visitante sobre Nueva York con la naturaleza. 

Apres Outdoors

Foto: Summit One Vanderbilt

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Un observatorio de 6.000 metros cuadrados

Para coronar la experiencia, el visitante podrá tomar algo en Après mientras se disfruta del observatorio The Summit con una bella perspectiva de la Gran Manzana y el prado alpino urbano al aire libre más alto del mundo. El observatorio de cuatro niveles y 6.000 metros cuadrados combinará interior y exterior con terrazas al aire libre y se ubicará entre los pisos 57 y 59, y aunque no será tan alto como el de otros rascacielos de la ciudad, ofrecerá unas vistas inigualables de Central Park, el edifico Chrysler, el East River y otros atractivos de Nueva York.

Empire State Building

Foto: Cayetano Gil / Unsplash

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Nueva York: vacunas para todos

“¡Bienvenido a Nueva York, su vacuna lo está esperando!”, ese fue el saludo en las redes sociales con el que el alcalde Bill de Blasio se apuntaba al turismo de la vacuna. Sin embargo, el anuncio está a la espera de la aprobación estatal. La campaña turística está en la línea del trabajo para lograr la vacunación récord de toda la comunidad local. La vacuna no es solo gratis para todos los residentes, que pueden disfrutar de contrapartidas más o menos curiosas a modo de incentivos, como entradas para el béisbol, para museos o, incluso porros -lo llaman 'Joints for Jabs'-.

Tras más de un año de crisis sanitaria global que ha afectado a la economía de la ciudad, ofrecer la alternativa de Johnson & Johnson a los visitantes es una estrategia en favor de la recuperación. Según algunos planes que se han ido filtrando en medios se planean realizar jornadas de vacunación directamente en Times Square y otros sitios turísticos, donde se instalarán camionetas. Puede ser que en breves se vean colas de turistas haciéndose selfies con la vacuna en el brazo en Central Park o en el Empire State Building.

 
 DSF8049. La Luna, un aura perfecta para la antorcha más famosa

Carlos Sánchez

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La Luna, un aura perfecta para la antorcha más famosa

Esta fotografía de la luna perfectamente alineada con la antorcha de la Estatua de la Libertad tuvo mucha planificación detrás. “Está hecha con un teleobjetivo desde Liberty State Park en Nueva Jersey”, explica Carlos Sánchez, y añade que “las fotografías de la luna alineada con algún monumento o edificio siempre son complicadas porque requieren mucha planificación y han de darse muchos factores para que salgan bien”. El fotógrafo confiesa que esta imagen, realizada desde la pasarela peatonal que conecta Black Tom Island con Liberty State Park, “tiene muchos intentos fallidos detrás” que, por suerte, no le hicieron abandonar. 

 DSF8316. Seguir disparando tiene recompensa

Carlos Sánchez

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Seguir disparando tiene recompensa

“Está de espaldas y con el cuerpo cortado, pero es posiblemente mi mejor fotografía de la Estatua de la Libertad”. Así de rotundo se muestra el fotógrafo sobre esta imagen, tomada en el mismo lugar que la anterior, pero sólo unos minutos después. “En esta ocasión el cielo se convirtió en el lienzo perfecto”, asegura Carlos Sánchez, que cree que, a veces, los encuadres más interesantes se consiguen cortando la estatua para darle más protagonismo al cielo. Esta fotografía, según explica Sánchez, “es un recordatorio de que siempre merece la pena seguir disparando después de conseguir la imagen que teníamos planificada.”

 DSF7383. Capturando la inmensidad del Empire State

Carlos Sánchez

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Capturando la inmensidad del Empire State

Esta pareja viendo el atardecer desde el East River Memorial Bench en Brooklyn permitió al fotógrafo conseguir un encuadre del Empire State Building diferente a los habituales. “Este día iba con la intención de fotografiar el skyline de Manhattan desde Williamsburg”, explica Sánchez, "pero al llegar me encontré con una pareja subida a esta estructura, disfrutando del atardecer”. Fue entonces cuando decidió retroceder unos metros para incluirlos en el encuadre: “Así conseguí capturar el momento además de la vista, y a la vez poner en perspectiva la inmensidad del Empire State”.

 DSF4067. Una silueta diferente de Nueva York

Carlos Sánchez

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Una silueta diferente de Nueva York

Si hay algo que caracteriza el skyline de Nueva York son los depósitos de agua sobre las azoteas de los edificios. “Esta fotografía está hecha desde Central Park al amanecer”, explica el fotógrafo, y añade que esa es su mejor fotografía de estas características construcciones en las azoteas de Nueva York. “Está hecha un amanecer de julio desde Central Park, aunque no se ven muchas fotografías hechas desde allí al amanecer porque mucha gente sigue pensando que es un sitio inseguro de noche”, cuenta Sánchez, aunque él cree que “pasear de noche por Central Park no es más inseguro que pasear por cualquier calle de la ciudad."

 DSF4404. Una perspectiva diferente del mítico Radio City Music Hall

Carlos Sánchez

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Una perspectiva diferente del famoso Radio City Music Hall

La calle 45 es una habitual en las fotografías de Carlos Sánchez. “En esta ocasión utilicé un mini trípode para bajar la cámara a ras de asfalto y conseguir un encuadre diferente”, explica el fotógrafo. El Radio City Music Hall que aparece en la imagen es un lugar de entretenimiento que se ubica en el Rockefeller Center y está considerado como el teatro más importante del país, con lo cual es un objetivo habitual de los focos. El profesional asegura que, “durante la pandemia, Nueva York ha estado extrañamente vacío, con lo cual esta es una fotografía especial porque sé que va a ser difícil repetirla sin nadie por la calle.”

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Carlos Sánchez

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El fenómeno del Manhattanhenge

Un fenómeno que se produce contadas veces al año es la vista del sol poniéndose perfectamente alineado con las calles de Manhattan. Esta fotografía, que es la que aparece en la portada de la guía fotográfica de Nueva York, está hecha desde la calle 45 con un teleobjetivo. “Conseguir buenas fotografías del Manhattanhenge no es fácil”, cuenta Sánchez, “es un evento que sólo sucede cuatro veces al año, y las localizaciones más populares para fotografiarlo se llenan varias horas antes de la puesta o la salida del sol”. “De todos mis intentos de fotografiarlo, este desde la calle 45 es sin duda mi favorito”, confiesa el fotógrafo,“todo cuadró perfectamente en este disparo, desde la luz hasta el ciclista que va por la calzada.”

 DSF1559-Pano-2-lightroom-photoshop. La unión del Skyline de Lower Manhattan y el de Jersey City

Carlos Sánchez

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La unión de dos skylines: Lower Manhattan y Jersey City

Los dos cara a cara, puestos frente a frente, uno iluminado en la oscuridad y otro bajo el cielo brillante. Los dos skylines enmarcan la Estatua de la Libertad, situada en el centro. Esta panorámica es una toma que el fotógrafo hizo desde el muelle 34 del Hudson River Park en Manhattan, pero no fue fácil. “Esta fotografía la conseguí tras cuatro o cinco visitas al atardecer a esta localización en el muelle 34, a orillas del río Hudson”, cuenta Sánchez, y asegura que “es el mejor atardecer que he conseguido capturar con mi cámara en Nueva York”. Una insistencia que, finalmente, valió la pena para conseguir una de sus mejores instantáneas.

 DSF2485-h. El edifico Chrysler desde un punto estratégico

Carlos Sánchez

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El edifico Chrysler desde un punto estratégico

Este es, sin duda para Carlos Sánchez, “mi encuadre favorito del edificio Chrylser”, y no es para menos. La fotografía está hecha con un teleobjetivo desde la esquina de Mercer Street con Canal Street, en la frontera de tres barrios icónicos de Nueva York: Chinatown, Tribeca y el SoHo. El edificio Chrysler, de fondo, es un icónico rascacielos de la ciudad, y su estructura decó genera un gran contraste con las construcciones que aparecen en primer plano. “Este encuadre lo descubrí por casualidad mientras paseaba por Chinatown”, cuenta el fotógrafo, y confiesa que “haciendo esta foto fue cuando se me ocurrió la idea de recopilar todas las localizaciones que conocía de la ciudad en una guía fotográfica”.

 DSF8108-luminar. El skyline de Lower Manhattan desde Brooklyn

Carlos Sánchez

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El mítico skyline de Lower Manhattan desde Brooklyn

Los viejos postes de madera que formaban el Old Pier 1, un antiguo embarcadero, son la antesala perfecta para el telón de fondo de Lower Manhattan. Carlos Sánchez guarda un especial cariño a esta imagen porque, según explica, "fue la primera fotografía que hice tras mudarme a Nueva York”. El fotógrafo cuenta que “es un encuadre que ha repetido decenas de veces y el resultado siempre es distinto, ya que depende del nivel de la marea”. Vista desde Brooklyn, esta escena de Manhattan guarda una cierta magia por la larga exposición que congela el movimiento del cielo y del mar y pone en relación el conjunto de postes que, en cierto modo, guardan un paralelismo estético con el grupo de edificios.

 DSF1028. El skyline de Jersey City desde el Hudson

Carlos Sánchez

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El skyline de Jersey City desde el Hudson

Es muy habitual ver fotografías del skyline de Manhattan desde Jersey City, pero la imagen inversa es menos conocida. “Este candilazo sobre Jersey City está fotografiado desde el Hudson River Park en Manhattan”, cuenta Sánchez. La imagen fue la primera que el profesional tomó tras pasar más de un mes confinado en su casa al inicio de la pandemia por Covid-19 en 2020. Así explica cómo se sintió: “no me podía creer la suerte que tuve de encontrarme con un atardecer así de espectacular el primer día que volvía salir con la cámara”. Una instantánea hecha desde el muelle 64 que le recordará por siempre la sensación de recuperar la libertad de la que se vio privado durante su encierro.

De Longpre Avenue, un volcán en erupción

Foto: Creative Commons

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De Longpre Avenue, un volcán en erupción

Leer Cartero como una simple novela sería desperdiciar una fantástica guía por Los Ángeles más alternativo. El libro es casi un mapa preciso de esa ciudad escondida a los ojos del viajero: desde los suburbios periféricos dominados por personajes extraños hasta los antros, las licorerías o el hipódromo donde el poeta solía pasar grandes ratos. Pero también es un largo sendero a través de los vicios de Bukowski: el sexo, el juego, la violencia, la soledad y el alcohol dan forma al escritor, y todos ellos se concentran en un mismo espacio, su casa.

Durante décadas vivió en el 5124 de De Longpre Avenue, un pequeño apartamento situado en el noroeste de Los Ángeles. De estética sobria y humilde, en el interior de aquellos muros de hormigón desnudo desata sus impulsos más bajos forjándose la fama de viejo indecente, que más tarde adoptaría él mismo como mote. Las mujeres llegaban allí como polillas a la luz, solo que atraídas por sus poemas y el aura de escritor underground. Bebían, se acostaban, se enamoraban, aunque por poco tiempo, se peleaban y se insultaban para finalmente esfumarse. El vacío era reemplazado casi al instante por otra mujer, y así eternamente. Y sin embargo, cuanto más profundo se hacía el círculo vicioso mayor era la producción de su obra. Las mujeres y el sexo y el alcohol fueron la materia prima en la que basó sus grandes obras y poemas y De Longpre Avenue fue el lugar donde vieron la luz.

No obstante, a principios del nuevo milenio, un proyecto inmobiliario amenazó con derribar el complejo para construir nuevos edificios, pero gracias a la presión de los propietarios y sus seguidores consiguieron paralizar el plan hasta que finalmente, en 2008, el Consejo de la ciudad lo declaró Monumento Histórico y Cultural. El consejero de aquel entonces dijo: "Hollywood no es famoso por sus santos o por sus monjas. Siempre atrajo a gente complicada e importante, Bukowski definitivamente encaja en ese molde”.

El ascenso literario, a lomos de un gorrión negro

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El ascenso literario, a lomos de un gorrión negro

La fama como escritor llegó tarde. Era 1969, Bukowski tenía 49 años y seguía trabajando como cartero. Fue entonces cuando su compañero John Martin consiguió convencerlo para que dejara su trabajo y se dedicase plenamente a la escritura. Tres años antes, Martin había fundado en Los Ángeles la editorial del gorrión negro, Black Sparrow Press, y lo hizo con el objetivo expreso de publicar las novelas y poemarios de Bukowski, aunque también ayudó a dar a conocer a varios autores de vanguardia como John Fante, Paul Bowles o Lucia Berlin.

Dicho y hecho, aceptó el trato aunque en palabras del propio Bukowski, hacerlo era prácticamente morir de hambre, pues todo lo que le ofrecía su amigo eran cien dólares mensuales, pero eso sí, de por vida, publicara o no.

"Tengo dos opciones, permanecer en la oficina de correos y volverme loco… o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme de hambre. He decidido morir de hambre."

Homenaje contemporáneo

Foto: Creative Commons

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Homenaje contemporáneo

El tiempo ha ensalzado a Bukowski como un escritor y poeta de masas. Su estilo visceral, aparentemente sencillo y preciso ha atraído a muchos que intentan seguir sus pasos. Quizás su nombre no tenga una estrella en el paseo de la fama, pero Los Ángeles ha encontrado otras formas de rendirle homenaje. Uno de los elementos más característicos de la ciudad son los murales y graffittis, y Bukowski tiene el suyo propio. Se encuentra en el barrio de Los Feliz, cerca del observatorio Griffith. El humo de un cigarro deja entrever su rostro marcado por el acné galopante que le acechó durante toda su vida y a su lado, una cita suya: "Lo más importante es lo bien que camines por el fuego".

Su rostro también es visible en el cruce de Pico Boulevard y South Crescent Heights Boulevard, justo al lado de la sala de conciertos The Mint. También aparece con un cigarrillo en los labios y una de sus frases más conocidas: "No me gusta la cárcel: tienen el tipo equivocado de barras ahí”. Las barras que más le gustaban, sin duda, eran las que venían acompañadas de un vaso de ginebra o whisky y es tras una de ellas, donde el escritor sigue apareciéndose cada día. Se trata de Barkowski, un bar temático de Santa Mónica decorado completamente por fotografías del autor de Factotum, Mujeres o La Senda del perdedor.

Fama, alcohol y caballos

The Pink Elephant Liquor

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Fama, alcohol y caballos

El acuerdo de colaboración no tardó en dar sus frutos y pronto pudo olvidarse de los cien dólares mensuales. La década de los setenta trajo consigo mucho dinero y como no podía ser de otra manera, gran parte iba a ser invertido en sexo, alcohol y apuestas. Lo primero que hizo fue dejar su apartamento en De Longpre Avenue, aunque por su cabeza no existía la posibilidad de dejar atrás la ciudad de Los Ángeles. Preguntado por la posibilidad de trasladarse fuera, Bukowski respondió tajante:

"¡No, por dios! Me gusta la anarquía de la ciudad, la mugre, el aire contaminado, la peligrosidad de las calles. En el campo me volvería loco. A mí dadme el estruendo de las bocinas de los coches y las aceras sucias."

El lugar elegido fue una casa en San Pedro, el distrito más al sur de la ciudad. Allí pasó la última etapa de su vida acompañado de Linda Lee Beighle, dueña de un restaurante de comida sana. Entre tanto, el 'viejo indecente' se dejaba caer con frecuencia por el Frolic Room, el bar situado en el paseo de la fama o el The Pink Elephant Liquor, la licorería por excelencia de Bukowski. Cuando el alcohol no calmaba su sed, asistía a las carreras de caballos que se celebraban en el hipódromo de Hollywood Park o el de Santa Anita. Mataba el tiempo apostando y, a veces cuando ganaba dinero, se permitía auténticos festines culinarios en buenos restaurantes como el Musso & Frank, también ubicado en Hollywood Boulevard y a menudo frecuentado por las estrellas de cine.

“No lo intentes”

Foto: Creative Commons

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“No lo intentes”

Su recorrido termina en el hospital San Pedro Peninsula, allí pasó sus últimos días. El 9 de marzo de 1994, Charles Bukowski murió a los setenta y tres años al no superar el tratamiento de quimioterapia al que estaba siendo sometido contra la leucemia. Cinco días más tarde, y a petición suya, tres monjes budistas trasladaron el cuerpo hasta el cementerio de Green Hills Memorials Parks, en el Rancho Palos Verde, donde fue enterrado. Su tumba hoy se convertido en un punto de peregrinación para sus seguidores y en su lápida se lee “No lo intentes”, una frase demoledora sacada de una de las cartas que envío a su amigo William Packard en 1990:

"Trabajamos demasiado duro, lo intentamos demasiado. No lo intentes, no trabajes. Está ahí. Mirándonos fijamente, deseando salir a patadas del útero cerrado."

De profesión, cartero

Foto: iStock

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De profesión, cartero

A través de las desventuras de su alter ego, Henri Chinaski, su obra es en esencia una gran autobiografía, pero antes de dar vida a su personaje más famoso publicó en algunas revistas varios relatos breves como Aftermath of a Lengthy Rejection Slip o 20 Tanks From Kasseldown. Tras ello, dejó de escribir durante más de diez años.

A principios de la década de los cincuenta, Bukowski comienza a trabajar en la Terminal Annex de la Oficina de Correos de los Ángeles. Así transcurren los años, se casa por primera vez, se divorcia más tarde, conoce a varias mujeres más, tiene a su única hija, Marina Louise Bukowski, ingresa en el hospital por una ulcera sangrante, comienza a escribir poesía y en medio de esa espiral de amor, sexo, alcohol y literatura, escribe su primera novela, Cartero, que bien podría tratarse de una crónica en primera persona sobre su experiencia en la oficina de correos.

"Empezó por una equivocación. Estábamos en navidades y me enteré por el borracho que vivía calle arriba, y que lo hacía todos los años, que contrataban a cualquiera que se presentase, así que fui y lo siguiente que supe fue que tenía una saca de cuero a mis espaldas y que me dedicaba a pasear a mis anchas. Vaya un trabajo, pensé. ¡Tirado!"

Pregúntale al polvo

Los Angeles Public Library

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Pregúntale al polvo

Es en ese punto cuando el joven Bukowski comienza su andadura como escritor, más concretamente, en la Biblioteca Pública de Los Ángeles, en West 5th Street. Era un lugar que visitaba frecuentemente y pasaba largas horas hojeando libros bajo el globo terráqueo que domina las alturas del edificio. Allí descubrió Pregúntale al polvo, de John Fante, el libro iniciático que le abriría las puertas del realismo sucio, un movimiento literario relacionado con la generación ‘beat’ que primaba la precisión y la sobriedad ante todo. Tan importante fue para él aquel libro que años más tarde aceptó el encargo de escribir el prólogo de una nueva edición. Dice así:

"Pasé unos minutos hojeándolo. Y entonces, a semejanza del hombre que ha encontrado oro en los basureros municipales, me llevé el libro a una mesa. Las líneas se encadenaban con soltura a lo largo de las páginas, allí había fluidez. El humor y el sufrimiento se entremezclaban con sencillez soberbia. Comenzar a leer aquel libro fue para mí un milagro tan fenomenal como imprevisto."

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Una cascada exigente

Este increíble fenómeno no ocurre todos los años, de hecho en 2020 no lo hizo, y es que para que esta ilusión óptica se produzca es necesario que se cumplan varias condiciones, todas ellas imprescindibles. La primera es la abundancia del agua. Si la temporada de lluvia no ha descargado sobre Yosemite una cantidad considerable de agua, la cascada no tiene el caudal suficiente como para hacerse ver. En segundo lugar, la luz. Durante los días en que tiene lugar la cascada de fuego es necesario que el cielo esté completamente despejado. De no ser así, los rayos del atardecer no conseguirían penetrar de la forma en que lo hacen en la cascada y esta no adoptaría ese color tan característico. Por último, también es necesario que el invierno no haya sido especialmente duro, ya que las bajas temperaturas podrían amenazar con congelar la catarata y sería imposible que se produjera este curioso efecto.

La primera cascada de fuego

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La primera cascada de fuego

El primer registro que se tiene de este fenómeno no pudo ser más literal. Para ello hay que viajar en el tiempo hasta 1872, cuando James McCauley, que gestionaba un pequeño hotel cercano a Yosemite, acudía asiduamente a la cima para encender hogueras y admirar el paisaje natural. Cuando McCauley decidía que ya había tenido suficiente, apagaba la hoguera y tiraba las brasas por la grieta por donde hoy fluye la cascada, creando la ilusión de una cascada de fuego, aunque en ese caso, en por la noche. El ritual comenzó a hacerse famoso y cada vez más personas acudían a ese lugar para prender fogatas, hasta que en 1968 se prohibió por motivos ambientales.

No fue hasta 1973 en que se tomó la primera fotografía de la verdadera cascada de fuego. La tomó Galen Rowell y desde entonces, un reguero de fotógrafos se concentra casi cada año en Yosemite para inmortalizar la curiosa ilusión óptica.

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Foto: iStock

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Cómo y cuándo verla

Afortunadamente este año se cumplen todas las condiciones climatológicas y la cascada será visible entre el 12 y el 24 de febrero de 2021, así lo confirma en su página web el propio Servicio de Parques Nacionales. Sin embargo, para poder admirar in situ este fenómeno, los visitantes tienen que presentar una autorización para entrar en el parque ya que en los últimos años el acceso descontrolado de turistas y curiosos ha tenido un impacto negativo en la zona.  

Cascada de fuego, Yosemite

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Un fenómeno único

Ocurre una vez al añ y su efecto atrae a cientos de turistas y fotógrafos que desean ver cómo durante el mes de febrero la naturaleza tiñe el agua de una cascada y la convierte en una cola de fuego de quinientos metros de altitud. Este fenómeno, único en el mundo, se produce cuando los últimos rayos del atardecer penetran con tal intensidad sobre la cascada que cuelga sobre el borde oriental de El Capitán, el imponente macizo en el Valle de Yosemite, que termina por transformarla en una larga cola magmática.

Beverly Hills, sol y limonada

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Beverly Hills, sol y limonada

Beverly Hills es California, y California rezuma alegría, frescura, sol, playa, movimiento. La costa es imprescindible en el imaginario californiano y así lo ha querido reflejar Alía Raza en su fragancia para The Peninsula Beverly Hills. "Este aroma está diseñado para rememorar el efecto de una limonada fresca en un día de sol frente el mar”. Sin ir más lejos, la esencia está compuesta por limón, pero también de la flor del manzano, cédro, sándalo y notas botánicas procedentes de la hoja de pala, el brote de plumería y el jazmín.

Aromas vibrantes para “la ciudad que nunca duerme”

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Aromas vibrantes para “la ciudad que nunca duerme”

Nueva York es posiblemente una de las capitales mundiales de Occidente, si no la principal. La gran manzana funciona como un enorme centro multicultural, desde el barrio chino hasta las comunidades italoamericanas, latinas o afroamericanas. Y es que según Mackenzie Reilly, Nueva York celebra cada día la inclusión. Es por ese motivo que ha creado una fragancia sin género, capaz de captar la atención de cualquiera, sin distinción de etnias ni sexos. Un reto mayúsculo que Reilly ha abordado desde las esencias afrutadas del membrillo, los suaves romas de la amarreta y el cedro y los toques florales a partir de peonía, jazmín y narcisos.

Foto: iStock

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Nevada y la utopía Millennial

Este es un viaje de ciencia ficción extrema. Tiene lugar cada verano, en Black Rock City, una ciudad efímera que se monta cada año en pleno desierto de Nevada, al noreste de Reno. Se concentran unos 70.000 ciudadanos de lo más variopinto durante una semana. Más que un festival cualquiera, se trata de todo una experiencia colectiva de contracultura que busca experimentar con la autosuficiencia y formas de expresión libres. Para entrar, aparte de pagar la tarifa, hay que dejar los prejuicios en la puerta.

 

Foto: FXCollaborative

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Museo estatua de la libertad

La Estatua de la Libertad tiene postales, camisetas, imanes de la nevera y todo tipo de merchandising pop que uno pueda imaginar, pero aunque parezca raro el símbolo por excelencia de Estados Unidos aún no tenía su propio museo independiente. La firma encargada del diseño del museo es FXCollaborative. El nuevo espacio en Liberty Island cubre más de 2400 metros cuadrados y está montado como un recorrido por la fascinante historia del monumento mediante las tecnologías de inmersión más avanzadas del momento. Tras 133 años dando la bienvenida a Nueva York, ya tocaba que Miss Liberty tuviera su propio salón de la fama.

Foto: DSRNY

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The Shed: o todo sobre ruedas

La última novedad de Nueva York parece ideada por un científico loco de dibujos animados: su cubierta es flexible y se mueve sobre raíles. Toda una genialidad que responde a la necesidad de adecuar el espacio del edificio a cada uno de los eventos. El programa es igual de flexible que la cubierta, con conciertos, exposiciones, conferencias, danza y todo tipo de performances. El polifacético The Shed es una de las estrellas del nuevo barrio que está ya en boca de todos, el Hudson Yards. Se han encargado de él Diller Scofidio + Renfro y Rockwell Group y si su diseño ya está dando de qué hablar no lo hace menos la programación. Lo más destacado, ocho conciertos de Björk del 6 de mayo al 1 de junio para los que ya han colgado el cartel de “tickets agotados”.

Foto: Peabody Essex

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Peabody Essex: en Salem no solo hay brujas

Salem, en Massachusetts, es más famoso por sus brujas que por este museo, a pesar de estar entre los los 20 museos más grandes de Estados Unidos. El nuevo edificio del Peabody Essex abrirá puertas en septiembre de 2019 y servirá para reestructurar el recorrido museístico por una de las mayores colecciones de arte asiático de Estados Unidos, ya que el espacio total dedicado a galerías de exposición crecerá en un 15%.

Foto: Academy Museum of Motion Pictures

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Academy Museum of Motion Arts: de Oscar

Puestos a soñar, mejor hacerlo a lo grande, ¿y qué mejor que el cine para eso? Ahí está el Academy Museum of Motion Pictures, en Los Ángeles, el hogar de los zapatos rojos rubí de Dorothy en El mago de Oz, la máquina de escribir donde Alfred Hitchcock preparó el guión de Psicosis​, el tiburón de Spielberg o la nave espacial Aries 1B de 2001: Odisea del espacio, de efectos especiales, trucos y detalles sobre el mundo de las películas. Renzo Piano Building Workshop se ha encargado de rehabilitar el edificio de los populares almacenes May Company. Ahora destaca The Sphere, una estructura esférica que parece levitar en la fachada. Por supuesto, hay una terraza con vistas panorámicas al clásico cartel de las colinas de Hollywood.

Foto: CC | Nigel Young

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Museo Norton de Arte: Vuelta a los orígenes

Cuando creces y creces, se puede perder la esencia. Es lo que le pasó al fascinante Norton Museum of Art, en West Palm Beach, Florida. El edificio original se completó en 1941 siguiendo con todo detalle el manual de estilo Art Deco, alrededor de un patio central, pero tras sucesivas ampliaciones, y con el paso de los años, fue perdiendo su identidad. Para reconducir la situación se recurrió a la galáctica firma británica Foster + Partners. Inaugurada la expansión, el museo fundado por Ralph Hubbard Norton y su esposa Elizabeth Calhoun Norton vuelve a sus orígenes. Más de 7.000 obras, con una especial atención en arte europeo, estadounidense y chino. Las obras han dejado espacio para un gran césped en el que hay un café ideal para relajarse con vistas a esculturas de Claes Oldenburg o Keith Haring entre otros.

Foto: iStock

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Hawái

“En ningún lugar del mundo he disfrutado y amado más”, dijo Jack London en 1907. Hawái aúna la belleza salvaje de sus paisajes y el espíritu de acogida polinesio, entre una policromía de lugares soñados. Big Island es la morada de Pele, la diosa de los volcanes, donde el Kilauea derrama sus lavas ante el asombro del viajero. En Maui se duda entre bañarse en la playa o en los ríos y cataratas de la carretera hacia Hana. Kauai cautiva con los acantilados de Na Pali, tapizados de verdor, uno de los paisajes más hechizantes de la Tierra.

Josan Ruiz, director de Viajes National Geographic

Foto: iStock

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Parques nacionales del oeste de EE.UU.

Todo el mundo conoce el Gran Cañón. Su anchura y profundidad son absolutamente impresionantes, pero quienes solo visitan esa pequeña parte de Arizona se pierden maravillas naturales de igual o mayor belleza. Desde El Parque Nacional de Zion hasta Monument Valley existen infinidad de lugares donde admirarse: Bryce Canyon, la horseshoe bend, Antelope Canyon, el lago Powell... Naturaleza a lo bestia, a la americana. 

Javier Flores, director digital de National Geographic.

Foto: CC | Andrew Smith

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Biblioteca Central de Seattle

Esta angulosa biblioteca -similar a un diamante- fue diseñada por el estudio OMA, liderado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas. Desde el siguiente día de su inauguración, se ha convertido en uno de los edificios públicos más interesantes de la ciudad. El objetivo era crear una experiencia apasionante en la totalidad de los 33.700 metros cuadrados de superficie que ocupa. ¡Y vaya si lo han logrado! Ya su recorrido, siguiendo una zigzagueante rampa continua de estanterías, bautizada como la 'Espiral de Libros' (puede alojar casi un millón y medio de libros). Aún fue más revolucionario su enfoque social. Antes de completar el diseño del edificio, los arquitectos reflexionaron junto a representantes de Microsoft, Amazon y otras organizaciones sobre el papel de los libros en un mundo moderno dominado por Internet.

Foto: TUI

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Canyonlands National Parks

Es imposible describir con palabras todas las sorpresas que la vista abarca cuando se visita el Parque Nacional Canyonlands. Sus impresionantes cerros de color rojo, las delicadas bóvedas naturales, las deslumbrantes vistas al caudaloso río Colorado y sus afluentes, los distritos -Island in the Sky, Needles y Maze- en que se divide, las formaciones rocosas, los yacimientos de arte prehistórico… Cuesta entender que una maravilla como este parque sea uno de los espacios más desconocidos del país. Se puede recorrer por libre, con guía, en kayak o en bicicleta de montaña. No hay obstáculos para quien quiera disfrutar de una experiencia en plena naturaleza salvaje.

Foto: TUI

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Yellowstone

No por ser muy conocido resulta menos espectacular. Y es que Yellowstone está en la retina de todos con esas formaciones geológicas y geotérmicas como los géiseres, aguas termales, ríos, cascadas y cañones, características distintiva del parque y que lo convierten en el más popular y atractivo de todos los espacios protegidos del país. Además, posee un calendario de actividades muy completo para cualquier estación del año y temporada, con tres de las cuatro zonas de esquí más grandes del estado de Montana pero también con vías de escalada, rutas de rafting y descensos en kayak por sus aguas en las temporadas más cálidas. 

Foto: TUI

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Yosemite

Ubicado a poco más de cuatro horas en coche desde San Francisco, se trata de uno de los parques más bonitos y accesibles por su atractiva fauna y por sus numerosas cascadas. Osos, ciervos, o saltos tan emblemáticos como el Velo de la novia son solo algunas de las atracciones que lo hacen tan famoso y visitado. Posee también algunos de los trekkings más espectaculares. De hecho, el Half Dome es un domo granítico situado en el extremo oriental del parque y, probablemente, la imagen más famosa de Yosemite, aunque no puede escalarse en cualquier época del año y requiere una preparación mínima. Eso sí, llegar a su extremo y contemplar las vistas lo convierten en un paraje único. Y para lo más osados, siempre está el ascenso de El Capitán, otra de las paredes rocosas imponentes que salpican Yosemite Park.

Foto: TUI

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Monument Valley

Situado en la frontera sur de Utah con Arizona, este valle pertenece a los nativos navajo y se encuentra muy cerca del mítico Monumento de las Cuatro Esquinas de la ruta 163. Para aquel cuyo nombre no le resulte familiar solo tiene que buscar en su memoria películas tan famosas como Forrest Gump, Thelma y Louise, Regreso al futuro o casi toda la filmografía de John Wayne y así recordar el que es uno de los paisajes más emblemáticos del planeta. Además, su ubicación, cerca del Antelope Canyon y del Gran Cañón, lo convierte en una parada obligatoria de cualquier viaje por el Oeste americano. Y es que este paisaje es tan cinematográfico como asombroso. 

Foto: TUI

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Grand Canyon

Este espectáculo natural apenas necesita presentaciones ya que es el más conocido de los Parques Nacionales de EE.UU. Con excursiones por tierra, agua y aire, y accesible como pocos, este paisaje solo plantea un desafío: ¿Cómo explorarlo? Aunque es difícil elegir solo una opción, lo que sí que está claro es que merece la pena visitarlo en su inmensidad, descender al río Colorado al amanecer y sentir cómo el silencio, contrariamente a lo que pueda parecer, lo inunda todo mientras el sol va apareciendo por encima de las cabezas. Sencillamente sobrecogedor. 

Foto: TUI

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Bryce Canyon

A este precioso paraje se viene por una razón: las chimeneas de hadas. De hecho, el nombre de Bryce Canyon lleva a la confusión porque mucha gente piensa que se trata de una garganta al uso. Y sin embargo, es mucho más. Estas formaciones rocosas son el producto de una acción erosiva del agua que, a través del congelamiento y las lluvias, ha esculpido caprichosamente su silueta. Muchas de ellas superan los 30 metros, una altura que las convierte en únicas en el mundo y en el principal reclamo de un lugar absolutamente mágico. 

Foto: TUI

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Death Valley

Se trata, sin duda, de otra maravilla indescriptible de la naturaleza con su asombroso cielo, sus colores hipnóticos y su cadena de montañas. Además, es uno de los lugares más calurosos y secos de Estados Unidos, aunque eso no frena al casi millón de personas que lo visitan al año. Cuando uno se acerca por carretera, tras el parabrisas se empiezan a ver carteles que anuncian su proximidad y que recuerdan que hay que llevar agua y que conviene tener el coche en buen estado ya que aquí se pueden alcanzar temperaturas de hasta 50º. Eso sí, bien equipado y con un buen guía de viaje, se convertirá en toda una experiencia ya que, aunque no lo parezca, Death Valley tiene una gran diversidad de formas de vida y actividades divertidas. Y sin acabar sofocado. 

Foto: TUI

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Arches National Park

Lo que más llama la atención del Arches National Park son, sin duda, las tres torres que dan entrada al parque, conocidas como Los tres pingüinos. Esta formación rocosa no solo tiene el aspecto de estas aves con esmoquin que caen bien a todo el mundo. Además, es todo un reto para muchos aventureros intrépidos que tratan de llegar a los lugares más inaccesibles para contemplar las mejores vistas panorámicas del parque. No obstante, no hace falta ser un escalador para disfrutar de este rincón ubicado al este de Utah. Y es que desde su base se puede admirar y tomar magníficas fotos de uno de los lugares con más encanto de Estados Unidos.