Francia

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Tom Mackie

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¡Y llegó el azul!

Al sur de Marsella, la costa se convierte en una sucesión de entrantes de mar, acantilados y recónditas playas, conocidas como calanques.

Luigi Vaccarella / Fototeca 9x12

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El dulce placer del tumbarse en el césped

El puente de St-Bénézet y el palacio Papal son los dos emblemas de la ciudad de Avignon.  

Tom Mackie

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Pueblecitos 100% encanto

El pueblo de Rougon se erige en uno de los puntos más altos de las Gargantas del Verdon.

Maurizio Rellini / Fototeca 9x12

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Como en un anuncio de suavizante

La visita a la Abadía de Sénanque es un imprescindible con su claustro románico y las estancias del siglo XII.

AWL Images

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El recuerdo violeta

Jabones, sales de baño, ambientadores... En provenza la violeta lavanda acaba convirtiéndose en cualquier otra cosa.

Michael Paul

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Inspiración provenzal

St. Paul de Vence fue el refugio e inspiración de escritores, actores y pintores a mediados del siglo XX. En la imagen, la casa del escritor Jacques Prévert (1900-1977).

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Al trote

Si eres un amante de los caballos no te pierdas algunas de las fiestas que tienen como protagonistas a los equinos de la Camarga. Como la Feria du Cheval, en julio.

Hannes Fehrmann / Age Fotostock

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Estos pueblos están muy colgados

Erigido sobre una colina, Gordes es uno de los más bellos pueblos colgados del Luberon.

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Tiempo de museos

La via Domitia unía la Galia con Roma y fue el gran conector de lo que hoy es la Provenza. Existen muchos vestigios, como este mosaico que se encuentra en los museos de Vaison-la Romaine.

 

Foto: AgeFotostock

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Córcega Francia

Uno de los destinos mediterráneos más reputados en el cuestión de temas marinos es la costa sur de Córcega. La playa de Pombaggia, con sus aguas cálidas, transparentes y en calma, es perfecta para la práctica del esnórquel. Alrededor de la isla se hallan importantes pecios en los que hacer submarinismo entre restos de naufragios. La bahía de Potro Vecchio, la reserva de Sacandola y la costa de Bonifacio son los lugares recomendables.

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Córcega y la desaparición

Su compromiso era tal que Saint-Exupéry no paró hasta lograr reincorporarse en activo. Su edad (cuarenta y cuatro años) no era la ideal y su salud, muy maltrecha por todos los accidentes que había ido sufriendo, tampoco; a pesar de todo ello, en febrero de 1944 logró reincorporarse en su escuadrilla destinada primero en Cerdeña y, posteriormente, en Córcega. Le autorizaron a cumplir cinco misiones. La mañana del 31 de julio de 1944, Saint-Exupéry partió en vuelo de reconocimiento hacia la región francesa de Grenoble, al este de Lyon. Ya nunca volvió; tal vez aprovechó para sobrevolar por última vez el castillo de Saint-Maurice, el refugio de infancia al que siempre acudía cuando comenzaba a notar la punzada de la nostalgia.

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Lyon, la ciudad natal de Saint-Exupéry

Antoine de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900 en un apartamento del centro de la ciudad de Lyon; pero a los cuatro años, al morir su padre, toda la familia pasó a vivir en el castillo de Saint-Maurice-de-Rémens, muy cerca de la ciudad. Este castillo, propiedad de la tía de su madre, la condesa de Tricaud,  se convirtió en el espacio predilecto de su infancia y su recuerdo no le abandonó nunca. En los días de lluvia él y sus hermanos (era el tercero de cinco hermanos, tres niñas y dos niños) se refugiaban para jugar en la bohardilla. Ya entonces, el futuro escritor soñaba con volar. El castillo sigue hoy vacío, pendiente desde 2011 de un eterno proyecto para convertirlo en casa-museo.

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Calanque d'en Vau, Cassis, Francia

La costa azul de Francia es un paraíso para los amantes de las playas. Para ejemplo, esta playa. Se trata de una pequeña cala entre escarpados barrancos con vegetación mediterránea. Desde arriba, se ve el azul turquesa del mar entrando hasta la playa. El mar es tan cristalino que los veleros parecen flotar más que navegar. Esta bella playa es característica de la costa provenzal.  Se encuentra cerca de la población de Cassis, pero solo se puede llegar en embarcación o tras una caminata de algo más de dos horas.

Foto: Gtres

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Calanque de Maubois, Francia

Agay es una región costera de la Provenza francesa famosa por la belleza de sus paisajes. Bien en el interior, o bien en la costa, la tranquilidad y la naturaleza han sido valores historicamente reivindicados y conservados por sus habitantes En su litoral encontraremos, entre otros mágicos rincones, la Calanque de Maubois, un lugar paradisiaco donde encontrarse con poca gente debido a que la única forma de acceder es en coche siendo el estacionamiento es muy limitado. El destino perfecto para quien busque la nada desdeñable mezcla de aguas cristalinas, playas limpias y tranquilidad absoluta a las orillas del Mediterráneo.

Foto: Fototeca 9x12

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5. Palombaggia, Córcega (Francia)

En el extremo sur de la alargada isla de Córcega se encuentran algunas de esas playas que son capaces de evocar toda la belleza del Mediterráneo más puro. Es el caso de la playa de Palombaggia. Rodeada de pinos, esta cala se encuentra dentro de Porto Vecchio, una antigua población marinera reconvertida en la actualidad al turismo. Por si no fuera suficiente, tiene otro aliciente: su proximidad a la reserva natural de las islas Cerbicale.

Foto: AgeFotostock

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Disneyland París

A este parque de atracciones, un clásico entre los clásicos, se viene a soñar despiertos. Perfecto para los pequeños de la casa por su inspiración de las películas Disney. El parque, que abrió cerca de París, en abril de 1992, ocupa algo más de 22 kilómetros cuadrados con dos parques temáticos (Disneyland Park, el mayor de los parques Walt Disney, y Walt Disney Studios Park), zona comercial y de entretenimiento, hoteles, un campo de golf y estación de ferrocarril. Encuentros con los personajes Disney de toda la vida, atracciones tecnológicas y espectáculos varios son perfectos para disfrutar en familia.

Foto: Futuroscope

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Futuroscope (Francia)

Aquí la emoción la ponen las nuevas tecnologías. Este parque, que desde que abrió en 1987 en Poitiers es el segundo parque temático más visitado de Francia, está especializado en experiencias multimedia y de realidad virtual. Hay cines tipo IMAX que incorporan las últimas tecnologías envolventes, y atracciones en 4D míticas, como Arthur, creada por el director de cine Luc Besson en base a su película homónima, o la última en llegar, El Viaje Extraordinario, mejor atracción europea del año en 2017. Diferentes áreas cumplen con el objetivo del parque: divertir y enseñar.

Foto: Age fotostock

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Oradour-sur-Glane, Francia

Tras el Desembarco de Normandia en junio de 1944, y con la Segunda Guerra Mundial próxima a su fin, una división blindada de las Waffen-SS se detuvo en Orador-sur-Glane en su camino de regreso a Alemania. Tenían órdenes de tomar represalias contra los civiles, y así lo hicieron. La masacre de Oradour-sur-Glane terminó con toda la población, incluyendo a los niños, tras lo cual se procedió a reducir la ciudad a cenizas. Hoy en día, sus ruinas son un siniestro recuerdo de la peor cara de una de las grandes guerras del siglo XX.

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París

Una de las ciudades más deseadas del mundo, y la Torre Eiffel es uno de sus símbolos más representativos. Tenemos bellas vistas de París desde la torre Montparnasse o, con menos altura, desde el Trocadero. Es desde arriba que se vislumbra el Sena jugar a su paso por la ciudad, los puentes que lo cruzan, los parques y, sobre todo, las buhardillas, ese elemento arquitectónico que hace inconfundible a la Ciudad del Amor.

Foto: AgeFotostock

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Turquant, Francia

En el corazón del valle del Loira, en medio de suntuosos castillos, se halla el encantador pueblo de Turquant y sus casas trogloditas que hoy acogen talleres de artesanos que trabajan y exponen sus obras en un marco bellíssimo de paredes de piedra. La visita a las cuevas se convierte en una parada ineludible en las distintas rutas que se pueden realizar por la región. Desde la que discurre por los famosos castillos –Turquant se halla a diez kilómetros de Saumur- o la del vino. Con la adecuación de las cuevas como "pueblo de oficios del arte", se ha conseguido la preservación y puesta en valor de este patrimonio excepcional. 

Foto: Gtres

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Père-Lachaise, París

Con un tamaño mucho más grande que el de Montmartre, el Cementerio de Père-Lachaise debe su nombre al padre François d'Aix de La Chaise, confesor de Luis XIV de Francia. Tiene una gran cantidad de espacios verdes y alberga una gran cantidad de tumbas de personalidades francesas como Pierre Bourdieu, Jim Morrison, Oscar Wilde, Honoré Balzac, Fédéric Chopin, Maria Callas, Delacroix, Jaques-Luis David, Gerda Taro, Proust y un largo etcétera.

Foto: Age fotostock

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Cementerio de perros, Asnières-sur-Seine (Francia)

Cuando en 1899 las autoridades francesas aprobaron una nueva ley según la cual los cuerpos de las mascotas fallecidas no podían ser enterrados en cualquier lugar ni abandonados, se creó el Cimetière des Chiens (Cementerio de Perros). Esta iniciativa liderada por la periodista Marguerite Durand fue un éxito y actualmente cuenta con las tumbas de 40.000 animales; perros y gatos, pero también gallinas, monos, cerdos, caballos, etc. Algunas de las mascotas difuntas, además de guardar seguramente una profunda historia de amor, son también célebres, como el perro Rin Tin Tin o el gato de Alexandre Dumas.

Foto: Gtres

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Cementerio de Montmartre, París

Inaugurado en 1825, el también conocido como el Cementerio del Norte es el tercero más grande de París. Su cercanía a la iglesia del Sacré Coeur (Sagrado Corazón) y la abundancia de árboles y vegetación que rodea los nichos lo convierten en un lugar ideal para pasear. Además, una visita a este camposanto ofrece la oportunidad de rendir un pequeño homenaje a alguno de los personajes célebres que tienen en él su sepultura. Gustave Moureau, Emile Zola, Edgar Degas, Alexandre Dumas o Dalida entre muchos otros.

Foto: Gtres

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Julio en Provenza

¿De qué color es la Provenza? Lo sabe todo el mundo: violeta, en un tono claro. O al menos lo es cuando florece la flor de esta planta que se extiende por gran parte del paisaje de la provincia francesa. Sus villas medievales, como Gordes, una luz que encandilo a pintores como Cézanne o Picasso, o sus formidables quesos, son reclamos que llaman la atención a miles de viajeros que llegan cada año. Eso sí, la mayoría durante la floración de la lavanda a mediados de julio a agosto.

Foto: Gtres

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París

Tal vez la ciudad más literaria del mundo. Todo un clásico de Europa, La Ciudad de La Luz sigue iluminando en tercera posición. Según el ranking "World’s Best Cities" es la ciudad mejor conectada por aeropuerto del mundo. Ello la convierte en un destino perfecto para muchas convenciones y reuniones de trabajo. Por supuesto, sigue siendo destino para aficionados a la gastronomía del mundo y amantes de la cultura más selecta. Sin duda, siempre nos quedará París.

Foto: Gtres

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Castillo de Monbazillac

Paisajes de viñas del Dordoña, el origen del Perigord púrpura

La esquina sudoeste (Perigord Púrpura) está tapizada de viñas y regada por el río Dordoña. Aquí se encuentra la ciudad de Bergerac, centro de una región vitivinícola de fama mundial. Además de probar los vinos que se elaboran en la zona –en la Maison du Vin de Monbazillac o de Bergerac, por ejemplo–, conviene dedicar tiempo a conocer su patrimonio monumental. El yacimiento galorromano de Montcaret preserva mosaicos, la abadía de Cadouin guarda un bello claustro gótico y la localidad de Couze-et-St-Front ha recuperado el molino de papel de La Rouzique, documentado desde 1530. El pueblo de Le Buisson-de-Cadouin, además de la citada abadía, muestra a los visitantes las grutas de Maxange, unas galerías descubiertas por casualidad el año 2000 y que, por el momento, cuentan con un recorrido de 250 metros abiertos al público. Cerca se halla el Jardín de Planbuisson, donde pueden verse hasta 180 especies de bambús.

Foto: Gtres

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Catedral de St-Front (Périgueux)

Riberas del Isle

El valle es conocido como Perigord Blanco por su piedra clara. En el centro se sitúa la ciudad de Périgueux, que posee las ruinas romanas de Vesunna y la catedral de Saint-Front. Entre los castillos cabe destacar los de las localidades de Château L’Évêque y Neuvic. También hay templos notables: la abadía de Chancelade o el priorato de Merlande. Otros atractivos de la zona incluyen los paseos en canoa por los ríos Isle y Auvézère, el ecomuseo de Sorges y los mercados semanales, que invitan a degustar trufas y patés.

Foto: Gtres

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Abadía de St-Pierre Vantôme

Valle del Dronne

El norte de la Dordoña es la zona más frondosa, de ahí su denominación de Perigord Verde. El Parque Périgord Limousin protege buena parte de sus bosques, atravesados por senderos aptos para todo tipo de visitantes. Navegar por el Dronne permite contemplar castillos y pueblos medievales, como Brantôme, que cuenta con una abadía benedictina adosada a un abrigo rocoso en el que hay galerías y viviendas "trogloditas". Además del Dronne, por aquí discurren los ríos Isle y Auvézère. Tal abundancia de cursos fluviales dio lugar a una industria papelera de la que se conservan diversos molinos.

Foto: Gtres

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Gruta de Tourtoirac

Tesoros subterráneos del Vézère

El Perigord Negro, en el sudeste, es un fenomenal campo de restos prehistóricos. Cerca de Montignac se localizan las magníficas cuevas de Lascaux, consideradas la Capilla Sixtina del arte rupestre por sus frescos. Al norte, la villa de Tourtoirac a orillas del Auvézère, alberga unas grutas que son una maravilla geológica. Y al sur, St-Cirq esconde la gruta del Sorcier (hechicero), con grabados rupestres. El Pôle International de la Préhistoire, en Les Eyzies, ofrece exposiciones muy interesantes. El Perigord Negro también cuenta con bonitos monumentos como la iglesia de Savignac de Miremont o el castillo de Hautefort. En cuanto a actividades, sin duda es recomendable navegar por los ríos Dordoña y Vézère.   

Foto: Oficina de Turismo de París

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Los salones literarios de París

Al final de una callejuela adoquinada, encontramos uno de los museos de París con más encanto: el Museo de la vida romántica. En esta deliciosa casa del pintor Ary Scheffer, construida en  1830, se ha reproducido el ambiente y la filosofía romántica de los salones literarios de la época. La planta baja está dedicada a la escritora George Sand, pseudónimo de la baronesa de Dudevant: encontramos retratos, mobiliario, objetos y joyas de los siglos XVII y XIX. En el primer piso, los cuadros del pintor Ary Scheffer están rodeados por obras de sus contemporáneos.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Una de las librerías más famosas del mundo está en París

Esta es una de las librerías más famosas del mundo… A mediados de los 60, el norteamericano George Whitman tomó prestado el nombre de "Shakespeare and Company" a la mítica librera Sylvia Beach para abrir esta librería, en la actual dirección de París (37 Rue de la Bûcherie). La original se encontraba en la Rue de la Bûcherie. Pero de esta ubicación queda solo un rótulo que recuerda que Sylvia Beach alojó a los grandes escritores de los años 20 y que editó el Ulises de James Joyce. Por su parte, la actual "Shakespeare & Company" alojó a grandes poetas de la generación Beat y a otros muchos escritores en su abarrotado interior. Si la visitas, seguro que encontrarás algún recital de poesía y son habituales las presentaciones de libros. Si te entran ganas de tomar un café, han abierto una cafetería muy literaria al lado mismo.

Foto: Turismo de París

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La casa de Victor Hugo

Quién más, quién menos, al pensar en París, seguro que recuerda a Victor Hugo. Poeta, novelista y dramaturgo de una amplísima producción. Obras como Los Miserables, pero especialmente, Nuestra Señora de París, la historia del jorobado de Notre Dame, retrataron una atmósfera muy especial de París. Entre 1832 y 1848, Victor Hugo ocupó un apartamento en el Hôtel de Rohan-Guéménée, en la Place des Vosges, una de las más bellas de la ciudad. Hoy el barrio del Marais es uno de los barrios de París que recogen las últimas tendencias en cultura, arte y moda. La visita a la Casa museo de Victor Hugo nos transportará a la intimidad del genio de la literatura.

Foto: Oficina de Turismo de París

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El barrio más literario de París

En la orilla izquierda del Sena encontramos el barrio más bohemio de París. Su nombre no viene de que en él haya una gran concentración de vecinos de procedencia latina; más bien, se refiere a que en la Edad Media, los habitantes de la zona eran estudiantes que utilizaban el latín para comunicarse. Hay importantes monumentos que visitar; pero, sin duda, a los amantes de la literatura les emocionará pasear por las calles por donde han pasado escritores de todas las épocas, tan importantes como Paul Veraine o Antonio Machado. Aquí vivió James Joyce, en el 71 Rue du Cardinal Lemoine y, Ernest Hemingway, en el 74 de la misma calle. 

Foto: Oficina de Turismo de París

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París, ciudad literaria

Pocas ciudades tan literarias como París. Durante siglos, escritores de todo el mundo han recorrido sus calles y han usado sus cafés como lugares de escritura. De ello da buena fe las rutas literarias del Instituto Cervantes con sede en París: el poeta César Vallejo, el escritor Julio Cortázar, la hondureña Consuelo de Saint Exupéry, Dalí o Juan Goytisolo son sólo unos pocos a los que han dedicado una de sus detallas rutas literarias.

Foto: Oficina de Turismo de París

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El Sena, un río con libros

Los libreros del Sena son toda una institución de París. Se les conoce como “bouquinistes” porque están especializados en libros viejos y de ocasión, aunque cada vez más recurren al recuerdo para los turistas. Son típicos los puestos de chapa verde que se abren como armarios en la orilla derecha del Sena, del Pont Marie al Quai du Louvre, y, también, en la izquierda, del Quai de la Tournelle al Quai Voltaire, muy cerca del Barrio Latino.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Gare de Lyon, una estación de artistas

A la Gare de Lyon, muy cerca del centro de París, llegan los trenes de alta velocidad de Renfe/SNCF. Si ya las estaciones de trenes suelen ser lugares de ambiente literario, ésta, en especial, inspira literatura. Es un lugar especial para muchos lectores de Ernest Hemingway, pues aquí su primera esposa perdió los manuscritos de juventud del escritor. Pero además, la Gare de Lyon es el espacio en el que se encuentra Le Train Bleu. El restaurante, que se inauguró para la Exposición Universal de 1900, fue refugio gastronómico de artistas y bohemios como Dalí, Jean Cocteau o el actor Jean Gabin.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Los puentes de París

El argentino Julio Cortázar fue un enamorado de París, ciudad que convirtió en su hogar cuando dejó Argentina. La conocía al detalle y le encantaba pasear por ella y por los puentes sobre el Sena (más de 30 puentes a lo largo del río). Ese amor convirtió a la ciudad en un protagonista más en gran parte de su obra. Papel indiscutible en Rayuela, por ejemplo, donde convirtió el Pont des Arts en lugar de encuentro de sus dos personajes principales, la Maga y Horacio. Este puente se construyó durante la época de Luís XIV para que los estudiantes pudieran cruzar el Sena hacia el Museo del Louvre.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Café y letras en París

La historia de la literatura en París está directamente asociada a sus cafés y restaurantes. De algún modo, esta estrecha relación se trasladó a Buenos Aires, otra gran ciudad literaria. En París, en el Boulevard St-Germain, se encontraba el café favorito de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, el Café de Flore. En Montparnasse, las “brasseries” de las que eran asiduos escritores como Ernest Hemingway, Jean Cocteau o, entre muchos, Exra Pound. Pero, tal vez el café más poético de todos sea La Closerie des Lilas, donde escribieron escritores como Oscar Wilde y Apollinaire.

Foto: Musée Picasso Paris

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La Celestina, París

Una obra fundamental de su periodo azul, donde se manifiesta cierto pesimismo. Es una época donde Pablo Picasso refleja la soledad, la vejez, la pobreza, como esta celestina, inspirada en la tradición literaria española. Para ver este cuadro hay que ir hasta el Museo Picasso de París, ubicado en Hôtel Salé, colección formada gracias a dos daciones de los herederos del artista. 

Foto: Gtres

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El fantasma de la ópera de París

El monumental edificio de la Ópera Garnier, en el distrito IX de París, es el escenario de una famosa leyenda que apareció en 1910 con la publicación de la novela gótica del escritor Gaston Leroux, "El fantasma de la Ópera". El fantasma es un  genial músico que se esconde debido a la deformidad que sufre pero que se enamora de la joven estrella Christine Daaé, enamorada a su vez, del Conde de Chagny. La historia es una suma de tragedias, accidentes, duelos y muertes, que curiosamente tienen fundamento en noticias trágicas sucedidas en el palacio Garnier, inaugurado en 1875, que el escritor recopiló. 

Foto: Gtres

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La Dama Carca de Carcasona

La majestuosa ciudad medieval de Carcasona tiene un origen legendario. Situada en el sur de Francia, fue feudo de los cátaros. Pero mucho antes, en la época de Carlomagno, la ciudad estaba ocupada por los musulmanes. La leyenda cuenta como Carcas, una princesa sarracena, ideo una estrategia para que Carlomagno finalizara el asedio de la ciudad, que ya duraba cinco años y que les había dejado prácticamente sin víveres. Tendrás que ir a Carcasona para saber cómo la princesa logró que todo un ejército se retirara solo con un cerdo y un saco de trigo. 

Foto: Gtres

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Ópera Garnier, París (Francia)

Construida por orden expresa de Napoleón III, su creación formaba parte de un plan de renovación arquitectónica de toda la ciudad de París. Inaugurado oficialmente en 1875, también es conocido como Palais Garnier y debe su nombre a Charles Garnier, el arquitecto encargado del diseño del edificio. 

Foto: Jordan Banks / Fototeca 9x12

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Tierra de castillos

Un paisaje domesticado y pulcro, jalonado por caseríos que llaman châteaux (castillos). Hay 44 fortalezas visitables en el Perigord. El pueblo de Castelnaud se erige sobre la orilla del río Dordoña y la cresta que corona su castillo del siglo XII.  

Foto: Fotolia

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Beynac

Algunos de "los pueblos más bellos de Francia" se hallan en esta región del país, auténtica y recóndita por su riqueza de atributos. Sobre estas líneas el pueblo medieval de Beynac-Cazenac, que cuenta con un imponente castillo. 

Foto: Arnaud Spain / Gtres

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Sarlat

Los miércoles y sábados, el centro de este pueblo medieval aloja un animado mercado. La localidad de Sarlat ha servido de escenario en diversas películas de trama histórica.

Foto: Morio60 / Flickr

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Brantôme

El Moulin de l’Abbaye es una de las fincas más antiguas de este pueblecito. Hoy es un hotel y restaurante, pues la douceur de vivre, el gusto por la vida, que caracteriza a esta región se traduce además en una pasión por la buena mesa y los frutos de la tierra.  

Foto: Jean-Marc BARRERE / Gtres

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Bergerac, ¿cuna de Cyrano?

El nombre de Bergerac atrae cada año a cientos de visitantes que buscan hallar entre sus calles la casa de aquel caballero de larga nariz a quien el escritor Edmond Rostand dotó de un talento extraordinario para los poemas de amor. La casa no existe porque el verdadero Cyrano de Bergerac vivió en París, pero a cambio la ciudad posee una buena colección de atractivos que trasladan a tiempos pasados. Para empezar, el núcleo medieval, cuajado de calles estrechas y placitas; y la Maison des Vins y su claustro, enfrente del puerto fluvial. Los miércoles y sábados hay que acudir al mercado en torno a la iglesia de Notre-Dame y las tardes dedicarlas a pasear por el camino junto al río. Y una última curiosidad: el Museo del Tabaco, instalado en un palacete del siglo XVII.

Foto: Fotolia

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Périgueux

Desde el río Dordoña se ve la catedral de St-Front emergiendo sobre el casco antiguo. Subiendo a la torre medieval de Mataguerre, se aprecia bien la estructura dual de esta urbe a orillas del Isle. 

Foto: Vincent Bouvais

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Castillo de Marqueyssac

Desde lo alto de las torres del castillo de Beynac se divisan otros cuatro castillos a orillas del río: Fayrac, Castelnaud –se puede visitar–, Lacoste y Marqueyssac, sobre estas líneas. Con senderos entre 150.000 bojes y un mirador a 130 metros de alto, su jardín es uno de los rincones más encantadores del valle. 

Foto: Gtres

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Lascaux 2, réplica de las pinturas originales halladas en Montignac

La cueva original, Lascaux 1, descubierta por cuatro chavales al rescatar a su perro en 1940, solo puede ser visitada por el presidente de la República. El soberbio edificio Lascaux 4, del estudio noruego Snohetta, inaugurado en diciembre pasado sustituye a Lascaux 2.